volver

Este artículo forma parte de la serie Querido pastor, publicada originalmente en Crossway.

Maneja la Palabra de verdad

La exhortación de Pablo a Timoteo ofrece un desafío constante al predicador bíblico: «procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad» (2Ti 2:15). Existen muchos ingredientes de este versículo en los que pensar. Manejar «la palabra de verdad» es una tarea de enorme responsabilidad que será probada y aprobada por Dios mismo. Todo dependerá del manejo correcto y esto claramente es el fruto de ser un obrero hábil «que no tiene de qué avergonzarse». La responsabilidad está puesta directamente en los hombros del predicador. «Procura con diligencia» implica esfuerzo, aplicación y trabajo duro. El verbo traducido como «maneja con precisión» (orthotomeō) sólo se usa en este versículo en el Nuevo Testamento, pero significa abrir un camino o una carretera en línea recta. Algunos comentadores sugieren que el trasfondo es arar y trazar un surco recto. John Stott comenta: «“la palabra de verdad” es la fe apostólica que Timoteo ha recibido de Pablo y debe comunicar a otros. Para nosotros es sencillamente la Escritura. “Interpretarla rectamente” o “hacerla un camino recto” significa para nosotros exponerla con corrección o exactitud, por una parte, y con sencillez, por la otra1».

Este versículo implica que debemos dar lo mejor de nosotros para adquirir y desarrollar todas las habilidades que podamos para este importante privilegio y responsabilidad. Así que concentrémonos ahora en desarrollar una de estas habilidades que involucra la práctica real de construir un sermón. Como un artesano hábil, necesitamos conocer las herramientas que debemos usar y lo que cada una aporta a nuestra competencia para hacer bien nuestro trabajo. La experiencia de usar cada herramienta con efectividad, con el tiempo, produce un trabajador que no tiene de qué avergonzarse. La teoría debe traducirse en práctica.

La habilidad, «permanecer en la línea», fue denominada así por Dick Lucas en los primeros días de sus talleres de predicación en el Reino Unido, que posteriormente llegaron a ser el ministerio de capacitación de Proclamation Trust. Él representaba el concepto dibujando una línea horizontal en una hoja de papel o en una pizarra. Esta línea representa la verdad bíblica (lo que la Biblia está diciendo en este pasaje específico que estamos considerando). La tarea del predicador es «permanecer en la línea». Otra manera de decirlo es que el predicador tiene que «decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad». Pero el peligro siempre presente es que el predicador se salga de la línea al agregar o quitar algo de lo que dice el texto bíblico.

Debajo de la línea

La predicación de lo que estaba «por debajo de la línea» vació muchas de las iglesias en Europa Occidental y los Estados Unidos durante el siglo xx. Con el continuo auge del secularismo, muchas de las predicaciones en las iglesias, impulsadas por la enseñanza en seminarios teológicamente liberales, erosionó gradualmente la Biblia de sus elementos sobrenaturales. Los milagros de Jesús se etiquetaron como mitos o se descartaron como las descabelladas imaginaciones de analfabetos ingenuos del primer siglo. Jesús pronto fue designado como nada más que un hombre, un gran maestro quizás, un ejemplo moral tal vez, pero nada más. Creación, milagros, intervenciones divinas, resurrección y así sucesivamente, todo era irrelevante en una era de realismo científico. Aunque semejante predicación «por debajo de la línea» estaba intentando conectar con la incredulidad que ya estaba presente en la cultura, produjo un clima de escepticismo dentro de las iglesias, llevando a una incredulidad generalizada. No valía la pena creer en un Cristo sin poder sobrenatural e incluso la ética que enseñó, finalmente, sería rechazada, puesto que no tenía autoridad divina.

Predicar también puede desviarse por debajo de la línea al restarle importancia al énfasis bíblico que está fuera de sintonía con las costumbres culturales contemporáneas. De este modo, la ardiente santidad de Dios puede ser diluida a fin de presentar una deidad más amistosa y más atractiva. Pero la desaparición de la santidad de Dios conlleva una gran tolerancia para la redefinición. La rebelión es una transmutación hacia el fracaso. Pronto, el juicio de Dios es presentado como algo menos severo o incluso inexistente y el infierno se convierte en una metáfora en lugar de una realidad aterradora. Las desviaciones se multiplican y destruyen cuando el predicador migra bajo la línea. 

