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Preparados para Cristo

Louise Perry, autora del reciente libro Contra la revolución sexual, anunció en un pódcast en septiembre de 2025 que ahora es cristiana1. Durante varios años, ha sido una de las críticas seculares más elocuentes de la revolución sexual. Con tan sólo 33 años, representa una resistencia a la revolución sexual que crece rápidamente dentro de algunas subculturas juveniles. Algunos jóvenes están replanteándose no sólo el movimiento transgénero, sino también la revolución sexual que lo engendró. Como dijo recientemente Ryan T. Anderson en el podcast In the Library [En la biblioteca] de R. Albert Mohler, la antropología es el campo de batalla espiritual central en los Estados Unidos hoy en día2. La gente en el mundo en general no está debatiendo sobre cristología, teología trinitaria o incluso la doctrina de la Escritura. Es la naturaleza del hombre, especialmente los componentes relacionados con la sexualidad, lo que genera controversia. Anderson señaló que escribir un libro sobre la Trinidad no hará que prohíban tu libro en Amazon.com, pero escribir un libro contra el movimiento transgénero podría lograrlo (el libro de Anderson, When Harry Became Sally [Cuando Harry se convirtió en Sally], estuvo prohibido en Amazon.com durante varios años).

Este torbellino cultural sobre la antropología es una oportunidad única para que la iglesia evangelice a los perdidos y fomente una renovación cultural propicia para la evangelización. Aquellos que están destrozados por el divorcio, el matrimonio entre personas del mismo sexo y ahora el transgenerismo, han sido quebrantados por Dios de muchas maneras y ahora están listos para el bálsamo sanador del evangelio. Al mismo tiempo, se está demostrando que la visión cristiana de la naturaleza y la realidad es el relato verdadero y genuino de la realidad. Y esta proclamación de la bondad y el orden inherentes al mundo de Dios es una forma de fomentar circunstancias culturales favorables al ministerio del evangelio. Louise Perry es un ejemplo de ello. En el pódcast donde anunció su conversión, dijo lo siguiente sobre el cristianismo: «me di cuenta de que, si fuera sobrenaturalmente cierto, esperarías que fuera sociológicamente cierto. Y observar cuán sociológicamente cierto es resultó muy persuasivo para mí, y sé que también lo ha sido para otros». El estudio de estos temas la llevó a ser «asaltada por la realidad». Las enseñanzas cristianas sobre la vida son mejores para el bienestar humano que cualquier otra opción. La mejor explicación para ello es que todas las enseñanzas de Jesús son verdaderas. Las enseñanzas éticas cristianas sobre el sexo prepararo a Louise Perry para Jesús. Como publicó recientemente James R. Wood en X, el «conducto que va del respeto a la realidad al cristianismo es real3».

La existencia del alma

Esto me lleva al tema de este artículo: el alma. La discusión sobre el alma está fuera de moda en el mundo académico convencional, dado que el cristianismo ha sido reemplazado por el nuevo paganismo de la ideología progresista. La academia se siente cómoda hablando de la mente, ya que, según su perspectiva, la mente puede considerarse parte del mundo natural. Pero el alma incomoda a la gente. Las «mentes» se sienten higienizadas y respetables, pero el alma evoca una época diferente. Si las almas existieran, entonces quizás los ángeles, los dragones y todo tipo de cosas salvajes también podrían existir. Los naturalistas más estrictos buscan reducir incluso la mente a algo no material basándose en estos mismos fundamentos4.

Esta es, por supuesto, precisamente una de las razones culturales por las que debemos hablar del alma. Pues todo hombre sabe que tiene un alma, un alma inmortal creada por Dios y responsable ante Dios por lo que hace. Nuestras almas anhelan la eternidad y reconocen un estado futuro de bienestar o de sufrimiento. Juan Calvino identificó este anhelo de trascendencia como una de las marcas principales del alma humana. Escribe: «en fin, los excelsos dones de que está dotado el entendimiento humano claramente pregonan que hay cierta divinidad esculpida en él, y son otros tantos testimonios de su ser inmortal5». Mientras buscamos renovar la cultura y transformarla en una dirección más cristiana, el poner en primer plano el alma debe ocupar un lugar central.

