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Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.


Abordar el tema de la soltería es entrar en un debate candente. Por un lado surge el argumento de que la soltería adulta prolongada hoy en día es sólo egoísmo, que sólo está ahí para proteger libertades personales, para resguardar el avance profesional y para crear una vida de comodidad. Cualquier cosa que no sea el matrimonio está rota. Este debate no va a desaparecer porque, al menos aquí en los Estados Unidos, el número de mujeres solteras ahora es casi igual al número de mujeres casadas, y la proporción de mujeres que nunca se han casado está aumentando. Detrás de estas tendencias, encontramos una red de factores, pero uno de ellos es la independencia que ofrece la vida de soltero. Hoy en APJ: La esclavitud de la soltería mal entendida.

Amy, en Columbus, Ohio, siente este cambio cultural en carne propia cuando escribe: «pastor John, como una mujer de 32 años, me siento frustrada por cómo mi iglesia trata a los que estamos solteros, como si estuviéramos incompletos. Todo el mundo asume que el matrimonio es el ideal de Dios, ¡pero he estado leyendo 1 Corintios 7, donde Pablo realmente desea que más personas fueran solteras como él! ¿Puedes explicar qué quiere decir con que la soltería provee espacio para la “constante devoción al Señor” [1Co 7:35]? Siento que nos estamos perdiendo de algo importante aquí». Sí, y da la casualidad de que estamos en 1 Corintios 7 ahora mismo en el Plan de Lectura Bíblica de Navigators. Si ustedes están leyendo la Biblia por primera vez con nosotros, podría ser una sorpresa total leer a Pablo diciendo que ¡el matrimonio es una esclavitud! Entonces, ¿cómo desciframos este capítulo? Así es como el pastor John analizó este texto en 2016.

Permítanme abordar 1 Corintios 7 de una manera indirecta. Creo que si lo hago de esta forma, podría abrir a las personas a algunas cosas inesperadas en el capítulo con las que no están tan familiarizadas. 

Esclavitud y libertad 

Me parece que estamos tratando de evitar un malentendido en dos frentes. Por un lado está el malentendido del matrimonio como esclavitud y opresión, y por el otro está el malentendido de la soltería como liberación y libertad. Pero la realidad es que perseguir la autonomía sin restricciones de la soltería puede ser una esclavitud más profunda, y abrazar las penas de un matrimonio decepcionante puede ser una libertad más profunda.

Ahora bien, por supuesto, esa forma de hablar, esa forma de ver el mundo, no tiene sentido para aquellos que definen la libertad como hacer lo que se les antoje cuando se les antoje. Pero las personas reflexivas no definen la libertad o la liberación de esa manera. Ese tipo de libertad hará que los niños mueran por correr a la calle o por meter el dedo en un enchufe eléctrico porque se les antoja en ese momento, y no importa lo que digan los demás. Ese tipo de libertad lleva a miles de personas libres a estar en la penitenciaría estatal. Lleva a miles más a estar esclavizados por enfermedades venéreas y a otros miles a dejar una carnicería de relaciones rotas detrás de ellos.

Hacer lo que se te antoja cuando se te antoja nunca ha demostrado ser una vida de liberación, sino sólo de esclavitud. La verdadera libertad no es sólo hacer lo que quieres hacer, y punto. Es hacer lo que quieres hacer y querer lo que debes hacer. En otras palabras, hay algo crucial que define la libertad por debajo del querer y el sentir que quieres; en concreto, el deber y la persona que estabas destinado a ser.

Y, por supuesto, tan pronto como pones sobre la mesa el deber o «la persona que fuiste creado para ser», nos enfrentamos inmediatamente a una autoridad superior o más profunda que nosotros mismos; concretamente, Dios. No puede haber verdadera libertad cuando una persona intenta ignorar el diseño de Dios para su vida, del mismo modo que no hay verdadera libertad si intentas ignorar la ley de la gravedad. Si saltas de un precipicio, puedes sentir la euforia de la libertad durante tres o cuatro segundos; luego mueres. Y vivir tu vida sin referencia a Dios es como saltar de un precipicio. Sólo toma un poco más de tiempo llegar al fondo, pero llegarás.

Sí, esto tiene que ver con 1 Corintios 7, donde Pablo trata dos temas. Uno es el matrimonio y la soltería, y el otro son los esclavos que se convierten a Jesús, y la pregunta es si deben permanecer en su condición actual o no. Y me resulta muy interesante que esos dos temas resulten estar entrelazados en el mismo capítulo.

Verdadera libertad 

Él les dice a los esclavos (y esto va a ser relevante para el matrimonio y la soltería): «¿fuiste llamado siendo esclavo?» —es decir, llamado a ser cristiano—. «No te preocupes. Aunque si puedes obtener tu libertad, prefiérelo» (1Co 7:21). La razón por la que no deberían preocuparse demasiado por pasar su vida en una situación difícil actual (incluso si tienen que hacerlo) es esta: «porque el que fue llamado por el Señor siendo esclavo, hombre libre es del Señor. De la misma manera, el que fue llamado [eso es, a ser un cristiano] siendo libre, esclavo es de Cristo. Ustedes fueron comprados por precio [la sangre de Jesús]. No se hagan esclavos de los hombres» (1Co 7:22-23). Ahora bien, ahí está la clave de la vida cristiana y de todas nuestras relaciones, incluyendo la soltería y el matrimonio.

