Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra (Mateo 5:5).
¿Cómo puedes ser un hombre humilde en un mundo malvado?
¿Debes mirar la injusticia de brazos cruzados, o peor aún, con indiferencia? ¿Cómo puedes ser gentil entre los crueles, comedido entre los despiadados? ¿Cómo puedes vivir entre lobos sin convertirte en uno? ¿A quién enseña Jesús que «heredará la tierra»?
Tiempos malos caen sobre el mundo cuando no entiendes la humildad. Cuando ves al poderoso explotar al vulnerable, al rico pisotear al pobre, al indefenso ser llevado al matadero, la Humildad Impostora te sugiere que firmes un tratado de paz con los tiranos. No haces nada al respecto. Su trato prohíbe toda resistencia y susurra: «manso, sólo manso, pero significa: «tímido, sólo tímido». Te envía corriendo lejos de las líneas del frente, recordándote a cada paso: los humildes heredarán la tierra.
O al menos eso he imaginado. He luchado para reconciliar la humildad con la fuerza, con la determinación, con la hombría.
Sin embargo, por extraño que parezca, los hombres más humildes de la Biblia fueron los más atrevidos. Moisés, por ejemplo, era el hombre más humilde de la tierra (Nm 12:3), pero Dios lo usó para castigar a una superpotencia, hacer cumplir la ley y confrontar la idolatría, derritiendo el becerro de oro de Israel y obligando al pueblo a beberlo. Su gran humildad no siempre lo convirtió en alguien inofensivo.
Y esta bienaventuranza de la humildad es obra de dos de los hombres más varoniles de la Biblia: el Señor Jesús citando al rey David. Cristo cita a David en el Salmo 37:11: «pero los humildes poseerán la tierra y se deleitarán en abundante prosperidad». Si crees que la mansedumbre es una virtud inferior para aquellos que son indiferentes al mal o que están demasiado asustados para enfrentarlo, el Salmo 37 te ayuda a aclarar cómo los humildes piensan y creen en un mundo malvado.
Humildad masculina
David mismo poseía una humildad masculina. Cuando no tomaba represalias, no era porque no pudiera hacerlo. Algunos hombres parecen humildes porque no pueden humillar a sus enemigos. Pero David es ese tipo; su reputación lo precede. Se le conoce como «valiente, un hombre de guerra» antes de siquiera pelear contra el gigante (1S 16:18). La humildad controló su verdadero poder y manejó la ira que podría haber hecho algo al respecto.
David no era sólo humilde. Él peleaba. Él confrontaba. Actuaba como un hombre. Podía ser humilde precisamente porque era peligroso. Su humildad no lo eximió de su deber de ser fuerte y valiente, sino que le dio discernimiento. Sabía cuándo pelear y cuándo no; cuándo sacar la espada y cuándo envainarla. Era tierno con el rebaño y, sin embargo, agarraba a los leones por la barba y los mataba.
Era, como se dice del caballero artúrico Lancelot: «el hombre más humilde que jamás comió en un salón entre damas» y «el caballero más severo para tu enemigo mortal que jamás puso una lanza en ristre». C. S. Lewis comenta que un héroe así «no es un compromiso ni un término medio feliz entre la ferocidad y la humildad; es feroz hasta la enésima potencia y humilde hasta la enésima potencia».
Eso es lo que me faltaba entender. Un hombre es libre de ser completamente humilde, pero no debe ser sólo humilde. Acoge a los niños y muestra compasión con el pecador, pero sabe cuándo tomar el látigo y limpiar el templo. Este hombre no es un hombre de la naturaleza, señala Lewis, sino del arte, y podríamos decir de la gracia.
A lo largo del Salmo 37, David te hace un llamado a la humildad:
No te irrites a causa de los malhechores;
no tengas envidia de los que practican la iniquidad (v. 1).Confía en el Señor, y haz el bien;
habita en la tierra, y cultiva la fidelidad (v. 3).Pon tu delicia en el Señor […]
encomienda al Señor tu camino […] confía callado en el Señor (vv. 4-5, 7).Deja la ira y abandona el furor (v. 8).
Espera en el Señor y guarda su camino (v. 34).
Él confía en Dios en lugar de devolver el golpe. Sin embargo, si ese es el único mensaje que tienes en un mundo malvado, hemos abreviado el Salmo 37. David te da más ayuda para obedecer, para dejar que la justicia restrinja tu mano. Te entrega dos promesas a las que la humildad se aferra en lugar de la venganza
1. La promesa del infierno
Cuando preguntas: «David, ¿cómo pudiste controlarte cuando Simei, Nabal, Saúl, Absalón y otros te hirieron?», él no respondió que siempre debes ser manso, sino que Dios siempre será justo. «Él actuará».
