Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
La vez anterior, en el episodio 357, abordaste la situación del actor Laverne Cox, quien nació niño y ahora ha elegido asumir una identidad femenina. Cox aparece en la portada de la edición del 9 de junio de 2014 de la revista Time. En el pódcast anterior, hablaste sobre los principios de Romanos 1 y la naturaleza. Pero necesitamos hacerlo aún más personal. Pastor John, ¿qué le dirías a un joven o a una joven que está considerando una operación de cambio de sexo? Por diversas razones, la opción transgénero les resulta atractiva. Ahora estás sentado frente a ellos. ¿Qué les dices?
Es absolutamente correcto que aborde esa pregunta, porque la vez pasada sólo traté de exponer cosas fundamentales y creo que esos fundamentos son absolutamente esenciales para llegar a un acuerdo con quienes somos en nuestra anatomía y nuestros cromosomas y luego en nuestra identidad. Así que supongamos que la persona dice: «Está bien, Piper, escuché y siempre me he sentido así. No me siento bien con esto. Creo que está mal que intente conseguir una operación de cambio de sexo o lo que sea. ¿Qué se supone que debo hacer con estos deseos increíblemente fuertes que tengo? ¿Qué hay de mí y el hecho de que me siento como una mujer a pesar de tener un cuerpo masculino, o me siento como un hombre a pesar de tener un cuerpo femenino? ¿Qué se supone que debo hacer?».
Ambigüedad desgarradora
Antes de dar mi consejo, realmente necesito insertar aquí una realidad de la que no estoy hablando; a saber, hay nacimientos raros de bebés con ambos genitales. Hay una ambigüedad real en ese caso: no una ambigüedad de preferencia, sino una ambigüedad de naturaleza. No estoy hablando de esa trágica situación. Eso es simplemente desgarrador para los padres. Es como cualquier otro defecto de nacimiento o discapacidad desgarradora.
En ese caso, esto es lo que diría o lo que haría si fuera el padre: me esforzaría de manera desgarradora para discernir genética y cromosómicamente el fundamento biológico más claro posible para la identidad sexual y luego criaría al niño de esa manera usando cualquier cirugía o ayuda hormonal que estuviera disponible. No estoy hablando de esa situación en este episodio. Esa es una ambigüedad anatómica natural, real y dolorosa. Estoy hablando de personas cuya naturaleza anatómica y cromosómica es clara como hombre o mujer.
Siete exhortaciones
Así que aquí está lo que diría a modo de consejo sobre lo que podrían hacer. Creo que tengo siete cosas anotadas aquí.
1. Decide seguir la Palabra de Dios
Número uno: decídete de una vez por todas a seguir la Palabra de Dios dondequiera que te guíe hasta el final de tu vida o hasta que Jesús venga. No lo dejes al azar. La mayoría de nosotros tropezamos en el pecado porque dejamos las cosas sin un límite claro. No hacemos compromisos ni resoluciones firmes y claras. Así que mantente firme y decidido para seguir la Palabra de Dios. Por eso empecé donde lo hice en el episodio anterior.
2. Reconoce la realidad de los deseos desordenados
Número dos: Date cuenta de que estos deseos que tienes —este sentimiento recurrente de sentirte como un género diferente al que eres biológicamente—, estos deseos, este sentimiento, son parte de la experiencia humana universal del deseo desordenado como resultado de la caída del hombre en el pecado. Y cada uno de nosotros nace con deseos desordenados que necesitan ser sometidos.
Estaba pensando en esto: la variedad de desórdenes en nuestros deseos es virtualmente infinita. Es decir, está más allá de la capacidad médica o psicológica para definir. Nadie está sin deseos desordenados. Y cuando digo eso no quiero tomar a la ligera ciertos desórdenes sexuales que son realmente profundos, realmente intensos, y que se relacionan estrechamente con la propia identidad. No quiero tomarlos a la ligera como si se compararan con alguna pequeña cosa con la que yo lidio. Pero sí quiero decir que no son totalmente diferentes de lo que todos nosotros enfrentamos.
