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A principios del siglo xx, los ingenieros que construían el puente de Brooklyn se enfrentaron a un desafío crucial. Tenían que hundir enormes cajones de cimentación en el lecho del río, excavando hasta golpear la roca sólida. Sólo entonces podrían confiar en que los cimientos soportarían el inmenso peso del puente.

Un ingeniero señaló: «la verdadera profundidad del río no se medía en la superficie, sino donde hallábamos lo que era inamovible debajo».

¿La lección? La fuerza no está en las apariencias, sino en la profundidad de aquello que se mantiene firme bajo presión; una verdad tanto para los puentes como para los líderes.

Tal vez pienses que comprendes el Evangelio. Quizás lo has escuchado predicar mil veces. Pero, ¿sabes si tu comprensión del Evangelio tiene tracción en tu vida? ¿Cómo podemos medir la profundidad del Evangelio frente al simple conocimiento superficial? Aquí tienes cinco preguntas de diagnóstico que revelan si lo que se ha hundido profundamente en tu corazón está dando frutos en tu vida.

1. ¿Confiesas el pecado como si tu corazón estuviera activo? 

Tu comprensión del Evangelio brilla no en tu perfección, sino en tu conciencia de la imperfección y en la humildad correspondiente para confesar específicamente dónde surge. La verdadera comprensión del Evangelio comienza con la conciencia de que tu corazón es un campo de batalla activo, a menudo en escaramuzas con deseos desordenados, anhelos mal dirigidos o ídolos de comodidad, aprobación, control o éxito.

Recuerdo a un anciano experimentado que compartió durante un retiro de liderazgo que se había impacientado con su familia, gritándole a su hijo adolescente por un asunto trivial. No se detuvo ahí. «No fue sólo frustración», dijo. «Me di cuenta de que había idolatrado el respeto. Esperaba que mi hijo respondiera como si yo fuera el centro de su universo. Eso es orgullo. Y estoy profundamente agradecido por el Evangelio porque lo necesito para moldear la manera en que lo amo».

La sala quedó en silencio; no por juicio, sino por admiración ante tal transparencia.

¿Qué hay de ti? ¿Nombras pecados específicos o deseos pecaminosos que te impulsan, o tus confesiones son vagas e impersonales?

Cuando la confesión es superficial o rara, indica una comprensión poco profunda de la naturaleza penetrante del pecado. Pero cuando reconoces el pecado con regularidad —nombrando no solo tus acciones sino la idolatría detrás de ellas—, revelas un corazón que se compromete activamente con las «malas noticias» del Evangelio.

No sólo fuimos pecadores en el pasado, sino que también seguimos siendo pecadores en el presente. ¿Perdonados? ¡Sí! ¿Declarados justos por Cristo? ¡Absolutamente! Pero aún pecadores. Ser capaces de ser específicos con respecto a la forma en que pecamos muestra cuánto confiamos en el perdón y la justicia de Cristo. Como dijo una vez el puritano Thomas Watson: «hasta que el pecado no sea amargo, Cristo no será dulce».

2. ¿Cómo respondes ante la decepción? 

La decepción surge cuando nuestros deseos se retrasan o se niegan. Enfrentar la frustración por sentirse estancado es comprensible, algo que todos entendemos. Pero cuando la decepción se convierte en un intruso dentro de nuestra alma, revela que nuestra esperanza y satisfacción estaban cimentadas en algo ajeno a Dios.

El Evangelio rediseña nuestras expectativas de vida. Los sueños y deseos nunca pueden satisfacerse plenamente en un mundo roto. Fuimos creados para otro lugar donde poseemos una ciudadanía permanente (Fil 3:20). Cuando nuestros deseos se ven defraudados, recordamos que la obra terminada de Cristo nos ha conectado con un mundo donde toda lágrima será enjugada y disfrutaremos de la exultante satisfacción de estar finalmente en casa.

Debido a que la decepción incluye cierta cualidad de negación, podemos sentirnos como fracasados. Pero el Evangelio nos recuerda que nuestro valor no está en los logros, las metas cumplidas o los sueños realizados. Nuestra identidad está en Cristo (2Co 5:17). Somos elegidos, amados y estamos seguros, independientemente de lo que suceda en la vida. Las decepciones se convierten en citas, ordenadas por Dios, para confiar en su bondad que obra a través de su negativa.

Recuerdo haber mentoreado a un joven pastor que había volcado su corazón en el lanzamiento de un nuevo ministerio. A pesar de una planificación cuidadosa y una oración ferviente, la asistencia fue mínima. Inicialmente, luchó contra el desánimo, cuestionando su llamado. Pero a medida que atravesamos la decepción juntos, su perspectiva cambió. Se dio cuenta de que su valor no podía estimarse por su desempeño ministerial o incluso por el fruto del ministerio. Cristo lo amaba y lo valoraba lo suficiente como para sacrificarse por sus pecados. El Evangelio sacó su mente de la decepción y la plantó en suelo firme.

¿Qué hay de ti? Cuando las cosas no salen según lo planeado, ¿tu respuesta demuestra confianza en la bondad de Dios incluso cuando tus deseos son retrasados o negados? ¿O entras en una espiral de culpa y desesperación?

Como ves, la profundidad del Evangelio no elimina la decepción; transforma la manera en que caminas a través de ella.

3. ¿Qué experimentan los demás cuando te corrigen? 

