Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Buen día. Si estás conduciendo al trabajo o a la escuela, o paseando al perro, bienvenido de nuevo, y gracias por hacer del pódcast parte de tu rutina. Comenzamos esta semana con una pregunta de una oyente llamada Kate que vive en la bulliciosa ciudad de Ciudad del Cabo: «hola, pastor John. Aprecio tu ministerio desde aquí abajo en Sudáfrica, un país con una tasa de desempleo del 35 %, una tasa que a menudo se menciona como la más alta del mundo. En la práctica, lidiar con mendigos es el pan de cada día para nosotros».
«Aquí tienes un escenario diario. Estás sentado en tu auto en un semáforo. Alguien se acerca a tu ventana para pedir dinero o comida. Te quedas mirando hacia adelante, ignorándolo para concentrarte en el semáforo, hasta que finalmente arrancas. Cada vez que hago esto, siento que algo no está bien, especialmente con respecto a Lucas 6:30: debemos darle a todo el que pide. Pero entonces, ¿qué pasa con 2 Tesalonicenses 3:10, un texto que llama al trabajo diligente, o de lo contrario no comerás? Escuché el episodio 80, “cómo tratar a los que piden en la calle”, de hace más de nueve años, pero allí no abordaste este segundo texto. Y me siento dividida entre los dos. ¿Qué sugerencias tendrías para ofrecerme?».
Antes de dar algunas sugerencias específicas sobre cómo unir el mandato de Jesús de darle a todo el que te pide (Lc 6:30) y el mandato de Pablo de que aquellos que no están dispuestos a trabajar no deberían comer (2Ts 3:10), déjame sentar un poco las bases que creo que Jesús quiere que escuchemos. Y realmente me estoy predicando a mí mismo aquí, principalmente porque a lo largo de los años he analizado mi corazón al tratar con las personas que se paran en la esquina. Paso junto a ellos casi todos los días. Así que ella no está sola en Sudáfrica. Aquí, en medio de Mineápolis, lidio con esto a pie, no sólo en el auto, lo que lo hace aún más conmovedor, creo.
Pienso que los mandatos radicales de Jesús, a veces sin reservas, tienen la intención especial, no sólo, sino especialmente, de cortar el nervio de nuestro profundo, profundo, profundo egoísmo como seres humanos. Él quería exponer el problema más fundamental de la naturaleza humana, la naturaleza humana de John Piper, concretamente, nuestra condición pecaminosa que consiste esencialmente en una profunda esclavitud a la autoexaltación, la autopreservación y la autogratificación mundana, todo lo cual oculta más o menos una resistencia autoafirmativa al derecho de Dios de decirnos qué es bueno para nosotros y de ser para nosotros lo que es bueno.
Me parece que a Jesús le importa más exponer y sanar esta enfermedad de nuestro malvado egocentrismo que resolver todos los detalles de cómo nuestra sanidad y liberación del yo se expresarán en formas que ayuden a otras personas, como la forma en que tratamos a los que piden en la calle, o la forma en que tratamos a los entrometidos ociosos en la iglesia que no quieren trabajar.
Cortemos el egoísmo profundo
Tal vez puedas percibir lo que veo si leo el pasaje al que Kate se refirió en su pregunta, en específico, Lucas 6:30. Pero leeré los versículos circundantes para que realmente podamos sentir la fuerza de lo que Jesús dice:
Pero a ustedes los que oyen, les digo: amen a sus enemigos; hagan bien a los que los aborrecen; bendigan a los que los maldicen; oren por los que los insultan. Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica. A todo el que te pida, dale, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames. Y así como quieran que los hombres les hagan a ustedes, hagan con ellos de la misma manera (Lucas 6:27-31).
Ahora bien, ese último mandato es lo que llamamos la Regla de Oro: haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti. Y esa Regla de Oro es en realidad una forma alternativa del segundo gran mandamiento de Jesús en Mateo 22:39: «amarás a tu prójimo como a ti mismo». Creo que hacer a los demás lo que quieres que te hagan a ti significa: «toma la medida de tu propia autoestima, tu propio autocuidado, tu propia comodidad, y haz de eso la medida de tu consideración y tu cuidado por los demás».
Ese es un mandato devastador. Es una amenaza mortal a nuestra propia autoexaltación, autopreservación, autogratificación y egocentrismo tomar todo ese profundo compromiso que tenemos con nuestro propio bienestar y convertirlo en la medida de nuestro compromiso con el bienestar de los demás. Eso es simplemente gloriosa y asombrosamente difícil, algo que nadie puede hacer sin un milagro de Dios. Creo que es lo mismo que Jesús estaba pidiendo cuando dijo: «si alguien desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos» (Mr 9:35). Ser el servidor de todos es virtualmente lo mismo que amar a los demás como te amas a ti mismo y hacer a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti.
