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En la edición pasada de Gracia y conocimiento, comenzamos de una manera bastante extraña: examinamos la belleza de la falta de perdón. Por supuesto, eso no es bíblico, pero para entender una de las razones por las que el perdón es tan difícil, tenemos que admitir que existe una poderosa tentación de mantener a los demás en deuda con nosotros.

Por supuesto, el perdón se aplica y es esencial en toda relación. Pero no hay relación en la que el perdón sea más necesario que en el matrimonio, con sus 10 000 momentos comunes y corrientes y las luchas de la vida cotidiana.

Así que, si quieres experimentar un matrimonio de unidad, comprensión y amor, necesitas perdonar. Pero en realidad yo sostendría que antes de eso, necesitas entender la definición y la ubicación de tu matrimonio.

Por lo tanto, para concluir nuestro compromiso de cancelar deudas y perdonar a los demás, quiero dedicar este ensayo de Gracia y conocimiento específicamente al matrimonio y a comprender su definición y ubicación.

Si no estás casado, ¡por favor, perdóname! Pero no dejes de leer. Aunque las aplicaciones que haré son específicas para esposos y esposas, hay principios del Evangelio que todo creyente necesita entender, sin importar su estado civil.

La desalentadora definición y ubicación del matrimonio

Si le pidieras a Wikipedia, a ChatGPT o a la IA de Google que definiera el matrimonio, obtendrías algo como esto: «una unión reconocida cultural y legalmente entre dos personas, que establece derechos, responsabilidades y una relación de compromiso, que a menudo involucra finanzas compartidas, propiedades y deberes parentales».

¿Cómo lo define la Biblia? Probablemente asumas Génesis 2:24: «por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne». Pero quiero darte una definición más amplia que abarca toda la Biblia (y estoy siendo intencionalmente provocativo aquí): el matrimonio es una persona imperfecta casada con una persona imperfecta viviendo en un mundo caído.

¿¡Ya te desanimaste y empezaste a desconfiar!?

Todo esposo y esposa enfrenta lo mismo. Nuestros matrimonios existen en medio de un mundo que no funciona como Dios lo planeó. De alguna manera u otra, tu matrimonio es tocado por el quebrantamiento de nuestro mundo todos los días. Tal vez simplemente tiene que ver con la necesidad de vivir con las molestias menores de un mundo roto, o tal vez están enfrentando problemas mayores que han alterado el curso de su vida y de su matrimonio.

Pero hay una cosa que es segura: no escaparás de la ubicación en la que Dios ha elegido que vivas. No es un accidente que estés llevando a cabo tu matrimonio en este mundo roto. No es un accidente que tengas que lidiar con las cosas que enfrentas. Nada de esto es destino, casualidad o suerte. Todo es parte del plan redentor de Dios.

Hechos 17:26 dice que Él determina el lugar exacto donde vives y la duración exacta de tu vida, «habiendo determinado sus tiempos y las fronteras de los lugares donde viven». Él sabe dónde vives y no le sorprende lo que estás enfrentando. Aunque enfrentes cosas que no tienen sentido para ti, hay significado y propósito en todo lo que enfrentas.

Estoy persuadido de que entender tu ubicación y el propósito de Dios al mantenerte aquí es fundamental para construir un matrimonio de unidad, comprensión y amor, lleno de perdón y gracia.

Aflicción, pruebas y prueba

No hay mejor ventana a lo que enfrentamos en el mundo del aquí y ahora en el que vivimos que las palabras descriptivas que usa la Biblia en 1 Pedro 1:6-7: 

En lo cual ustedes se regocijan grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, sean afligidos con diversas pruebas, para que la prueba de la fe de ustedes, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo.

Tres palabras aquí: afligidos, pruebas y prueba deberían hacerte hacer una pausa. De todos los términos que Pedro tiene a su disposición para describir lo que Dios está haciendo en nosotros a través de la ubicación en la que vivimos, es muy significativo que use estas tres palabras. Cada una es instructiva e interpretativa.

