volver

Yo era su ejecutivo de cuentas y ellos eran mis clientes. 

Ese día, el matrimonio se sentó frente a mi escritorio. Acababa de darles la infortunada noticia de que la solicitud de su préstamo fue rechazada. Tenían demasiadas deudas pendientes.

Mientras leía las deudas en su informe crediticio, me topé con una tarjeta de crédito.

«Esa no es nuestra», comentó la esposa. «¿Será un fraude?».

Mientras inmediatamente comenzaba a recomendarles los siguientes pasos que debían dar en relación a esta tarjeta, pude ver algo que la esposa no. Sentado junto a ella, el rostro del esposo se había puesto notoriamente rojo. El sudor comenzó a brotar en su frente.

Él interrumpió abruptamente la conversación, instando a su esposa a no preocuparse por la tarjeta. Confundida por su comentario, se opuso firmemente. Cuando se volvió a mirarlo, vio lo que yo había visto. En ese momento, ella sabía que algo andaba mal. Él le había ocultado algo.

Asombrada, se volvió a mí, se disculpó con calma y se fue de mi oficina. Su marido, con la cabeza abajo y con los ojos llorosos, la siguió.

Desearía saber cómo terminó su historia, pero no lo supe.

Fracturas financieras

Las estadísticas relacionadas con los efectos dañinos del estrés financiero en los matrimonios son, lamentablemente, constantes. Sigue siendo una de las principales razones que dan las parejas para su divorcio. En las investigaciones se ha mostrado que los argumentos sobre el dinero al principio del matrimonio son un principal factor predictor de un futuro divorcio.

En un estudio que SunTrust Bank realizó el 2015, 35 % de las parejas casadas que están experimentando estrés matrimonial le atribuye al dinero la causa de la tensión. Con todos estos datos inquietantes sobre estrés financiero y el matrimonio, uno pensaría que las parejas se sumergirían en el desarrollo de la unidad financiera desde el comienzo de su matrimonio.

No obstante, este no es el caso.

En el mismo estudio realizado por SunTrust, 20 % de los encuestados dijo haber gastado USD $500 o más sin que su cónyuge supiera. El 36 % dijo que no consultaba con su cónyuge sobre grandes compras. El 6 % reportó tener cuentas ocultas a sus cónyuges.

Mis clientes en el banco ese día estaban dentro de una, si no todas, de esas estadísticas.

Ya no son dos, sino uno

Desde Génesis, Dios establece la expectativa de que cuando un hombre y una mujer se comprometen el uno con el otro por medio del matrimonio, ya no son dos, sino uno (Gn 2:24). Estas entidades formalmente separadas ahora se unen en una nueva entidad.

La profundidad de esta unidad se describe en 1 Corintios, donde Pablo escribe: «la mujer no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino el marido. Y asimismo el marido no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino la mujer» (1Co 7:4). Los derechos de un hombre y de una mujer sobre su propio cuerpo se pierden en la unidad del matrimonio. Y si vamos a perder los derechos de nuestro propio cuerpo en el matrimonio, ¿qué otros derechos perdemos?

Todos ellos.

No se tiene nada sin la posesión del otro. Nada se sabe sin el conocimiento del otro. Nada está oculto. Todo lo que era «mío» y todo lo que era «tuyo» ahora es «nuestro». 

Así es como debe ser un matrimonio. Pero ¿qué ocurre cuando lo «mío» y lo «tuyo» se cuelan entre las finanzas de una pareja?

¿Una cuenta bancaria en una sola carne?

Primero, consideremos algunas ramificaciones prácticas. Cuando las parejas deciden mantener o crear cuentas separadas, especialmente cuentas a las que el otro cónyuge no puede acceder, aumenta la complejidad y el desafío de gestionar bien sus finanzas. Hay más cuentas que rastrear, así como los gastos que ocurren dentro de ellas. Resulta más difícil lograr el dar con generosidad, ahorrar con sabiduría y vivir de manera apropiada.

La comunicación entre la pareja debe aumentar porque la probabilidad de cometer un error financiero se incrementa. Por supuesto, el deseo de una mayor comunicación no es lo que típicamente impulsa a las parejas a mantener cuentas separadas.

Ahora vayamos un poco más profundo. Las cuentas conjuntas (a las que ambos cónyuges pueden acceder) le comunican algo a tu pareja. Para empezar, comunican «nuestro dinero» y «nuestros gastos». No importa quién gane menos o más; es «nuestro dinero».

Las cuentas conjuntas comunican transparencia y confianza. También comunican compromiso. En contraste, las cuentas separadas pueden comunicar un deseo de permanecer libre de rendición de cuentas y de responsabilidad mutua.

¿Los esposos deberían tener cuentas separadas?

Unidad. Según la Biblia, así es como debería verse un matrimonio. El matrimonio es un pacto de entrega total.

¿Qué significa esto para las finanzas de un matrimonio? Unidad. ¿Significa esto que está mal que los matrimonios tengan cuentas separadas? Evitaré ser legalista aquí. Pero los creyentes deberían luchar con la pregunta y considerar si es o no lo mejor para su matrimonio. Existen consecuencias prácticas y potenciales problemas relacionales que pueden surgir del «mi dinero» y «tu dinero».

Las estadísticas revelan que las finanzas de una pareja pueden causar estragos en el matrimonio. Las cifras deberían ponernos a todos en alerta máxima. La historia de mis clientes puede convertirse en la historia de cualquiera de nosotros. Considera qué están comunicando tus cuentas. Si no están comunicando «nuestro dinero», renunciemos a nuestros derechos para que los dos puedan ser uno en todo, incluso en nuestras finanzas.

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
Photo of Art Rainer
Art Rainer
Photo of Art Rainer

Art Rainer

Art Rainer es el vicepresidente de desarrollo institucional en el SEBTS y autor de The Money Challenge: 30 Days of Discovering God’s Design for You and Your Money [El desafío del dinero: 30 días para descubrir el diseño de Dios para ti y tu dinero]. Vive en Wake Forest, Carolina del Norte, con su esposa, Sarah, y sus tres hijos.