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Este artículo es parte de la serie ¿Cuál es la diferencia?publicada originalmente en Desiring God.

Cuando Dios une a un marido y una mujer, Él forma un compañerismo único con un objetivo principal: glorificar a Dios al ayudarse mutuamente en el camino al cielo. Hasta que la muerte los separe, los esposos deben liderar amorosamente a sus esposas para que ellas sigan a Jesús y las esposas deben ayudar tiernamente a sus maridos a hacer lo mismo. Somos compañeros peregrinos viajando a la gloria.

En temporadas dulces, tomarán pasos firmes juntos. Pero a veces (o incluso la mayor parte del tiempo), es posible que sientas que estás arrastrando a tu cónyuge. Pecado, pena y sufrimiento, todo cobra su cuota en un matrimonio. Cuando un esposo abandona su llamado de liderar amorosamente a su esposa, ella puede ser tentada a desesperarse. 

Funcionalmente, el liderazgo espiritual en el hogar no es un llamado que no tiene en cuenta las diferencias individuales. Dios permite la libertad y la flexibilidad en las familias dependiendo de las habilidades de los que la componen. Dicho eso, Dios espera que un esposo lidere con amor sacrificial (Ef 5:25), que honre a su esposa y viva consciente de sus necesidades (1P 3:7), que sea amable, no duro (Col 3:19), y que asegure que la Palabra de Dios gobierne su casa (Gn 2:15-17; Dt 6:4-7; Ef 5:26).

Pero ¿qué ocurre cuando un esposo no lidera? ¿Cómo debe responder su esposa? ¿Cómo puede ella buscar a su esposo de una manera que lo anime a buscar a Jesús y, sucesivamente, a liderarla?

Siete ayudas para las ayudantes cansadas

Aunque no existe una fórmula que pueda arreglar la falta de liderazgo de un esposo, las esposas no quedan sin esperanza. Como su ayuda, no sólo eres libre para animarlo, sino que se espera que lo animes en su liderazgo. Así que, considera siete maneras prácticas en las que podrías ayudar a tu esposo a liderar. Todas ellas son individualmente para ti, pero necesitan a otras hermanas piadosas y pastores para que te ayuden a vivirlas fielmente. No lo hagas sola.

1. Ora

Una hermana sabia me dijo una vez sobre su esposo: «es mi trabajo amarlo. Es el trabajo de Dios cambiarlo». Puesto que sólo Dios puede cambiar el corazón, ora perseverantemente por tu marido. Cree que «para Dios todo es posible» (Mt 19:26).

¿Deseas que tu esposo tuviera un mayor fervor por Dios y su Palabra? Ora. ¿Esperas que él cuide tu bienestar espiritual y te busque cariñosamente? Ora. ¿Deseas que él muestre más sensibilidad espiritual y tenga una mente más enfocada en lo celestial? Ora. ¿Anhelas que inicie los devocionales familiares o exprese más gozo en Cristo? Ora. ¿Quieres que desarrolle relaciones significativas con otros hombres piadosos? Ora.

Las esposas pueden hacer más que orar por sus esposos, pero sin duda no deben hacer menos. Una esposa que ora es la mejor amiga de su marido. No obstante, él no es el único que necesita oración. Tú también estás en necesidad de la gracia sustentadora y fortalecedora de Dios.

¿Necesitas sabiduría para ayudar a tu esposo a seguir a Jesús? Ora. ¿Necesitas valentía para confiar en Dios cuando las cosas no van bien? Ora. ¿Necesitas humildad para no volverte orgullosa y farisaica? Ora. ¿Necesitas gracia para cultivar un corazón tierno y bondadoso? Ora. ¿Necesitas fortaleza para soportar cuando la esperanza se pone en peligro? Ora.

Jesús te asegura: «separados de mí nada pueden hacer» (Jn 15:5). Así que, si algo debe caracterizarte, que sea la vida de oración.

