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Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.

Una última vez volvemos a meternos en la controversia en línea, en la «polémica del café», como lo llamaron. Pastor John, el 30 de septiembre1 tuiteaste sobre el café. Publicaste Hebreos 12:28, que dice: «ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia». Y a la luz de esa visión reverente para nuestra adoración, planteaste esta pregunta abierta: «¿podríamos reconsiderar si tomar café en el santuario el domingo encaja con esto?».

El tuit fue amado. El tuit fue odiado. El tuit se difundió por todo Internet hasta el punto de que, después de un par de semanas, tenía más de 1 000 retuits, 1 500 comentarios, 3 000 me gusta, 2 700 000 de vistas, y artículos destacados en línea de Fox News y el Daily Mail, cosas que tú ni siquiera viste.

Ese tuit condujo a esta pequeña serie en el pódcast. En la primera parte, en APJ 2011, fuiste al meollo del asunto diciendo: «el corazón del problema no es el tazón de café en la mano. Es la ausencia de un tipo de experiencia con Dios que haría que un alma cristiana anhele encuentros regulares con Dios y su pueblo que sean tan profundamente satisfactorios en lo más íntimo de su ser, con su majestad y su dulzura, en la seriedad de su gozo y el peso de su gloria, que un tazón de café simplemente se sentiría extrañamente fuera de lugar».

Y luego, la última vez, entraste en el detalle más profundo, con cinco súplicas a los predicadores sobre cómo guiar a una iglesia casual hacia un encuentro con Dios más reverente y profundamente satisfactorio los domingos. Eso fue en APJ 2012. Pero fomentar una reverencia tan sana los domingos por la mañana requiere más que sólo sermones. Hemos hablado de café. Hemos hablado de la predicación. Pero ahora, ¿qué pasa con los códigos de vestimenta, la música, los anuncios y todos los demás factores que influyen los domingos por la mañana?

Uno de mis puntos hasta ahora, Tony, en esta serie —que se está convirtiendo en una trilogía sobre el sentido de reverencia y trascendencia en la adoración—, ha sido que nunca podremos superar al mundo en entretenimiento. Por lo tanto, no sólo es necio intentarlo, sino que no deberíamos hacerlo porque tenemos algo mejor (muchísimo mejor) que ofrecer a nuestra gente que el entretenimiento, algo para lo que nuestras almas fueron creadas, algo profundamente estabilizador, fortalecedor, refinador y satisfactorio en lo más profundo de nuestro ser, que experimentamos en momentos de reverencia y asombro en la presencia de Dios. Ese ha sido uno de mis puntos principales.

Así que, la vez pasada comencé a señalar (lo que espero sea) un camino para que los pastores sigan en particular, pero también para las iglesias o la gente en general, para llevar gradualmente una iglesia desde la atmósfera de una reunión casual, alegre y orientada al entretenimiento y al café a un encuentro con Dios más seriamente gozoso, reverente y profundamente satisfactorio. Comencé refiriéndome a la predicación del pastor y hoy simplemente quiero dar algunas sugerencias sobre el resto del servicio.

Encontrarse con Dios en dos montes

Sé que esta no es la única manera en que nos encontramos con Dios; es decir, encontrarlo en un momento de gozo solemne, lleno de reverencia y asombro. Sé que no es la única manera en que nos encontramos unos a otros y con Dios. Solíamos decir en Bethlehem, donde fui pastor por 33 años, que el domingo por la mañana era el Monte de la Transfiguración, y el domingo por la noche —teníamos servicios dominicales vespertinos— era el Monte de los Olivos.

En el Monte de la Transfiguración, los discípulos se encontraron con la majestad de Cristo, y cayeron rostro en tierra sin poder decir una palabra (o empezaron a decir tonterías). En el Monte de los Olivos, Lucas nos dice que Jesús se apartaba con sus discípulos de forma habitual. Me los imagino en el Monte de los Olivos, sentados en el pasto, hablando sobre la vida y el ministerio, recibiendo ayuda de Jesús, contándole los problemas que habían tenido al intentar sanar a los enfermos. Estas son dos maneras muy diferentes de encontrarse con Cristo.