La Escritura habla a menudo del alma, aunque no nos da una teoría empaquetada sobre su naturaleza y facultades. Desde el momento de la creación del hombre, está claro que tenemos aspectos de nuestro ser que son tanto corporales como trascendentes al cuerpo. Génesis 2:7 describe la creación del hombre de esta manera: «entonces el SEÑOR Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente». Aquí aprendemos que el hombre tiene una naturaleza dual: somos a la vez polvo y vida inspirada por Dios. Somos una sola cosa, un hombre que es un ser viviente, con dos aspectos: el corporal y el vital.

La teología cristiana tradicional articula esta idea diciendo que el hombre es una combinación de alma y cuerpo6. Calvino escribe: «que el hombre esté compuesto de dos partes, el alma y el cuerpo, nadie puede dudar. Con el nombre de “alma” yo entiendo una esencia inmortal, aunque creada, que es la parte más noble del hombre7». No somos simplemente un alma unida temporalmente a un cuerpo (como una maleta en un avión), ni somos simplemente un cuerpo sin un aspecto más efímero y elevado (como una máquina alimentada por baterías). Somos tanto cuerpo como alma: tierra y aliento. El alma es nuestra parte más noble, porque refleja más directamente a Dios en su santidad y sabiduría8. Pero, de igual modo, el cuerpo es parte de la bondad de la creación y no debe ser denigrado. Aunque el apóstol Pablo anhela ser libre del cuerpo (Ro 7:24), está hablando del cuerpo en su condición caída y corrompida, no del estado de tener un cuerpo como tal. Si bien el alma puede sobrevivir sin el cuerpo, fue creada para estar en un cuerpo. Por esta razón, nuestro estado futuro no es uno de unión incorpórea con Dios, sino más bien una unión integral que tendrá lugar en el cuerpo. La iglesia confiesa que esperamos «la resurrección de los muertos y la vida perdurable9».

Una teoría bíblica más completa del alma es una tarea desafiante. La Escritura utiliza una gama de términos diferentes para hablar del aspecto no físico de nuestro ser: espíritu, corazón, mente, etc., tanto en hebreo como en griego.

La relación entre el alma y el cuerpo

El pensamiento cristiano tradicional contempla dos formas distintas de hablar sobre la relación entre el alma y el cuerpo, formas que hoy se conocen bajo los títulos de dualismo de sustancia e hilomorfismo. El dualismo de sustancia sostiene que el alma y el cuerpo son sustancias distintas, o cosas distintas, cada una capaz de existir por sí misma y poseedora de una naturaleza esencial propia. La gran fuerza de esta visión es que puede explicar las diferencias significativas entre el alma y el cuerpo. Al ser cosas diferentes, naturalmente tienen facultades diferentes. El desafío para esta visión es explicar cómo la persona está unificada como un sólo ser en lugar de existir como dos seres distintos (el cuerpo y el alma) que interactúan entre sí de manera ordenada. ¿Cómo es un humano más una unidad que dos libros puestos uno al lado del otro en un estante: dos cosas diferentes que resultan estar en estrecha proximidad? Explicar cómo el ser humano es una sola entidad, no sólo con una dualidad de naturaleza o aspecto, sino con una dualidad de cosas, es el reto de esta posición.

El filósofo francés René Descartes es quizás el dualista de sustancias más conocido de la tradición. En sus revolucionarias obras filosóficas argumentó que la materia es mera extensión y, por lo tanto, que el cuerpo en su naturaleza esencial es meramente un ser extendido. El alma, por el contrario, no es extendida y, por lo tanto, existe como un ser no material con sus facultades distintivas de conocer y actuar. En la «Meditación vi» de sus Meditaciones sobre la filosofía primera, argumentó que estas dos sustancias distintas están muy estrechamente unidas y, «por así decirlo, entremezcladas entre sí», de modo que ambas forman una sola cosa. Una cosa extendida obviamente puede «entremezclarse» con una cosa no extendida sólo de manera metafórica, o a lo sumo a través de leyes causales psicosomáticas que las interrelacionan. Pero esto demuestra que incluso los dualistas de sustancias más estrictos buscan hacer justicia a la unidad de la persona humana10.

