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Esta semana hablaremos sobre la identidad transgénero, un tema por el que nuestros oyentes preguntan con frecuencia, y para ayudarnos, le damos la bienvenida al pódcast a Rob Smith, pastor y teólogo que da clases de Teología Sistemática y Ética en el Sydney Missionary and Bible College, en Australia. Él aborda el tema de la revolución transgénero como teólogo bíblico, como historiador del movimiento y como pastor cuya propia familia ha sido afectada por las realidades y las tensiones de la disforia de género.

Rob, lo escuchamos todo el tiempo. Ser transgénero es un asunto que tiene que ver únicamente con lo que alguien quiere hacer con su propio cuerpo. No es un aborto. No es un asesinato. Es la elección de una persona que quiere cambiar su propio cuerpo. Entonces, ¿qué le dirías a la comunidad transgénero que le dice a los cristianos: «déjennos en paz. Si creen que nos estamos haciendo daño, sólo nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Que así sea. Lo que hago con mi cuerpo no es asunto de ustedes»? ¿Cuál es la respuesta cristiana adecuada a eso?

Esta es una gran pregunta que, supongo, es un desafío para muchos. Ya se nos ha dicho que «nos retiremos». Incluso amigos míos no cristianos que, por ejemplo, sólo para saltar al tema del matrimonio entre personas del mismo sexo, dirían: «no entiendo la atracción por el mismo sexo y no estoy a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, pero ¿quién soy yo para imponer mi punto de vista o interponerme en el camino de lo que otros también quisieran?».

Lo mismo ocurre en este caso. ¿Por qué no dejar, simplemente, que la gente haga lo que quiere hacer?

Ahora, una forma de responder a eso es decir: «nos preocupamos por ti, y parte de nuestro amor al prójimo es desear su bien». Y si crees que alguien está actuando en contra de sus propios intereses, entonces tenemos el deber o la responsabilidad de decir algo, así como tenemos el deber o la responsabilidad de hacer lo que podamos para evitar que las personas se autolesionen, se suiciden o se dañen de alguna manera. Por supuesto, lo hacemos con todo tipo de situaciones. Estaba viendo un gran anuncio en el costado de un autobús que decía: «fumar causa cáncer y mata». Y allí, estamos advirtiendo a la gente que no participe en una actividad, aunque parezca no detener a algunos. Por lo tanto, es parte de amar a nuestro prójimo hablar.

Pero creo que la otra cosa que debemos considerar es que cuando una persona se lastima a sí misma, lastima a otros. Lastima a quienes la aman. Afecta sus relaciones y, de nuevo, ciertamente he visto esto con personas que han intentado resolver su disforia de género mediante la transición. Esto genera una enorme tensión en las relaciones, e incluso, en algunos casos, las destruye y desgarra a las familias. Y lo que hay en el fondo de esto es ver a alguien a quien amas pasar básicamente por la automutilación en un intento de destruir a la persona que era para reemplazarla por otra, con otro nombre, lo cual tiene un profundo impacto en las relaciones.

Ahora, no tiene por qué destruirlas, y ciertamente hay muchos casos en que los cristianos han permanecido firmes y han caminado junto a aquellos que han tomado algunas de estas decisiones y han dicho: «no estamos de acuerdo, pero no nos iremos a ningún lado. Seguiremos amándote y acercándonos a ti, porque queremos estar allí para cuidarte. Pero todavía pensamos que lo que te estás haciendo es en realidad trágico y bien puede ser algo que lamentes más tarde».

Y eso es algo de lo que debemos ser conscientes. La tasa de arrepentimiento es astronómicamente alta y, para aquellos que dan los pasos radicales de la cirugía de reasignación de sexo, hay mucho que luego no se puede deshacer. Una vez que se ha cortado algo, no se puede volver a poner, y verlo es desgarrador.

Así es como yo respondería. Obviamente, hay ciertas «libertades» que tienen las personas y no podemos detener a los adultos que hacen uso de este tipo de tratamientos disponibles para ellos. Esto, por supuesto, plantea otra pregunta: ¿deberían estar disponibles para ellos? Pero esa es una pregunta más difícil de responder y quizás, lamentablemente, ya no haya vuelta atrás.

Sí, hemos pasado rápidamente por las preguntas éticas médicas sobre intervenir cuerpos sanos. Estoy pensando en mi siguiente pregunta. . . sé que este ciertamente no es tu caso, pero ¿qué le dices a los críticos de los cristianos que insinúan que si no tienes una red personal de amigos transgénero cercanos, no tienes base para oponerte a la revolución transgénero? ¿Tiene sentido esa pregunta?

Sí, eso tiene sentido para mí y es un desafío que se les presenta a los cristianos en diversos frentes y sobre una variedad de temas. Y, por supuesto, no todos tenemos o podemos tener amigos transgénero. No sales y decides: «voy a conseguir algunos amigos transgénero ahora». Para aquellos de nosotros que conocemos a personas transgénero, esto es algo que ha sucedido bajo la providencia de Dios en nuestras vidas.

