Hace varios años, me consultaron en una ronda de preguntas y respuestas virtual: «¿cómo debería verse la sumisión de una esposa a su marido si este es un abusador?».
Una de las críticas que recibió mi respuesta fue que no mencioné que una esposa puede recurrir a las autoridades en busca de protección. Así que permítanme clarificar esto con siete observaciones bíblicas.
1. Necesitamos sabiduría cuando las relaciones sumisas chocan
Todo cristiano es llamado a someterse a diversas autoridades y los unos a los otros: niños a padres (Ef 6:1); ciudadanos al gobierno (Ro 13:1); esposas a esposos (Ef 5:22); empleados a empleadores (2Ts 3:10); miembros de la iglesia a ancianos (Heb 13:17); todos los cristianos entre ellos (Ef 5:21), todos los creyentes a Cristo (Lc 6:46).
Esto pone a la sumisión de las esposas y los esposos dentro del contexto más amplio de la sumisión a Jesús, a las autoridades civiles, los unos a los otros y a la iglesia. Esto significa que lo correcto o lo incorrecto de cualquier acto de sumisión se discierne al tomar en consideración todas las relaciones relevantes. Todos somos responsables primero ante Jesús, y luego, bajo Él, a varias otras personas y autoridades. Discernir el camino de amor y obediencia cuando dos o más de estas relaciones sumisas chocan es un llamado a la sabiduría espiritual humilde y saturada por la Biblia.
2. Un esposo abusivo desobedece a Cristo
Se les ordena a los esposos: «amen a sus mujeres y no sean ásperos con ellas» (Col 3:19). Se les dice que «así deben […] amar a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida […]» (Ef 5:28-29). El foco de que un esposo se parezca a Cristo al amar a su esposa es que «amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella» (Ef 5:25, [énfasis del autor]).
Los esposos cristianos no son Cristo. Son pecadores finitos, falibles y perdonados. No están en el lugar de Cristo. Sus esposas se relacionan directamente con Cristo (Heb 4:16; 11:6), no meramente por medio de sus esposos. Los maridos no tienen la sabiduría ni el poder ni los derechos de Cristo. Su parecido a Cristo al liderar a sus esposas es limitado y se enfoca en estas palabras: «se dio a Él mismo por ella»; «sustenta y cuida»; «no ser ásperos con ellas».
Por lo tanto, un esposo abusivo está quebrantando la ley de Dios. Está desobedeciendo a Cristo. La iglesia no debería permitirlo, sino que disciplinarlo. La esposa no es insubordinada por pedir ayuda a la iglesia. La mujer cristiana no debe sentir que la única ayuda disponible para ella es la policía. Ese sería un fracaso bíblico de su iglesia.
3. Las mujeres pueden buscar fielmente recursos civiles
No obstante, recurrir a las autoridades podría ser lo correcto para una esposa abusada. Amenazar o infligir intencionalmente daño físico contra un cónyuge (u otro miembro de la familia) es un delito menor en Minnesota, que se sanciona con multas, penas de prisión breves o ambas. Esto significa que un esposo que amenaza y lastima intencionalmente a su esposa no sólo está quebrantando la ley moral de Dios, sino que también la ley del estado civil. Al esperar que su esposa acepte en silencio sus amenazas y su daño, él le está pidiendo a ella que participe en el quebrantamiento tanto de la ley moral de Dios como en la ley civil del estado.
Dios mismo ha puesto a los agentes de la ley para la protección de los inocentes. «[…] Si haces lo malo, teme. Porque no en vano lleva la espada, pues es ministro de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo» (Ro 13:4). La sumisión de una esposa a la autoridad de la ley civil, por causa de Cristo, puede, por lo tanto, anular su sumisión a la exigencia de su esposo de que ella soporte sus maltratos. Este recurso legítimo de protección civil puede llevarse a cabo en un espíritu que no contradice el espíritu de amor y sumisión a su esposo, puesto que una esposa debe tomar este recurso con un corazón apesadumbrado y humilde que anhela el arrepentimiento de su esposo y la restauración de su cuidadoso liderazgo.
