Este artículo es parte de la serie Siete consejos publicada originalmente en Crossway.
Pastoreo y crianza
Este artículo está escrito principalmente para pastores y para aquellos que aspiran a serlo. Espero que otros padres también se beneficien. Si eres pastor o padre, ya sabes cuán difícil es cada rol y cuánto más pueden ser los dos en conjunto. Y confío en que ya sabes, y has enseñado una y otra vez, qué significa criar a tus hijos en la disciplina y educación del Señor (Ef 6:4). Lo que compartiré a continuación simplemente es una recopilación pequeña de consejos que espero brinden un recordatorio, un estímulo o una chispa de aliento.
1. En relación a los devocionales familiares, casi cualquier cosa es mejor que nada
A menudo he escuchado a Don Whitney, del Southern Seminary, decir algo como esto: «en relación a los devocionales familiares, breves y frecuentes es mejor que largos y esporádicos». Cuando se trata de devocionales familiares, casi cualquier cosa es mejor que nada. Por tanto, busca algo realista y viable, y quédate con eso.
Hacemos devocionales familiares en la mesa del desayuno. Por un par de breves minutos, los niños son una audiencia más o menos cautiva mientras ellos —al menos en teoría— comen. Generalmente, están más frescos en ese momento que en la cena y es menos probable que tengamos visitas o una obligación mía que nos apure. Entonces, leemos la Escritura un capítulo a la vez. Si el tiempo y el interés de los niños lo permite, podríamos discutir brevemente el pasaje. Los lidero en oración basándome en el pasaje y, de nuevo, si hay tiempo y disposición, a veces oramos por las peticiones del servicio dominical vespertino del domingo anterior. Ocasionalmente, cantamos una estrofa de un himno o la doxología. Eso es todo. Cinco, ocho o diez minutos. Oro y confío que eso dé fruto.
2. Haz tiempo para conversaciones uno a uno con cada hijo
He escuchado este consejo tan a menudo que se siente un poco cliché. Quizás lo es. Pero es uno que necesito escuchar una y otra vez. Hace poco estaba conversando con uno de mis ancianos sobre algunos de mis desafíos actuales en la paternidad. Él me preguntó: «¿cuánto tiempo estás pasando con cada hijo uno a uno?». Mi respuesta honesta fue: «no mucho». Así que tomé el punto de este anciano y establecí una rotación semanal. Cada lunes, llevo a uno de los niños a almorzar afuera a un lugar que ellos escojan. Eso consume un espacio entre semana que normalmente habría estado usando para discipular a un miembro de la iglesia, pero el sacrificio parece apropiado y ha demostrado ser fructífero. Si no tengo tiempo para discipular a mis propios hijos, alguien más puede y debe discipular a esos miembros de la iglesia. Ahora, cada lunes, uno de mis hijos está especialmente entusiasmado con el almuerzo, y yo también.
Recuerda cómo Pablo les suplicaba a los tesalonicenses: «saben además de qué manera los exhortábamos, alentábamos e implorábamos a cada uno de ustedes, como un padre lo haría con sus propios hijos, para que anduvieran como es digno del Dios que los ha llamado a su reino y a su gloria» (1Ts 2:11-12). Pablo asumió que un padre conoce a sus hijos y adapta su consejo a cada una de sus necesidades y situaciones, de sus fortalezas y debilidades. ¿Cuánto tiempo requiere conocer a tus hijos lo suficientemente bien como para pastorearlos así?
3. Busca consejo
Los niños son un blanco en movimiento. A menudo me siento perdido porque todo lo que siempre hemos hecho parece haber dejado de funcionar. Se me agotaron la sabiduría y las buenas ideas. Así que este es mi consejo: cada vez que te encuentres con una pared, busca a un padre piadoso en quien confías, cuyos hijos sean al menos un poco mayores que los tuyos y pide consejo. Ser pastor no significa que tengas todas las respuestas. «Donde no hay buen consejo, el pueblo cae, pero en la abundancia de consejeros está la victoria» (Pr 11:14).
4. Confiesa tus pecados no sólo a Dios, sino que también a tus hijos
Pecarás contra tus hijos con una triste regularidad. Ese pecado te presenta una decisión: humildad o hipocresía. Tus hijos ven tu pecado y saben que es pecado. Lo que ellos también necesitan saber es que tú sabes que es pecado, que lo detestas, que lo aborreces, y que amas tanto a Jesús como a ellos más de lo que amas la ilusión de tu propia superioridad. Así que nombra tu pecado, discúlpate y diles: «por favor, perdónenme».
5. Abastece sus recuerdos
Los recuerdos de los niños son sorprendentemente pegajosos y esponjosos. Comienza desde que son pequeños con los catecismos y la memorización de la Biblia. Abastece los recuerdos de tus hijos con tanta Escritura y sana teología como puedas. Incluye todo lo que puedas mientras sean pequeños, y ora para que el Espíritu Santo les permita develar todo en los años y décadas que vendrán.
6. Planifica darles lo mejor de ti
Pastorear es un trabajo agotador. Puede ser un trabajo impredecible y abrumador. Y no importa cuánto quieras darles lo mejor de ti a tus hijos, lo mejor de ti puede ser difícil de encontrar después de otro día de conversaciones de consejería difíciles y de no haber avanzado en tu sermón como necesitabas. Así que no sólo intentes darles lo mejor a tus hijos, sino que planifica hacerlo. Dales tradiciones semanales para que esperen con ganas, momentos en los que ellos sepan que tú estarás feliz de darles todo de ti. Puede ser tan simple como hacer panqueques juntos cada sábado por la mañana.
7. Haz un poco de tarea
Mi séptimo consejo es esta tarea: escucha el sermón de Ed Moore sobre crianza. Lee su versión escrita también [disponible sólo en inglés]. Ambos están mejor hechos y lo dicen mejor que yo.
Bobby Jamieson es el autor de The Path to Being a Pastor: A Guide for the Aspiring [El camino a ser un pastor: una guía para el aspirante].
Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.