¿Tienes un equilibrio saludable entre «trabajo y vida personal»? ¿Las personas más cercanas a ti te definirían como un trabajólico? ¿Es posible que le estés pidiendo a tu trabajo y carrera que te proporcionen lo que sólo Cristo puede darte?
No creo que catalogarlo como un problema de equilibrio entre «trabajo y vida personal» sea lo más preciso, porque como cristiano, tu vida se divide en una tríada de llamado: relaciones, trabajo y Dios. Mira la imagen de abajo; los seres humanos creados a imagen de Dios tienen tres áreas de vida piadosa que se interconectan y se superponen: el área social, el área laboral y el área espiritual (aunque todo es espiritual y un acto de adoración).

Estas tres áreas son fundamentales para lo que somos y cómo Dios nos llama a vivir. Pero debido a que tenemos un tiempo limitado, cuando un área se expande y comienza a consumir más tiempo y energía, sólo puede hacerlo porque has contraído otra área. Es imposible que los seres humanos finitos le agreguen una hora adicional a su día para compensar esa hora que se utiliza en otro lugar.
A menudo, sin siquiera darnos cuenta, las demandas y la tentación del trabajo gradualmente comienzan a consumir más y más de nuestro tiempo, y, a medida que lo hacen, nos queda menos tiempo para la familia. Del mismo modo, a medida que tu compromiso profesional se expande, inevitablemente te quedará poco tiempo para hacer algo más que asistir casualmente a la iglesia.
Casi nadie diría, al menos públicamente: «el trabajo es una prioridad mayor para mí que la familia, así que voy a dedicar menos tiempo para invertir en mi familia». Pocos creyentes declararían (o incluso creerían) que la carrera es más importante que su relación con Dios y su pueblo, sin embargo, muchos de nosotros vivimos activamente de esta manera.
Es imposible que un área de mi vida se expanda sin que esto cause que otras áreas se encojan.
Tú no eres tu trabajo
Cuando se trata de los límites del tiempo, la solución más práctica parecería ser una mejor gestión del tiempo, ¿verdad? ¡Si sólo pudiéramos reorganizar nuestros horarios y reservar una cantidad de tiempo igual para cada área, el problema debería resolverse! Pero los seres humanos no somos robots ni calendarios. Somos adoradores. Abordar sólo la gestión del tiempo pasa por alto la causalidad, es decir, la motivación del corazón detrás de por qué tantos de nosotros hemos expandido nuestra área laboral a un tamaño perjudicial a expensas de los otros.
¿Por qué muchos de nosotros nos sentimos tan motivados, hasta un grado tan poco saludable, cuando se trata de nuestras carreras? ¿Por qué muchos de nosotros invertimos tanto en nuestro trabajo en perjuicio de la familia y de la participación en la iglesia? En una palabra: identidad.
La identidad vertical en Cristo debería liberarnos de buscar la identidad horizontalmente en cualquier otro lugar. Yo soy lo que soy y quien soy gracias a quién es Jesús para mí por gracia. En su impresionante gloria, realmente encuentro todo lo que necesito. No tengo que buscar en otro lugar los recursos espirituales que necesito para vivir. No tengo que buscar en otro lugar el significado y el propósito de mi vida. No tengo que buscar en otro lugar para encontrar ese sentido interno de paz y bienestar. ¿Por qué? Porque he encontrado todas esas cosas en Él. La identidad en Cristo me libera de la esclavitud que distorsiona la vida a la identidad en cualquier otra cosa.
Pero la amnesia de identidad te dejará con un vacío de identidad que llenarás con algo en tu vida. Si olvidas que eres hijo de Dios comprado con su sangre, y que debido a que el trabajo y la carrera forman una dimensión tan enorme y significativa de nuestras vidas, nos resultará muy tentador para nosotros buscar nuestra identidad en esos lugares. Una vez que comienzas a buscar tu identidad en el trabajo, te resultará muy difícil resistir sus desafíos, demandas y promesas de recompensa.
Las falsas identidades del trabajo
El trabajo y la carrera te ofrecen dos identidades falsas, pero tentadoras. La primera es: «yo soy lo que he logrado». El éxito te hace sentir capaz y competente. Un rastro de logros parece hacer una declaración sobre quién eres y qué puedes hacer. Generalmente celebramos a las personas exitosas como nuestros héroes personales y culturales. Tendemos a ver el éxito siempre como algo bueno.
Pero ¿qué declara y promete el verdadero Evangelio? «Por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Ef 2:8-9).
La gracia de Dios te ofrece lo que no ganaste y te perdona por los errores que cometiste. La gracia altera radicalmente tu identidad y tu esperanza. Tu identidad no está en lo que has logrado o en lo que la gente que te rodea piensa de lo que has logrado. No, como resultado de la gracia, tu identidad está arraigada en los logros de otro. Tu esperanza no se basa en lo bien que te está yendo, sino en lo que Jesús ha hecho por ti.
