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No quieres ser un chismoso. No hay ninguna ventaja en serlo. Los chismosos lastiman a sus prójimos, dividen a los amigos y dañan reputaciones y relaciones. La Biblia etiqueta a los chismosos como personas indignas de confianza y entrometidas (Pr 11:13; 20:19; 26:20; 1Ti 5:13) —e incluso como dignos de muerte (Ro 1:29, 32)—. En tu mejor versión en Cristo, no quieres ser uno de ellos.

Sin embargo, con demasiada frecuencia, tú y yo queremos chismear. Chismear puede ser divertido y adictivo, y proporcionar un breve estallido de placer culpable. El libro de Proverbios compara las palabras del chismoso con «bocados deliciosos», un manjar sabroso que promete deleite a quienes se dan el gusto (Proverbios 18:8; 26:22). Nos aburrimos y queremos entretenernos merendando las historias vergonzosas de la vida de otras personas. O nos sentimos orgullosos de saber algo que otro no sabe y queremos presumir de nuestra información exclusiva. O nos enojamos y ansiamos la satisfacción de asesinar el carácter de alguien desde lejos, atacando a nuestros enemigos cuando ni siquiera saben que están en peligro. El chisme puede ser difícil de resistir.

Pero el chisme no sólo es difícil de resistir; es difícil de definir. No siempre sabemos cuándo estamos siendo chismosos. Se desliza en nuestras conversaciones y su definición se nos escapa. Entonces, ¿qué hace exactamente que el chisme sea chisme? Necesitamos algunos puntos de apoyo.

¿Qué es el chisme?

La Escritura no proporciona una definición de chisme en un solo lugar. En cambio, describe el chisme en acción y lo vincula íntimamente con el carácter de las personas que participan en este pecado tentador. La Biblia a menudo usa la palabra chismoso para describir un tipo de persona más que sólo un patrón de comunicación.

Mi forma de resumir la enseñanza bíblica sobre este tema es decir que el pecado del chisme es llevar malas noticias a espaldas de alguien desde un mal corazón. Esta definición funcional considera la acción en sí misma, el contenido de la comunicación corrupta, la situación en la que ocurre y, quizás lo más importante, las motivaciones de las personas involucradas.

Llevar malas noticias

El chisme es lo opuesto al Evangelio. En la boca y el oído de un chismoso hay un bocado de malas noticias, no las buenas noticias. Estas malas noticias —una historia del pecado o la vergüenza de otra persona— pueden ser malas en al menos dos sentidos.

Mala información. La historia puede ser falsa y, si lo sabes de antemano, difundirla no es sólo chisme sino calumnia (Lv 19:16; Sal 15:3; Pr 19:5). O puede que sólo pienses que la historia es verdadera (tal vez sin una buena razón), pero resulta ser errónea: un rumor, una habladuría, una verdad a medias (Pr 18:13, 17).

Malas noticias sobre alguien. Quizás te hayan enseñado que «si es verdad, no es chisme». Pero compartir innecesariamente una verdad vergonzosa sobre otra persona puede ser chisme. Una frase bíblica para este tipo de habla es «un mal informe», como el que José presentó contra sus hermanos (Gn 37:2). El hecho de que alguien haya hecho algo malo no significa que necesitemos, o que se nos permita, hablar de ello con otros.

Otras veces, podríamos difundir una historia maliciosa sobre lo que pronto le podría pasar a otra persona. En una ocasión en que el rey David estaba enfermo, sus enemigos fingieron preocupación al visitarlo, pero luego celebraron en secreto su caída proyectada, y difundieron la historia de que estaba a punto de morir (Sal 41:5-8). Eso también era chisme.

Así que, en el fondo de tu mente, cuando cualquier conversación comience a dirigirse hacia el tema de otras personas, puedes preguntarte: «¿es verdad esta historia? ¿Cómo lo sé?»; «¿me corresponde a mí contar esta historia? ¿Le corresponde a él contármela?»; «¿es esta historia una mala noticia?».

A espaldas de alguien

Un chismoso lleva estas malas noticias a espaldas de su víctima. Por definición, el chisme ocurre sólo cuando el sujeto de la historia no está presente. Es mucho más fácil e interesante hablar de los demás cuando no están cerca.

El chisme es clandestino, oculto, furtivo, sigiloso, astuto (Pr 25:23; Sal 101:4–5). La versión de la Biblia en inglés ESV a menudo llama al chismoso «whisperer [susurrador]», lo que enfatiza la naturaleza secreta de este pecado (Pr 16:28; 18:8; 26:20, 22). A veces, puedes sorprenderte chismeando cuando de repente bajas la voz, miras a tu alrededor para ver quién podría estar escuchando y te acercas más a tu amigo antes de hablar.

