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Ética sexual

Lo que la Biblia tiene que decir sobre la ética sexual es, tal vez, el aspecto más desagradable de la fe cristiana en el mundo de hoy. Lo que hace que la ética sexual cristiana sea cada vez más difícil de digerir es que confronta y socava los valores fundamentales de la cultura occidental: la identidad autónoma, la libertad, la igualdad y la autenticidad. Desafiar lo que uno siente que es verdad en el área de la sexualidad es desafiar la identidad central e imponer restricciones injustas a la capacidad de amar; o al menos así va la lógica. Sugerir que Dios pone límites o fronteras a la sexualidad humana para nuestro beneficio suena ridículo para muchos oídos.

La ética sexual del cristianismo es, en realidad, bastante simple, resumida por Keller como: «el sexo es para practicarlo en el seno del matrimonio entre un hombre y una mujer1». Son las negaciones implícitas dentro de esta declaración las que resultan desagradables. Al igual que la afirmación de Cristo de «Yo soy el único camino», la noción de que el sexo sólo puede verse de una manera determinada es ofensiva por su exclusividad.

Se ha hablado mucho en la última década sobre cómo los jóvenes se están alejando del cristianismo en gran parte debido a su imagen «antigay2». La mayoría de los pastores y líderes de iglesias con los que he hablado coinciden en que la imagen de oposición a la homosexualidad del cristianismo es el mayor obstáculo para los posibles conversos. Tyler Braun, pastor de la Iglesia New Harvest en Salem, Oregón, ha dicho lo siguiente:

La gente fuera de la iglesia emite automáticamente el juicio de que odiamos a los homosexuales y que, por lo tanto, los discriminamos. Para ellos, lo ofensivo de esto es que cómo puede un Dios supuestamente amoroso no aceptar a las personas tal como son. ¿Por qué la gente no puede ser quien Dios hizo que fueran? O eso se preguntan3

Este tema es particularmente incómodo para mí. Al igual que un número creciente de cristianos de mi generación, tengo amigos cercanos, personas a las que amo profundamente, que se identifican como homosexuales. ¿Cómo es para mí mostrar amor a mis amigos homosexuales, aun cuando permanezco comprometido con la autoridad de la Escritura sobre la homosexualidad? ¿Qué significa que uno de mis amigos homosexuales esté sirviendo activamente en su iglesia local y parezca estar dando frutos para el Reino? Las preguntas son incómodas. El tema es difícil. Pero la Escritura es ineludible.

Sin embargo, una ética sexual bíblica va mucho más allá de prohibir la práctica homosexual. Esa es una verdad que muchos cristianos olvidan convenientemente. El testimonio bíblico sobre la sexualidad es omniabarcante y puede ser costoso para todos. Las siguientes son sólo algunas de las verdades incómodas sobre la sexualidad con las que debemos lidiar en una búsqueda fiel de Cristo.

1. Dios creó y celebra los cuerpos sexuales y la sexualidad

Al contrario de las tendencias gnósticas de avergonzar el cuerpo dentro de algunas corrientes del cristianismo, el cuerpo humano y sus funciones sexuales no son sucios ni degradantes en el orden creado por Dios. Como dice Keller: «el cristianismo bíblico es probablemente la religión más positiva respecto al cuerpo4». Dios creó las diferencias corporales masculinas y femeninas y celebra su bondad. Él creó el sexo como un regalo y lo fomenta (ver Proverbios 5:19; 1 Corintios 7:3-5; y especialmente, Cantar de los Cantares). Estructurado como un quiasmo con un orgasmo en el centro —«entre […] en su huerto» (Cnt 4:16); «he entrado en mi huerto» (Cnt 5:1)—, el Cantar de los Cantares es una gran y hermosa celebración del sexo heterosexual como un regalo placentero. ¡Vaya que es una verdad incómoda!

2. La conducta sexual cristiana debe ser notoriamente diferente a la del mundo

Esto ha sido cierto desde los primeros días del cristianismo en el mundo romano, donde la realidad sexual prevaleciente «era una falta total de inhibición sexual5» y donde la mayoría de la gente daba por sentado que el objetivo era tener «tanto sexo como era[n] capa[ces] de conseguir6». Los primeros conversos cristianos venían de este contexto, y muchos de ellos lucharon para abandonar viejos hábitos sexuales. Como señala McKnight, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo «fueron la historia de más de unos pocos de los conversos de Pablo7». Sin embargo, los primeros cristianos fueron llamados a una ética de la sexualidad nueva y diferente que se trataba de algo más grande que satisfacer los apetitos sexuales personales (ver Romanos 1; 1 Corintios 6; Efesios 5, etc.).