En otras palabras, todos necesitamos una comprensión firme de la profundidad y la omnipresencia del pecado y su impacto físico y biológico. Para los humanos, comenzó con Adán y Eva. Se transmitió de generación en generación. Recorre los miembros físicos, dice la Biblia, y en última instancia no está bajo nuestro control. Así de profundo es el pecado. La mente de la carne no puede agradar a Dios sin ser conquistada por la gracia soberana. Todos tenemos deseos innatos y pecaminosos. Y la mayoría de ellos están relacionados de una u otra forma con nuestros cuerpos. Así que no podemos excusarnos porque tenemos estos fuertes deseos psicológicos y físicos. Por ejemplo, el 90 % de los crímenes violentos en Estados Unidos son cometidos por un solo género: los hombres. ¿Por qué? Bueno, en parte porque tienen diez veces más testosterona que las mujeres. ¿Nos excusa eso? No. No nos excusa. Es estadística y físicamente demostrable por qué el noventa por ciento de todos los crímenes violentos en Estados Unidos son cometidos por hombres y no nos excusa esa fuerte realidad psicofísica que está en nosotros, y que nos empuja hacia este tipo de cosas.
3. Confía en las promesas de Dios
Número tres: confía en las promesas de Dios compradas con sangre para darte la ayuda emocional, personal, material y relacional que necesitas para vivir en libertad —libertad de cumplir deseos desordenados—. Por ejemplo, tomemos sólo el amor al dinero. Me refiero al anhelo profundo y disfuncional de amar el dinero. Esto es lo que la Biblia dice acerca de cómo manejarlo en Hebreos 13:5: «sea el carácter de ustedes sin avaricia, contentos con lo que tienen». Así que nos está diciendo: deshazte de una emoción y ten otra emoción. Es asombroso que la Biblia hable de esta manera. Deshazte del amor al dinero. Conténtate con lo que tienes. «Porque» —aquí está el fundamento— «Él mismo ha dicho» —Dios dijo algo— «“Nunca te dejaré ni te desampararé”, de manera que decimos confiadamente: “El Señor es el que me ayuda; no temeré. ¿Qué podrá hacerme el hombre?”».
En otras palabras, la presencia de Dios y las promesas de Dios hacen una poderosa diferencia emocional al resistir los deseos equivocados y encontrar contentamiento en situaciones realmente dolorosas y difíciles. Y así es para todos nosotros: confiar en las promesas de Dios para romper el poder de los deseos desordenados y dar contentamiento en temporadas de sueños fallidos. Esa es la experiencia cristiana normal. Algunos tienen que luchar contra algunas cosas más que otros.
4. Depende del Espíritu Santo
Este es el número cuatro: apóyate intensamente en el Espíritu Santo. Y por su poder di: «¡no!» a los deseos desordenados. «Porque si ustedes viven conforme a la carne, habrán de morir; pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán.» (Ro 8:13). Así que, muy específicamente, si tienes ganas de ponerte la ropa de un sexo diferente; si el deseo comienza a surgir de imitar los modales o asumir las posturas o fantasear como el otro sexo, Pablo dice: haz morir eso por el Espíritu. Eso significa invocar al Espíritu Santo en el nombre de Jesús para que te ayude y luego abrazar la promesa como un placer superior y así elegir el gozo duradero en la santidad sobre el placer efímero en el pecado. Todos nosotros tenemos que hacer eso.
5. Presenta tu cuerpo a la justicia
Número cinco: hay una contraparte positiva de dar muerte a los malos deseos. A saber, presenta tus miembros —tus cuerpos físicos en todas sus partes— a la justicia. No te limites a dar muerte a las cosas, presenta tus cuerpos a la justicia como dice en Romanos 6:13. En otras palabras, está tanto lo negativo de dar muerte en Romanos 8:13 como lo positivo de dar tus miembros a la justicia en Romanos 6:13. Es crucial, por lo tanto, actuar según lo que somos en Cristo.
Dos más, brevemente.
6. Busca la sabiduría
Número seis: como joven, habla con tus padres sobre lo que estás luchando si hay alguna tentación con respecto al transgénero. Y como padre, saca de tu hijo o hija lo que siente. Busca la sabiduría de cristianos que han pasado por cosas similares y han caminado rectamente, y obtén el mejor consejo médico que puedas de un doctor que comparta tus convicciones bíblicas sobre el diseño de Dios para hombres y mujeres.
7. Mira hacia la gloria
Y lo último que diría, número siete: la vida es dura. Todos estamos rotos. Mira hacia el día en que esta aflicción leve y momentánea de ochenta o noventa años terminará y luego vendrán el gozo eterno y la plenitud perfecta.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.