La visión hilemórfica del alma sostiene que el alma no es una sustancia separada del cuerpo, sino que ella misma es la forma del cuerpo. Esta visión está fuertemente fundamentada en la metafísica aristotélica (la metafísica dominante en las eras medieval y de la Reforma), utilizando la distinción de Aristóteles entre forma y materia. Para Aristóteles, toda sustancia que existe tiene tanto el material del que está compuesta como una estructura formal que hace que ese material sea el tipo de cosa que es. Una estatua está compuesta de un cierto material (por ejemplo, bronce, mármol) moldeado en una organización particular (una estatua). La estatua no es simplemente el mármol o el bronce; esa misma materia podría organizarse en una forma diferente (un plato o una mesa) y sería un tipo de cosa diferente. Un cuerpo humano está compuesto de carne, sangre, hueso, etc., como su materia, pero esa materia está organizada en una vida humana. El mismo material biológico podría disponerse como otros tipos de seres vivos, por ejemplo, perros, gatos y otros animales, ya que tienen el mismo tipo de componentes materiales. Pero su materia no está organizada como humana, sino con la forma de un perro o un gato. Según la visión hilemórfica, la forma de un ser vivo es su alma. El alma hace que esa cosa particular sea el tipo de cosa que es al darle vida y las facultades distintivas de ese tipo de vida.

Tradicionalmente, esto ha significado que todos los seres vivos poseen alma, no sólo los seres humanos, aunque sólo los seres humanos tienen almas que son racionales. Los perros tienen almas perrunas, los robles tienen almas de roble. ¿Por qué? Porque todos están vivos. Todo ser vivo tiene facultades nutritivas y procreativas. Los animales también tienen facultades perceptivas. Pero sólo los humanos tienen almas racionales capaces de pensar, conocer o actuar con libre elección. No obstante, todas las plantas y animales están vivos. Su forma esencial —lo que es ser ellos— es ser un ser vivo y, por tanto, tienen el principio de vida dentro de ellos: el alma. Los seres humanos tenemos un tipo único de vida, por supuesto, porque somos racionales11.

En su forma histórica, tanto el dualista de sustancia como el hilemorfista reconocen que las actividades racionales van más allá de lo físico. El hilemorfista, al igual que el dualista de sustancia, sostiene que cuando captamos conceptos, comprendemos esencias, realizamos cálculos matemáticos y tomamos decisiones libres, estamos participando en una actividad que es, en un sentido importante, incorpórea. Mientras que la digestión y la percepción ocurren en el cuerpo y son mediadas por órganos corporales como estómagos, intestinos, ojos y oídos, las actividades racionales de pensar y elegir ocurren sin una parte física correspondiente. Si bien el cerebro es obviamente muy importante para la conciencia humana y las actividades de la mente, aún tiene sentido hablar de cómo nuestras mentes podrían ser capaces de pensar incluso si nuestro cerebro fuera destruido. Es muy difícil hablar de cómo podríamos digerir sin un estómago o intestinos, o cómo podríamos percibir objetos sin tener un órgano de percepción. La razón, a diferencia de las otras facultades del alma humana, es verdaderamente incorpórea. El dualista de sustancia considera esto como una evidencia poderosa a su favor, aunque el hilemorfista cree que su propia visión puede dar cuenta de ello.

Sin resolver este problema, podríamos notar cómo cada visión ofrece fortalezas potenciales para reflexionar sobre nuestro momento cultural. La visión del dualismo de sustancia enfatiza la singularidad del hombre en la naturaleza. Tenemos un diferenciador único, un alma, que nos hace totalmente diferentes de las sustancias naturales que nos rodean. Esta alma nos hace a imagen de Dios, portando la marca creativa de Dios, y nos señala hacia un llamado y destino superiores. No somos sólo polvo, somos hijos de Dios que son llamados de regreso a Dios mismo.

La visión hilemórfica sigue considerando a la humanidad como única en su racionalidad, pero enfatiza cómo somos parte de una creación unificada y ordenada. El hombre no es sólo voluntad o libre elección, sino que es parte del orden creado por Dios, sujeto a las mismas leyes de la naturaleza y parte de la misma red de fuerzas que el resto de la creación. Aunque somos únicos en nuestras facultades racionales, seguimos viniendo del polvo y al polvo volveremos (Gn 3:19).

