Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
Cuando alguien te acusa de pecado, ¿qué haces? ¿Qué haces cuando la acusación es verdad? ¿Qué haces cuando la acusación no es verdad? ¿Acusas de vuelta? ¿Contraatacas? ¿Y es posible recibir una crítica —sea justa o injusta— con gracia? Esa es la pregunta de hoy en Ask Pastor John, mientras John Piper analiza uno de nuestros textos recurrentes, uno del que hablamos mucho.
Así que, nos dirigimos a Miqueas 7:8-9; nuestro viejo amigo. Qué texto tan profundo, uno que difícilmente hemos agotado. Está en nuestra lectura de mañana, por eso lo tengo en mente hoy, y también es nuestra pregunta de hoy de parte de Ava, una mujer de 25 años en Vancouver. «Pastor John, gracias por enseñar frecuentemente sobre la “culpa valiente” aquí en el pódcast, a partir de Miqueas 7:8-9. La respuesta del profeta a su propio pecado muestra un equilibrio profundo entre reconocer su culpa ante Dios y confiar en la vindicación final de Dios». Sí, eso es lo que lo hace tan profundo. «Cuando otros señalan nuestro pecado, especialmente cuando se siente duro o humillante, ¿cómo deberíamos responder? La “culpa valiente” de Miqueas parece modelar una respuesta que se niega a esconderse o a desviar la culpa. Sin embargo, puede ser difícil mantener esta postura cuando otros nos confrontan, particularmente cuando su juicio se siente menos misericordioso que el de Dios. ¿Cómo podemos recibir humildemente la corrección de los demás, con el espíritu de la culpa valiente, en un entorno que se siente como un ataque personal?».
Culpa valiente
Esta es una pregunta bastante perspicaz, pero no creo que nuestros oyentes puedan ver eso hasta que escuchen el texto. Así que, permítanme refrescar la memoria de todos. A menudo he descrito, como señala Ava, que este texto describe algo que, me parece, se describe mejor como «culpa valiente». Ella lo aborda, entonces, desde un ángulo único. Así que, les doy el texto. Esto es Miqueas 7:8-9:
No te alegres de mí, enemiga mía.
Aunque caiga, me levantaré,
Aunque more en tinieblas, el Señor es mi luz.
La indignación del Señor soportaré,
Porque he pecado contra Él,
Hasta que defienda mi causa y establezca mi derecho.
Él me sacará a la luz,
Y yo veré su justicia.
Ese es uno de los pasajes más asombrosos sobre nuestra pecaminosidad y la misericordiosa justificación de Dios.
Se trata de una admisión de culpa completa y honesta. Eso es lo primero. «He pecado contra [el Señor]». Y junto a ella, asombrosamente, hay una confianza total en que Dios está a su favor y no en su contra, y que sólo lo dejará en las tinieblas mientras sea bueno para él, y luego lo sacará y lo vindicará. Yo llamo a eso una asombrosa culpa valiente, y creo que es la forma en que los pecadores justificados en Cristo deben lidiar con todos los pecados que cometen como cristianos.
- Reconócelo.
- Lleva voluntariamente la carga de la disciplina.
- Desafía las acusaciones del diablo.
- Aférrate a la justicia que te ha sido imputada en Cristo.
- Y luego camina hacia la luz de tu vindicación a través de la sangre de Jesús.
Maravilloso. Es genial ser cristiano.
La culpa valiente y las acusaciones
Ahora, lo que Ava ha hecho es notar que así es como lidiamos con nuestra propia autoacusación, porque realmente hemos pecado; somos conscientes de ello. Y ella se pregunta cómo se ve esto cuando otros nos acusan de pecado o nos corrigen, y cómo podríamos aplicar este texto en esas situaciones.
Y digo «esas situaciones» porque hay muchas formas diferentes en las que podemos ser corregidos o criticados. Podríamos ser corregidos cuando la corrección es justificada: realmente cometimos un error; realmente pecamos gravemente o no tan gravemente, o tuvimos una mala actitud. La corrección podría ser injustificada: no cometimos ningún error; no tuvimos una mala actitud; estamos siendo acusados erróneamente. La corrección podría venir en forma de puro ridículo: no nos están corrigiendo realmente; sólo se burlan de nosotros; sólo nos avergüenzan, nos menosprecian, incluso en público.
Así que, hay todo tipo de grados de seriedad, grados de legitimidad y grados de daño. Y en cada una de esas circunstancias diferentes, lo que se requiere para responder como cristiano va a ser ligeramente diferente. Por lo tanto, no puedo responder a cada una de esas circunstancias; no sé cuáles son. Permíteme ver si puedo decir algo más general que pueda ser útil en todas esas circunstancias. Este pasaje en Miqueas 7 es realmente relevante, no sólo cuando somos conscientes de nuestras propias acusaciones, sino también, como pregunta Ava, cuando somos conscientes de las correcciones o acusaciones de los demás.
