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He aprendido a… sazonar mis oraciones con la Palabra de Dios. Es una forma de hablarle a Dios en su propio lenguaje: hablando su dialecto, usando su vocabulario, empleando sus modismos. —Joni Eareckson Tada

Cuando el Espíritu Santo mora en nosotros, Él nos hace clamar: «¡Abba, Padre!» (Ro 8:15; Gá 4:6). El Espíritu crea en todos los creyentes una nueva orientación hacia el cielo y hacia el Padre. En otras palabras, todos aquellos en quienes mora el Espíritu realmente anhelan orar.

Con el tiempo, sin embargo, la mayoría de los creyentes caen en diversos tipos de rutinas en sus oraciones. Esto es bastante normal, pero existen rutinas de oración tanto útiles como poco provechosas.

El problema: oraciones secas 

Uno de los hábitos de oración más comunes y problemáticos es la tendencia a decir lo mismo de siempre sobre lo mismo de siempre. Para muchos, esto resulta en aburrimiento al orar. Las palabras sin variedad tienden a convertirse en palabras vacías. Jesús mismo advirtió sobre el problema de amontonar «repeticiones sin sentido» al orar (Mt 6:7). Cuando lo hacemos, por lo general luchamos contra mentes distraídas y corazones fríos, en lugar de disfrutar de la comunión con Dios.

El problema no es que oremos por lo mismo de siempre. La mayoría de los días están dominados por pensamientos sobre las mismas cosas: la familia, el futuro, las finanzas, el trabajo o los estudios u otras labores diarias, la iglesia o el ministerio, y las crisis actuales en nuestras vidas (situaciones que pueden ser buenas, como un nuevo empleo, o malas, como problemas laborales). Afortunadamente, la mayoría de estas cosas no cambian con mucha frecuencia.

Por lo tanto, en un día determinado, al orar por tu vida, no es inusual orar por los asuntos rutinarios que conforman la vida cotidiana. El problema consiste en decir lo mismo de siempre sobre lo mismo de siempre. Al poco tiempo, estas oraciones pueden formalizarse en guiones mentales simplemente memorizados que apagan la vida de oración y la vuelven sin corazón e insatisfactoria. Sabemos que la oración no debería ser una repetición seca de frases rutinarias, pero o no tenemos el tiempo o la energía mental para pensar en nuevas formas de orar, o simplemente no tenemos idea de qué hacer con el problema.

Personalmente, estoy convencido de que esta es una experiencia casi universal. Pero anímate: si el Espíritu Santo mora en ti, existe una solución bíblica simple y permanente.

Una solución sencilla

Dado que el Espíritu Santo hace de cada creyente una persona de oración, entonces la oración debe ser tanto sencilla como significativa. El pueblo de Dios abarca todas las edades, niveles educativos, capacidades mentales y grados de madurez cristiana. Y aun así, si cada uno de nosotros ha de orar, entonces la oración debe ser fundamentalmente sencilla. ¿Acaso algún creyente podría pensar que Dios desea que la oración sea aburrida? Por supuesto que no. La oración, puesto que es hablar con Dios mismo, debería ser profundamente significativa.

Por lo tanto, espero que estés convencido de que cada cristiano —incluyéndote a ti— puede tener una vida de oración enriquecedora y satisfactoria. Quiero que creas que realmente existe una solución bíblica sencilla y permanente. Hela aquí: cuando ores, ora la Biblia. Convierte las palabras de la Escritura en el contenido de tus oraciones.

Tus oraciones en las palabras de Dios 

El lugar más fácil para comenzar es en los Salmos. Permíteme mostrarte cómo sería orar guiándote por el Salmo 23. Lees la primera línea: «el Señor es mi pastor». Entonces podrías orar algo como esto:

Señor, te agradezco porque Tú eres mi pastor. Eres un buen pastor y me has pastoreado toda mi vida. Por favor, pastorear hoy a mi familia como a tus ovejas. Guíalos en tus caminos. Haz que te amen como a su pastor, así como yo te amo. Y, por favor, guíame en esta decisión que tengo que tomar sobre mi futuro. Quiero hacer tu voluntad. Pastorea a nuestros subpastores de la iglesia. Pastoréalos mientras ellos nos pastorean a nosotros.

Y luego continúas orando sobre cualquier cosa que te venga a la mente a partir de las palabras «el Señor es mi pastor». Cuando no se te ocurra nada más que decir, puedes leer la siguiente línea: «nada me faltará».

