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El complementarismo es, en un sentido importante, central y no periférico, primario y no secundario. El complementarismo es la visión de que Dios ha creado a hombres y mujeres iguales en su dignidad esencial y condición de persona humana, pero diferentes, aunque complementarios, en función, entendiendo el liderazgo masculino en el hogar y en la comunidad creyente como parte del diseño creado por Dios. Al afirmar que el complementarismo es, en cierto sentido, central y primario, por favor considera lo que estoy y no estoy afirmando aquí. No estoy diciendo que la enseñanza de la Escritura sobre un liderazgo de ancianos compuesto sólo por hombres en la iglesia, o el liderazgo masculino y la sumisión de la esposa en el hogar, sea doctrinalmente central y primaria. No, yo reservaría la primacía doctrinal para creencias cristianas cardinales como la naturaleza trina de Dios, la expiación sustitutiva, la justificación sólo por la fe, la resurrección corporal de Cristo y el regreso literal y físico de Cristo a la tierra en un día aún futuro; es decir, doctrinas que inciden en la verdad misma del Evangelio.

Esto no quiere decir que la complementariedad hombre/mujer no se relacione de manera importante con estas doctrinas centrales. De hecho, la Trinidad, por ejemplo, modela la igualdad de esencia con la diferenciación de roles, y dicha igualdad y diferenciación se reflejan en el ser humano como hombre y mujer. Y la expiación sustitutiva fue llevada a cabo por alguien que se sometió libremente a la voluntad de su Padre, demostrando así el gozo y la belleza tanto de la autoridad (el Padre que envió) como de la sumisión (el Hijo que obedeció).

Pero, aunque la complementariedad bíblica está conectada con las doctrinas cristianas centrales, no es en sí misma doctrinalmente central. Por esto creo que es incorrecto acusar a los igualitaristas evangélicos, en su calidad de igualitaristas, de herejes. Si bien creo que los igualitaristas se equivocan enormemente en su rechazo a la igualdad de esencia y diferenciación de roles entre hombre y mujer, siempre y cuando mantengan las creencias doctrinales centrales (como las mencionadas anteriormente), discrepar en este punto no es por sí mismo una desviación de la ortodoxia.

¿En qué sentido, entonces, es la complementariedad bíblica de hombre y mujer central y primaria para la fe cristiana? Creo que esta doctrina es estratégicamente central para sostener la fe cristiana dentro de una cultura demasiado dispuesta a adoptar valores y creencias hostiles a la convicción ortodoxa y evangélica. A medida que uno examina los puntos de presión en los que nuestra cultura cada vez más neopagana intenta derrocar al cristianismo, es evidente que hoy en día las líneas de batalla no son principalmente doctrinales. Tal vez en los días de la ascendencia del liberalismo este era el caso, pero ya no es así. Uno incluso podría volverse nostálgico al reflexionar sobre los «días de gloria» en los que se lanzaban argumentos de un lado a otro sobre temas como la existencia de Dios, el nacimiento virginal de Cristo, la realidad de la resurrección, la veracidad de la Escritura y cosas por el estilo.

Hoy, en cambio, las áreas principales en las que se presiona al cristianismo para que se amolde son los temas de género y sexualidad. A los posmodernos y a los relativistas éticos les importan poco las afirmaciones de verdad doctrinal; les parecen inocuas, arcaicas e irrelevantes para la vida. Lo que les importa, y les importa con vehemencia, es si su agenda feminista y sus perversiones sexuales son toleradas, respaldadas y expandidas en un panorama cada vez más neopagano. Debido a que esto es lo que más les importa, aquí es donde precisamente el cristianismo es más vulnerable. Perder la batalla aquí es someter a la iglesia a crecientes niveles de desviación. Y seguramente no pasará mucho tiempo hasta que las desviaciones éticas (la Iglesia ceda a las presiones feministas para la ordenación de mujeres, por ejemplo) produzcan desviaciones doctrinales aún más centrales (cuestionar si el patriarcado inherente de la Escritura las hace fundamentalmente indignas de confianza, por ejemplo). Me parece instructivo que cuando Pablo advierte sobre los alejamientos de la fe en los últimos días, enumera primero los compromisos éticos y la cauterización de la conciencia como preludio a una apostasía doctrinal a gran escala (1Ti 4:1-5).

¿No deberían el complementarista y el igualitarista simplemente acordar estar en desacuerdo, vivir y dejar vivir, por así decirlo? En cierto nivel, por supuesto que deberían hacerlo. Como se indicó anteriormente, el igualitarismo no es, por sí solo, una herejía. Sin embargo, no debemos ser ingenuos sobre el impulso estratégico a la iglesia por parte de nuestra élite cultural secular (y neopagana) para alejarnos de las directrices bíblicas claras y sostenidas por mucho tiempo con respecto a la masculinidad y la feminidad. Este no es un asunto de indiferencia. Hasta que —y a menos que— la iglesia siga toda la agenda cultural al aceptar la práctica ministerial irrestricta y totalmente equitativa de las mujeres con los hombres, y al respaldar todas las formas de expresión sexual como «preferencias» igualmente legítimas, no habrá descanso para los cristianos bíblicos y conservadores.

Así que, para estar «en paz», la tentación será ceder. Cuando los insultos y las acusaciones calumniosas aumenten contra los cristianos conservadores, habrá presión para ceder en estos temas de género y sexualidad. Después de todo, podríamos razonar, no hemos renunciado a nada central para el Evangelio. Pero lo que debe quedar claro es que, en la medida en que esto ocurra, la iglesia establece un patrón de seguir las presiones e impulsos culturales en contra de la clara autoridad de la Palabra escrita de Dios. Cuando esto sucede, aunque los compromisos se den en asuntos que no son doctrinalmente centrales para la fe, la iglesia se insensibiliza al llamado radical de la Escritura y, en su lugar, desarrolla un gusto por los elogios mundanos. Como enseñó Jesús, el que es fiel en lo muy poco es fiel también en lo mucho. Pero parece que lo contrario también se cumple. Comprometerse en algo pequeño allanará el camino para comprometerse en mucho de lo que importa.

El complementarismo, entonces, es central y no periférico, primario y no secundario; no de forma doctrinal, sino estratégica. Donde la iglesia es llamada a resistir las presiones culturales y mantener su compromiso con la verdad revelada contracultural es, para nosotros hoy en día, en temas de género y sexualidad. Que Dios dé gracia para creer, abrazar y practicar la enseñanza clara, sabia y buena de la Palabra inspirada de Dios. Nada más servirá al bienestar de la iglesia, y cualquier cosa menos que esto conducirá, con el tiempo, a su desaparición.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de 9Marks.
Photo of Bruce Ware
Bruce Ware
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Bruce Ware

Bruce Ware es profesor de Teología Cristiana en el Southern Seminary en Louisville, Kentucky.