Y mi argumento era —concretamente, para mi iglesia cuando hablábamos de estas cosas— que una hora de toda nuestra semana para dedicarla a un encuentro serio con Dios de una manera más trascendente y reverente no era excesiva. El mundo entero, durante toda la semana, nos está urgiendo a equiparar el placer con lo casual, la felicidad con el entretenimiento. Pero el domingo por la mañana, nuestra congregación puede saborear en la reverencia y el asombro comunitario algo mucho más profundo, mucho mejor, mucho más satisfactorio.

Así que, en el Monte de la Transfiguración, yo usaba traje. Me paraba detrás del púlpito, un púlpito grande de madera que representaba la Palabra de Dios, y todo el servicio estaba diseñado con un enfoque vertical en Dios implacable. Por la noche, no usaba traje. Me vestía diferente. Bajaba del púlpito. Usaba un retroproyector. Había interacción con la congregación. Y así sucesivamente. Entiendes la diferencia entre el Monte de los Olivos y el Monte de la Transfiguración.

En toda mi súplica por un sentido de reverencia, asombro, maravilla y trascendencia, por el bien de la gloria de Dios y por nuestras propias almas hambrientas —creo que ansiamos trascendencia—, en toda esa súplica, no me malinterpreten negando lo precioso que es encontrarse con Jesús juntos de manera informal, interactiva y casual. Dios está con nosotros en ambos encuentros. Nuestros corazones necesitan ambos, pero no vivimos en una época donde haya un exceso de reverencia y trascendencia.

A continuación, les comparto algunas sugerencias para el resto del servicio, el servicio dominical matutino, donde creo que se adapta más naturalmente a este tipo de experiencia con Dios.

1. Considera cómo se visten los líderes 

El pastor puede marcar la pauta en cómo se visten los líderes visibles, la gente que está al frente o la congregación. Nunca prescribimos un código de vestimenta para nuestra gente —y había mucha variedad—, pero sí para quienes lideraban.

La ropa habla. Lo que vistes dice algo sobre tu comprensión de la situación: una boda, un funeral, una entrevista de trabajo, reunirse con el presidente de los Estados Unidos, jugar tenis, dormir, dirigirse a las Naciones Unidas, asistir a una gala benéfica. Lo que vistes habla. Es así. No puedes evitarlo, pues envía un mensaje sobre cómo entiendes el evento.

Y el mensaje de la ropa en los últimos 40 años en la iglesia se ha convertido en gran medida en: «Dios no exige ninguna vestimenta o ropa linda en particular» y «Dios nos acepta tal como somos». Ambos mensajes son ciertos. No es un pecado enviar esos mensajes. Pero no son el único mensaje que vale la pena enviar.

Los líderes visibles del servicio tendrán que decidir: ¿qué queremos decir acerca de Dios en las distintas reuniones de la iglesia? ¿Hay alguna reunión en la vida de nuestra gente, en la vida de esta iglesia, sólo una, donde valga la pena decir con nuestra ropa y de cualquier otra forma algo sobre el respeto, la reverencia y el asombro que tenemos por Dios? La ropa no es algo crucial. No es lo principal. Es sólo una parte de lo que los líderes de la iglesia pueden hacer para guiar a una iglesia hacia el gozo serio de la reverencia y el asombro.

2. Esfuércense por mantenerse enfocados en Dios

Presten atención seria al flujo del servicio dirigido hacia Dios. Esfuércense por permanecer en la presencia de Dios, por enfocarse en Dios, sin interrupciones, durante un tiempo significativo. Por ejemplo, eviten las «costuras» verbales innecesarias; es decir, la forma en que se conectan los diferentes actos de adoración, la manera en que pasas de uno a otro.

Si acaban de terminar la canción Te amo, Rey, y el siguiente acto de adoración planificado es una oración pastoral, la persona que viene a orar no necesita decir: «oremos». Ya estamos orando. Eso es lo que estamos haciendo cuando decimos: «te amo, Rey». Nosotros, como congregación, estamos amando a Dios. Estamos orando a Dios. Se lo estamos diciendo a Dios.

Entonces, el objetivo de quien dirige a la congregación en la oración pastoral es aprovechar ese poderoso momento en el que el Espíritu Santo está obrando. Estamos guiando a nuestra congregación hacia Dios, y él lo percibe, así que ayuda a la congregación a permanecer en la oración y los lleva a la comunión con Dios en la oración pastoral.

