Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
¿Qué deberíamos pensar de los pastores ostentosos? Esa es la pregunta de esta mañana de una oyente llamada Emily. Emily nos escribe para preguntar lo siguiente: «pastor John, gracias por compartir su sabiduría con todos nosotros en este pódcast. Recientemente, han surgido cuentas en redes sociales que han captado mucha atención, las cuales muestran a numerosos pastores conocidos vistiendo ropa, zapatos y relojes extremadamente caros y llamativos, etc. Estas cuentas han generado controversia sobre si estos líderes tienen justificación para hacer esto».
«Muchos dicen que deberían poder usar el dinero que ganan como les plazca. O que estos artículos son regalos. Pero otros se sienten ofendidos por sus estilos de vida lujosos y argumentan que, independientemente de cómo un pastor obtenga estas cosas, aun así deberían demostrar humildad y reverencia hacia sus congregaciones y hacia aquellos que luchan simplemente por sobrevivir. Muchos piensan que sus estilos de vida llenos de lujo desacreditan a Cristo. Este tema parece ser aludido en 1 Pedro 3:3. Pero tengo curiosidad, ¿qué otros textos de la Escritura hablan de esto? ¿Y cuál es su postura al respecto?».
Bueno, no hay duda de con quién simpatizo aquí. Mi postura ha quedado clara a lo largo de los años con respecto a la sencillez y al estilo de vida en tiempos de guerra. Me enojo cuando veo a pastores alardeando de su lujo como si fuera un testimonio convincente de que Jesús satisface más que lo que el dinero puede comprar. Tonterías. Es espantoso.
Así que permíteme decirte fuerte y claro, desde el principio: a nadie le atrae Jesús como el tesoro espiritual, salvador y satisfactorio de su alma por el estilo de vida lujoso de aquellos que supuestamente predican la Palabra; a nadie. Lo que atrae a la gente de los predicadores que presumen de su lujo es la esperanza del lujo. Eso es lo que les atrae: la esperanza del lujo.
Ve y cuenta
Esto no es cristianismo. El cristianismo consiste en ser atraído hacia un Salvador crucificado y resucitado cuya grandeza, belleza y valor en sí mismo son tan admirables y satisfactorios que el corazón clama con el salmista en el Salmo 63:3: «porque tu misericordia es mejor que la vida». Sí, y mejor que todo en esta vida. No puedes elogiar la verdad de que Jesús es mejor que el dinero dando la impresión de que vives para el dinero.
Un giro decisivo ocurrió en la historia de la redención con la venida de Jesús que invalida el uso del suntuoso templo del Antiguo Testamento, las vestiduras sacerdotales, los utensilios bañados en oro y las cortinas lujosas como modelo para los edificios de las iglesias contemporáneas o para la vida cristiana. Es inválido. El Antiguo Testamento era, en gran medida, una religión de «ven y ve». La reina de Sabá se quedó sin aliento ante la riqueza de Salomón. Pero el Nuevo Testamento es, en gran parte, una religión de «ve y cuenta».
A diferencia del Antiguo Testamento, la iglesia cristiana no tiene templo ni centro geográfico como Jerusalén ni identidad étnica como la judía ni estructura civil teocéntrica que condene a muerte a las personas por impiedad. Somos un pueblo peregrino, exiliado y refugiado disperso entre las naciones con la gran misión dada por el Señor Jesús de hacer discípulos a todos los pueblos del mundo. Y aún no hemos terminado con eso.
No todo lo que brilla
Esto revoluciona la forma en que pensamos sobre el dinero y sobre cómo usamos nuestros recursos. Todo tiende hacia la sencillez de una vida en tiempos de guerra, donde planeamos estrategias para glorificar a Dios al terminar la Gran Comisión, evangelizar nuestras ciudades y mostrar amor a nuestros prójimos. El Nuevo Testamento es implacable —es simplemente increíble; solo léelo— en empujarnos hacia la sencillez y la economía por causa de Cristo, y lejos del lujo, la opulencia y la elegancia. Por ejemplo:
- Lucas 6:20, 24: «bienaventurados ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. […] Pero ¡ay de ustedes los ricos! Porque ya están recibiendo todo su consuelo».
- Lucas 8:14: «son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida».
- Lucas 9:58: «el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza».
- Lucas 12:15: «aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes».
- Mateo 6:19-20: «no acumulen para sí tesoros en la tierra […], sino acumulen tesoros en el cielo».
- Mateo 6:25: «no se preocupen por su vida , qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa?».
- Lucas 12:31: «busquen su reino, y estas cosas les serán añadidas».
- Lucas 12:33: «vendan sus posesiones y den limosnas; háganse bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota […]».
- Lucas 14:33: «cualquiera de ustedes que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo».
- Lucas 18:24: «¡qué difícil es que entren en el Reino de Dios los que tienen riquezas!».
- Santiago 2:5: «¿no escogió Dios a los pobres de este mundo para ser ricos en fe y herederos del Reino?».