Primero, no escaparás de la aflicción de la vida en el mundo caído. Esta aflicción puede ser el dolor momentáneo de una decepción menor o el luto a largo plazo de una pérdida mayor. El punto es que, en el camino, la aflicción nos toca a todos de maneras pequeñas y significativas.

Segundo, todos enfrentamos pruebas. Lidiaremos con cosas que nunca hubiéramos planeado para nosotros mismos ni insertado en nuestros horarios. Nos afligiremos porque enfrentaremos dificultades que no anticipamos ni planeamos. La última palabra reúne el retrato de la vida en este mundo caído. La palabra prueba no significa prueba en el sentido de un examen. No, significa «templado» o «refinado».

Con esta última palabra, prueba, Dios te dice una de las cosas más significativas que jamás entenderás sobre tu matrimonio en el aquí y el ahora. Dios decidió dejarte a ti y a tu cónyuge en este mundo caído para vivir, amar y trabajar porque Él tenía la intención de usar las dificultades que enfrentan para hacer algo en ustedes que no se podría hacer de ninguna otra manera.

¿Felicidad o santidad?

La mayoría de nosotros tenemos un paradigma de felicidad personal. Ahora bien, no está mal querer ser feliz o trabajar para lograr la felicidad matrimonial. Dios te ha dado la capacidad de disfrutar y ha puesto cosas maravillosas a tu alrededor para que las disfrutes. El problema no es que esta sea una meta equivocada, sino que es una meta demasiado pequeña.

Dios está trabajando en algo profundo, necesario y eterno. Si Él no estuviera trabajando en esto, no se mantendría fiel a las promesas que te hizo. Dios tiene un paradigma de santidad personal.

No te dejes intimidar por el lenguaje aquí. Las palabras significan que Dios está trabajando a través de tus circunstancias diarias para cambiarte.

En su amor, Él sabe que no eres todo lo que fuiste creado para ser. Aunque pueda ser difícil de admitir, todavía hay pecado dentro de ti, y ese pecado se interpone en el camino de lo que estás destinado a ser y diseñado a hacer. Y, por cierto, ese pecado es el mayor obstáculo de todos para un matrimonio de unidad, comprensión y amor.

Dios está usando las dificultades del aquí y ahora para transformarte; es decir, para rescatarte de ti mismo. Y, como Él te ama, interrumpirá o comprometerá voluntariamente tu felicidad momentánea para lograr un paso más en el proceso de rescate y transformación, con el cual Él está inquebrantablemente comprometido.

Cuando empiezas a sintonizarte con el paradigma de Dios, la vida no sólo cobra sentido (las cosas que enfrentas no son problemas irracionales; son herramientas transformadoras), sino que inmediatamente se vuelve más esperanzadora. Hay esperanza para ti y para tu matrimonio porque Dios está en medio de tus circunstancias, usándolas para moldearte y convertirte en quien Él te ha creado para ser. A medida que Él lo hace, no sólo respondes mejor a la vida, sino que también te conviertes en una mejor persona con quien vivir, lo que resulta en un mejor matrimonio.

Con un Dios fiel

Quiero volver a nuestra definición de matrimonio del principio, porque la dejé incompleta: el matrimonio es una persona imperfecta casada con una persona imperfecta viviendo en un mundo caído… ¡con un Dios fiel!

Hay un aspecto más de la definición bíblica del matrimonio que tienes que considerar mientras buscas mirar tu matrimonio de la manera más realista posible y con esperanza. No sólo debes tener en cuenta la ubicación caída del mundo en el que vives y el hecho de que ambos son menos que perfectos, sino que también debes recordar que no estás solo en tu lucha.

Hechos 17 continúa y dice que Dios está cerca, tan cerca que en tu momento de necesidad puedes extender la mano y tocarlo porque Él no está lejos de cada uno de nosotros: «para que buscaran a Dios, y de alguna manera, palpando, lo hallen, aunque Él no está lejos de ninguno de nosotros» (Hch 17:27).