Ahora, obviamente, si conoces a aquellos que están sufriendo disforia de género o que buscaron la transición de un género a otro, eso quizás te brinde cierta perspectiva sobre la angustia que está en el corazón de la disforia de género y por qué algunas personas se sienten impulsadas a resolver ese sufrimiento de esta manera. Pero incluso si no tienes esas relaciones, todos tenemos la capacidad de leer, comprender, desarrollar perspicacia y compasión, y tener conocimiento necesario de los problemas para hablar de ellos y plantear nuestras preguntas al respecto y, de manera adecuada, oponernos a ellos. Entonces, delante de Dios, creo que abordarlos de esta manera es una forma de tratar de silenciar cualquier objeción.

Pero sí pone la responsabilidad sobre los cristianos de al menos obtener la mejor comprensión posible de las cosas, ya sea que tengamos o no contacto o conexión personal con amigos transgénero. Y una de las cosas buenas que se pueden hacer si una persona realmente quiere comprender mejor estos temas y nunca ha hablado con una persona transgénero es ponerse en contacto con alguien o preguntarle a un amigo en común para decirle: «me gustaría sentarme y escuchar tu historia y comprender cómo es ser tú y cómo llegaste hasta aquí, y simplemente escuchar». Eso, en sí mismo, puede resultar muy útil, y no tiene como fin cambiar tu punto de vista.

Lamentablemente, una de las formas en que, de nuevo, se puede silenciar a los cristianos o se pueden amordazar nuestros puntos de vista es cuando la gente nos pregunta: «¿quién eres tú para negar mi historia?» o «si escucharas mi historia, entonces te retractarías». Bueno, no, necesitamos escuchar las historias, pero necesitamos evaluarlas a la luz de la Escritura y, cuando sea apropiado, responder.

Amor firme. Y con amor firme, aportas un tono pastoral muy cálido cada vez que hablas sobre este tema, como pueden notar los oyentes en esta conversación. Esto también es cierto en tus conferencias. Quiero felicitarte por eso.

Gracias. 

Sin duda. El tono es importantísimo porque los cristianos se involucran en lo que parecen ser dos direcciones. Así que háblanos un poco más de esto. ¿Cómo confrontamos los cristianos, de manera atractiva, a los profetas de la revolución transgénero en nuestra cultura (en el ámbito político), sin alienar a aquellos que están luchando en silencio con impulsos transgénero y amándolos pastoralmente? ¿Cómo lo logramos?

Sí, este es uno de los desafíos. Porque no estamos tratando con una situación de una «talla única». Tenemos, por un lado, a defensores, activistas, ideólogos e investigadores que están realmente decididos a reconstruir la sociedad y deconstruir el género y destruir el concepto del  género binario, y esa es una ideología peligrosa. Ya está causando estragos en la sociedad occidental. Y, por lo tanto, es una ideología que debemos desafiar y confrontar.

Por supuesto, cualquier cosa que desafiemos o confrontemos, tenemos que hacerlo, como dice Pablo, con gracia, sazonada con sal (Col 4:6) y, como dice Pedro, con mansedumbre y respeto (1P 3:15). Y por eso, necesitamos involucrarnos con civilidad y necesitamos saber de qué estamos hablando. Debemos tener cuidado de no exagerar ni extralimitarnos. Si vamos a participar de manera significativa y útil, necesitamos estar al tanto de los hechos y las cifras. Por lo tanto, debemos saber cómo interactuar allí, pero tenemos que involucrarnos.

Por otro lado, por supuesto, tienes el contexto pastoral que mencionaste: personas sufren verdaderamente con quienes estamos tratando de construir relaciones y brindarles amor, cuidado y un apoyo constante. Así que, sí, equilibrar estas dos cosas no siempre es fácil.

Esto quizás te dé una pequeña perspectiva personal. Pero a veces, cuando mi esposa y yo hemos hablado públicamente sobre estos temas en alguna conferencia y nos hemos preguntado si las personas con las que estamos hablando personalmente podrían enterarse de ella o incluso escucharla, les hemos avisado de alguna manera y les hemos dicho: «mira, sólo queremos que sepas que vamos a hablar sobre estos temas», sólo para que no haya sorpresas.

Supongamos que un pastor decide predicar sobre esto. Si tiene a alguien en la congregación con quien ya está conversando y que sabe que está luchando con disforia de género, sería muy correcto y apropiado acercarse a él de antemano y decirle: «escucha, voy a predicar sobre esto el domingo. Esta no es una forma de atacarte. No es mi forma de tratar de decirte cosas que tengo demasiado miedo de decirte cara a cara. Esto es para el beneficio de la congregación. Y entonces, sólo quiero que sepas eso de antemano».

De nuevo, hay formas de manejar esa tensión entre lo que algunos quizás vean como cosas más duras en una esfera pública y cosas más suaves en un contexto privado. Pero a fin de cuentas, la verdad es una sola y nuestro mensaje no cambia. Nuestro compromiso político y nuestra práctica pastoral no pueden ser dos cosas completamente separadas. Es la misma comprensión la que genera ambas cosas. Es el amor común al prójimo lo que las está impulsando a ambas. Es una preocupación por los individuos y la sociedad lo que genera esto. Por lo tanto, creo que es posible lidiar con ambas posturas, pero, sí, creo que sólo tenemos que aprender a trabajar con esa tensión.

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
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Rob Smith

Rob Smith es teólogo y profesor de teología sistemática y ética en el Sydney Missionary and Bible College de Australia. Además, ejerce como ministro asistente en la Catedral Anglicana de San Andrés en Sídney. Rob está casado con Claire y tienen un hijo adulto, Nathanael.
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