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Jesús se atrevió a montar un asno al entrar a Jerusalén.

Tal vez estemos tan familiarizados con el Domingo de Ramos que pasamos por alto lo audaz que fue este acto. No permitamos que las ramas de palma nos distraigan. El punto central de la vegetación es el Hombre elevado sobre el lomo de la bestia. Junto con la limpieza del templo con un látigo, este fue uno de los pasos más provocativos que Jesús dio en el camino al Calvario.

Los cuatro Evangelios dejan claro que montar el asno fue idea del propio Jesús (Mt 21:1-2; Mr 11:1-2; Lc 19:29-30; Jn 12:14). Pero la pregunta es, ¿por qué lo hizo? ¿Qué quiso decir con ello?

Tanto Mateo como Juan citan a Zacarías 9:9: 

¡Regocíjate sobremanera, hija de Sión!
¡Da voces de júbilo, hija de Jerusalén!
Mira, tu Rey viene a ti,
Justo y dotado de salvación,
Humilde, montado en un asno,
En un pollino, hijo de asna.

Ahora bien, nuestra tentación podría ser revisar rápidamente esta profecía mesiánica y luego volver a los Evangelios. Pero no nos perdamos el contexto antiguo en el que Zacarías pronunció esta palabra profética. El profeta no se saca un asno de la manga. Este no es el primer dignatario sobre un pollino en el Antiguo Testamento.

Judá real

En primer lugar, está la extraña y maravillosa bendición de Jacob para su hijo Judá en Génesis 49. El patriarca prevé que la tribu de Judá ostentará el reinado en Israel. Sus hermanos lo alabarán y se inclinarán ante él (Gn 49:8). Judá es «cachorro de león» (49:9) en ascenso. El cetro, el bastón de mando del rey, «no se apartará de Judá», e incluso más allá de la familia de Jacob, «a él sea dada la obediencia de los pueblos» (49:10). Luego viene la extraña mención de un pollino de asna:

Él ata a la vid su pollino,
Y a la mejor cepa el hijo de su asna;
Él lava en vino sus vestiduras,
Y en la sangre de las uvas su manto (Génesis 49:11).

Aunque nos resulte enigmático, esto es «deliberadamente el lenguaje del exceso», según el comentarista Derek Kidner. Bestias hambrientas atadas a vides preciosas, libres para alimentarse a voluntad, con vino en tal abundancia que puede usarse como agua: estas imágenes sugieren una «abundancia exuberante e embriagadora1».

A partir de aquí, tanto el vino como el pollino de asna se vuelven símbolos de las abundantes bendiciones que vendrán a través del linaje de Judá.

David real

Luego encontramos hilos en el tiempo de los jueces, que nos llevan a la vida de David. La posesión de asnos (y montarlos) es una marca de privilegio y dignidad. Los ricos montan en asnos (Jue 5:10), y los líderes célebres entregan asnos, además de ciudades, a sus hijos (Jue 10:4; 12:14).

Luego viene el gran descendiente de Judá, el rey David, quien tenía una mula en la que montaba, al igual que sus hijos (2S 13:29; 18:9). Al final de su vida, en medio de la agitación nacional, un partidario celoso trae dos asnos «para que monte la familia del rey» (2S 16:2), un acto de lealtad y esperanza real. Y cuando David nombra a su hijo Salomón rey, lo hace cabalgar hacia la unción sobre la propia mula del rey (1R 1:33).

La profecía de Zacarías se sitúa en el medio, cinco siglos después de David y cinco siglos antes de Jesús, tendiendo un puente entre estos grandes leones de Judá. Montar el pollino de asna es claramente de la realeza. Con razón las multitudes del Domingo de Ramos aclaman a Jesús como Hijo de David (Mt 21:9; Mr 11:10) y Rey de Israel (Lc 19:38; Jn 12:13). Esto es lo que entienden.

Entonces, viene el giro. 

Ungido y afligido 

Este rey no sólo entra en la ciudad con honores, como el hijo real, sino que Zacarías lo llama humilde.

Los lectores de hoy podrían equivocarse al pensar que «humilde» es sinónimo de «montado en un asno». Piensas que Jesús demuestra humildad al montar un asno en lugar de un corcel más noble. Pero ese es un juicio desinformado.

Como hemos visto, en la historia de Israel, montar asnos no era humillante, sino enaltecedor. En la época de Zacarías, y en la de Jesús, el lomo de un asno era una posición de privilegio, un trono móvil para los reyes. Por lo tanto, «humilde» es el sorprendente añadido de Zacarías a este Rey venidero montado en gloria real.

Este Rey venidero, aunque «justo», fue de alguna manera «humillado» o «afligido». La palabra hebrea (ʿānî) se traduce típicamente como «pobre» o «afligido» (incluso en otras partes de Zacarías). Se refiere menos a la virtud de la humildad y más a una humillación circunstancial, una bajeza provocada por las circunstancias. Este Rey afligido, entonces, es alguien que será abatido, como el rey David lo fue tan a menudo, y sin embargo será librado de su aflicción y levantado para cabalgar hacia la ciudad santa en gloria real.

La nota de aflicción resuena suavemente en Zacarías, pero repite una gran sinfonía: la asombrosa visión de Isaías 53, donde un siervo justo es afligido y traspasado (53:4-5), e incluso «derramó Su alma hasta la muerte» (53:12), pero es levantado por Dios (52:13) para disfrutar de Su recompensa (53:12). De esta manera, Zacarías 9:9 es un eco silencioso del siervo sufriente, un eco al coro más llamativo de Isaías 53.

Lo cual nos lleva a lo que las multitudes del Domingo de Ramos aún no entienden sobre el audaz acto de Jesús. Al elegir el pollino de asna, Jesús encuentra la manera perfecta de decir: «Yo soy el Rey largamente esperado, pero no el Rey que tú esperas». Las multitudes anhelan un heredero davídico que los libere de Roma. Pero Jesús dice, en efecto: «soy el Rey. Pero no vengo a conjurar una guerra contra una potencia tan pasajera como Roma, sino a hacer la paz con el Dios Todopoderoso y a salvar a mi pueblo de sus pecados. Soy el León, sin embargo, llego como el Cordero».

Y así, Él cabalga dignamente hacia Jerusalén el domingo, y saldrá tambaleándose de la ciudad en oprobio el viernes, con un madero de cruz sobre su espalda.

Cabalgará de nuevo

Aun así, la cuidadosa elección del asno por parte de Jesús no sólo rememora a Zacarías, a David y a Judá. También mira hacia el futuro.

El Domingo de Ramos no sólo cumple un aspecto de Zacarías 9:9, sino que también anticipa otra cabalgata por venir. Este Hijo y Rey vendrá de nuevo, esta vez en juicio, sobre el caballo blanco de la guerra:

Vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. El que lo montaba se llama Fiel y Verdadero. Con justicia juzga y hace la guerra. Sus ojos son una llama de fuego, y sobre su cabeza hay muchas diademas (Apocalipsis 19:11-12).

Pero en el Domingo de Ramos, Él viene, el Rey en un pollino, ofreciendo amnistía, con su rostro fijo en el Calvario donde Él mismo comprará el perdón.

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
  1. Kidner, Derek. (2019). Genesis [Génesis], Kidner Classic Commentaries (Downers Grove, IL: IVP Academic). p. 230. N. del T.: traducción propia.
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David Mathis
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David Mathis

David Mathis es director ejecutivo de Desiring God y es pastor de Cities Church en Minneapolis. Es esposo, padre y autor de Hábitos de gracia: disfrutando a Jesús a través de las disciplinas espirituales.
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