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Uno de los grandes desafíos de la vida cristiana es convertirse en dador, y no solo en dador, sino en un dador alegre. La Biblia elogia la generosidad, pero una generosidad que está libre de remordimiento o coerción, porque «cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría». No debemos amar tanto el dinero como para dejar de ser generosos. Sin embargo, también debemos asegurarnos de no dar simplemente como una manera de calmar la culpa o aliviar la presión externa. Como suele ser el caso en la práctica de la fe cristiana, necesitamos protegernos contra extremos opuestos.

Desde hace mucho tiempo he observado que a los cristianos a menudo les toma algo de tiempo comenzar a dar a la iglesia (y/o a otros ministerios) y a hacerlo de una manera que sea genuinamente generosa. Y creo que esto tiene mucho sentido. La mayoría de las personas que vienen a Cristo lo hacen cuando son jóvenes y están en una etapa de la vida en la que los ingresos suelen ser bajos y muchos gastos se asoman por delante. Difícilmente podemos criticar a los jóvenes por pensar que una buena mayordomía financiera debe implicar priorizar su cuenta de ahorros. ¿Por qué dar dinero a la iglesia cuando no estás seguro de si podrás pagar la matrícula del próximo año o dar el primer y último mes de alquiler de un apartamento? ¿Qué sentido tiene regalar dinero cuando tienes tan poco y necesitas tanto?

No tiene sentido. Al menos no tiene sentido según ningún principio estándar de finanzas personales. Pero, de nuevo, los caminos de Dios rara vez son coherentes con la mente humana y a menudo nos empujan a reexaminar lo que siempre hemos dado por sentado. En ese sentido, aquí hay algunas cosas que animo a los cristianos jóvenes o nuevos a considerar.

Considera que tu dinero es en realidad dinero de Dios. Si bien tu nombre puede estar en la cuenta bancaria y estampado en la tarjeta de débito, es Dios quien es el dueño. Tú simplemente lo administras en Su nombre. Y así, mientras consideras tus finanzas, la pregunta que debe controlar no debe ser: «¿qué debo hacer con mi dinero?», sino: «¿qué quiere Dios que haga con su dinero?».

Considera la tendencia humana a quedar cautivado por el dinero. La Biblia advierte que el dinero puede controlarnos a tal punto que compite con Dios por nuestra lealtad máxima. Cada uno de nosotros será tentado a tratar de encontrar en el dinero lo que Dios quiere que encontremos sólo en Él. ¿Hay algo que podamos hacer para probarnos a nosotros mismos y a Dios que lo ponemos a Él por encima del dinero? Sigue leyendo.

Considera que Dios promete proveer lo que necesitas. Una de las razones por las que podemos encapricharnos tan fácilmente con el dinero es que parece ser la solución a muchos de nuestros problemas. El dinero puede ponernos comida en el estómago, un techo sobre la cabeza y mucho más. Sin embargo, es Dios quien ha prometido que proveerá estas cosas. Sí, es probable que use dinero para hacerlo, pero es importante confiar en última instancia en Él y no en la solidez de nuestra cuenta bancaria.

Considera que Dios espera que comprometas algunas de tus finanzas para sus causas en el mundo. Él deja claro que espera que cada cristiano dé, y que dé principalmente y como asunto de primera importancia a la iglesia local. Él espera que su obra continúe por medio de los recursos provistos por su pueblo.

Finalmente, considera que la obediencia fomenta el gozo. Cuando haces lo que Dios te llama a hacer, experimentas gozo en lugar de culpa o tristeza. Por lo tanto, si das para la obra del Señor, encontrarás que es una experiencia gozosa en lugar de difícil. De hecho, cuando eliges no dar, te estás negando el placer de hacerlo.

Con todos estos cimientos en su lugar, te corresponde a ti confiar en la Palabra de Dios. Lo haces dando, y mientras das, esencialmente estás poniendo a Dios a prueba (aunque de una manera buena y aceptable). Mientras das, puedes decirle a Dios en oración: «he confiado en ti con mi alma y ahora elijo confiar en ti con mi dinero. Esto realmente no me tiene mucho sentido, pero confío en ti. Así que, por favor, muéstrame que tus caminos son mejores que mis caminos. Por favor, muéstrame que proveerás incluso mientras doy para tu obra. Por favor, acepta esta ofrenda y pruébate a mismo ante mí».

Y Él lo hará. Dios no puede probarse a sí mismo si no le das la oportunidad. Pero Él puede y se probará a Sí Mismo una vez que creas el contexto. Él demostrará que proveerá no a pesar de tu generosidad, sino gracias a ella. Porque cuando se trata de Dios, los principios de finanzas normales, aceptados y aparentemente de sentido común simplemente no cuadran.

¿Cuánto deberías dar? Ese es un tema completamente diferente. Pero, en resumen, la Biblia no proporciona una cantidad o porcentaje exacto, aunque el diezmo del Antiguo Testamento del diez por ciento de tus ingresos es probablemente un buen lugar para comenzar. (Y no, no te obsesiones con el ingreso antes de impuestos o después de impuestos; simplemente elige uno y utilízalo). Mi recomendación —y para ser claro, soy yo y no la Biblia quien habla aquí— es que deberías dar lo suficiente como para notarlo de alguna manera. Una cosa es tirar unas cuantas monedas de sobra en la bandeja de la ofrenda, y otra es dar una cantidad que sea notoria y que realmente marque una diferencia en tu vida. Quizás eso signifique que no podrás comprar algo que esperabas comprar o que comenzarás un nuevo semestre con un poco menos de margen financiero de lo que esperabas. Pero Dios lo sabe y Dios honra eso. Ese pequeño sacrificio es uno que puedes poner delante de Él y de lo que puedes prescindir con alegría, por el bien de confiar en Él y servir a su causa.

Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Tim Challies. Usado con permiso.
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Tim Challies
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Tim Challies

Tim Challies es un seguidor de Jesucristo, esposo de Aileen y padre de tres niños. Se congrega y sirve como pastor en Grace Fellowship Church en Toronto, Ontario. Es autor de libros, entre los cuales puedes encontrar: Discernimiento: una disciplina práctica y espiritual, Limpia tu mente y Haz más y mejor; es cofundador de Cruciform Press y escribe regularmente en challies.com
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