2. Mantén expectativas realistas 

Las expectativas insatisfechas a menudo dan lugar a la frustración. ¿Cómo esperas que se vea su liderazgo? Algunas expectativas son realistas, como permanecer fiel al pacto matrimonial (Ex 20:14; Heb 13:4), asistir a las reuniones de la iglesia (Heb 10:24-25) y mostrarles a tus hijos quién es Jesús (Ef 6:4). Dios le ordena a él hacer estas cosas. Pero algunas expectativas no son realistas. No todos los esposos iniciarán los devocionales matutinos mientras toman café ni llevarán a sus familias a viajes misioneros. No todos los esposos leerán libros en la noche junto a la chimenea ni organizarán citas semanales por las noches. Podrías desear que tu esposo lidere de maneras que serían buenas, quizás incluso sabias, pero no todas son requerimientos del Señor.

La comunicación puede ayudar a clarificar las expectativas. ¿Has pasado tiempo humildemente con tu Señor y tus hermanas piadosas para discernir cómo son las expectativas maritales saludables? ¿Le has pedido a tu esposo que discutan cómo seguir mejor a Jesús como pareja? ¿Le has preguntado si ha considerado juntarse con otro hombre piadoso para conversar sobre las expectativas realistas para su liderazgo y tu ayuda?

Desarrolla y basa tus expectativas en la Escritura, no en lo que otros hacen o en lo que tú deseas que tu esposo haga. Discierne sabiamente el tiempo correcto para compartir tus sueños y deseos, pero no lo sujetes a un estándar que Dios no establece.

3. Protege tu corazón

A medida que ayudas a tu marido, protege tu corazón de la tentación. Pablo advirtió a los maduros espiritualmente en Galacia: «cuídese cada uno, porque también puede ser tentado» (Gá 6:1). ¿Qué tentaciones podrían acompañar tus esfuerzos? Te sugeriré ocho.

  1. Orgullo: ¿menosprecias a tu marido por cuán bien tú estás siguiendo a Jesús en comparación a él?
  2. Sentido de derecho: ¿sientes que Dios te debe algo? ¿Crees que tu fidelidad a Él antes del matrimonio (o desde entonces) te ha hecho ganar algo mejor que lo que Él te ha dado en el matrimonio?
  3. Apatía: ¿te has enfriado y despreocupado de tu esposo? ¿Estás haciendo las cosas por inercia o te esfuerzas por fe?
  4. Manipulación: ¿usas el sexo, la limpieza, los gastos o cualquier otra cosa con la esperanza de cambiarlo? ¿Servir a Jesús libremente es más importante para ti que cambiar a tu marido?
  5. Amargura: ¿tu alma hierve de resentimiento hacia él? ¿Sueñas con no estar con él, o peor, que estuviera muerto? ¿Le retienes el bien por despecho? ¿Lo castigas activa y pasivamente?
  6. Irrespeto: ¿le retienes el respeto porque no lo ves respetable? ¿Eres cortante con tus palabras en privado? ¿Lo derribas en público?
  7. Codicia: ¿comparas a tu esposo con otros hombres? ¿Sueñas despierta sobre cómo habría sido la vida con otro hombre?
  8. Adulterio: ¿eres demasiado cercana a otra persona? ¿Eres lo suficientemente humilde para saber si incluso tú puedes ser seducida hacia un amorío?

Satanás es un merodeador paciente con sus planes tortuosos. Mantente en guardia y sé honesta tanto con otras hermanas piadosas como con tu esposo para ayudarte a resistir los ataques.

4. Anímalo 

Siempre puedes encontrar maneras en las que tu esposo se queda corto. Y hay un momento para ayudarlo a ver sus pecados y sus defectos (Mt 18:15; Lc 17:3). Pero ¿resaltas conscientemente las áreas de ánimo en su vida? ¿Le has pedido a Dios que te ayude a ver las áreas donde él esté creciendo (incluso levemente), para que puedas animarlo específicamente? ¿Ves sus dones y lo elogias por las maneras en que los usa? ¿Le agradeces regularmente a tu esposo por el bien que hace? ¿Tu ánimo hacia él deja atrás tu crítica hacia él? ¿Él siente, sin duda, que estás de su lado? ¿Lo estás?

Si no puedes pensar en nada animante, pídele a Dios que te ayude a ver y a remover cualquier astilla que pudiera estar cegando tu vista (Mt 7:1-5). El Espíritu te ayudará. Pídele que te muestre cómo está obrando en tu esposo para que así puedas animarlo.