Lee el Salmo 37 de nuevo. Quédate quieto; confía en Dios; no te preocupes; sé humilde: ¿por qué?
[Los malhechores] se marchitarán como la hierba verde (v. 2).
Un poco más y no existirá el impío (v. 10).
El Señor se ríe de él,
porque ve que su día se acerca (v. 13).Su espada les atravesará su propio corazón,
y sus arcos serán quebrados (v. 15).Se desvanecen como el humo (v. 20).
los maldecidos por Él serán exterminados […] pero la descendencia de los impíos será exterminada […] cuando los impíos sean exterminados, tú lo verás (vv. 22, 28, 34).Pero los transgresores serán destruidos a una (v. 38).
Porque el Señor ama la justicia (v. 28).
David podía dejar el asunto en manos de Aquel cuya indignación ardía más que la suya. El poderoso odio de Dios contra los malvados le permitió que la espada de las represalias por los agravios personales se le resbalara de la mano.
O, como dice Pablo: «amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: “Mía es la venganza, Yo pagaré», dice el Señor”» (Ro 12:19). En otras palabras: «guarda tus armas y hazte a un lado, para dar espacio a mis cañones». La promesa del Señor de pagar te libera para responder dándole comida a un enemigo hambriento y bebida a un perseguidor sediento. Vences el mal con el bien porque Él vencerá el mal con su ira (Ro 12:19-20).
¿Confías en su justicia? Muéstrame a alguien que no cree en la venganza de Dios y te mostraré a alguien que no puede ser humilde. ¿Cómo podría serlo? O te volverás insensible al mal y culparás a la virtud, o pensarás en la religión como simples sentimientos vacíos y te mancharás las manos de sangre. La humildad depende de la justicia divina y no se sonroja al hablar del infierno.
2. La promesa del cielo
En segundo lugar, y capturado hermosamente en nuestra bienaventuranza: «bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra» (Mt 5:5, [énfasis del autor]).
Esta tierra prometida se te da si eres un soldado que ama la paz. Eres una hermosa paradoja. Eres un soldado, fuerte y valiente para confrontar el mal, pero también alguien que «no paga a nadie mal por mal» y que, «si es posible, en cuanto de [ellos] dependa, estén en paz con todos los hombres» (Ro 12:17-18, [énfasis del autor]).
A lo largo del Salmo 37, Dios da garantías para aquellos que confían en Él en sus días de adversidad.
[Dios] hará resplandecer tu justicia como la luz,
y tu derecho como el mediodía (v. 6).Pero el Señor sostiene a los justos (v. 17).
Su herencia será perpetua.
no serán avergonzados en el tiempo malo (vv. 18-19).Cuando [el justo] caiga, no quedará derribado (v. 24).
[Dios] no abandona a sus santos;
ellos son preservados para siempre (v. 28).El Señor los ayuda y los libra […] y los salva (v. 40).
En resumen: «los humildes poseerán la tierra y se deleitarán en abundante prosperidad» (v. 11).
Dios no pasará por alto ninguna injusticia, ningún insulto, ninguna corrupción de los malvados. Confía en Él. Tampoco pasará por alto ninguna tolerancia, ninguna resistencia, ningún encubrimiento de agravios personales por parte de los justos. Confía en Él. Cuando la injusticia amenaza a otros o insulta el nombre de Dios, incluso el más humilde de los hijos de Dios actúa. Pero a menudo, cuando la herida es tuya para soportar, lo haces orando por tus enemigos, no castigándolos, porque esperas justicia para ellos, perfectamente repartida en la cruz o en la eternidad, y esperas recompensas llenas de gracia por tu paciencia de acuerdo con la promesa de Dios.
Hombre de guerra; hombre de paz
Entonces, ¿cómo puedes ser humilde en un mundo malvado? ¿Cómo puedes vivir entre lobos y no convertirte en uno?
Eres humilde en momentos cruciales a la manera de David y Moisés. No usas la humildad como excusa para la cobardía o la apatía, sino que, por orden de Dios, te retiras y haces el bien, confiando en sus promesas de justicia y recompensa venideras. ¿Te describe esto a ti?
Todos debemos aprender del Señor. Ningún hombre fue jamás más fuerte y más humilde que Jesús, el León de la tribu de Judá, que se quedó callado como un cordero ante sus trasquiladores, ofreció instrucciones para el cuidado de su madre con sus últimos alientos y oró por perdón, no por maldición, para quienes lo asesinaban. A ti, que estás tentado, vengativo, amargado y traicionado, Jesús clama: «tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas» (Mt 11:29, [énfasis del autor]).
Cristianos como estos se conquistan a sí mismos confiando en Él. Estos son los hombres y mujeres a quienes Jesús promete que un día, y un día pronto, heredarán la tierra.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