La segunda identidad falsa, pero tentadora, es: «yo soy el tamaño del montón de cosas que he acumulado». Debido a que Dios nos ha dado la capacidad de reconocer y disfrutar la belleza, es tentador identificar la «buena vida» como una vida llena de cosas hermosas, lo cual es a menudo el resultado de una carrera exitosa y un trabajo con altos ingresos. Por supuesto, el deseo de belleza y posesiones no es malo en sí mismo. De hecho, cuando aprecio la belleza, reflejo al Creador, cuya mano artística es la fuente de todo lo hermoso. Estoy diseñado para disfrutar de las cosas hermosas, pero no debo vincular mi identidad a cuántas de esas cosas poseo, y no debo permitir que mi corazón sea gobernado por ellas.
No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mateo 6:19-21).
Si has apegado tu identidad a las posesiones materiales y a la riqueza física, pasarás la mayor parte de tus horas de vigilia buscando adquirirlas, usarlas y preservarlas. Sólo cuando estés viviendo seguro de tu identidad como hijo de Aquel que creó y posee todo, podrás descansar como su hijo en el conocimiento de que Él fielmente te proporcionará todo lo bueno que necesitas. Cuando estás satisfecho en Él, serás liberado de trabajar constantemente para poseer más de lo que esperas que forme tu identidad.
Una carrera formada por Cristo
Hay varias verdades bíblicas que pueden recordarte tu identidad en Cristo y proteger tu corazón de perseguir las promesas vacías y las tentaciones de encontrar tu identidad en el trabajo.
1. Los dones que usas y el tiempo que inviertes en tu trabajo provienen de Dios y le pertenecen a Él
«Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1P 4:10). Así como la gracia de la salvación es un regalo, también lo son los talentos que posees que te hacen exitoso y bueno en tu trabajo. El trabajo es un lugar habitual donde Dios te llama a ser un buen administrador de los dones, las oportunidades y las habilidades que te ha dado. Dado que Dios te ha dado estos dones, debes ejercerlos en sumisión a su voluntad y por el bien de su gloria.
2. Eres llamado a trabajar por algo mayor a ti mismo
Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que Uno murió por todos, y por consiguiente, todos murieron. Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos. […] De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es […]. Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros […] (2 Corintios 5:14-15, 17, 20).
Por gracia, Dios me ha liberado de mi esclavitud a mí mismo, que resulta en la muerte. En cambio, nos invita a una nueva vida, conectándonos a una misión que es enorme y eterna. Tu vida y tu trabajo son ahora enormemente más grandes que sólo construir una carrera exitosa. Lo que quiero y lo que poseo en la tierra no deberían ser los motivadores principales de lo que hago y cómo gasto mi tiempo.
Las decisiones y la inversión que hago en mi mundo laboral siempre deben someterse a la realidad de que he sido alistado al servicio de un Reino eterno que no es el mío. El éxito no se trata de lo bien que he podido construir mi pequeño reino, sino del grado en que he hecho todo lo que he hecho al servicio de un Rey superior.
3. El éxito no se trata de acumular poder, sino de descansar en el poder de Cristo
Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él. Mi oración es que los ojos de su corazón les sean iluminados, para que sepan cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de su poder. Ese poder obró en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su diestra en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero (Efesios 1:17-21).
El éxito en esta vida no se define por usar tus habilidades, dones y ambiciones de carrera para crear poder y control personal. La sabiduría, el conocimiento, las riquezas y la esperanza llegan cuando reconoces y descansas en el poder y control de Cristo, usas tus dones para su propósito y administras apropiadamente cualquier poder que Dios te conceda.
Cualquier poder que se te pueda dar no es un poder independiente para usar como desees. Todo poder humano es representativo. Cualquier poder que Dios te conceda debe usarse consistentemente con los valores que Él deja claros en su Palabra.
¿Tu tríada está equilibrada?
Dios nunca te llamará a obedecerle en un área de una manera que te obligue a pecar en otra. En otras palabras, Dios nunca te llamará a una carrera que haga imposibles los compromisos bíblicos con la familia y la iglesia. Si parece imposible equilibrar tu vida laboral, estás en tal situación no porque los llamados de Dios sean inmanejables, sino probablemente porque estás buscando en tu trabajo lo que no deberías.
Muchas de nuestras vidas laborales están desequilibradas debido a una identidad mal colocada y a la amnesia del Evangelio. La identidad en Cristo nos permite descansar en la seguridad de que encontraremos todo lo que necesitamos en Él. Predicarnos el Evangelio a nosotros mismos permitirá que nuestra área de trabajo sea ahora una expresión de descanso y no de preocupación, de administración y no de adquisición.
Sí, debes comprometerte con el trabajo porque Dios te llama a trabajar, pero mientras trabajas, puedes descansar en su compromiso de pacto de satisfacer todas y cada una de tus necesidades. En lugar de ser impulsado por la necesidad ansiosa, nuestro trabajo ahora puede ser moldeado por una gratitud de adoración.
Dios los bendiga,
Paul David Tripp
Este recurso fue publicado originalmente en Paul Tripp Ministries.