El origen del alma

Los cristianos también han debatido la cuestión del origen del alma, surgiendo con el tiempo dos bandos bien conocidos. Por un lado, los creacionistas sostienen que cada alma individual es creada directamente por Dios. Mientras que el cuerpo es producido por la unión de los padres a través de la mezcla de su simiente, el alma es creada de inmediato por Dios. Cada alma individual implica, por tanto, un acto creativo sobrenatural para ser traída a la existencia. Por otro lado, los traducianistas sostienen que así como el cuerpo es generado por la unión de los padres, así también lo es el alma. Cada una de nuestras almas, entonces, es algo que recibimos a través de un proceso de generación natural de nuestros padres en el curso ordinario de la naturaleza y no es creada por Dios aparte y luego infundida en el cuerpo.

Una fortaleza de la visión traducianista es cómo explica la herencia del pecado original. Si el alma de los padres produce el alma de los hijos, es fácil ver cómo el pecado original de los padres es heredado por los hijos. Recibimos nuestra naturaleza humana corrupta de nuestros padres corrompidos. En la visión creacionista, Dios parecería tener que crear el alma individual como algo ya corrompido. Además de la preocupación teológica de convertir a Dios en el autor del mal, esta visión también tiene que explicar cómo podemos heredar nuestro pecado original.

No obstante, la visión cristiana mayoritaria ha sido la del creacionismo. El teólogo reformado Francis Turretin ofrece un triple argumento a favor de la visión creacionista: desde la creación, desde la Escritura y desde la razón natural12. En la creación de Adán, vemos a Dios creando directamente el alma de Adán al soplar vida en el cuerpo. Él escribe: «el origen de nuestras almas debe ser el mismo que el de Adán». En segundo lugar, bíblicamente, hay una amplia gama de pasajes que enseñan la creación única del alma. Zacarías 12:1 habla del Señor que «forma el espíritu del hombre dentro de él». Hebreos 12:9 contrasta a nuestros padres terrenales con Dios, quien es el «Padre de nuestros espíritus». Turretin organiza más de una docena de referencias bíblicas que apuntan fuertemente hacia la visión creacionista. Racionalmente, Turretin sostiene que la inmortalidad del alma apunta a la necesidad de una creación inmediata. Si el alma fuera generada por padres humanos, surgiendo de la unión de la materia contenida en la simiente de los padres, entonces, del mismo modo, cuando el cuerpo se disuelve en la muerte, el alma sería destruida. Pero el testimonio de la Escritura y de la razón es que el alma racional es inmortal, siendo en sí misma simple y no compuesta de partes. Por lo tanto: creacionismo.

Preparemos el camino

Al igual que la visión del dualismo de sustancia, la visión creacionista enfatiza la naturaleza única del alma del hombre así como su origen en Dios. El hombre no es una mera parte de la naturaleza, sino el objeto del amor especial de Dios, de Su cuidado e incluso de Su acto creativo. Mientras que otras cosas pueden ser producidas por causas secundarias a través de la providencia y conservación ordinarias de Dios, las almas humanas son productos especiales e individuales de la actividad creativa directa de Dios. La humanidad es verdaderamente amada por Dios. Por otro lado, la visión traducianista enfatiza la unidad orgánica del hombre a través del tiempo y el espacio. Somos parte del tejido del mundo creado, únicos, sin duda, pero todavía enredados en las fuerzas dentro de la historia.

Lo mejor de ambas visiones busca reconocer ciertas verdades bíblicas fundamentales: somos una dualidad de polvo y espíritu. Somos a la vez parte de un orden creado finito e histórico y, sin embargo, somos una parte verdaderamente única de él. Estamos sujetos a la corrupción en nuestros cuerpos, pero también de algún modo trascendemos nuestra finitud con nuestras mentes, captando cosas más allá de lo material. Estamos destinados a vivir bien en este mundo y en el próximo, pero sólo podemos hacerlo si nos unimos a nuestro Dios Creador y Redentor, trascendente y amoroso. ¿Puede la filosofía ayudar en este esfuerzo, y puede una rehabilitación de lo natural ayudar a prepararse para lo sobrenatural? Dejaré que Herman Bavinck tenga la última palabra. Él escribe:

