Alrededor del mundo, los papás son especiales hoy. El Día del Padre es el tercer domingo de junio en Estados Unidos y más de 80 naciones. Es apropiado que no sólo honremos anualmente a las mamás en el Día de la Madre, sino también a nuestros padres.
El buen designio de Dios es para ambos, mamás y papás, y para su aprecio y honra, ya sea en el antiguo pacto (Éx 20:12) o en el nuevo (Ef 6:2). Se necesita del hombre y de la mujer, padre y madre, para reflejar la imagen de Dios a un hijo. «Dios creó al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Gn 1:27).
Más allá de la descripción precisa
Tener sólo uno o el otro no es el ideal de Dios, aunque veneramos grandemente a aquellos que realizan un esfuerzo tan valiente al liderar hogares siendo padres solteros, por difícil que sea. Y tener dos de uno y ninguno del otro es un problema aún mayor. Padre y madre no son intercambiables. El orden creado por Dios no sólo exige de un tutor o dos, sea cual sea su género, sino de una madre y un padre, juntos.
Hay algo distintivo, un reflejo especial de Dios, que tanto el padre como la madre exhiben para un hijo. Es una gloria que supera toda descripción precisa, pero no está fuera del alcance de varios buenos atisbos en la Escritura.
Como un padre con sus hijos
En la carta de Pablo a los jóvenes creyentes de Tesalónica, dedica bastante espacio a relatar sus primeros días entre ellos. Señala que no sólo compartió el Evangelio con ellos en Palabra, sino que también «compartió su propio ser» en hechos y profundidad de relación. Así es como lo expresa en 1 Tesalonicenses 2:7-12; fíjate especialmente en las menciones de madre y padre:
Más bien demostramos ser benignos entre ustedes, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos. Teniendo así un gran afecto por ustedes, nos hemos complacido en impartirles no sólo el Evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, pues llegaron a ser muy amados para nosotros. Porque recuerdan, hermanos, nuestros trabajos y fatigas, cómo, trabajando de día y de noche para no ser carga a ninguno de ustedes, les proclamamos el Evangelio de Dios. Ustedes son testigos, y también Dios, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con ustedes los creyentes. Saben además de qué manera los exhortábamos, alentábamos e implorábamos a cada uno de ustedes, como un padre lo haría con sus propios hijos, para que anduvieran como es digno del Dios que los ha llamado a su Reino y a su gloria.
Mucho se podría decir aquí acerca de cómo las imágenes de madre y padre trabajan juntas para comunicar profundidad y cercanía de relación. Pablo dice que ha compartido su propio ser con ellos, y que no les ha comunicado un mensaje meramente. Tanto la maternidad como la paternidad demandan tal cosa, pero en el Día del Padre vale la pena intentar discernir qué es lo distintivo, qué hace que mamá y papá sean especiales a su propia manera.
Lo distintivo de papá
Por un lado, Pablo dice que él y su equipo apostólico fueron «como una madre que cría con ternura a sus propios hijos». Las asociaciones aquí no son sólo ternura e intenso cuidado, sino también intimidad. La profundidad de la relación está presente. Lo resume en la primera parte del versículo 8 como «teniendo así un gran afecto por ustedes». Hay afecto y ternura manifiestos. Esto lo encierra Pablo en la imagen maternal.
Luego, Pablo retoma la imagen paterna. Y no es lo mismo que la maternidad. Hay superposición, sin duda, pero no son intercambiables. Dice: «los exhortábamos […] a cada uno de ustedes, como un padre lo haría con sus propios hijos, para que anduvieran como es digno del Dios que los ha llamado».
La exhortación y aliento de un padre
No pasen por alto cuán personal es este cuidado paternal. Dice que exhortaba a «cada uno de ustedes», no sólo al grupo en general. Así que los conoce personalmente. Como dice Robert Coleman: «la sólo manera en que un padre puede criar apropiadamente a una familia es estando con ella». Y como los conoce, no exhorta como un amo de esclavos, ni como un juez, ni como un rey, sino que exhorta como un padre: un padre que conoce a sus hijos y los ama manifiestamente y desea lo mejor para ellos. Hay algo en la paternidad que hace que tal exhortación cálida, pero fuerte, sea especialmente apropiada.
No es que las madres no exhorten. No es que las madres no deban exhortar. No es que las madres nunca deban dar un paso adelante y, con amor manifiesto y seriedad, instar a un hijo a que ande de una manera digna de Dios. Pero hay algo en la paternidad que hace que tal exhortación y aliento sean particularmente apropiados.
La disciplina de papá para nuestro bien
Mientras que la imagen materna es más tierna, nutritiva y afectuosa, la imagen paterna es más firme, fuerte y desafiante. Es el padre quien guía el camino en la disciplina y la corrección. En Efesios 6:4, Pablo encarga no a los padres en general, sino a los padres en particular: «y ustedes, padres, no provoquen a ira a sus hijos, sino críenlos en la disciplina e instrucción del Señor». La misma historia en Colosenses 3:21: «padres, no exasperen a sus hijos, para que no se desalienten».
Y el lugar especial de un padre al exhortar a un hijo —al disciplinar a un hijo— se pone de relieve en Hebreos 12:7-11:
Es para su corrección que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si están sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces son hijos ilegítimos y no hijos verdaderos. Además, tuvimos padres terrenales para disciplinarnos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos? Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad. Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia.
Los buenos regalos de Dios: mamás y papás
Cuando honramos a nuestro padre y a nuestra madre, amamos a mamá por su nutrición y respetamos a papá por su exhortación. Abundan muchas advertencias. Los papás también deben nutrir y mostrar afecto, y las mamás deben disciplinar y exhortar, pero hay virtudes parentales que, si bien tienen su ejercicio apropiado tanto en la madre como en el padre, encuentran su hogar particular en la mamá o en el papá.
En este Día del Padre, ya sea que tu papá haya sido todo lo que jamás esperaste y soñaste, o que ahora haya crecido lo suficiente como para ver sus defectos y fracasos (lamentablemente, la historia más común), hay virtudes distintivas que respetar en papá, incluso mientras amamos las virtudes superpuestas en mamá. Sí, vale la pena tener no un Día del Tutor o un Día de los Padres, sino distintos Días de la Madre y del Padre en celebración de los buenos regalos de Dios: tanto mamás como papás.
Veamos si podemos honrar a papá hoy no sólo señalando lo que lo convirtió en un buen padre, sino en un buen papá.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.