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A fines de 1946, un joven pastor beduino que buscaba una oveja perdida hizo el descubrimiento de su vida: los Rollos del Mar Muerto, las copias más antiguas del Antiguo Testamento que existen hoy en día.

El más significativo de ellos fue el rollo de Isaías: de más de siete metros de largo, con un peso de once kilos y escrito sobre pergamino. Claramente, el rollo no era fácil de transportar; estaba diseñado para permanecer en el templo o la sinagoga. ¡Si todo el Antiguo Testamento estuviera escrito en rollos así, pesaría más de 145 kilos!

Ahora, sin embargo, gracias a las maravillas de la tecnología moderna, tenemos no sólo el Antiguo Testamento, sino la Biblia entera al alcance de la mano a través de nuestros teléfonos inteligentes. Mi iPhone pesa apenas 170 gramos.

¿Por qué memorizar?

Cuando Jesús fue tentado por el diablo en el desierto, respondió a cada tentación recitando un pasaje de Deuteronomio (Mateo 4:1–11). Claramente, Él tenía estos versículos memorizados, pues cargar con el rollo por el desierto habría sido imposible. Sin embargo, las mentes modernas podrían preguntar: «si puedo acceder a cualquier versículo cuando quiera con sólo tocar un dedo en un teléfono de 170 gramos, ¿por qué memorizar?». ¿Acaso la maravilla de la tecnología digital ha vuelto obsoleta la memorización? Mi respuesta a esta pregunta es: «¡absolutamente no!».

Durante casi cuarenta años, me he dedicado a la memorización extendida de la Escritura. Comencé en el verano de 1986 con el libro de Efesios. Desde entonces, he memorizado otros 45 libros (actualmente estoy trabajando en Jeremías). Mi práctica ha sido aprender tres versículos nuevos cada día recitándolos diez veces, y luego diciéndolos durante cien días consecutivos después de eso. Luego, me despido de ellos mientras continúo aprendiendo nuevos versículos.

Lamentablemente, en su mayor parte, mi mente finita y defectuosa olvida la mayoría de ellos después de que los dejo ir. Mi teléfono inteligente, por otro lado, nunca «olvida» nada. En cualquier momento, puede mostrarme cualquier versículo que le pida. Además, memorizar puede ser un trabajo increíblemente duro: me toma más de 45 minutos al día, y se vuelve más difícil a medida que envejezco. Entonces, ¿por qué sigo memorizando versículos?

Como semilla y espada

El punto es este: no hay nada fundamentalmente nuevo en nuestra era digital. Se podría haber hecho una pregunta similar cuando se inventó la escritura. Cuando Dios grabó los Diez Mandamientos en tablas de piedra, desde ese momento nunca cambiaron. Cuando las personas de las generaciones posteriores copiaron esas palabras en rollos, ocurrió lo mismo. Una vez que la tinta tocaba el pergamino con la forma de las letras hebreas, eran permanentes. Pero esas letras nunca ayudaron a nadie a ser salvo ni a vivir una vida piadosa mientras permanecieron externas a la mente y al corazón.

La Palabra de Dios debe entrar en la mente y el corazón para traer vida, salud y fruto. Mientras permanezca externa a nosotros, ya sea en forma impresa o digital, no puede hacernos ningún bien. El hecho de que ahora tengamos un acceso tan fácil a libros masivos no cambia ese hecho en absoluto. Una aplicación bíblica sin usar en el teléfono es lo mismo que una Biblia cerrada y polvorienta en el estante.

Las Palabras de Dios deben entrar en nosotros y echar raíces en nosotros para transformarnos realmente. Por ejemplo, en la parábola del sembrador y los tipos de suelo (Mt 13:3-9), la semilla representa la Palabra de Dios. La semilla que cae en el camino y la que cae en terreno rocoso tienen el mismo problema: no logran penetrar en el suelo. La buena tierra representa un corazón receptivo. En Lucas 8:15, Jesús describe este suelo como aquellos que tienen un «corazón bueno y recto», quienes oyen la Palabra, la retienen y, con perseverancia, dan fruto.

