Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Pasamos nuestros mejores años, nuestras mejores décadas, en el trabajo. Y dada la inversión de vida que esto representa, deseamos con vehemencia creer que todo ese esfuerzo, todo ese trajín diario, importa al final. Sin embargo, en secreto, la mayoría de nosotros nos preguntamos: «¿estoy desperdiciando mi vida? ¿Es el trabajo que estoy haciendo lo que Dios realmente tenía planeado? Tal vez haya algo mejor para mí. ¡Dios, envíame una señal para saber qué hacer!». Hoy en Ask Pastor John: deja de esperar una señal.
Mientras leemos Romanos 12 juntos, Sarah, desde Atlanta, nos escribe esta pregunta sobre el ministerio: «pastor John, tengo veinticinco años y estoy luchando con todo este asunto del llamado a las misiones. Algunos en mi iglesia están promoviendo esta idea, diciendo que si uno no planea ser misionero, más vale que tenga un llamado claro para quedarte en los Estados Unidos. Pero, honestamente, esto no me parece bíblicamente correcto. Parece trastocar el patrón normal del llamado. Es decir, ¿no vemos usualmente que Dios llama específicamente a las personas a roles ministeriales en lugar de asumir que todos deberían desempeñarlos por defecto? ¿Cómo debo pensar en esto bíblicamente? ¿Debería realmente estar planeando empacar mis maletas para las misiones en el extranjero a menos que reciba alguna señal sobrenatural de parte de Dios para detenerme? ¿O existe una manera más equilibrada de discernir si Dios realmente me está llamando al trabajo misionero específicamente?». Esto fue lo que el pastor John dijo ante una pregunta similar en 2015.
Un estudiante me preguntó hace apenas dos días si estaba de acuerdo con el comentario de Hudson Taylor de que nadie necesita un llamado para ir a las misiones, sino sólo un llamado para quedarse. Que todos deberían estar planeando ir a los pueblos no alcanzados, y que luego Dios puede detenerte y llamarte a quedarte. Y le dije al estudiante: «no estoy de acuerdo con eso. No creo que ese sea el patrón bíblico. Puede tener algunas cosas recomendables en términos de compasión y proporción, y deberíamos prestar atención a esos argumentos, pero, bíblicamente, no puedo respaldarlo».
Por lo general, Dios llamó a sus profetas, no al revés. Y Dios no dice que todos los hombres deban planear ser pastores a menos que sean llamados a no serlo, o a no ser ancianos. Más bien, Él establece patrones de evaluación y asume que relativamente pocos —sólo el número necesario— serán guiados al oficio de pastor, maestro, anciano o guía. Pablo escribe a los romanos para solicitar su apoyo en su misión a España, y no dice ni una palabra sobre que alguien en Roma vaya con él (Ro 15:23-24). Asimismo, todas las epístolas del Nuevo Testamento están escritas bajo el supuesto explícito (o implícito) de que las personas se quedan justo donde están, siendo sal y luz en sus vocaciones actuales, como dijo Pablo en 1 Corintios 7:20: «cada uno permanezca en la condición en que fue llamado». Por lo tanto, esa es la pregunta correcta. Ese era mi punto. Glenn está haciendo la pregunta correcta.
No conformados sino renovados
Comencemos con Romanos 12:2: «y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto». Discernir la voluntad de Dios presupone una mente renovada. Asumo que la voluntad de Dios aquí no se refiere a los mandamientos de la Escritura, para los cuales no se necesita una mente renovada para leerlos y conocerlos, como «No matarás» (Éx 20:13). No hace falta una mente renovada para saber que eso va en contra de la voluntad de Dios. Considero que de lo que Pablo está hablando en Romanos 12:2 es esto: ¿cómo convergen las enseñanzas bíblicas y todos los demás factores relevantes para producir un rumbo para mi vida que Dios apruebe y que bendiga?
Esto nos lleva al segundo punto: esa renovación viene principalmente a través de la Palabra de Dios y la oración. Por eso, cuando dice: «transfórmense mediante la renovación de su mente», creo que quiere decir: «empapa tu mente, marina tu mente, satura tu mente con la Palabra de Dios». La mente cristiana es moldeada por la Palabra de Dios, mientras se ora, se ora y se ora: «¡oh Dios, moldéame! ¡Oh Dios, hazme! ¡Oh Dios, llévame a conformarme con esta Palabra en lo más profundo de mi ser».
Siete maneras de discernir
Ahora, a partir de esa mente renovada y de esa experiencia de oración, lo que la mente hace para discernir un llamado a las misiones es tomar en serio siete cosas.
