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Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.

La última vez, la semana pasada, conversamos sobre las mujeres en el ministerio: mujeres que callan versus mujeres que hablan en 1 Timoteo 2:12. Ese fue el capítulo 2174 de APJ. Hoy vamos a ver el tema de las mujeres y la belleza en una cultura de selfie —particularmente, cómo se abusa de la belleza femenina—. Y llegamos aquí a partir de la pregunta de Lisa, quien preguntó sobre un versículo de nuestra lectura bíblica de esta semana (una que, hasta ahora, nunca había aparecido en el pódcast: Proverbios 11:22).

«Pastor John, hola, y gracias por tomar mi pregunta. Como mujer que vive en una cultura que enfatiza fuertemente la belleza física, encuentro que Proverbios 11:22 es impactante y convincente. «Como anillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa que carece de discreción». ¿Podrías explicar el significado detrás de esta metáfora? ¿Por qué la Escritura compara a una mujer hermosa sin discreción con un anillo de oro en un cerdo? ¿Qué significa exactamente carecer de discreción en este contexto? Y más personalmente, ¿cómo puedo discernir si es que estoy priorizando la belleza externa por sobre el carácter piadoso? ¿Qué pasos prácticos puedo dar para guardar mi corazón contra la tentación de poner mi enfoque en la apariencia a expensas de la sabiduría y la discreción?».

Belleza y agradar a Dios

Bien, este es un versículo impactante. «Como anillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa que carece de discreción» (Pr 11:22). No sólo es impactante; es asqueroso, y creo que esa es la intención. Los cerdos no sólo eran ritualmente impuros en Israel (por ejemplo, Israel no tenía permitido comer jamón o tocino); eran, y también lo son hoy, animales mugrientos. Aman el lodo. Pegan sus caras en el agua sucia mientras comen. No es un accidente que la palabra cerdo sea una palabra extremadamente despectiva.

Por un lado, un anillo de oro es hermoso. Es oro. El oro es precioso. Es caro. Los anillos se usaban de maneras honorables para el embellecimiento. Por ejemplo, el siervo de Abraham, recuerda, puso un anillo de oro en la nariz de Rebeca para honrarla y celebrar que Dios había prosperado su camino de encontrar una esposa para Isaac. Y la comparación, entonces, que el escritor hace es que el anillo de oro de belleza, honor y valor es como la belleza física de una mujer. Esa es la comparación. El anillo de oro es como la belleza física de una mujer. En otras palabras, es algo bueno. Eso es lo primero que debemos decir: es algo bueno; la belleza no es mala. 

Por ejemplo, tanto Ester como Abigaíl son descritas como discretas y hermosas (Est 2:7; 1S 25:3). Si Dios ha hecho a un hombre guapo y a una mujer hermosa, no necesitan disculparse por ello. Es un regalo gratuito e inmerecido. Todos debemos pensar sobre eso. Llegamos al mundo y no nos debe nada a nosotros: cómo nacimos, quiénes fueron nuestros padres. Y la belleza no es sólo un regalo; es un regalo y un peligro. Todo depende de lo que hagamos con nuestros regalos. Podemos agradar a Dios y bendecir a las personas con belleza (y sí, con sencillez —sí, podemos y hemos visto hacerlo). O podemos ser vanidosos y sensuales con nuestra belleza y podemos ser autocompasivos y descuidados con nuestra sencillez.

Las buenas apariencias y las malas apariencias simplemente no son lo más importante. No son esenciales para la persona que agrada a Dios. Y creo que este último punto: «no son esenciales para la persona que agrada a Dios», es a lo que Proverbios 11:22 está apuntando. «Como anillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa que carece de discreción». En otras palabras, si Dios te ha dado el don de la belleza física y esa belleza no se usa al servicio de la piedad, entonces es como si se le hubiera dado a un cerdo. Dicho de otra manera, la belleza se desperdicia en ti como un anillo de oro se desperdicia en un cerdo. La manera de no desperdiciar la belleza física es darse cuenta de que tiene el propósito de ser una señal a la belleza moral y espiritual.