Sí, vives en un mal vecindario (el mundo caído), y ustedes dos son menos que perfectos (el pecado), pero en todo esto, no se les deja solos con sus propios recursos. El Dios que determinó tu dirección vive allí contigo y está comprometido a darte todo lo que necesitas.

Fiel, poderoso y dispuesto

Sí, necesitas abrazar la realidad de las tres palabras en 1 Pedro 1:6-7 (aflicción, pruebas y prueba), pero hay tres palabras más que le darán esperanza a todo matrimonio. Y se encuentran en el Domingo de Resurrección, pero deberían celebrarse y aplicarse todos los días del año.

Me encanta lo que la tumba vacía nos enseña, no sólo sobre el matrimonio, sino sobre toda la vida.

Primero, nos enseña que Dios es fiel. Siglos antes, después de que Adán y Eva habían desobedecido a Dios, Dios prometió aplastar el mal de una vez por todas. Él envió a su Hijo para derrotar el pecado y la muerte mediante su crucifixión y resurrección. Durante miles de años, Dios no olvidó ni se apartó de su promesa. Él no se cansó, ni se distrajo. Él hizo una promesa, y controló los eventos de la historia (grandes y pequeños) para que en el momento justo, Jesucristo viniera y cumpliera lo que se había prometido.

La tumba vacía también nos recuerda que Dios es poderoso. Él es poderoso en autoridad y poderoso en fuerza. ¡Piensa en la autoridad que necesitarías tener para controlar todas las situaciones, ubicaciones y relaciones necesarias para garantizar que Jesús vendría en el momento preciso y haría lo que se le había designado hacer! Además, ¿podría haber una demostración de poder más clara que tener poder sobre la muerte? Por el asombroso poder de Dios, Jesús se quitó la ropa de sepultura y salió caminando de esa tumba. Esos chicos en las competencias de levantamiento de pesas pueden ser capaces de tirar un autobús con los dientes, pero todos morirán, y no hay nada que puedan hacer al respecto.

La tumba vacía nos señala una cosa asombrosa más. Nos enseña que Dios está dispuesto. «Nadie me la quita, sino que Yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de mi Padre» (Jn 10:18).

¿Por qué Él llegaría a tal extremo para ayudarnos? ¿Por qué se fijaría en nosotros, y mucho menos rescatarnos? ¿Por qué sacrificaría Él a su propio Hijo? Porque Él está dispuesto. Tú y yo necesitamos reconocer que su disposición no fue motivada por lo que vio en nosotros, sino por lo que hay dentro de Él. Él está dispuesto porque es la definición de misericordia. Él está dispuesto porque es la fuente de amor. Él está dispuesto porque está lleno de gracia asombrosa. Él está dispuesto porque es bueno, gentil, paciente y amable. Incluso cuando nosotros no estamos dispuestos, estamos llenos de nosotros mismos y queremos salirnos con la nuestra, Él sigue estando dispuesto. Él se deleita en transformarnos por su gracia. Él se deleita en rescatarnos por su amor poderoso.

Así que, cuando pequen contra ti o cuando el mundo caído derribe tu puerta, no ataques ni huyas. Mantente firme en tu debilidad y confusión y di: «no estoy solo. Dios está conmigo, y Él es fiel, poderoso y está dispuesto».

Puedes ser realista y tener esperanza al mismo tiempo. Las expectativas realistas no se tratan de esperanza sin honestidad, ni de honestidad sin esperanza. El realismo se encuentra en la intersección de una honestidad descarada y una esperanza intransigente. La Palabra de Dios y la gracia de Dios hacen que ambas sean posibles en tu matrimonio, en cualquier otra relación, y para todo lo demás que enfrentarás en los 10 000 pequeños momentos de la vida cotidiana en un mundo caído.

Este recurso fue publicado originalmente en Paul Tripp Ministries.
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Paul David Tripp

El Dr. Paul David Tripp es pastor, conferencista internacional y autor de libros éxito de ventas y ganadores de premios. Es el director de Paul Tripp Ministries. Con más de 30 libros y series en video, la pasión que mueve a Paul es conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana.  
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