La mayoría de los pastores no se consideran escritores. ¿Predicadores? ¡Por supuesto! ¿Pastores? Sí. ¿Consejeros? Definitivamente. Pero ¿escritores? En realidad, no. Escribir se siente como algo que hacen los novelistas, los periodistas o los académicos. Y sin embargo, si eres pastor, tu ministerio probablemente involucra mucho tiempo en tu estudio desarrollando oraciones con cuidado en privado antes de entregarlas en público.
Me usaré de ejemplo: escribo cerca de 5 000 palabras en la preparación de un sermón cada semana y predico alrededor de 35 sermones al año (excluyendo conferencias y las predicaciones cuando voy de invitado), lo que significa que escribo aproximadamente el equivalente a dos libros completos al año. Agrega a eso los estudios bíblicos, las bodas, los funerales y los correos electrónicos, ¡es mucha escritura! No creo que sea una exageración decir que los pastores están dentro de los escritores más experimentados en el mundo.
Entonces, ¿por qué los pastores no se sienten como escritores? Bastante simple, porque la mayoría de nuestros escritos nunca llega a publicarse. Se entrega de manera oral, semana tras semana, en el ritmo común y corriente de la vida de la iglesia. Nuestros escritos parecen invisibles para el mundo
Pero no te equivoques, hermano pastor, tus escritos son importantes. Es uno de los medios por el cual Dios está pastoreando a tu iglesia local. Por lo tanto, debes pensar de tus escritos como una destreza que vale la pena cultivar.
Pablo le encargó a Timoteo que «predica[ra] la palabra […] a tiempo y fuera de tiempo» (2Ti 4:2). Quizás predicas improvisadamente. Pero la mayoría de los pastores predican lo que han preparado escribiendo. La escritura es donde tus pensamientos toman forma, se afinan los argumentos, se refina la estructura y se da cuerpo a la aplicación. Un escritor descuidado a menudo es un predicador descuidado, pero la escritura clara produce una predicación clara.
Los pastores aspiran a convertirse en mejores oradores y eso es algo bueno. No obstante, ¿acaso no debemos darle atención a la destreza de la escritura? Argumentaría que nuestra predicación sería inmensurablemente fortalecida si trabajáramos más duro en la palabra escrita, aprendiendo a escribir con claridad, ritmo y precisión.
Cuando tú trabajas con diligencia en tu escritura en privado, tu congregación sentirá los efectos positivos en público. Quizás nunca vean tu manuscrito, pero sin duda experimentarán su fruto. Es por esto que tus escritos merecen ser desarrollados. Es una de tus herramientas principales para amar y servir al rebaño.
Pastor, podrías no pensar en ti como un escritor, pero lo eres. Dios te ha confiado un lápiz, no sólo un púlpito. No descuides la destreza. Lee a buenos escritores (¡y buenos libros sobre escritura!). Sé serio respecto a la edición. Estudia todas las maneras en que escribir para el oído es diferente de escribir para el ojo. Toma tu escritura con la misma seriedad con la que tomas tu predicación, porque en muchas maneras son inseparables. Tu congregación podría nunca sostener tus palabras en forma de libro, pero las llevarán en sus corazones por años. Ese es el poder oculto de la escritura pastoral. Por tanto, adminístrala bien para la gloria de Dios y bien de la iglesia.
