Jamás olvidaré el día que dejamos a Nick en la universidad. Habíamos conducido con él hasta Louisville, Kentucky, donde se había matriculado para estudios previos al seminario en el Boyce College. Le ayudamos a acomodar su pequeña habitación del dormitorio. Pasamos por la librería y recogimos el último de sus libros de texto. Asistimos a las reuniones de orientación y al servicio de la capilla. Nos reunimos para orar. Y ahora sólo quedaba una cosa por hacer: emprender el viaje a casa y dejarlo atrás.
Mientras conducía en Lexington Road y me abría paso hacia la I-64, Aileen se sentó a mi lado y lloró. No lo hizo con suavidad. No lloró de manera que unas pocas lágrimas resbalaran delicadamente por sus mejillas. No, ella lloró como si le hubieran partido el corazón en dos. Horas después llegamos a casa y, mientras empezábamos a instalarnos para la noche, tuve mi propio momento de emoción cuando llegó el momento de cerrar las puertas con llave, porque me di cuenta de que ya no estaba encerrando a todos mis hijos para protegerlos en la seguridad de nuestro hogar, sino que esta vez estaba dejando a uno de ellos afuera.
Nos adaptamos rápido, por supuesto. A Nick le fue muy bien en Boyce y disfrutamos mucho de su alegría. ¿Cómo podíamos lamentar su ausencia si le estaba yendo tan bien, estaba aprendiendo tanto y creciendo de manera tan sustancial en sabiduría y piedad? Dos años después tuvimos que hacerlo de nuevo cuando Abby se le unió. Encontramos su partida un poco más fácil por haber pasado por ello una vez, pero también un poco más difícil, ya que se dio en medio de una pandemia que casi cierra la frontera entre nuestros países. En agosto de este año, lo haremos todo de nuevo, si el Señor lo permite, cuando Michaela viaje para comenzar sus estudios allí. Esta vez nos convertiremos en nido vacío, al menos durante el año escolar.
Una amiga me pidió recientemente algunas pautas para los padres cuyos hijos se van de casa, tal vez para ir a estudiar, o tal vez para unirse a las fuerzas armadas, o simplemente para empezar una vida independiente. «¿Qué consejo les darías?», preguntó. Pensé en tomarme unos minutos para considerarlo. Esto es lo que se me ocurrió.
Primero, animaría a los padres a que deliberadamente empiecen a aflojar su supervisión mucho antes de que sus hijos se vayan. No servimos bien a nuestros hijos cuando mantenemos un control rígido sobre ellos mientras están en casa para luego simplemente soltarlos cuando se van. Es mucho mejor empezar a ceder el control cuando todavía estamos presentes para observarlos y guiarlos. No es lo peor del mundo si fracasan algunas veces cuando papá y mamá todavía están cerca para proporcionarles un aterrizaje suave.
Segundo, trátenlos como adultos. Deben darles a sus hijos la dignidad de tratarlos como personas mayores y no como niños. Esto implica darles privilegios de adultos, pero también exigirles expectativas de adultos. Espero que en general descubran que ellos están ansiosos por demostrar su valía cumpliendo esas expectativas.
Tercero, animaría a esos padres a distinguir cuidadosamente entre asuntos de preferencia y asuntos de lo absolutamente correcto o incorrecto. Lo que quiero decir es que es probable que su hijo lleve apenas dos semanas fuera de casa antes de hacerse un tatuaje o una perforación (piercing), o antes de que empiece a lucir algunas nuevas elecciones de moda o un nuevo peinado. Los hijos que son criados en un hogar cristiano a menudo parecen sentir la necesidad de expresarse de maneras como estas. Y aunque puede que no sea su preferencia, tendrán que considerar si los tratan o no como si hubieran pecado. (Pista: probablemente no lo han hecho; además, vean mi segundo punto de arriba).
Cuarto, ayúdenlos a encontrar una buena iglesia. Asegúrense de que cuando partan a una nueva escuela, también estén partiendo a una nueva iglesia. Siempre me alegro cuando los padres me contactan para decirme: «mi hijo se muda a Toronto para estudiar; ¿puedes hablarme de tu iglesia?». Siempre me alegra dar la bienvenida a esos estudiantes cuando comienzan a asistir. Y estoy seguro de que la mayoría de los pastores son iguales. Generalmente, animaría a los estudiantes a hacerse miembros de la iglesia a la que asisten mientras están estudiando, ya que pasarán más tiempo allí que en casa. Además, es bueno para ellos pasar por un proceso de membresía independiente de sus padres.
Quinto, aclaren las expectativas sobre las relaciones. Sería útil que distinguieran entre «creo que sería prudente que te abstuvieras de tener citas durante tu primer año para que puedas concentrarte en adaptarte a la universidad y construir amistades» versus «te prohíbo tener citas en tu primer año». Denles esa claridad y recuerden tratarlos como adultos.
Sexto, escríbanles cartas. Estoy seguro de que estarán llamando, enviando mensajes de texto y haciendo videollamadas con sus hijos, pero todavía hay algo especial en las cartas. Déjenles una carta a sus hijos cuando los vayan a dejar por primera vez y luego hagan el hábito de escribirles cada pocas semanas. Puede que no respondan, ya que probablemente nunca les enseñaron a escribir y dirigir una carta, pero leerán, guardarán y atesorarán las que les envíen. Además, ¿por qué no enviarles paquetes de regalos de vez en cuando?
Séptimo, encuentren el equilibrio entre dejarlos ir y seguir involucrados en sus vidas. No los acosen ni se obsesionen con ellos, pero tampoco los abandonen por completo. Manténganse en contacto y pónganse a su disposición para darles consejo. Pero también asegúrense de concederles su independencia. Puede que requiera un poco de prueba y error, pero encontrarán el equilibrio adecuado.
Finalmente, encomiéndenlos a la gracia de Dios, confiando en su corazón en que Dios los ama incluso más que ustedes y que Su plan para ellos es incluso mejor que el suyo propio. Oren por ellos y oren con ellos mientras se separan y hagan de esta su petición final y suprema ante el Señor: «sin embargo, no sea como yo quiero, sino como tú quieres».
Ah, y recuerden tratarlos como adultos. Pero estoy bastante seguro de que ya cubrimos eso.
Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Tim Challies. Usado con permiso.