1. Dones espirituales
La mente renovada toma en serio tus dones espirituales. ¿Cuáles son? Dios no te está llamando a hacer algo para lo cual no te haya capacitado. ¿Cuál es tu don? Y creo que los dones que Pablo y Pedro tienen en mente se resumen en 1 Pedro 4:10: «según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios». Eso es lo que son los dones: la multiforme gracia encarnada en personalidades humanas, la cual administramos para el bien de los demás. ¿Sabes cómo Dios te está dotando de esta manera?
2. Corazón para las necesidades
La mente renovada toma en serio las necesidades que ves en el mundo y aquellas que te conmueven más profundamente. Me pregunto si hemos reflexionado lo suficiente sobre las implicaciones de lo que Pablo dice en Romanos 12:6-8 cuando habla de los dones. Él dice: «el que exhorta, en la exhortación; el que da, con liberalidad; el que dirige, con diligencia; el que muestra misericordia, con alegría» (Ro 12:8).
Ahora bien, se supone que todo cristiano debe exhortar, ser generoso y mostrar misericordia. Y, sin embargo, Pablo trata esas tres cosas como dones. Y me parece que esto implica que algunas personas observan un conjunto de necesidades en el mundo —un grupo étnico, una situación de crisis— y reciben de parte de Dios una compasión, misericordia o generosidad muy especial, o una inclinación a dar, lo cual constituye un componente muy significativo del llamado de una persona.
Por lo tanto, toma en serio no sólo las necesidades objetivas y reales que estás observando en el mundo, en la perdición y el dolor de la gente, sino también cómo te afectan esas necesidades a ti. Y luego analiza eso en relación con Romanos 12:8, donde el que hace actos de misericordia debe hacerlo con alegría, como si existiera alguna misericordia especial que Dios da a algunas personas y alguna compasión especial que otorga a algunos para las misiones.
3. Habilidades prácticas
La mente renovada toma en serio sus habilidades. Y con esto no estoy pensando principalmente en los dones espirituales —aunque pueden superponerse—, sino en las habilidades prácticas que Dios puede poner en uso de una manera especial en algún contexto, como las finanzas, la carpintería, la organización o docenas de posibles capacidades que pueden prosperar de una manera especialmente útil en el campo misionero.
4. Interés cada vez mayor
La mente renovada toma en serio el interés y la conciencia recurrentes y crecientes por un lugar o un pueblo. Cuando Dios está moviendo a alguien hacia las misiones, ordinariamente le está dando un interés y una conciencia recurrentes —no sólo algo pasajero— y crecientes sobre una necesidad hacia la cual lo está guiando. Así que, mi pregunta para las personas es esta: ¿sobre qué estás leyendo? ¿Qué estás investigando? ¿A qué temas vuelves una y otra vez? Una y otra vez, ¿qué encuentras tú convincente mientras reflexionas sobre las necesidades del mundo?
5. Deseo por las misiones
La mente renovada toma en serio el deseo creciente del corazón por el trabajo de las misiones. En 1 Timoteo 3:1, se nos dice que los ancianos deben aspirar y desear la obra del ministerio. Y tomo eso como un principio que Dios usa para atraernos a su obra. ¿Encuentras deseable este trabajo? ¿Está creciendo tu deseo? ¿Está llegando al punto de ser irresistible? Eso fue lo que me pasó a mí el 14 de octubre de 1979, cuando estaba luchando entre seguir siendo profesor en una universidad o ser pastor. Y lo único que supe decir fue que, cerca de la medianoche de ese día, se volvió irresistible tras años de gestación.
6. Confirmación de la iglesia local
La mente renovada toma en serio la afirmación y la confirmación de la iglesia local. Es esencial que formes parte de una iglesia local. Esta es la forma normal de ser cristiano. La experiencia en una iglesia local es la única manera que conozco de que alguien pueda ir al campo misionero y saber qué hacer una vez que llegue allí, porque son las iglesias las que nosotros queremos que surjan para que los creyentes tengan una forma de ser discipulados allí. Parte de la experiencia de la iglesia local es confirmar nuestros dones, confirmar nuestros deseos, habilidades y compasión. Y sin esa confirmación, tenderemos a ser personas solitarias que pueden confundir muy fácilmente la guía de Dios.
7. Deseo por la gloria de Dios
Por último, diría que la mente renovada quiere glorificar a Dios por encima de todo. Queremos ver la gloria de Dios celebrada en el mundo.
Y así, en todas estas cosas, ¿estamos buscando la gloria de Dios? ¿Vemos aquello a lo que se nos guía como lo que más lo glorificará? Sumérgete en la Palabra, ora sin cesar, toma en serio estos siete factores y el efecto, creo yo, será que con el tiempo lo sabrás.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.