¿Para qué es el Adviento?
Si le preguntas a un cristiano común y corriente de qué se trata la temporada de Adviento, creo que te diría que es un periodo de preparación para Navidad. Así es como yo lo entendía hasta hace pocos años. De la misma manera que la Cuaresma se conoce como un período de preparación para recordar y celebrar la muerte y resurrección de Cristo en la Pascua, yo entendía que el Adviento, también conocido como la «pequeña Cuaresma», era un periodo de preparación para recordar y celebrar la encarnación del Hijo de Dios en el nacimiento del niño Jesús. El lugar del Adviento en nuestro calendario como el periodo de cuatro semanas antes del día de Navidad el 25 de diciembre sin duda se presta para ese entendimiento. Sin embargo, aunque esto es cierto, es sólo la mitad de la verdad.
La palabra Adviento viene de la palabra latina adventus, que significa «venida». La Escritura habla de la venida de Cristo de dos maneras. Cristo vino a este mundo por primera vez en su encarnación y nacimiento. Gálatas 4:4-5 dice: «pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos». Los apóstoles se refieren a esta venida de Cristo como su «aparición» (p. ej., 2 Timoteo 1:10) o «manifestación» (1Ti 3:16). Esta es la primera venida de Cristo. Pero también hay una segunda venida. Jesús habló de la futura «venida» (parousia) del Hijo del Hombre (Mt 24:37). Los apóstoles se refieren a ella como otra «aparición» de Cristo al final de los tiempos (Col 3:4; 1P 5:4).
Estas dos venidas de Cristo se contrastan y, al mismo tiempo, están conectadas. Se contrastan en la manera de su venida. Su primera venida fue, en muchos sentidos, oculta y silenciosa. Como dicen las primeras palabras del tercer verso del conocido villancico de Phillip Brooks Oh pueblecito de Belén: «no se oye su venida, mas el Señor vendrá». Pero la segunda venida de Cristo no será así. Será pública y ruidosa. El himno de Charles Wesley Ved del cielo descendiendo lo capta bien al comienzo del segundo verso: «vedle todos revestido de divina claridad». Si vino la primera vez en humilde quietud para unos pocos, vendrá la segunda vez con entusiasta gloria para muchos. Si en la primera venida fue envuelto en pañales y atendido por animales, en la segunda será envuelto en luz cegadora y atendido por ángeles. En su primera venida, fue visto en una humilde casa por los magos; en su segunda venida, será visto en un trono exaltado por las multitudes.
Pero las dos venidas, aunque están claramente contrastadas, también están inseparablemente conectadas. Están conectadas en la forma en que enmarcan la obra redentora de Cristo. En su primera venida, Cristo vino para inaugurar su Reino (Mr 1:15) y la redención para su pueblo (Jn 6:39). Pero el Reino se llevó a cabo sólo provisionalmente; la redención se aplicó sólo parcialmente en esa primera venida. La consumación del Reino sólo se llevará a cabo plenamente (2Ti 4:1) y la culminación de la redención sólo se llevará a cabo completamente (Fil 1:6) en la segunda venida de Cristo. Lo que Cristo comenzó a hacer en su primera venida, volverá para completarlo en su segunda venida. Las dos venidas de Cristo son, por lo tanto, distintas, pero están inseparablemente conectadas.
Medita en la segunda venida de Cristo
Y aquí es donde celebrar el Adviento de manera correcta puede ayudarnos. En su sentido más completo, el Adviento es una temporada para meditar en la segunda venida de Cristo, mientras reflexionamos en su primera venida. Pensar sólo en la primera venida de Cristo en humildad durante el Adviento y no en su segunda venida en gloria es desconectar los marcos del Evangelio; es descuidar el fin de nuestra salvación y, por lo tanto, negar el comienzo de nuestra salvación. Sería celebrar Adviento a medias. Pero nuestros himnos de Adviento y los villancicos unen aquello que tendemos a separar:
Naciste para tu pueblo liberar,
Un niño y al mismo tiempo un Rey,
Para en nosotros por siempre reinar,
Y el Reino misericordioso traerás.¡Oh ven, oh ven, Emanuel,
De la maldad rescata a Israel,
Que llora en triste desolación,
Y espera ansiosa al Hijo de Dios.No en aquel humilde establo,
Junto a los bueyes,
Lo veremos, pero en el cielo,
A la diestra del Altísimo,
Sus hijos coronados como estrellas,
Todos de blanco en espera1.
Por lo tanto, en esta temporada de Adviento, no separemos lo que Dios ha unido en su Evangelio. Quizás esta colecta del Libro de oración común (1928) puede ayudarnos en ese sentido:
Oh Dios, que haces que nos regocijemos con el recuerdo anual del nacimiento de tu Hijo único Jesucristo; concede que como alegremente lo recibamos por nuestro Redentor, así también lo recibamos con segura confianza cuando venga a ser nuestro Juez2.
Amén y amén.
Jonathan Gibson es autor de Oh ven, oh ven Emanuel: una liturgia para la adoración diaria desde el Adviento hasta la Epifanía.
Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.