La idea y existencia de Dios, la independencia espiritual y el destino eterno del mundo, el orden moral del mundo y su triunfo final; todos estos son problemas que nunca dejan de ocupar la mente humana. La necesidad metafísica no puede ser suprimida. La filosofía busca perennemente satisfacer esa necesidad. Es la revelación general la que mantiene viva esa necesidad. Evita que los seres humanos se degraden a sí mismos convirtiéndose en animales. Los vincula a un mundo suprasensible. Mantiene la conciencia de que han sido creados a imagen de Dios y sólo pueden encontrar descanso en Dios. La revelación general preserva a la humanidad para que pueda ser hallada y sanada por Cristo, y hasta que lo sea. En esa medida, la teología natural solía ser correctamente denominada un «preámbulo de la fe», una preparación y educación divina para el cristianismo. La revelación general es el fundamento sobre el cual la revelación especial se construye a sí misma13.

Publicado originalmente en CMBW. Usado con permiso.

  1. Macdonald-Laurier Institute. «It’s Time to Complicate the West’s Account of Progressivism: Louise Perry and Peter Copeland for Inside Policy Talks» [Es momento de complicar la explicación de Occidente sobre el progresismo: Louise Perry y Peter Copeland para Inside Policy Talks]. Macdonald-Laurier Institute Podcast, 11 de septiembre de 2025.
  2. Mohler, R. Albert, Jr. «In the Library: Ryan T. Anderson». Video de YouTube, 51:45, publicado el 24 de septiembre de 2025. https://www.youtube.com/watch?v=7igTQjRIPkQ
  3. Wood, James R. «Publicación en X», publicado el 26 de septiembre de 2025, 4:09 p. m., https://x.com/jamesrwoodtheo/status/1971608091398754379. (Wood inventó la frase en su artículo “Evangelicals Must Stop Their Preferential Treatment of the Left” [Los evangélicos deben dejar de dar un trato preferencial a izquierda] First Things, 18 de julio de 2024.)
  4. Ver, por ejemplo, Paul M. Churchland, Materia y conciencia, (Barcelona, España: Editorial Gedisa, 1999).
  5. Calvino, Juan (2009). Institución de la Religión Cristiana. i.xv.2. (Terrassa: CLIE).
  6. Los teólogos se refieren a esto como «dicotomía». Ver el ensayo que Drew Sparks escribió, artículo de referencia en este mismo número.
  7. Calvino, Juan (2009). Institución de la Religión Cristiana. i.xv.2. (Terrassa: CLIE).
  8. Ver las discusiones de Calvino en Institución de la Religión Cristiana i.xv.3-4.
  9. Esta es la declaración final de El credo de los apóstoles.
  10. Para una defensa más reciente de la sustancia de dualismo ver el capítulo 11 del libro escrito por J. P Moreland y William Lane, Fundamentos filosóficos de una cosmovisión cristiana (Downers Grove, IL: Intervarsity Press, 2003).
  11.  Para leer una defensa reciente de la visión hilomórfica, ver el libro escrito por Ed Feser, Immortal Souls [Almas inmortales] (Neunkirchen-Seelscheid: Editiones Scholasticae, 2024). Algunos hilemorfistas de orientación «escotista» sostienen que también necesitamos un individuador personal, además de nuestra materia y nuestra forma humana. Ver, por ejemplo, el libro escrito por Tom Ward, Ordered By Love: An Introduction to John Duns Scotus [Ordenado por amor: una introducción de John Duns Scotus] (Brookly, NY: Angelico Press, 2002), cap. 6.
  12. Turretin, Francis (2024), Instrucción en teología elénctica, vol. 1, del Tópico i al x (Lima, Perú: Teología para vivir).
  13. Bavinck, Herman, Reformed Dogmatics [Dogmática reformada], (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2003), Vol 1, p. 322. N. del T.: traducción propia.
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David Talcott

Dr. David Talcott es Miembro de Filosofía y Decano de Posgrado del New Saint Andrews College. Él y su esposa, Anna, tienen siete hijos. Su libro más reciente es Plato [Platón], publicado por P&R Publishing.