5. Examínate a ti misma 

Aunque nunca eres culpable por ninguna de sus acciones o inacciones, aún es bueno preguntarte si estás haciendo algo que no sea útil. ¿Podría haber maneras en que estés haciendo difícil su liderazgo? ¿Eres exigente, quisquillosa y denigrante? ¿Cómo puedes hacer que su liderazgo sea más disfrutable? Pregúntale. Considera discutir estas preguntas con otra hermana piadosa para asegurarte de que tu corazón sea tan puro como puede ser delante de Dios.

6. Anímalo con delicadeza  

La sumisión no es un llamado a la pasividad o a la subyugación, sino un llamado a florecer bajo el ala de tu esposo. Esto significa que eres libre y a veces incluso responsable por iniciar la búsqueda de Dios de tu familia. Tu ayuda activa contribuye a su liderazgo. No puedo decirte cuántas veces Dios ha usado las sugerencias consideradas de mi esposa y su ejemplo piadoso para ayudarme a dar un paso adelante.

Quizás podrías invitarlo a usar una tarde de manera diferente: «creo que voy a leer un poco y a orar esta noche en lugar de ver nuestro programa. Siéntete libre de relajarte o de unirte a mí». O «pensé que podríamos leer un poco de la Escritura con los niños después de la cena hoy. ¿Tienes alguna sugerencia?». O «creo que Dios quiere que compartamos nuestra fe con los vecinos. ¿Qué piensas sobre invitarlos a cenar?».

Considera en oración maneras creativas de animar relaciones piadosas para tu esposo. Ofrécele que salga en la noche con amigos de la iglesia. Considera si está bien salir en una cita doble con una pareja que podría ser una buena influencia en tu familia. Ten la disposición, en la medida de tus posibilidades, de hacer sacrificios a fin de que estas relaciones ocurran.

A menudo hay una delgada línea entre intentar ayudar y manipular. A veces, cruzarás esa línea, pero la gracia de Dios abunda y Él te ayudará (Heb 4:14-16).

7. Valora la perspectiva y la perseverancia 

El cambio rara vez ocurre rápidamente. Esperar puede ser doloroso, especialmente si sientes que te estás marchitando. Pero recuerda que Dios no sólo está obrando en tu esposo. Él también está obrando en ti. Mientras esperas en el Señor, recuerda que las oportunidades para que crezcas abundan. Algunas de las mujeres más piadosas que conozco son las que han soportado periodos largos y desafiantes con esposos espiritualmente letárgicos. Mientras esperaban, Dios las ha ayudado a crecer en desesperación por Jesús, no por su esposo. Recuerda: no necesitas que tu esposo sea lo que sólo Jesús puede ser.

Cualquiera sea tu circunstancia, sigue buscando a Jesús y rogándole que haga crecer la fe de tu esposo. Mientras lo haces, tu fe también crecerá. ¿Por qué? Porque estás enfocada en la gloria de Jesús, no en el dolor de tus circunstancias. Aquí madurarás en oración, encontrarás gozo en Dios y profundizarás tu dependencia en Él.

Mira a ese día

Junto a estas siete sugerencias, agregaré una breve palabra sobre matrimonios peligrosos. Vivir con un pecador será difícil y desilusionante. Cualquier pecado cometido contra nosotras duele. No obstante, algunos matrimonios son verdaderamente peligrosos porque un esposo daña a su esposa verbal, física o sexualmente. Aunque debes ser cuidadosa en no levantar falso testimonio contra tu marido (Ex 20:16), Dios no te llama a sufrir un daño genuino en silencio. Él ha dado pastores y policías para protegerte (Hch 20:28-30; Ro 13:4). Si estás en real peligro, por favor, busca ayuda.

Pero para todas las otras esposas, recuerden que un día pronto, tú y tu esposo estarán ante Jesús. En ese gran día, darás cuentas no por cómo él vivió, si no por cómo tú viviste. Depende de la gracia de Dios hoy, sin importar qué dificultad podría venir. Porque cuando escuchas: «bien, siervo bueno y fiel», todos tus dolores valdrán la pena. Y, si Dios quiere, tu esposo te mirará y dirá: «debido a tu ayuda, tengo una cuenta mejor. Gracias». El Señor puede. Sigue confiando.

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.

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Garret Kell
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Garret Kell

Garrett Kell es el pastor principal de la Iglesia bautista Del Ray en Alexandria, Virginia. Puedes encontrarlo en Twitter como @pastorjgkell.
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