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Si los pastores realmente entendieran lo que significa «estrategia» o «declaración de misión» en un contexto de negocios, no se apresurarían tanto a aplicarlo a la iglesia (o al menos podrían hacerlo con más discernimiento).

Permíteme explicarlo. He servido como pastor por los últimos quince años, pero antes de eso pasé una década en el mundo de los negocios, a cargo de una línea de negocios para una consultora enfocada en la estrategia y el trabajo operacional. En mis años de ministerio, he encontrado interesante cuán fluido es el intercambio de ideas y vocabulario entre el mundo de los negocios y el mundo de la iglesia local. Pero existe al menos un problema con desarrollar una «estrategia» en la iglesia local: Dios ya nos ha dado una.

En los negocios, la estrategia da vueltas alrededor de dos factores. En primer lugar, hay un plan de diferenciación: ¿cómo destacará mi empresa? Si fueras eBay, por ejemplo, tu diferenciación es el gran volumen de subastas en tu sitio (¿por qué alguien iría a otro lugar?). En segundo lugar, hay un plan para el mercado objetivo. ¿Quién esperas que aprecie lo que te diferencia de tus competencias (y, por lo tanto, comparará tus productos y servicios)?

Ahora, pasemos a la iglesia. Con frecuencia, como pastores, se nos dice que necesitamos desarrollar una estrategia, generalmente, establecida en forma de «declaración de misión». Normalmente, esas conversaciones toman la misma dirección que en el mundo de los negocios. ¿Qué tenemos que ofrecer (p. ej. una comunidad relajada y auténtica) para atraer a nuestro mercado objetivo (p. ej. profesionales urbanos sin iglesia)? Resulta revelador que estas conversaciones a menudo mezclan lo que estamos haciendo para diferenciarnos del mundo y lo que estamos haciendo para diferenciarnos de otras iglesias locales.

Mientras una empresa podría haber creado este tipo de estrategia desde cero, nosotros somos privilegiados en la iglesia de haberla recibido en la Palabra de Dios.

¿Cuál es nuestra diferenciación?

Fundamentalmente, es el Evangelio. 

El Nuevo Testamento está lleno de exhortaciones y ejemplos de cómo el Evangelio debe hacernos radicalmente diferentes del mundo. Debemos amarnos mutuamente de una manera que el mundo no puede entender. Nuestros corazones no deben aferrarse a las cosas que el mundo a nuestro alrededor anhela. No debemos preocuparnos por las cosas que a ellos les preocupa ni temer lo que ellos temen. Amamos a nuestros enemigos y oramos por quienes nos persiguen. Vivimos vidas que son santas. Hacemos todo esto porque hemos sido transformados por el poder transformador del Evangelio.

La estrategia de la Biblia para una iglesia es predicar la Palabra y observar cómo la vida que esta crea en los corazones de sus oyentes diferencia esa comunidad del mundo.

¿Cuál es nuestro mercado objetivo?

Cualquier persona que Dios haga entrar por nuestras puertas.

El enfoque del Nuevo Testamento no está en que la iglesia local se enfoque en un tipo de persona (gentiles, pobres, helenistas, etc.), sino en todo tipo de personas (judíos y gentiles en Efesios 3; pobres y ricos en Santiago 2; hebreos y helenistas en Hechos 6).

Dadas las circunstancias y el contexto de una iglesia particular, podría haber un cierto grupo de personas por las que deben sentirse especialmente responsables de alcanzar con el Evangelio. Sin embargo, si una iglesia decide alguna vez que su misión es sólo alcanzar a un tipo de persona, va en contra de la esencia de la Escritura y suprime la gloria de la iglesia del Nuevo Testamento.

Nada de esto significa que la estrategia de la iglesia o sus declaraciones de misión necesariamente estén mal dirigidas. Pero significa que si la tuya va a ser fiel a la Escritura, se verá bastante parecida a la estrategia que también tiene otra iglesia de tu ciudad que predica el Evangelio.

Por supuesto, aun cuando podríamos ser diferentes del mundo de los negocios en nuestra necesidad de desarrollar una estrategia, sufrimos las mismas consecuencias que el mundo de los negocios experimenta cuando fallamos en articular esa estrategia (o aún peor, desarrollar la estrategia incorrecta). Sin una estrategia, un negocio termina diciendo que «sí» a demasiadas oportunidades que no están alineadas. Sus empleados tienden a buscar visiones inconsistentes (o incluso conflictivas) del éxito. De igual manera, si fallas en adoptar la estrategia de la Biblia para tu iglesia, someterás a tu congregación y a tu liderazgo a la tiranía de seguir las últimas tendencias ministeriales, encontrarás dentro de tu iglesia visiones conflictivas de lo que tú debes ser, y dejarás de perseguir con diligencia las oportunidades que, de hecho, sí están alineadas a la estrategia de la Biblia para tu iglesia.

El pastor escocés, William Still, lo dice bien: «la iglesia estará o contenta con aplicarse a sí misma a los medios comunes y corrientes de Dios y a confiar en Él para fines extraordinarios o la iglesia buscará medios extraordinarios y se contentará a sí misma con fines comunes y corrientes».

El mundo de los negocios tiene razón: la estrategia es crucial. Pero no tomes eso para querer decir que tienes que escribir una desde cero. Tu Padre celestial te ha dado una estrategia perfecta, la única que tendrá éxito en diferenciarte del mundo entre el mercado objetivo de los campos que están blancos para la cosecha. Predica la Palabra, a tiempo y fuera de tiempo. Trabaja para ver cómo sus implicancias se aferran en los corazones de tu congregación. Y observa los frutos que da.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de 9Marks.
Photo of Jamie Dunlop
Jamie Dunlop
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Jamie Dunlop

Jamie Dunlop es pastor asociado de la Iglesia Bautista Capitol Hill en Washington, D. C. Es autor de Budgeting for a Healthy Church: Aligning Finances with Biblical Priorities for Ministry [Presupuestando para una iglesia sana: alineando las finanzas con las prioridades bíblicas del ministerio].
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