3. La sexualidad no es un asunto privado

La Biblia no sabe nada de la idea de la cultura occidental de que nadie debería decirle a nadie lo que puede o no puede hacer en la privacidad de su dormitorio. La posición de Pablo en el Nuevo Testamento (ver 1 Corintios, por ejemplo) es que «todo lo que hacemos como cristianos, incluidas nuestras prácticas sexuales, afecta a todo el cuerpo de Cristo8».

4. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio nunca están bien

En la sociedad contemporánea, el sexo se ve como algo casual que puede ser parte del noviazgo o incluso encuentros de una noche sin compromiso entre dos o más adultos que consienten. Pero Dios creó el sexo para el contexto de la unión de pacto de un hombre y una mujer (ver Génesis 2:24; Mateo 19:3-6; 1 Corintios 7:2). Por muy tentador que sea ver el sexo prematrimonial como una forma de construir una intimidad más profunda o de «probar» a una pareja potencial para determinar la compatibilidad, simplemente no existe una justificación bíblica para ello.

5. La inmoralidad sexual incluye palabras y pensamientos

Para que no pensemos que estamos viviendo de acuerdo con el plan de Dios simplemente por no tener sexo fuera del matrimonio, la Escritura es clara en que la inmoralidad sexual incluye cosas como la lujuria (Mt 5:28), incitar a otros a la lujuria (ver Proverbios 5:1-23; 7:1-7; 1 Timoteo 2:9-10) y hablar de manera obscena sobre la inmoralidad sexual (Ef 5:3-4).

6. Haber «nacido así» no justifica la inmoralidad sexual

Todos nacemos con inclinaciones hacia ciertos pecados, incluidos los pecados sexuales. Ya sea por naturaleza o por crianza, no importa. «Sólo porque tengamos esa inclinación no significa que debamos actuar según ella», dice David Platt. «Vivimos en una cultura que asume que una explicación natural implica una obligación moral. Si naciste con un deseo, es esencial para tu naturaleza llevarlo a cabo9». Que la Escritura nos llame a alejarnos de esta lógica es, de hecho, muy incómodo.

7. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento prohíben consistentemente la práctica homosexual

Cada vez que se menciona la homosexualidad en el Antiguo Testamento, es condenada (por ejemplo, Génesis 19; Levítico 18:22; 20:13). La Torá que Jesús y Pablo crecieron estudiando era uniforme en su desaprobación del comportamiento homoerótico. Y contrario a las afirmaciones de algunos críticos, «los primeros cristianos, de hecho, adoptaron consistentemente la enseñanza del Antiguo Testamento sobre asuntos de moralidad sexual, incluidos los actos homosexuales10». Aunque sólo un puñado de textos del Nuevo Testamento (Ro 1; 1Co 6:9-11; 1Ti 1:8-11) abordan la actividad homoerótica, «todos los que la mencionan expresan una desaprobación absoluta», argumenta el académico de Duke Divinity, Richard Hays. El paradigma del Nuevo Testamento para el comportamiento homosexual es «enfáticamente negativo», sostiene Hays, y «no ofrece relatos de cristianos homosexuales, no cuenta historias de amantes del mismo sexo ni afirma metáforas que den una interpretación positiva a las relaciones homosexuales11».

8. Pablo señala la homosexualidad como una ilustración del problema fundamental del pecado

En Romanos 1, Pablo analiza la rebelión del hombre contra Dios destacando la homosexualidad como un ejemplo particularmente vívido de los seres humanos que rechazan la soberanía de Dios y se niegan a honrar su orden creado. Pablo señala la relación homosexual en tal contexto teológico, señala Hays, porque cuando los seres humanos intercambian sus roles creados (hombre y mujer para ser fructíferos y multiplicarse) por la relación homosexual, «encarnan la condición espiritual de aquellos que han “cambiado la verdad de Dios por la mentira”12».

