Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios (Mateo 5:8)
Ninguna promesa en la Biblia ha sido más cautivadora e impulsora en mi búsqueda personal de la pureza que la promesa que Jesús hace en Mateo 5:8. Probablemente, podría escribir un artículo sobre cada una de estas diez palabras; así de lleno de poder está este versículo. Sin embargo, una palabra me atrae más que cualquier otra: verán. «Ellos verán a Dios». ¡Yo quiero eso! Por todo lo que sé acerca de Dios en su Palabra, realmente quiero verlo.
John Piper me ha enseñado mucho, pero una de las lecciones más importantes que me enseñó fue que nosotros cortamos la raíz de la atracción del pecado mediante el poder de una promesa superior. Nosotros no decimos simplemente que el pecado nos miente (aunque lo hace, y deberíamos decirlo); eso es sólo una simple pistola cuando se trata de la tentación. Si nosotros queremos ganar la guerra contra el pecado, necesitamos munición más pesada, y Mateo 5:8 es un misil balístico intercontinental.
¿Quieres poner tus ojos en una belleza sin igual, en una sabiduría inescrutable, en una fuerza inigualable, en un amor imparable? Persigue la pureza con todas las fuerzas que Dios te ha dado.
Los puros verán
Los de limpio corazón verán a Dios. Para esto fueron hechos los ojos.
Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos como Él es (1 Juan 3:2, [énfasis del autor]).
Tú tienes ojos para que un día puedas ver a Dios. Incluso si tus ojos (como los míos) no funcionan bien, un día Dios te dará ojos nuevos para Él. Una de las últimas promesas de la Biblia dice: «Ellos verán su rostro y su nombre estará en sus frentes» (Ap 22:4, [énfasis del autor]).
¿Y de quién será ese rostro? Nosotros veremos el rostro de Dios en el rostro de Jesucristo. Antes de morir, de hecho Él oró eso por nosotros: «Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde Yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo» (Jn 17:24). Los de limpio corazón van a ver a Dios.
Esta promesa es una promesa futura; la plenitud de ver aún está por venir. No obstante, como todas las bienaventuranzas, se está haciendo realidad incluso ahora. «Porque ahora vemos por un espejo, veladamente» —nosotros realmente vemos—, «pero entonces veremos cara a cara» (1Co 13:12). Los de limpio corazón lo ven incluso ahora, mediante la fe. ¿Y dónde lo vemos? Nosotros lo vemos donde Él se revela a sí mismo: lo vemos en su mundo, nos vemos unos a otros como su cuerpo, pero lo vemos mejor y más claramente en su Palabra.
En la Biblia, nosotros vemos al Jesús invisible: en cada libro, en cada página, debajo de cada versículo. Mateo 5:8 significa que cuanto más puros nos volvemos, más llegamos a verlo y disfrutarlo incluso ahora. Y cuanto más lo vemos y lo disfrutamos, mejor equipados estamos para rechazar los placeres menores y pecaminosos. La pureza es un medio para tener un mayor gozo en Jesús, y el gozo en Jesús es un medio para una mayor pureza.
Aquellos que lo buscan
Sin embargo, ¿qué significa ser de limpio corazón? El corazón en la Escritura es el centro de quién eres tú. No se trata de un desempeño externo o de lucir de cierta manera frente a los demás. Jesús quiere una pureza interior, más plena (Mt 23:25-26). La pureza exterior sin pureza interior no es pureza en absoluto.
«Limpio de corazón» significa mucho más que un historial de navegación limpio. No, esto habla de algo mucho más profundo, amplio y hermoso. El Salmo 24:3-6 nos da una imagen más completa:
¿Quién subirá al monte del Señor?
¿Y quién podrá estar en su lugar santo?
El de manos limpias y corazón puro,
El que no ha alzado su alma a la falsedad
Ni jurado con engaño.
Ese recibirá bendición del Señor,
Y justicia del Dios de su salvación.
Tal es la generación de los que lo buscan,
De los que buscan tu rostro, como Jacob [énfasis del autor].
El hombre puro evita lo que es falso. No le rinde lealtad a la impureza. Sin embargo, más importante aún, busca el rostro del cielo. Todo lo que evita, lo hace para perseguir la plenitud de gozo y deleites para siempre (Sal 16:11). La pureza en la Biblia no se trata sólo de la ausencia de pecado. No, la pureza se trata principalmente de una búsqueda de Dios resuelta y sin divisiones.
Ya puros, pero aún no puros
¿Es la pureza algo que Dios hace por nosotros o es algo que nosotros hacemos por Dios? Sí.
Ninguna cantidad de lavado, trabajo o llanto puede hacerte puro delante de Dios. En cambio, Dios envió a su Hijo a morir por tu impureza, y envió a su Espíritu para resucitar de entre los muertos tu corazón frío, sin vida y lleno de lujuria. Esa es la única manera de ser perdonado, lavado y limpiado. Sólo por gracia, sólo mediante la fe, tú eres puro (1Co 6:11).
Y, sin embargo, Él todavía llama a aquellos a quienes ha hecho puros en Cristo a perseguir la pureza en Cristo:
Huyan de la fornicación. […] ¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos? Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo […] (1 Corintios 6:18-20).
¿Por qué les diría que sean puros si ya son puros? Porque aunque Dios nos declara puros en Cristo, e incluso nos ve puros en Cristo, aún no nos ha hecho completamente puros. Lo hará, pero todavía no lo ha hecho. Todos nosotros tenemos impureza de este lado del cielo. «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros» (1Jn 1:8). Nuestro estado es puro en Cristo, y sin embargo, nuestras acciones y afectos aún no son perfectamente puros, así que por gracia y mediante la fe, nosotros perseguimos incansablemente la pureza.
Ninguno de nosotros será completamente puro en esta época, pero todos nosotros podemos ser más puros en esta época porque Dios nos da su gracia, su Palabra, su poder: su Espíritu.
La batalla bendita
Aquellos que reciben y persiguen una mayor pureza en Cristo llegan a probar y ver que Él es bueno. Serán bendecidos ahora y en la eternidad. «Bienaventurados los de limpio corazón…». No sé qué viene a tu mente cuando lees la palabra «bienaventurados», pero esta promesa es casi con toda seguridad más plena y rica que cualquier cosa que tú estés imaginando.
Esta bienaventuranza es más que un consuelo o placer circunstancial. Es una satisfacción profunda del alma que toca cada parte de nosotros. Nosotros experimentamos en Cristo lo que tantos, de manera desesperada y trágica, intentan encontrar en el pecado: en su impureza sin arrepentimiento. Nunca encontrarán bendición en la rebelión. Dios deja al descubierto la futilidad de esa búsqueda:
Porque dos males ha hecho mi pueblo:
Me han abandonado a mí,
Fuente de aguas vivas,
Y han cavado para sí cisternas,
Cisternas agrietadas que no retienen el agua (Jeremías 2:13).
Así es vivir en la impureza. Miserables son los de corazón lujurioso, porque sus ojos mueren de sed. Tú nunca encontrarás allí la bienaventuranza. Encontrarás un gozo real y duradero al huir lo más rápido posible de la tentación y adentrarte en la comunión con Jesús.
Por lo tanto, haz lo que sea que aclare tus ojos para ver y disfrutar a Jesús, y evita cualquier cosa que nuble tu visión y adormezca tus afectos por Él. La pureza es un medio para verlo y disfrutarlo más. Y disfrutar más a Jesús es la mejor manera de perseguir una mayor pureza.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.