De la misma manera, «la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón» (Heb 4:12 [énfasis del autor]). La Palabra nos moldea al penetrar profundamente y permanecer en la mente, el corazón y el alma, realizando cambios desde adentro. Asimismo, Colosenses 3:16 dice: «que la Palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes» [énfasis del autor]. Y Jesús dijo: «si permanecen [habitan, viven, se quedan] en mí, y mis palabras permanecen en ustedes» [énfasis del autor], darán mucho fruto (Jn 15:7-8). Si las palabras de Dios se quedan fuera de nosotros, no pueden dar fruto en nosotros.

Intimidad a través de la comprensión

Jesús, como la Palabra encarnada, llega a la puerta de nuestro corazón y llama. Si oímos su voz y le abrimos la puerta, Él entrará y cenará con nosotros, y nosotros con Él (Ap 3:20). Esta es una imagen de la forma en que Dios desea que las palabras de la Biblia funcionen en nosotros. Comienzan fuera de nosotros (ya sea impresas en las páginas de nuestras Biblias físicas o programadas en nuestras aplicaciones bíblicas). Llegan a nuestra mente externamente por nuestros ojos u oídos. Llaman para entrar. Si tenemos oídos para oír, entenderemos. Si tenemos corazones blandos, sus verdades serán plantadas profundamente dentro de nosotros.

Siguen comunicando sus conceptos mediante sus sustantivos, verbos, adjetivos, adverbios, flujos de oraciones, lógica y contexto. Mientras meditamos profundamente en esas palabras, el Espíritu Santo bendice nuestra labor con destellos de comprensión (Sal 119:99; 2Ti 2:7). Y mediante esas percepciones, se erige una Ciudad de la Verdad dentro de nuestras almas, un pasaje a la vez.

Aquí es donde la memorización produce su mejor fruto. Cuando estamos recitando los versículos una y otra vez, día tras día, de repente surge la comprensión. Por muy brillante que parezca la Inteligencia Artificial, nunca podrá replicar esta experiencia personal. Y con estas percepciones viene un amor más profundo por Cristo, porque Él es quien las comunica directamente a nuestra alma. Por lo tanto, el conocimiento produce intimidad con Cristo.

Esta intimidad es la mejor recompensa del trabajo repetitivo esencial para la memorización. Y los teléfonos inteligentes no pueden hacer esto por nosotros, así como no pueden comer, beber, amar, entender o decidir por nosotros. Estas son cosas que debemos hacer por nosotros mismos mientras vivimos, nos movemos y existimos en Dios.

Guarda sus palabras dentro de ti

Por asombrosas que sean las maravillas digitales de hoy, nunca harán que la memorización de la Escritura sea obsoleta, como tampoco lo hicieron la imprenta, la radio, la televisión o el Internet. Todas estas tecnologías han sido útiles para llevar las palabras de Dios a nuestros ojos y oídos. No obstante, sólo al asimilar esas palabras en nosotros mismos —en nuestra mente mediante la comprensión y en nuestro corazón por la fe y la obediencia— nos darán vida y fruto en Cristo.

Así que, querido lector, guarda las palabras de Dios en tu mente mediante la feliz labor de la memorización. Deja que el Espíritu Santo obre en ti una magnífica variedad de conocimientos interconectados, llevándote a un nivel de intimidad con Cristo más profundo de lo que jamás hayas conocido. Luego, observa cómo Él usa las palabras plantadas en ti para dar fruto al 30, al 60 o al 100 % de lo sembrado.

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
Photo of Andrew Davis
Andrew Davis
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Andrew Davis

Andrew Davis pastor principal de la First Baptist Church de Durham, Carolina del Norte. Es el autor de How to Memorize Scripture for Life: From One Verse to Entire Books [Cómo memorizar las Escrituras para toda la vida: desde un versículo hasta libros enteros]. Puedes acceder a todas sus enseñanzas bíblicas en Two Journeys.