9. Las iglesias deben valorar a los solteros y la vocación de la soltería

Ya sea por el bien de los cristianos con atracción hacia el mismo sexo para quienes el matrimonio nunca será una opción, o por los solteros heterosexuales que tal vez nunca se casen, las iglesias deben hacer un mejor trabajo articulando una visión convincente de la soltería y el celibato como llamados que pueden ser tan satisfactorios e impactantes para el Reino como cualquier otro. Jesús, «la persona más plenamente humana que jamás haya vivido», nunca se casó13. Tampoco lo hizo Pablo, quien elogió la soltería como una vocación digna para algunos (1Co 7:8-9, 25-40). Las iglesias deben considerar a los solteros como «miembros plenos» del pueblo de Dios, incluyéndolos en equipos de liderazgo y dándoles la bienvenida en las mesas y en los ritmos de la vida de la iglesia.

10. Las iglesias deben comprometerse a amar y caminar junto a las personas con atracción hacia el mismo sexo 

Los cristianos heterosexuales deben reconocer y responder a la carga de sus hermanos y hermanas cristianos con atracción hacia el mismo sexo, cuyo compromiso con el celibato puede llevarlos a sentirse irremediablemente confinados a una vida de soledad y libido suprimida. Como señala Scott Sauls, los cristianos heterosexuales deben hacer más que predicar sobre los límites de «¡nada de sexo fuera del matrimonio entre un hombre y una mujer!». Más bien, «debemos hacer la pregunta radical de qué se necesitará para garantizar que cada persona no casada tenga acceso a amistades tan profundas y duraderas como el matrimonio y tan significativas como el sexo14». Una comunidad así puede ser extraña y desordenada y, sí, incómoda, pero retrata bellamente el amor sacrificial de Cristo.

Este artículo es una adaptación del libro Incómodo: el desafío inconforme y esencial de la comunidad cristiana, escrito por Brett McCracken.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.
  1. Keller, Timothy. (2014). El significado del matrimonio: enfrentando las dificultades del compromiso con la sabiduría de Dios. (Barcelona: Editorial Andamio). p. 230.
  2. En 2007, por ejemplo, el Grupo Barna descubrió que el 91 % de los jóvenes no cristianos y el 80 % de los jóvenes que asistían a la iglesia veían al cristianismo como antigay. Ver el libro escrito por David Kinnaman y Gabe Lyons, UnChristian: What a New Generation Really Thinks about Christianity [Descristiano: lo que la nueva generación realmente piensa sobre el cristianismo] (Grand Rapids, MI: Baker, 2007).
  3. Tyler Braun, entrevista por correo electrónico con el autor, 29 de enero de 2016. Usado con permiso.
  4. Keller. (2014). El significado del matrimonio. p. 230.
  5. McKnight, Scot. (2015). A Fellowship of Differents: Showing the World God’s Design for Life Together [Una comunidad de diferentes: mostrémosle al mundo el diseño de Dios para la vida juntos]. (Grand Rapids, MI: Zondervan). p. 127. N. del T.: traducción propia.
  6. Wright, N. T. (2012) Después de creer: la formación del carácter cristiano (Madrid: PPC Editorial), Cap. 7. Apdo 6.
  7. McKnight. A Fellowship of Differents. p. 128. N. del T.: traducción propia.
  8. Hays, Richard B. (1996). The Moral Vision of the New Testament: A Contemporary Introduction to New Testmament Ethics [La visión moral del Nuevo Testamento: una introducción contemporánea a la ética del Nuevo Testamento] (New York: HarperOne), p. 392. N. del T.: traducción propia.
  9. Platt, David Platt. (2015). Counter Culture: Following Christ in an Anti-Christian Age [Contracultura: seguir a Cristo en una era anticristiana] (Carol Stream, IL: Tyndale), p. 166. N. del T: traducción propia.
  10. Hays. The Moral Vision of the New Testament. p. 382. N. del T.: traducción propia.
  11. Hays. The Moral Vision of the New Testament. pp. 389, 395. N. del T.: traducción propia.
  12. Hays. The Moral Vision of the New Testament. pp. 388. N. del T.: traducción propia.
  13. John Piper, «For Single Men and Women (and the Rest of Us)» [Para los hombres y las mujeres solteros (y el resto de nosotros), Desiring God, 1 de julio de 1991, http://www.desiringgod.org/articles/for-single-men-and-women-and-the-rest-of-us
  14. Sauls, Scott, Jesus Outside the Lines [Jesús fuera de líneas] (Carol Stream, IL: Tyndale, 2015), p. 145. N. del T.: traducción propia.
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Brett McCracken

Brett McCracken es el editor en jefe de The Gospel Coalition y autor de Incómodo; Hipster Christianity [Cristianismo hipster], y Gray Matters [Asuntos grises]. Vive en el sur de California, donde sirve como anciano en Southlands Church.
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