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Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.

Todos conocemos esa sensación de abarcar más de lo que podemos —comprometiéndonos demasiado, pensando que podríamos hacerlo todo, confiados en nuestras propias habilidades—. Y luego llega el momento de hacer el trabajo y es demasiado. Necesitábamos ayuda, pero no la conseguimos. Ahora estamos sepultados; trabajamos en exceso y nos agotamos. Eso pasa en la vida, pasa en el liderazgo y, por supuesto, ciertamente pasa en el ministerio, como vemos en Éxodo 18, que leeremos juntos la próxima semana. Jetro le advierte a Moisés que un liderazgo eficaz y productivo requiere una responsabilidad compartida. No es un espectáculo de un solo hombre.

Todo esto está en la mente de Mark, en Chicago, Illinois: «pastor John, hola y gracias por ayudarme a mí y a innumerables pastores a liderar mejor a través de este podcast. En Éxodo 18:17-23, Jetro le dice a Moisés que aprenda a delegar diciendo cosas como:

No está bien lo que haces. Con seguridad desfallecerás tú, y también este pueblo que está contigo, porque el trabajo es demasiado pesado para ti. No puedes hacerlo tú solo. […] Escoge […] hombres capaces. […] Que sean ellos los que juzguen al pueblo en todo tiempo.

Un ministerio eficaz requiere sabiduría pastoral y una mayordomía administrativa, incluyendo la capacidad de delegar, equipar a otros y mantener estructuras sostenibles. Como pastor, ¿cómo abordaste personalmente las responsabilidades administrativas del liderazgo, tales como organizar equipos de ministerio, gestionar las finanzas de la iglesia o supervisar la comunicación interna, todo mientras te mantenías anclado en tu llamado principal de pastorear almas? ¿Qué principios dieron forma a la manera en que lideraste y delegaste dentro de tu iglesia?».

Capas de liderazgo

Hubo etapas clave en la vida de nuestra iglesia durante mis 33 años de pastorado donde este pasaje de Éxodo 18:17-23 fue muy significativo. Pienso especialmente en una etapa de crecimiento en la que necesitábamos brindar cuidado pastoral a cientos y luego a miles de personas, y cómo hacerlo se convirtió en un tema principal: «¿vamos a tomarnos en serio la membresía y no sólo cuidar de los miembros como pastores de la iglesia, sino también, conocer a los miembros y hacerles rendir cuentas para que la disciplina eclesiástica sea factible y normal?». Y nos quedó claro que esto simplemente no iba a suceder si todos los miembros de la iglesia miraban sólo a los pastores del personal para ese tipo de cuidado y rendición de cuentas. Si íbamos a brindar cuidado pastoral y rendición de cuentas, tendría que ser a través de varias capas de liderazgo.

Ahora bien, no todo el mundo conoce la historia de Éxodo 18, de la cual aprendemos tanto, así que permíteme leerla para que la gente pueda ver de qué estamos hablando aquí. Moisés intentaba resolver todos los asuntos de disputa en Israel él mismo. Eso es imposible, ¿verdad? Y su suegro llega y ve lo poco práctico que es esto, y esto es lo que dice en Éxodo 18:17-23:

No está bien lo que haces. Con seguridad desfallecerás tú, y también este pueblo que está contigo, porque el trabajo es demasiado pesado para ti. No puedes hacerlo tú solo. Ahora, escúchame. Yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Sé tú el representante del pueblo delante de Dios, y somete los asuntos a Dios. Entonces enséñales los estatutos y las leyes, y hazles saber el camino en que deben andar y la obra que han de realizar. Además, escogerás de entre todo el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres veraces que aborrezcan las ganancias deshonestas, y los pondrás sobre el pueblo como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez. Que sean ellos los que juzguen al pueblo en todo tiempo. Que traigan a ti todo pleito grave, pero que ellos juzguen todo pleito sencillo. Así será más fácil para ti, y ellos llevarán la carga contigo. Si haces esto y Dios te lo manda, tú podrás resistir y todo este pueblo por su parte irá en paz a su lugar.