Gracias, Buen Pastor, por no dejarme nunca en la escasez. No me ha faltado mucho el pan. Todo lo que tengo y todo lo que soy proviene de ti. Pero conozco a personas necesitadas. ¿Podrías, por favor, proveer para ellos? ¿Podrías usarme a mí de alguna forma para ayudar para suplir lo que les falta?

Cuando ya nada más se te venga a la mente, pasa al siguiente versículo. Tal vez no entiendas el siguiente versículo. Está bien, sáltatelo. Tal vez lo entiendas perfectamente, pero no te inspira a orar nada. No hay problema; siéntete libre de seguir adelante. Continúa de esta manera hasta que se te acabe el tiempo o se te acabe el salmo. Si se te acaba el salmo pero aún tienes tiempo para orar, podrías pasar al siguiente salmo.

¿Ves lo fácil que es? Cualquiera puede hacerlo, incluso un niño. Sin importar cuánto conozcas la Biblia, tú puedes hacerlo.

Conversación vital 

Orar de esta manera no requiere que memorices un método o un acróstico. No tienes que recordar ninguna nota. Todo lo que necesitas hacer es abrir tu Biblia y hablar con Dios sobre lo que lees.

Lo mejor de todo es que, cuando oras la Biblia, nunca más vuelves a decir lo mismo de siempre sobre lo mismo de siempre. Tampoco tienes que pensar en cosas nuevas que decir o cosas diferentes por las cuales orar. Orarás por las cosas por las que realmente quieres orar a diario, pero lo harás de formas nuevas. En lugar de decir «bendice a mi familia» todos los días, orarás «pastorea a mi familia» cuando ores el Salmo 23. Y orarás cosas como «ayuda a mi familia a experimentar tu presencia dondequiera que vayan hoy» cuando ores el Salmo 139. Y las oraciones no son sólo diferentes cada día (aunque eso sólo ya hace que valga la pena orar la Biblia); también hay algo en orar las palabras vivas de la Escritura que despierta tu corazón en la oración diaria por ti mismo, por tu familia y por cada una de tus peticiones.

Además, no sólo orarás de forma diferente sobre las mismas cosas, sino que cuando oras la Biblia, también te encontrarás orando por cosas por las que nunca antes habías orado porque el texto te impulsa a hacerlo.

Cuando ores de esta manera, estarás más concentrado y verás que tu mente divaga menos. Tus oraciones estarán más centradas en Dios. Al estar orando la Palabra de Dios, serás alentado, convencido, edificado y enseñado; experiencias que rara vez ocurren cuando dices lo mismo de siempre sobre lo mismo de siempre.

También descubrirás que experimentas la oración por lo que realmente es: una conversación real con una Persona real. La oración ya no será simplemente una recitación de lo que quieres decirle a Dios, sino que estarás hablando con Dios. La Biblia es la Palabra de Dios, Dios hablando. Él te habla en su Palabra y tú respondes a lo que Él ha dicho, tal como lo harías en una conversación real con una persona real.

El espíritu de oración 

George Mueller (1805-1898) es reconocido como uno de los más grandes hombres de oración y fe en la historia cristiana. Durante los primeros diez años de lo que Él llamaba su «vida de fe» (época para la cual su vida de oración ya era legendaria), dijo que cuando comenzaba a orar cada mañana, tardaba hasta una hora antes en entrar en «el espíritu de oración» porque su mente divagaba mucho. Sólo entonces, decía Mueller, comenzaba realmente a orar. Pero una vez que aprendió a orar la Biblia, dijo que «casi nunca» volvió a tener este problema.

¿Qué vemos en los creyentes del Nuevo Testamento? En Hechos 4:24-30, mientras oraban en respuesta a la persecución, la iglesia en Jerusalén entrelazó las palabras del Salmo 2:1-2 en su oración. «Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló» (Hch 4:31).

¿Y qué hizo Jesús? En la cruz, habló en siete breves ocasiones. Y cuando clamó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mr 15:34) y pronunció sus últimas palabras: «en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23:46), oró los Salmos (22:1 y 31:5).

Uno de los cristianos más entregados a la oración que han existido, George Mueller, oraba la Biblia. Los cristianos de la iglesia primitiva oraban la Biblia. Jesús oraba la Biblia. ¿Por qué no lo haces tú?

¿Por qué no abres tu Biblia o recuerdas algún versículo que hayas memorizado, y lo intentas ahora?

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
Photo of Donald Whitney
Donald Whitney
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Donald Whitney

Donald Whitney es profesor de espiritualidad bíblica y decano asociado de The Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky. Es autor de Disciplinas espirituales para la vida cristiana y Orando la Biblia. Su página web es biblicalspirituality.org.
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