Así que, digo todo esto como un prefacio al esfuerzo ético de ordenar los detalles de cómo se ve el amor, de cómo se ve la liberación del egocentrismo. Porque si no nos enfrentamos a nuestro propio egoísmo pecaminoso, es casi seguro que torceremos las enseñanzas de Jesús y de Pablo para hacerlas encajar en nuestra esclavitud a la autogratificación.
Difícil amor en Tesalónica
Entonces, pasemos ahora a la pregunta específica de Kate con respecto a 2 Tesalonicenses 3:10. La situación en Tesalónica es que algunas personas estaban usando la cercanía de la venida de Cristo para justificar su falta de disposición para ir a trabajar y ganarse la vida de manera normal. En lugar de eso, actuaban como entrometidos, yendo de casa en casa y esperando que otros les proveyeran la comida y las necesidades que ellos mismos deberían estarse proveyendo mediante su propio empleo remunerado. Así que Pablo le dice a la iglesia en 2 Tesalonicenses 3:10-12:
Porque aun cuando estábamos con ustedes les ordenábamos esto: si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque oímos que algunos entre ustedes andan desordenadamente, sin trabajar, pero andan metiéndose en todo. A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo, que trabajando tranquilamente, coman su propio pan.
Así que estos son cristianos profesantes. Él los está exhortando «en el Señor Jesucristo». Y no es que no puedan trabajar, como si tuvieran una discapacidad, sino que no quieren trabajar. No lo desean. Puedes ver eso en la frase «no quiere trabajar». Entonces, Pablo está diciendo que una estrategia, una estrategia de amor fraternal, para instar a estas personas a volver a hacer lo que deberían hacer, en concreto, ganarse la vida, es hacerles más difícil depender del trabajo de los demás. Podrías llamar a esto una forma de amor difícil.
Inclinados a dar
Pero sería muy descuidado, pienso, tomar 2 Tesalonicenses 3:10 y aplicarlo a cada mendigo o persona sin hogar en la calle. Simplemente no sabemos por qué están ahí, no sin involucrarnos con ellos y hablarles. Así que creo que iría totalmente en contra de la intención de las enseñanzas de Jesús usar 2 Tesalonicenses 3:10 para hacernos resistentes a los mendigos, asumiendo que son perezosos, que no están dispuestos a trabajar para ganarse la vida, cuando en realidad no lo sabemos. Ese podría ser el caso, pero también podría no serlo. Simplemente no lo sabemos.
Cuando Jesús dice: «a todo el que te pida, dale», creo que quiere decir que esa es nuestra inclinación predeterminada cuando somos liberados de nuestra esclavitud al yo. Esa es nuestra inclinación por defecto. Esa es nuestra declaración de libertad de la esclavitud a nosotros mismos y a este mundo. Esa es nuestra declaración del deseo de ser llenos de gracia, incluso con los que no lo merecen. «Amen a sus enemigos; hagan bien a los que los aborrecen; bendigan a los que los maldicen», y así sucesivamente.
Sin duda, 2 Tesalonicenses 3:10 nos advierte que hay situaciones en las que darle al que pide haría más daño que bien. Y pienso que Jesús ya implicó eso cuando dijo antes en ese párrafo: «hagan bien a los que los aborrecen». Eso significa que necesitamos pensar seriamente sobre lo que es bueno para las personas. Y cuando dijo: «y así como quieran que los hombres les hagan a ustedes», tú querrías que la gente hiciera lo que realmente es bueno para ti, lo que ayuda.
¿Qué podría ayudar más?
Así que nos animo a todos a investigar un poco, a informarnos sobre qué sería realmente más útil para las personas en la calle, considerando todas las cosas. No es una pregunta fácil. Y dado que somos tan propensos al egoísmo, me parece que deberíamos pecar al dejar que se aprovechen de nosotros en lugar de pecar al proteger astutamente nuestra billetera y nuestro ego.
En el juicio final, he pensado en esto muchas veces, creo que Jesús será mucho más propenso a elogiar la generosidad desbordante hacia los que no la merecen que a elogiar lo astutos que fuimos al guardarnos nuestros pocos pesos en lugar de regalarlos. Simplemente no puedo imaginar a Jesús diciendo: «vaya, fuiste especialmente bueno siendo astuto para que no se aprovecharan de ti». No escucho nada parecido en las enseñanzas de Jesús.
Así que conozcamos nuestros propios corazones, confesemos el pecado del egoísmo, oremos por la compasión de Jesús y la sabiduría previsora de Jesús, y hagamos nuestra labor, un poco de investigación para descubrir cómo nuestras vidas en su conjunto pueden traer bendición a la vida de las personas, especialmente bendición eterna.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.