Sobre la línea

Para muchos predicadores, sin embargo, la tentación ha sido ir «sobre la línea»: agregando o exagerando lo que la Biblia en realidad dice. Semejante predicación intenta aplicar, al aquí y al ahora, todas las bendiciones prometidas para el pueblo de Dios en la eternidad. La Biblia habla de un tiempo en el que no habrá sufrimiento, depravación ni enfermedad. Todas estas cosas pueden ser tuyas ahora, afirma el predicador sobre la línea, si sólo tienes suficiente fe. Amor perfecto, éxito en los negocios, popularidad personal, victoria constante; todo se ofrece por medio de este tipo de predicación y muchos son engañados por ella. Ir más allá de lo que la Escritura enseña es un engaño cruel que puede llevar a la desilusión y a la desesperación. La predicación de lo que está sobre la línea exige más de sus oyentes de lo que la Biblia exige.

Los cristianos en Galacia, a quienes les escribió Pablo, estaban siendo persuadidos de que los requisitos por sobre la línea añadidos a la línea recta del Evangelio eran necesarios si querían que Dios los aceptara. Este es un problema antiquísimo, porque la postura por defecto del corazón religioso es querer agregar algo a su propia valía o mérito. Los predicadores que van por sobre la línea, agregando reglas y regulaciones para asegurarnos la aceptación de Dios, llevan de vuelta a sus oyentes bajo un yugo de esclavitud y socvan la gracia gratuita e inmerecida de Dios en el Evangelio. Las adiciones al Evangelio en realidad restan a la suficiencia de Cristo y a su obra. «Jesús más» siempre se convierte en «Jesús menos».

Administradores fieles

El privilegio y la responsabilidad de la predicación bíblica es ser un canal por medio del cual la verdad de Dios es comunicada con fidelidad, exactitud y propósito transformacional. Esto significa cultivar una humildad que se somete a lo que la Biblia dice. El predicador muestra reverencia por el Señor al manejar correctamente la revelación que se le ha dado. No somos responsables de su contenido; eso le pertenece a Dios solamente. Somos responsables de la comunicación de su contenido, como administradores a los que se les ha confiado los recursos de nuestro Maestro. Y «lo que se requiere además de los administradores es que cada uno sea hallado fiel» (1Co 4:2).

Los apóstoles enfrentaron este tipo de desafíos en los primeros días de la iglesia en Jerusalén cuando las autoridades judías intentaron poner fin a su predicación en el nombre de Jesús. La pregunta que enfrentaban era quién estaba a cargo de su discurso: ¿Dios o las autoridades religiosas? «[…] Si es justo delante de Dios obedecer a ustedes en vez de obedecer a Dios. Porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído» (Hch 4:19-20). Puesto que queremos seguir el ejemplo apostólico y ser fieles administradores que hablan la verdad, debemos hacer todo lo que podamos para representar esa verdad lo más precisa y convincentemente posible. 

Esto podría demostrar ser costoso, dependiendo de los contextos en los cuales ministramos. Podría significar que tu congregación será pequeña comparada con las iglesias donde la predicación está sobre la línea, dándoles a los oyentes lo que quieren escuchar (ver 2 Timoteo 4:3-5). Podrías ser acusado de ser demasiado dramático o anticuado. No obstante, esto es así para imponer presuposiciones externas y culturales sobre «la palabra de Dios que vive y permanece» (1P 1:23). Podrías no ser promovido dentro de tu contexto denominacional si eres conocido por estar conduciendo tu ministerio con la Biblia como tu autoridad fundamental en una escala de valores predominantemente liberal y secular. Podría haber una lucha en tu propio espíritu para permanecer fiel a la Palabra de Dios, puesto que el diablo intentará desestabilizarte, diciendo que  estás en minoría, que ese resultado final son demasiado pocos o que no vale la pena ni el esfuerzo.