Tu respuesta a la corrección a menudo revela tu nivel de tracción con el Evangelio. ¿Eres accesible, enseñable y humilde? ¿O eres defensivo y frágil?

Con demasiada frecuencia, respondemos negativamente a los comentarios porque nos valoramos demasiado y los demás no están a la altura de nuestro precio. Nos sentimos disminuidos por la amonestación porque nuestra autoestimación está inflada.

Yo debería saberlo. Con demasiada frecuencia, el alfiler de la corrección ha reventado mi burbuja de presunción.

Cuando tu identidad está arraigada en Cristo en lugar de en tu supuesta rectitud, la corrección se convierte en un regalo en lugar de una amenaza. La aprobación de Dios no se ganó (y nunca se ganará) por nuestro desempeño. Dios compró nuestra aprobación a través del desempeño de Cristo: su vida perfecta, su muerte sacrificial y su resurrección triunfante. Confiar en su obra terminada por nosotros despeja el camino para recibir retroalimentación importante sin sentir que nuestra identidad está bajo ataque. 

Una vez tuve que dar una corrección difícil a un líder de la iglesia que tenía problemas para delegar. Me preparé para una reacción defensiva, pero su respuesta me sorprendió. Escuchó con atención, me agradeció la sugerencia e incluso pidió oración para crecer en humildad. Más tarde confesó que había estado luchando con el orgullo y que la corrección le resultó liberadora porque le recordó su dependencia de la gracia de Dios y su aceptación en Cristo.

¿Cómo respondiste la última vez que alguien señaló una debilidad o te sugirió formas de mejorar? ¿Tu respuesta les dio un pasaporte para regresar o los despachó con un cartel de «prohibido el paso»?

Dios ha creado nuestras almas de modo que somos formados por la comunidad. Ora por el líder que se moldea exclusivamente por su propia opinión. Tal hombre está siendo guiado por un necio (Pr 18:2).

4. ¿Cómo respondes en las temporadas de sufrimiento? 

El sufrimiento pone a prueba tu fe y tu confianza en el Evangelio. ¿Navegas las pruebas con una confianza firme en las promesas de Dios, un lamento honesto y la voluntad de ser vulnerable? ¿O te retraes, te amargas o te pones una máscara espiritual?

El sufrimiento revela nuestra visión de la vida cristiana. Nos ayuda a medir nuestra verdadera comprensión del liderazgo en un mundo roto. Si nos cae como una sorpresa inmerecida, algo ha entorpecido la verdad de que seguimos a un Salvador sufriente que definió nuestro llamado diciendo: «porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan sus pasos» (1P 2:21).

Un amigo mío, también líder, enfrentó una larga temporada de sufrimiento cuando a su esposa le diagnosticaron una enfermedad terminal. Podría haberse encerrado en sí mismo o amargado, pero en cambio, llevó constantemente su dolor a Dios en oración. Su sufrimiento no disminuyó su fe, sino que la refinó.

La profundidad del Evangelio no te hace inmune al dolor. Te da consuelo en el presente y esperanza para el futuro.

5. ¿Cómo respondes cuando pecan contra ti? 

Nada revela más la madurez en el Evangelio que la forma en que respondes cuando te ofenden. ¿Extiendes perdón, modelas paciencia y priorizas el amor? ¿O guardas resentimiento, buscas venganza o cortas relaciones?

Hace años, observé a un pastor que fue acusado falsamente por un miembro de la iglesia. A pesar del dolor y el daño a su reputación, no tomó represalias ni guardó rencor. En cambio, buscó reunirse con la persona, escuchó sus quejas y le extendió el perdón, incluso cuando no se lo pidieron. Más tarde compartió que sus acciones no se trataban de ser «la persona más madura», sino de reflejar el perdón que él había recibido en Cristo.

La forma en que respondes cuando sientes que han pecado contra ti revela tu verdadera comprensión del Evangelio. Cuando realmente comprendes la profundidad del perdón que has recibido, extenderlo a otros se vuelve no sólo posible, sino absolutamente esencial para aplicar el Evangelio.

Entonces, ¿en qué punto de tu camino con el Evangelio te encuentras? Estas cinco áreas no pretenden desanimarte, sino diagnosticar áreas donde el Evangelio podría necesitar profundizar más. La hermosa verdad es esta: incluso reconocer dónde te quedas corto es evidencia de la obra del Evangelio en tu vida.

Porque el Evangelio no se trata sólo de lo que sabes, sino de en quién te estás convirtiendo.

La pregunta tenaz de hoy:

Después de leer las 5 preguntas, ¿cuál de ellas provoca una suave convicción por parte del Espíritu Santo? No tengas miedo de nombrarla y confesarla. ¿Qué pasos necesitas dar a partir de aquí para aplicar realmente el Evangelio en esa área?

Oración:

Señor, anhelamos no simplemente hablar y cantar sobre el Evangelio, sino encarnarlo de maneras que testifiquen de tu gloria y de su poder transformador. En el área que hemos identificado, danos la claridad para saber cómo aplicar el Evangelio y el valor para hacerlo.

Este recurso fue originalmente publicado en el blog de Dave Harvey.
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Dave Harvey

Dave Harvey sirve como pastor predicador en la iglesia Four Oaks en Tallahassee, Florida. Es autor de ¿Soy llamado?: La convocatoria para el ministerio pastoral, y Cuando pecadores dicen, «acepto»: Descubriendo el poder del evangelio para el matrimonio.
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