Lo que constituye la verdadera libertad es pertenecer a Jesús, quien nos compró con su sangre, quien es nuestro dueño al habernos comprado, quien nos ama, quien diseña la mejor vida para nosotros —la vida más hermosa para nosotros— y quien nos llevará al gozo eterno y más profundo posible. Eso es libertad, lo que significa que si estamos en una relación dolorosa como la esclavitud o en un matrimonio profundamente decepcionante, y estamos allí con Jesús, perteneciendo a Jesús, siendo posesión de Jesús, amados por Jesús, recibiendo ayuda de Jesús, experimentando su comunión, disfrutando de su guía, siguiendo su voluntad… estamos caminando en gran libertad. Por eso dije al principio que puede haber más libertad al abrazar una relación dolorosa que al abrazar una autonomía sin restricciones.

También significa que, si estamos libres de todo compromiso y restricción humana, y vivimos una vida de autonomía sin restricciones, sin someternos a Jesús, sin disfrutar de su comunión, estamos en la más profunda esclavitud del pecado y del egoísmo, y chocaremos contra el fondo del acantilado tarde o temprano.

Entonces, este es el principio que Pablo aplica en 1 Corintios 7 al matrimonio y a la soltería. Él ama su soltería. Desea que otros puedan tener esta vida particular de libertad cristiana. De esto es de lo que estabas hablando al principio, Tony, cuando dijiste que la gente ni siquiera sabe que esto está en la Biblia, que la exaltación de una vida de soltería consagrada está allí, en lugar de idealizar el matrimonio como la única forma de vivir.

Constante devoción 

Sorprendentemente, él dice en 1 Corintios 7:7: «yo desearía que todos los hombres fueran como yo». Bueno, ¿estás loco, Pablo? No habría bebés si todos fuéramos solteros, pero él lo dice. «No obstante, cada cual ha recibido de Dios su propio don, unos de una manera y otros de otra. A los solteros y a las viudas digo que es bueno para ellos si se quedan como yo» (1Co 7:7-8). Y luego añade —para que no saquemos una conclusión errónea— que no le está diciendo a nadie que no se case (1Co 7:9). En 1 Corintios 7:36 —es increíble cómo comienza y termina con este tipo de cosas— dice: «y si alguien cree que no está obrando correctamente con respecto a su hija virgen, si ella es de edad madura, y si es necesario que así se haga, que haga lo que quiera, no peca; que se case».

Por lo tanto, él no está condenando el matrimonio; simplemente se regocija en su soltería y desea que otros puedan unirse a él en ella. Pues bien, aquí está la pregunta: ¿Qué hace que su soltería sea tan grandiosa en su mente? ¿Qué debería hacerla grandiosa en las nuestras? Es porque la soltería le ofrecía una experiencia única de devoción al Señor. Él dijo: «esto digo para su propio beneficio; no para ponerles restricción, sino para promover lo que es honesto y para asegurar su constante devoción al Señor» (1Co 7:35).

Ahí está la esencia de la libertad: devoción al Señor, pertenecer al Señor, vivir en sumisión gozosa al Señor que nos amó y se entregó por nosotros. Cuando Pablo dice que casarse no es pecado, y que la soltería provee una constante devoción al Señor, no está diciendo que el matrimonio signifique que no caminas tan cerca del Señor, o que no dependes tan profundamente del Señor, o que disfrutas del Señor con menos dulzura de comunión.

Pertenecer a Cristo

Él quiere decir que los desafíos en ambos estados (matrimonio y soltería) son diferentes, muy diferentes. Hay distracciones únicas en el matrimonio —eso es a lo que él lleva la atención en particular— contra las cuales debemos protegernos, para que nuestros corazones no se dividan y el Señor pase a un segundo plano.

Pero creo que si presionáramos a Pablo, él diría que hay otros tipos de distracciones para las personas solteras que requieren una vigilancia similar. Así que, el punto es este: la libertad cristiana, ya sea en el compromiso de por vida del matrimonio o en un estado de soltería de por vida, significa pertenecer totalmente al Señor Jesús resucitado; confiar en Él completamente con nuestras vidas, someter todas nuestras decisiones a su voluntad, disfrutar de toda su comunión, esperar todas sus promesas de ayuda y encontrarnos maravillosamente útiles en nuestro matrimonio o en nuestra soltería sirviendo a otras personas.

Así que sí, Tony, animo a las personas a profundizar en 1 Corintios 7. Creo que hay cosas profundas allí sobre el matrimonio y sobre la soltería, porque hay cosas profundas allí sobre el señorío de Cristo, y sobre lo que significa ser totalmente suyo y totalmente libre. 

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
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John Piper
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John Piper

John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.
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