Si estás leyendo esto, es muy probable que ya hayan tenido «la conversación». Ya sabes, esa donde él intenta traer a colación la aturdidora noticia del codazo que Dios le dio. O tal vez simplemente soltó con total calma una «idea al pasar» sobre la que ha estado orando, y te preguntó si crees que él podría tener un llamado al ministerio. No importa qué tan preparada estés, esa pregunta suele hacer que una esposa se sienta de pronto como si estuviera atrapada en un simulador de vuelo, incapaz de encontrar un lugar donde aterrizar su cerebro.
Me siento identificada. Cuando mi esposo me dijo que sentía un llamado al ministerio, pensé: «tú, sí… lo veo. ¿Yo? ¡Mmm, no lo creo! Después de todo, no tengo la menor idea de cómo ser la esposa de un pastor. Y, por cierto, ¿cómo puedes tener un llamado al ministerio con mi personalidad pegada a ti? No uso jumpers (era mediados de los años 80), soy demasiado criticona y, desde luego, ¡no soy una cita barata!».
Demás está decir que empezamos con un par de pasos de desventaja.
Mi esposo dice que cerca del 50 % de las esposas de posibles plantadores de iglesias o pastores no ven de inmediato lo que sus maridos perciben. Quizás tú estés en ese grupo ahora mismo. Si es así, aquí tienes algunas reflexiones que unas amigas muy sabias compartieron conmigo en aquel entonces.
Ministerio: es su llamado, no el tuyo
Tengo buenas noticias. En la Escritura no existe el cargo de esposa de pastor o de ayudante del plantador de iglesias. Esto significa que es tu esposo quien puede estar llamado a liderar la iglesia, no tú. Esto no te libera por completo (mira el siguiente punto), pero sí pone su llamado en perspectiva. Sé que yo necesitaba eso. Al principio, luché contra la idea de si realmente podía ser la esposa de un pastor debido a las imágenes estereotipadas de lo que yo pensaba que debía ser una buena esposa de pastor. Entender la distinción entre su rol y el mío no sólo fue un gran alivio, sino que me dio libertad para pensar con más claridad en las cosas que yo podía hacer para ayudar y servir.
Pero su llamado genera una exigencia sobre ti
Lo siento, no estás libre del todo. La Palabra de Dios genera una demanda sobre ti, y estoy segura de que es una que aceptarás con gusto, ya que proviene de nuestro Señor. Chicas, el liderazgo de su hombre en el matrimonio y en el hogar será examinado (1Ti 3:4-5; Tit 1:6, 8). Él también está llamado a ser «hospitalario» (1Ti 3:2, Tit 1:8) y a recibir a creyentes e incrédulos en su hogar; eso es difícil de hacer sin su esposa. Creo que también podemos inferir que, si la esposa de un diácono debe cumplir ciertos requisitos (1Ti 3:11), nosotras también lo haremos.
Pero yo lo veo todo de esta manera: si amas a tu esposo, quieres cuidar a tus hijos, no te molesta usar tu casa como un lugar para algo de ministerio y no te irritas ante un poco de rendición de cuentas, entonces ya tienes casi todo el camino recorrido. ¡Ánimo, tú puedes!
Confía en Dios para el proceso
Me parece que todo este asunto se trata más que nada de fe. Dios quiere guiarte en un viaje maravilloso de hacer equipo con tu esposo para descubrir la voluntad divina. El camino que recorras puede ser tanto frustrante como emocionante, pero nuestro Dios de gracia ha extendido la invitación.
Hazte preguntas difíciles a ti misma; hazlas también sobre tu esposo. No tengas miedo de enfrentar respuestas duras. Esto se trata de algo más que simplemente definir un llamado. Dios te transformará a través del proceso. Sí, Dios dará a conocer su voluntad. Pero vendrá a través de momentos de pláticas transparentes juntos mientras confían en su Padre, quien «recompensa a los que lo buscan» (Heb 11:6).
¡Más buenas noticias! Si tu esposo termina plantando o pastoreando una iglesia, los desafíos serán duros, pero la experiencia será más gloriosa de lo que jamás podrías imaginar. ¡Este será el caso para ambos! Así que es hora de orar, ¡porque para esta aventura vas a necesitarlo!