Precauciones prácticas

Para ayudarnos a mantenernos en la línea, a menudo debemos recordarnos a nosotros mismos tres advertencias.

1. No estés más preocupado de tu interpretación que de lo que la Biblia misma está diciendo

Cuando la Biblia desafía o subestima nuestras suposiciones culturales, los críticos a menudo afirmarán: «bien, esa es sólo tu interpretación». Pero la reacción de un detractor no es base para rechazar el claro mensaje de la Escritura. La significancia de un texto no es algo impuesto en él por el predicador; al contrario, emerge de la estructura, el contexto y la redacción del texto mismo. Necesitamos estar más preocupados de transmitir lo que el texto bíblico mismo está diciendo en lugar de estarlo por lo que otros han interpretado o malinterpretado en los comentarios- Es por eso que necesitamos pedirle a Dios que nos encuentre en su Palabra durante nuestra preparación, en lugar de mirar a las autoridades humanas menores, por muy capaces que puedan ser. El tiempo de estudio es cuando ordenas la interpretación del texto, especialmente si su contenido o significancia son discutidos, pero no es necesariamente útil incluir ese proceso en el sermón. La prioridad del tiempo de predicación es alimentar al rebaño con el mensaje del texto.

2. No te preocupes más de la respuesta de la congregación que de lo que la Biblia misma está diciendo

Durante nuestro tiempo de preparación, nuestro instinto a veces nos dirá que a nuestros oyentes no les gustará o aceptarán lo que la Biblia dice por qué es demasiado contracultural, demasiado desafiante. Cuando esto ocurre, estamos enfrentando el problema de si permaneceremos en la línea. Podríamos temer la oposición de aquellos que rechazan la enseñanza de la Escritura. Podríamos temer por nuestra propia posición, popularidad y seguridad laboral. No obstante, ¿no deberíamos temer a Dios para que sea nuestro principio que nos guía? Temer a las personas nos desviará rápidamente del camino; en lugar de que la Biblia controle la predicación, lo hará la congregación. Finalmente, esto significa que nuestra predicación pierde la autoridad divina que deriva sólo de la Palabra de Dios. Recuerda que la Biblia está en el asiento del conductor, no en el de los oyentes.

3. No estés más preocupado de la estructura del sermón de lo que estás con lo que la Biblia está diciendo

Tener sólo un conocimiento superficial del texto bíblico, el predicador fácilmente puede salirse del curso. Un ingrediente esencial de la preparación es marinar la mente y el corazón de la mente y el corazón de uno en el contenido del texto. Si estamos demasiado preocupados demasiado pronto sobre cómo vamos a estructurar el sermón, perderemos los detalles de los pasajes o comprometeremos su verdad. Entonces, la Biblia se convierte en una ayuda a nuestra propia predicación, el lugar de su contenido vital. Si la construcción del sermón se convierte en nuestra prioridad, se desviará a querer una estructura perfecta, que nos hará buscar poder en el resumen, los puntos aliterados, las ilustraciones graciosas o la exposición apasionada. Todos estos pueden ser ingredientes valiosos, pero cuando dominan, el enfoque cambia hacia el predicador como un artesano literario o un comunicador brillante. No obstante, predicar el contenido espiritual del mensaje es lo que importa y lo que perdurará, no el empaque humano.

Este artículo es una adaptación del libro Proclaiming the Word: Principles and Practices for Expository Preaching [Proclamemos la Palabra: principios y prácticas de la predicación expositiva], escrito por David Jackman.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.
  1. Stott, John. (2020). El mensaje de la segunda carta a Timoteo (Ediciones Certeza Unida), p. 60.
Photo of David Jackman
David Jackman
Photo of David Jackman

David Jackman

David Jackman (MA, Cambridge University) es un reconocido conferencista y autor cristiano, se convirtió en el director-fundador de Cornhill Training Course en Londres, un ministerio de Proclamation Trust, del cual fue presidente más adelante. Este ministerio continúa para animar y equipar a maestros de la Biblia alrededor del mundo.
Otras entradas de David Jackman
Querido pastor, vale la pena esforzarse por preparar el sermón