Ese es el estribillo una y otra vez a lo largo de todo el Nuevo Testamento, e incluso en aquellos lugares —y son sólo unos pocos— donde se aborda directamente a los cristianos ricos, como en 1 Timoteo 6:17. El mensaje es ser agradecidos con Dios por todos tus goces legítimos y estar llenos de buenas obras para aquellos que tienen mayor necesidad que tú.
En otras palabras, no hay ningún estímulo en ninguna parte del Nuevo Testamento para que acumulemos y acumulemos o aumentemos los símbolos de nuestra riqueza mediante lo que vestimos, lo que conducimos y dónde vivimos. El hombre que construye graneros más grandes para lo que no necesita es un necio. Es un necio, dice Jesús (Lc 12:20-21). La esencia es esta: conténtate con un estilo de vida relativamente sencillo. (Y digo relativamente porque sé que prácticamente todos los estadounidenses son ricos, ya que el resto del mundo —o dos tercios del mundo— vive muy al límite).
Por lo tanto, hablo de un estilo de vida relativamente sencillo. Gana todo el dinero que quieras y da lo que no necesites para la gloria de Cristo, la propagación del Evangelio y el cuidado de los que sufren. La mayor parte del Nuevo Testamento gira en torno a tres preocupaciones principales cuando se trata de la enseñanza sobre el dinero: (1) cómo mostrar el valor de Cristo y del Evangelio, (2) cómo satisfacer las necesidades de los perdidos y los que sufren, y (3) cómo evitar los peligros de la riqueza que destruyen el alma. Así que, diré unas palabras sobre cada uno de ellos.
Tesoro en el trabajo
Primero, cómo mostrar el valor de Cristo y del Evangelio. Pablo dijo en Filipenses 3:8: «yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor […]». Él quería vivir de tal manera que demostrara que su corazón estaba satisfecho con Cristo y no capturado por el ídolo de la codicia. Por eso, trabajó con sus manos en lugar de dar cualquier impresión de que estaba esquilmando a las iglesias. En 1 Tesalonicenses 2:5 dice: «porque como saben, nunca fuimos a ustedes con palabras lisonjeras, ni con pretexto para sacar provecho». No usábamos nuestro ministerio como una tapadera para nuestro amor al dinero.
A los ancianos de Éfeso les dijo: «ni la plata, ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado. Ustedes saben que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y las de los que estaban conmigo» (Hch 20:33-34). A los corintios les dijo: «pues no somos como muchos, que comercian la Palabra de Dios […].» (2Co 2:17). A Timoteo le dijo: «y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos» (1Ti 6:8). Y luego simplemente estableció para todos los pastores que no deben ser amantes del dinero (1Ti 3:3).
Ahora bien, el punto de todas esas palabras era eliminar todo obstáculo para creer en el Evangelio, mostrar el valor superior de Cristo sobre todas las posesiones terrenales y dar un ejemplo a los creyentes de negarse a uno mismo y de una aceptación gozosa del sacrificio por amor. Porque, como dijo Jesús: «más bienaventurado es dar que recibir» (Hch 20:35). Cualquiera que haya caminado con Jesús por algún tiempo sabe que serás más feliz y dormirás mejor por la noche cuanto más generoso seas, cuanto menos egoísta seas.
Vivir para dar
La segunda preocupación principal del Nuevo Testamento y las posesiones es cómo satisfacer las necesidades de los perdidos y los que sufren. Jesús dijo: «vendan sus posesiones y den limosnas; háganse bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota» (Lc 12:33).
Pablo dijo: «el que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad» (Ef 4:28). ¿No es eso increíble? En otras palabras, no robes y no trabajes solo para tener; trabaja para tener para dar. Hay tres niveles. Puedes robar, puedes trabajar para tener y puedes trabajar para tener para dar. Y él dice: «vayan allí, cristianos; vivan allí. Vivan para dar».
Los cristianos heredarán el mundo entero y todo lo que hay en él. Podríamos dedicar una sesión entera a 1 Corintios 3:21-23. Lo tienes todo, cristiano. No necesitas aferrarte a ello ahora. Lo vas a recibir en un abrir y cerrar de ojos. Este pequeño mundo se va a terminar. El mundo actual está perdido sin el Evangelio. Millones están sufriendo. Esta es la era para la generosidad radical y el sacrificio, no la era para la vida lujosa.
El lazo del alma
Finalmente, número tres, la última preocupación con las posesiones es cómo evitar los peligros de la riqueza que destruyen el alma. Jesús dice que es difícil para los ricos entrar en el Reino de Dios (Lc 18:24). Pablo dijo: «pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición» (1Ti 6:9). Oh, Dios mío. ¿Qué tan claros pueden ser Jesús y Pablo sobre los peligros de acumular y acumular?
Así que lo digo de nuevo: es espantoso que aquellos que afirman ser ministros fieles de la Palabra de Dios alardeen de sus lujos; simplemente espantoso. Esto convierte a Cristo de un Salvador hermoso y plenamente satisfactorio a un corredor de bolsa que nos da lo que realmente queremos: dinero y comodidad.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.