4. La iglesia es llamada a más de un tipo de misericordia
La iglesia no debe refugiar a un hombre o mujer abusivo a quien las autoridades civiles sancionarían si supieran lo que la iglesia sabe. Somos llamados a la misericordia. «Sean ustedes misericordiosos, así como su Padre es misericordioso» (Lc 6:36). Pero hay momentos en los que la misericordia a uno exige justicia a la otra. A menudo, este es el caso con el abuso criminal. Es más, hay muchas maneras de mostrar misericordia hacia una persona culpable que debe pagar multas o ir a la cárcel. Rara vez, estamos en una posición donde la opción simplemente es misericordia o no misericordia.
5. Ningún cristiano debería enfrentar solo el abuso
Para muchas mujeres, pensar que su esposo podría ir a la cárcel, perder su trabajo y ser públicamente avergonzado es tan indeseable que a menudo soportan mucho pecado antes de llegar a estar lo suficientemente desesperadas para acudir a las autoridades. Lo que quiero enfatizar es que mucho antes de que alcance el punto de la desesperación (o de daño) las mujeres de la iglesia deben saber que hay hombres y mujeres espirituales en la iglesia a quienes pueden acudir por ayuda.
A modo de precaución y lamento, no puedo prometer que cada iglesia tenga disponibles hombres y mujeres así de espirituales, dotados y compasivos para pedir ayuda. Pero muchas sí. La intervención de estos hermanos y hermanas maduros podría llevar al esposo al arrepentimiento y a la reconciliación. O podrían determinar que se han quebrantado las leyes y que se debe notificar a las autoridades. En cualquier caso, ninguna mujer cristiana (u hombre) debe enfrentar solo el abuso.
6. Existe una base bíblica para el escape
Cuando Jesús ordena a sus discípulos: «[…] a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra» (Mt 5:39), Él está describiendo una forma de amor: el testimonio de que Jesús es tan suficiente para mí que no necesito venganza. Así fue cómo Cristo nos amó al final: «y quien cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia» (1P 2:23).
No obstante, este no es el único camino de amor abierto para aquellos que son perseguidos. La Biblia garantiza la huida. John Bunyan luchó con estos dos aspectos en la Biblia de cómo lidiar con la persecución:
Aquel que huye tiene garantía para hacerlo; aquel que permanece tiene garantía para hacerlo. Sí, el mismo hombre podría huir o permanecer, según sea el llamado y la obra de Dios en su corazón. Moisés huyó (Éx 2:15); Moisés permaneció (Heb 11:27). David huyó (1S 19:12); David permaneció (1S 24:8). Jeremías huyó (Jer 37:11-12); Jeremías permaneció (Jer 38:17). Cristo se retiró (Lc 9:10); Cristo permaneció (Jn 18:1-8). Pablo huyó (2Co 11:33); Pablo permaneció (Hch 20:22-23)…
No huyas por miedo servil; al contrario, porque la huida es una ordenanza de Dios, que abre una puerta para el escape de algunos, cuya puerta es abierta por la providencia de Dios y el escape es permitido por la Palabra de Dios (Mt 10:23)1.
7. La Biblia llama a la provisión y a la protección
Cuando la Biblia dice: «la religión pura y sin mancha delante de nuestro Dios y Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones […]» (Stg 1:27), implica que los cristianos con recursos y fuerza tomen iniciativas por los más débiles. La «visitación» en este texto no es en vano. Es para ayudar: provisión y protección. El punto es: cuando Jesús les ordena a sus discípulos: «vuélvele también la otra [mejilla]» (Mt 5:39), Él no quiere decir que, si podemos hacer algo al respecto, debo permitirte que me vuelvas a abofetear. De nuevo, es el compañerismo en el cuerpo de Cristo lo que rompe el ciclo de la injusticia.
Mi súplica final es para todos los hombres cristianos y en particular para los líderes de las iglesias: anuncia una visión hermosa del matrimonio complementario que llama a los hombres a cargar con la responsabilidad no sólo de su propio corage y bondad, sino también de la bondad de otros hombres también. Hazlo parte de la cultura de la masculinidad en la iglesia, de modo que los hombres no toleren el abuso de ninguna de sus mujeres.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.