Otro ejemplo sería trabajar duro para hacer los actos horizontales necesarios, como los anuncios o una palabra sobre la ofrenda, de una manera enfocada en Dios. Yo dedicaba horas a preparar mis anuncios y a preparar otras cosas en el servicio que hay que hacer como pastor. Si algo va a suceder en la vida de la iglesia esa semana, tienes que decirle a la gente que va a suceder. Y puedes hacerlo de una manera reverente, enfocada en Dios, que no saque a nadie de la dulzura de la comunión con Dios que acababan de disfrutar en el himno.

No tienes que bromear sobre las cosas. No tienes que divagar con palabras triviales que dices una y otra vez porque no preparaste nada, con un montón de «saben», «eh» y «ah», y todo el mundo queda desinflado del lugar donde estaban en su momento de adoración.

Supongamos que va a haber un simulacro de incendio (hicimos esto recientemente en nuestra iglesia). Haces un simulacro de incendio para los niños de la guardería durante el servicio porque tienes que entrenarlos para lo que van a hacer si hay un incendio. Si la congregación no sabe que va a haber un simulacro de incendio, ellos verán a sus hijos subiendo las escaleras y van a entrar en pánico, preguntándose: «¿qué está pasando aquí?».

Ahora, este es un servicio de adoración. ¿Cómo lo haces? ¿Qué dices? Bueno, te pones de rodillas en casa y le pides a Dios: «muéstrame cómo tomar esta palabra sobre el simulacro de incendio y hacerte a ti el centro». Concluyes: «diré esto: “Jesús ama a nuestros hijos. Ustedes lo saben. Él ama a los niños. Jesús amenazó con cosas terribles para aquellos que los hicieran tropezar. Así que cuidamos bien de ellos por causa de Jesús y por eso los verán desfilando por aquí en un simulacro de incendio”».

Y tienes una gran sonrisa en el rostro, pero no vas a bromear. No vas a convertir esto en una broma. Vas a decir: «demos gracias. Demos gracias cuando veamos a esos niños. ¡Qué regalo de Dios son para nosotros! ¡Qué gran responsabilidad! Dios es suficiente. Oh, cómo ama y cómo amamos a nuestros hijos».

Esa es la manera de hacerlo o algo parecido a eso. Siempre hay una alternativa dulce, buena, profunda, poderosa y maravillosa a la bufonada. Muchos pastores y otros líderes de alabanza no tienen idea de lo que estoy hablando cuando digo: «simplemente no tienen que convertir todo en una broma ligera». Ya basta de eso.

3. Deja que la congregación cante

Dejen que el canto de la congregación sea el sonido principal de la música en el servicio. No permitan que los instrumentos o los líderes de alabanza dominen el sonido. El entretenimiento hace eso.

Que cada canción sea fácil de cantar. Deben tener una melodía que la gente pueda captar y disfrutar, y asegúrense de que la canción esté en una tonalidad en la que los hombres puedan cantar todas las notas. Es crucial que los hombres de la iglesia canten. Y cantarán —cantarán como un ejército— si los músicos eligen las canciones y ajustan las canciones y el rango de las notas para que los hombres puedan cantar.

Si la mitad de nuestras canciones sólo las pueden cantar las mujeres, les estamos diciendo a los hombres: «esto no es para ustedes; mejor tomen café». Por tanto, que las canciones sean fáciles de cantar y que el canto de la congregación sea el sonido principal del servicio, no el equipo de alabanza ni los instrumentos.

4. Saturen el servicio con Escritura

Finalmente, saturen las letras de las canciones, las oraciones, las lecturas y las confesiones con la Escritura y con doctrina sólida y profunda. Esto comunicará que nada aquí es al azar o descuidado. Todo está diseñado para ayudar a la gente a mantener un enfoque implacable en Dios, y ese es el enfoque que hará que tomar café parezca cada vez más fuera de lugar.

Así que termino, Tony, donde comencé en el primer episodio de esta serie, hace un par de episodios. Tomar café en el servicio de adoración no es el meollo del asunto. El corazón del asunto es Hebreos 12:28: «ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia». ¿Hay en la iglesia un anhelo por esto?

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
  1. Nota del editor: ese tuit fue publicado el 23 de septiembre de 2023.
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John Piper
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John Piper

John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.
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