Podríamos preguntarnos en esos momentos: «¿estaría contando esta historia si él estuviera aquí? ¿Por qué sí o por qué no?»; «¿estoy ocultando esta conversación a alguien? ¿Me avergüenzo de ella?», «¿querría que alguien más hablara así de mí si yo no estuviera en esta habitación?».

Ciertamente hay momentos en los que podemos, e incluso debemos, hablar sobre personas que no están presentes. No estás siendo chismoso cuando llamas a la policía por un crimen que presenciaste, cuando buscas seriamente consejo sobre cómo relacionarte con alguien en tu vida, o cuando adviertes cuidadosamente a otra persona sobre un individuo peligroso (2Ti 4:14-15; Ro 16:17; Fil 3:2). La presencia del chisme depende en gran medida de cómo hablas de las personas que no están presentes y por qué hablas de ellas. Lo cual nos lleva al corazón del chisme.

Desde un mal corazón

El chisme surge cuando algo falla en lo más profundo del núcleo de adoración de nuestro ser.

El Señor Jesús nos enseñó que todas las palabras que hablamos, buenas y malas, fluyen hacia arriba y hacia afuera desde la abundancia de bien o mal almacenada en nuestro corazón (Mt 12:33-37). Lo mismo ocurre con el motivo por el que queremos escuchar chismes. Lo semejante atrae a lo semejante. Nos sentimos atraídos por el mal debido al mal que ya hay dentro de nosotros (Pr 17:4, Mt 15:18-19).

Por lo tanto, las consultas más importantes que debes tener en el fondo de tu mente cuando hablas de alguien que no está presente son las preguntas clave de motivación e intención: «¿por qué digo esto?»; «¿son estas palabras amorosas hacia la persona con la que estoy hablando?»; «¿son estas palabras amorosas hacia la persona de la que estamos hablando?».

Las motivaciones de nuestro corazón no siempre son obvias y, de este lado de la gloria, siempre estarán mezcladas (Pr 20:5). Es posible que no puedas discernir tus propios motivos en el calor del momento. A veces tendrás que repasarlos en oración, o incluso pedirle a un amigo sabio que te ayude a realizar un análisis posterior de una conversación previa.

Algunas malas motivaciones son más perversas que otras. El chisme de puñalada por la espalda, empeñado en la venganza, nace de la malicia y amenaza con hundir comunidades enteras (2Co 12:19-13:2; 3Jn 9-10). Ese tipo de chisme es peor que ser un entrometido que se interesa demasiado en los asuntos de los demás (2Ts 3:11; 1P 4:15). Sin embargo, Jesús dijo que daremos cuenta de cada palabra vana que hayamos hablado (Mt 12:36), no sólo de las maliciosas.

Afortunadamente, nuestras motivaciones también pueden ser buenas y amorosas. No toda conversación sobre otros, incluso sobre sus pecados, proviene de un mal corazón. Es posible que hablemos con la verdad sobre las malas noticias de otras personas con el deseo de su bien y la esperanza de que se haga justicia. Jesús lo hizo sin caer nunca en el chisme, y Él nos capacitará para hacerlo también. Cristo también nos fortalece para hablar palabras edificantes que den gracia a los oyentes y para redirigir las conversaciones que se tornan hacia el chisme (Ef 4:29-5:17). Podemos llevar buenas noticias, ser directos con los demás, y hablar y escuchar desde un corazón transformado que ama a Dios y ama a las personas que están hechas a su imagen.

Mejores noticias

La buena noticia es que no tienes que ser un chismoso. No sólo puedes ser perdonado por haber cedido en tu pasado, sino que por la fe, también puedes ser hallado en Cristo, permaneciendo en su justicia libre de chismes (Fil 3:9; 2Co 5:21). Jesús mismo llevó todo nuestro chisme «en su cuerpo sobre la cruz» (1P 2:24). Él murió la muerte que nuestro chisme merecía.

Y lo que es más, el banquete de su Evangelio nos proporciona promesas más grandes y preciosas que cualquier cosa que el plato venenoso del chisme pueda ofrecer (2P 1:3-4). El Evangelio suministra todos los recursos que necesitas para resistir regularmente al chisme en tiempo real (1Co 10:13).

Con cada tentación de chismear, Dios proporciona una vía de escape a través de las promesas del Evangelio. Puede que las tentaciones no desaparezcan fácilmente —el bocado delicioso en oferta puede seguir haciendo que se te haga agua la boca—, pero al confiar en la gracia de Dios, no tienes que ceder.

​​Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
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Matt Mitchell
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Matt Mitchell

Matt Mitchell es el autor de Resisting Gossip: Winning the War of the Wagging Tongue [Cómo resistir el chisme: ganemos la guerra de la lengua habladora]. Se ha desempeñado como pastor de la Iglesia Lanse Evangelical Free en el centro de Pensilvania desde 1998.