Cuatro directrices para los líderes 

Como equipo de pastores y ancianos, vimos al menos cuatro directrices en esta historia.

  1. El líder designado por Dios debe aceptar su rol de liderazgo, pero renunciar a cualquier síndrome de Superman, como si pudiera hacer esto por su propia cuenta. Así que, sí al liderazgo, no a Superman.
  2. El líder debe poner en marcha un proceso eficaz para encontrar y equipar a compañeros calificados para el cumplimiento de la tarea en cuestión. Esa es una responsabilidad enorme que tiene el líder principal. Justo aquí, todo puede descarrilarse si no tienes cuidado de encontrar personas calificadas. Si pones a personas no calificadas que no son teológicamente sanas o que están personalmente mal equipadas para la tarea, todo puede salir mal. Aunque se pueda establecer una hermosa estructura organizacional, el líder principal necesita asumir la responsabilidad de enseñar sobre qué tipo de personas deben ocupar estos roles de liderazgo compartido. Descubrí que esa era mi responsabilidad principal en el proceso.
  3. Este equipo emergente de líderes debe crear estructuras en las que estos compañeros puedan ministrar eficazmente. En el caso de Moisés, fueron grupos de miles, cientos, cincuenta y diez. Podría ser diferente. No creo que sea una receta para todos los detalles de cada iglesia, sino simplemente lo que sea útil.
  4. Esto a menudo se pasa por alto en este texto. En Éxodo 18:20, Moisés, el líder, continúa hablándole a todo el pueblo sobre la Palabra de Dios y así proporciona una visión e inspiración general para el pueblo y para sus compañeros en el ministerio. Ese sonido de trompeta del líder principal —semana tras semana desde el púlpito y en las reuniones de ancianos— era esencial para que todo funcionara. Solía decir que yo era simplemente la bujía en Bethlehem que explotaba una vez a la semana en el púlpito el domingo. Mis colegas (especialmente Tom Steller en esos primeros días) construyeron la transmisión del auto y todas las demás piezas que hacían que el vehículo se moviera, y yo sólo era el «pum, pum, pum» en el motor.

Un principio de administración similar se encuentra en Hechos 6:3-4, donde algunas de las viudas estaban siendo desatendidas, y el apóstol dijo: «por tanto, hermanos, escojan de entre ustedes siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea. Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio de la Palabra». Y un principio similar se expresa en Efesios 4:12, donde los pastores deben «capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo».

En todos estos textos (y otros), el principio es que el liderazgo es crucial, pero el liderazgo no pretende ser un espectáculo de un solo hombre. El líder existe para servir a la salud del cuerpo de Cristo y a la misión de la iglesia, y establece las estructuras administrativas y las personas talentosas que sean necesarias para lograrlo. La Biblia habla en términos de ancianos y diáconos.

No hay lugar para la pasividad

Una de las cosas que he visto a medida que he observado los procesos de personal, administración y crecimiento, es que el liderazgo es tan importante como el liderazgo compartido. En otras palabras, creo que algunos líderes —estoy pensando aquí principalmente en pastores— usan el principio del liderazgo compartido para abdicar de su rol como líderes. Las organizaciones no funcionan de manera dinámica, eficaz o fructífera cuando los líderes son pasivos mientras esperan que las estructuras que han establecido de alguna manera tomen la iniciativa.

No importa cuántas estructuras administrativas se creen, siempre existe la necesidad de un liderazgo ejecutivo fuerte, con iniciativa, creativo, inspirador y que piense rigurosamente. Los jefes de miles, cientos, cincuenta y diez de Jetro eran esenciales, pero no podían reemplazar a Moisés. Creo que eso también es cierto hoy en día.

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
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John Piper
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John Piper

John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.
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