Y hay dos cosas clave que producen culpa valiente en todos los casos de este texto. Una es la humildad que admite libremente que incluso en un alma creyente —nuestra propia alma— hay pecado remanente que siente, dice y hace cosas que están mal, que son pecaminosas y son ajenas al carácter de un cristiano. Esa es una cosa. Debemos ser humildes porque sabemos que el pecado a veces puede tomar la delantera en nuestras vidas.
Y la otra es, junto a la humildad, una profunda confianza en que, en nuestra unión con Cristo, soy contado como justo ante Dios: perdonado, aceptado, adoptado, amado, con un futuro cierto y glorioso. Y es esta confianza, creo, la que sostiene la humildad. Nos libera de la necesidad de estar a la defensiva y nos permite aceptar humildemente la corrección o hasta la crítica, incluso la crítica injustificada. Así que esas son las dos primeras sugerencias con las que este texto nos ayuda al recibir críticas justificadas o incluso injustificadas: humildad ante los demás y confianza ante Dios.
Ánimos para soportar el ridículo
Y veo al menos otros cuatro ánimos útiles incorporados en Miqueas 7 para ayudarnos a soportar pacientemente las correcciones o incluso el ridículo de los demás.
1. Mira a la gracia pasada
Siempre debemos tener en mente la gracia pasada de nuestro perdón totalmente inmerecido. De hecho, diez versículos después, casi al final del libro, Miqueas dice: «¿qué Dios hay como Tú, que perdona la iniquidad y pasa por alto la rebeldía del remanente de su heredad?» (Mi 7:18). No hemos cantado este himno en un millón de años en nuestra iglesia, pero solíamos cantarlo mucho:
¿Quién como Tú, Dios perdonador?
¿Quién tiene gracia tan rica y gratuita?
Amo esa canción y ya nunca la cantamos, pero proviene de este texto en Miqueas 7:18. Y, por supuesto, Efesios 4:32 dice: «[…] perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo». Así que mantener la vista en la deuda masiva que se te ha perdonado ayuda mucho a recibir la corrección —incluso el maltrato— con paciencia y gracia.
2. Mira a la gracia futura
No sólo mires atrás a la gracia pasada del perdón; mantén tu mente en la gracia futura de la vida eterna y el gozo. Miqueas dice: «Él me sacará a la luz; y yo veré su justicia» (Mi 7:9). Ese es un futuro glorioso de aceptación ante Dios. Jesús dijo que cuando te critiquen por su causa, «regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande» (Mt 5:12). Cuando Dios está a punto de darte la bienvenida a la felicidad perfecta, las ofensas personales pierden su poder.
3. Deja que Dios sea el juez
Ten en cuenta que Dios ve todo lo que se te dice, lo que se dice en tu contra. Si algo se dice erróneamente contra ti o hacia ti, de forma falsa o hiriente, Dios lo va a arreglar y tú no tienes que hacerlo. A Él no se le escapa nada. No necesitas devolver mal por mal (Ro 12:17). Incluso el desaire más pequeño de tu cónyuge, por ejemplo. Él ve eso; él lo sabe. No necesitas lanzarle una indirecta a ella o a él porque «esto tiene que arreglarse». No, Dios puede arreglar las cosas.
Así que, por gracia, realmente puedes dejarlo pasar. Puedes dejarlo pasar mil veces. Así es como funcionan los matrimonios. Si quieres ser feliz, tienes que dejarlo pasar. No importa cuánto te moleste o si piensas que debería solucionarse: simplemente déjalo pasar. Hay gracia para eso, y Dios se encargará de lo que sea necesario. Encomiéndalo «a Aquel que juzga con justicia» (1P 2:23; 4:19). Dios pondrá todo en su lugar a su debido tiempo. No necesitamos jugar al juez cuando estamos siendo corregidos, criticados o ridiculizados, ya sea de manera adecuada o inadecuada.
4. No te sorprendas
Una última cosa. El versículo anterior a este, en Miqueas 7:6, es citado por Jesús a sus seguidores en Mateo 10:35-36, y dice: «vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su misma casa». En otras palabras, algunos de tus parientes más cercanos intentarán corregirte o dirán cosas hirientes sobre ti. Y ayuda, realmente ayuda —Jesús creía que ayudaba; Miqueas creía que ayudaba— no sorprenderse totalmente cuando eso sucede. Jesús dijo que vendría.
Por eso, creo que Ava tiene razón al llamar la atención hacia Miqueas 7:8-9, no sólo porque la culpa valiente se aplica a nuestras propias y debidas autoacusaciones, sino también porque se aplica a las correcciones, críticas e incluso al ridículo que recibimos de otros. Y estoy seguro de que aquí hay más de lo que yo he visto. Simplemente nos animaría a todos, a todos los que me están escuchando ahora mismo, a meditar profundamente en estos versículos tan preciosos.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.