Discreción y temor al Señor

La palabra traducida como discreción (ṭā‘am) —«Como anillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa que carece de discreción»— a menudo se traduce como gusto. Por lo tanto, tener discreción es como tener un gusto perspicaz, no sólo en la comida, sino en el comportamiento, en la vestimenta, en el adorno y en la conducta. En el Salmo 119:66, la palabra se traduce como «buen juicio». Se usa en Proverbios 26:16 para describir la habilidad de responder con sabiduría sensible. Y sabemos que «el principio de la sabiduría es el temor del Señor» (Pr 9:10).

El temor del Señor es la raíz y el corazón de la discreción, del discernimiento y del buen juicio. Por lo tanto, cuando Proverbios 31:30 dice: «engañosa es la gracia y vana [vacía] la belleza, pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada», entendemos que lo que evita que la belleza física sea vana, vacía, inútil o desperdiciada es la discreción que tiene sus raíces en el temor del Señor. Toda la belleza del mundo tiene la intención de llamar la atención a la belleza de nuestro Creador y, de una manera menor, la belleza del carácter piadoso de sus hijos.

Los cerdos, en cambio, no saben qué hacer con un anillo de oro en sus narices. No saben qué hacer con él, así como las mujeres piadosas, que carecen de discreción, no saben qué hacer con su belleza física. Así, un cerdo mete su nariz, con su hermoso anillo, en el barro y en las lavazas que se les sirven de comida. Y así, las mujeres sin discreción ni piedad ni sabiduría mal usan su belleza física. La ensucian. La usan para reforzar sus frágiles egos con sensualidad. La usan para ejercer poder sobre hombres indignos. La usan para acariciar su necesidad de superioridad sobre otras mujeres. O peor, se prostituyen y tiran por la borda el buen regalo de la belleza que Dios da. 

El punto principal, creo, es claro. La belleza física en y de sí misma no es esencial a la persona que agrada a Dios. La belleza física es un regalo de Dios y todo depende de lo que hagas con ello. Si eres como un cerdo en cuanto a la falta de discreción, sabiduría, piedad y temor del Señor, entonces, empujarás tu anillo de belleza a la inmundicia que el mundo llama glamour. 

Juicio y honra a Dios 

Dios tiene una visión muy importante de tal mal uso. Escucha estas terribles palabras de Isaías 3:16-24.

Además, dijo el Señor:
«Por cuanto las hijas de Sión son orgullosas
Y caminan con el cuello erguido, y con ojos seductores,
Dan pasitos cortos
Para hacer tintinear los adornos en sus pies,
Entonces el Señor herirá con tiña los cráneos de las hijas de Sión,
Y el Señor desnudará sus frentes».
En aquel día el Señor les quitará los adornos: las ajorcas, los tocados y lunetas,
Los pendientes, brazaletes y velos,
[…] Los frascos de perfume […],
Los anillos y aretes de nariz, […]
En vez de perfume aromático habrá podredumbre […].

Dios nos ha dicho cómo evitar este tipo de juicio. Por ejemplo, en 1 Pedro 3:4 él dice: «que el adorno de ustedes» —hablándoles especialmente a las esposas, las mujeres— «sea lo que procede de lo íntimo del corazón, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios». Y 1 Timoteo 2:9-10: «que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, [concretamente] con buenas obras, [y] como corresponde a las mujeres que profesan la piedad».

Por tanto, la belleza física es un regalo de Dios; todo depende de cómo se use. No es esencial para la persona que agrada a Dios. Tiene el propósito de adornar a esa persona y señalar a una belleza mucho más grande, la belleza de la piedad, el temor del Señor, la fe en Jesucristo y la devoción obediente a Él.  

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
Photo of John Piper
John Piper
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John Piper

John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.
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