¿Alguna vez has pasado por un momento en el que no recibiste la gloria que pensabas que merecías? Quizá tu ministerio en la iglesia no fue reconocido, un compañero de trabajo «tomó prestada» tu idea, o los niños no apreciaron tu servicio diario. ¿Sentiste injusticia, enojo o el deseo de arreglar las cosas obligando a los demás a fijarse en tu sacrificio?
Momentos como estos son mucho más frecuentes de lo que nos gustaría. Y seamos sinceros: algunos de nuestros peores momentos ocurren por la forma en que respondemos cuando la gente no nos da lo que nosotros creemos merecer. Regañamos y rehuimos. Exponemos y pedimos cuentas. Dejamos de ser amigos. En el lenguaje de hoy, cancelamos. Cerramos filas para protegernos a nosotros mismos, nuestras posiciones, nuestra influencia y nuestra imagen.
Sin embargo, ¿es así como Dios nos llama a responder?
Imita a Aquel que, al ser despreciado, devolvió bondad
Estamos llamados a obedecer a Dios imitando a Aquel que, al ser despreciado, devolvió bondad; al ser rechazado, mostró amor; al ser incomprendido, mantuvo la paciencia. Cada día de su vida, Jesús agradó a Dios con cada pensamiento y acción. Yo nunca estoy ni cerca de poder decir eso, ni siquiera en mis mejores días.
Cristo entiende nuestras luchas: «uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado» (Heb 4:15).
¿Nos rechazan intencionalmente? Cristo sabe lo que se siente. ¿La gente ignora nuestras contribuciones? Cristo entiende. ¿Tratamos con alguien que debió haber estado ausente cuando Dios repartió el gen de la cortesía y el respeto? Cristo experimentó las mismas tentaciones que hierven en nosotros —rechazo, decepción, esfuerzos olvidados— «pero sin pecado».
Y Cristo dijo que debemos responder a la vida de la misma manera que Él lo hizo.
Descansa en Aquel que nos fortalece
Cristo no sólo entiende, sino que nos fortalece para hacer lo que Él nos llama a hacer. Seremos rechazados, incomprendidos y maltratados simplemente porque lo seguimos a Él. Buscar glorificar a Dios no es fácil. Enfrentaremos oposición del mundo caído que nos rodea y, ciertamente, del pecado que aún queda en nuestros corazones.
No obstante, Cristo ha venido a vivir en nosotros y a través de nosotros por el Espíritu Santo. Buscamos la gloria de Aquel que entiende nuestras debilidades y ha provisto para ellas.
El liderazgo te coloca directamente en la línea de fuego de los mismos tipos de rechazo y maltrato que enfrentó nuestro Salvador. Si queremos permanecer resilientes y fieles a los puestos que se nos han asignado, debemos mirar diariamente a Aquel que no sólo soportó la tentación sin pecado, sino que ahora también intercede por nosotros ante nuestro Padre celestial.
Sí, estamos llamados a imitarlo a Él, y eso es difícil.
También estamos llamados a descansar en Él, y eso es fe.
La pregunta tenaz de hoy
¿Qué dificultad has estado enfrentando en el liderazgo recientemente como resultado de la oposición de la gente? ¿De qué maneras experimentó Jesús esa misma dificultad?
Oración
Señor Jesús, gracias porque Tú entiendes y te compadeces de mis debilidades en estas dificultades recientes. Gracias porque puedo llevártelas a ti y porque Tú intercedes por mí ante el Padre. Ayúdame a permanecer fiel a ti mientras busco honrarte con la mayordomía que me has dado. Amén.
Este recurso fue originalmente publicado en el blog de Dave Harvey.