Título original en inglés: «12 Ways to Encourage an Open and Vulnerable Culture in Your Church».
Imagina esto. Después de la iglesia, todos están involucrados en algún tipo de conversación. Este es un paso hacia la dirección correcta, aún si la mitad de esas conversaciones se tratan del clima. Luego escuchas sin querer fragmentos de esas conversaciones. Las personas están siendo vulnerables y hablando sobre asuntos que son importantes: el sermón, una pregunta de crianza, un desafío con un colega, un papá que se está volviendo loco, una depresión que no da tregua, y quienes están escuchando realmente se preocupan.
¿Qué puedes hacer para contribuir a una cultura eclesial donde las personas hablen abiertamente, sean vulnerables los unos con los otros y donde se sientan atraídas a la comunidad y a Cristo?
Existen dos partes para esto: (1) una cultura de iglesia en la que las personas escuchen bien; oren bien; eviten los errores en dar consejos, y no recurran automáticamente a dar ejemplos de su propia vida («¿en serio? Lo mismo me pasó a mí), y (2) una cultura en la que el liderazgo de la iglesia y los miembros estén abiertos e inviten a la vulnerabilidad. ¿Cómo podemos alentar esto?
Comenzamos al conocer la cultura del Reino de Dios. Hemos sido transferidos del dominio de las tinieblas a su Reino de luz (Col 1:12-13), y hay mucho de lo que hablar. Describimos lo que Dios ha hecho; nos ayudamos mutuamente a ver que está activo ahora; y nos recordamos mutuamente que está cerca, con nosotros, incluso en nosotros y nosotros en Él. Aunque el pecado y el sufrimiento permanecen, nuestra apertura es nuestra pequeña manera de anunciar que el Reino de Dios ha venido.
¿Qué ha contribuido a tu apertura ante Dios y otros, y cómo estás practicando ese rasgo de cultura de Reino? A continuación, te comparto doce maneras en las que todos podemos contribuir a ello.
- Estudien juntos los Salmos. Los Salmos son más públicos que privados y revelan la cultura del cielo. Se pueden usar para la adoración en los servicios y en grupos pequeños. Antes de leer las porciones de lamentos como el Salmo 56, puedes presentarlas de esta manera: «esta semana, comenzaremos con un salmo que hablará en nombre de algunos de nosotros, pero no todos. Mientras lo decimos juntos, algunos pronunciarán las palabras como propias y algunos las dirán como una declaración de alianza y unidad con aquellos que lamentan».
- Habla de tu propia necesidad. Un pastor mencionó casualmente: «el ajetreo sobrepasó mi descanso en Jesús esta semana». Otro pidió oración por un sermón que tenía que predicar que aún no ha llegado a su propio corazón. Eso es necesidad.
- Anima a que cuenten historias personales. La historia de cada persona sobre conocer a Jesús es difícil, buena y milagrosa. Una iglesia abierta busca estas historias y quiere escucharlas. Quienes se aferran a Cristo incluso cuando las circunstancias difíciles persisten son especialmente importantes para nuestras comunidades. A través de ellas, llegamos a conocernos mutuamente y sabemos cómo orar los unos por los otros y juntos, disfrutamos ver el amor creativo del Espíritu que obra en nosotros.
- Reflexiona en las historias ejemplares en tu iglesia. Cuidado con el flujo constante de los triunfalistas: «todo cambió ahora que conozco a Jesús». Necesitamos historias más comunes (y reales) de desesperación y preguntas sobre el cuidado de Dios, sobre el dolor que no cesa y el pecado que tiene que encontrarse con la ardua batalla.
- Pon a disposición librillos sobre varias luchas de la vida (por ejemplo, la depresión, la ansiedad, los problemas psiquiátricos, los amigos transgénero, la muerte de un ser querido). Resalta un librillo junto con un resumen.
- Ten disponible listas de reproducción de canciones para diferentes tipos de problemas.
- Pon en la mesa una breve discusión sobre el suicidio en el calendario anual. Las personas que siguen a Cristo tienen estos pensamientos también. Lee algunos extractos del Salmo 88. Es mejor leerlos juntos a fin de que los amigos puedan preguntar: «¿de qué manera puedo ser más útil?» y ora para que el Salmo 88 sea seguido por la fe confiada del Salmo 89.
- Pregúntales a los adolescentes sobre cómo los adultos pueden ayudarlos a hablar abiertamente.
- Agradece a aquellos de la iglesia que están abiertos y pídeles ayuda. Ellos muestran fortaleza en la debilidad.
- Cada persona debe ser capaz de identificar la vida cristiana normal. Eso es, somos afectados por todos los problemas del mundo, pero podemos hablar con Jesús y los unos con los otros en medio de ellos.
- Cada matrimonio debe poder identificar al matrimonio cristiano normal. Estamos ocupados, cuando nos juntamos, no siempre sabemos cómo conectar. Cuando estamos heridos, no siempre sabemos cómo hablar con la otra persona. Necesitamos a Jesús cada día y nos necesitamos mutuamente.
- Identifica algunos detalles de cómo se puede ver una cultura de apertura, lucha y fe y oren por eso junto como iglesia y comunidad.
La alternativa a una comunidad abierta es una iglesia de personas educadas que pretenden verse como si estuvieran manejando bien la vida. A esa iglesia le dará vergüenza mostrar sus corazones ante otras personas y ante el Señor. Lo que queremos es una iglesia que guíe el camino para ser pobres y necesitados, y para pedirle a ayuda a Jesús y a su pueblo.
Esta traducción está protegida por Copyright © (29 de julio de 2025) por la Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). El artículo original titulado «12 Ways to Encourage an Open and Vulnerable Culture in Your Church» Copyright © (2025), fue escrito por Ed Welch y está disponible en https://www.ccef.org/12-ways-to-encourage-an-open-and-vulnerable-culture-in-your-church/. Todo el contenido está protegido por copyright y no puede ser reproducido de ninguna forma sin el permiso escrito de CCEF. Para más información sobre clases, materiales, eventos de conferencias, educación a distancia y otros servicios, visita www.ccef.org.
Traducido íntegramente con permiso de la Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF) por María José Ojeda Aguilera de Acceso Directo, Santiago, Chile. La responsabilidad exclusiva de la traducción recae en el traductor.