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No creo que esto sea una gran sorpresa para nadie, pero los seres humanos no somos generosos por naturaleza. Si el pecado nos lleva a vivir para nosotros mismos —y lo hace (2Co 5:15)— entonces un resultado de este autoenfoque obsesivo es el efecto que tiene en la forma en que pensamos y usamos nuestro dinero.

Para la mayoría de nosotros, lo que impulsa gran parte de nuestras alegrías y penas en lo que respecta al dinero es lo que está o no haciendo por nosotros. Cuando pensamos en el dinero, tendemos a pensar primero en nosotros mismos: ¿Qué necesito? ¿Qué quiero? ¿Qué sueño puede financiar este dinero? ¿Qué me gustaría hacer que nunca he hecho antes?

No estoy sugiriendo que nunca seamos generosos. Sin embargo, debido al poder residente del pecado y el egoísmo de nuestros corazones, cuando se trata de dinero, la generosidad es típicamente una escena corta en un video largo de interés propio.

Eso podría ser hiriente al leerlo inicialmente, pero pídele al Espíritu Santo que ablande tu corazón a su convicción. Mantente abierto a la corrección bíblica. Despide a tu abogado interno y examina lo que la Palabra de Dios tiene que decir sobre este tema. (¡Puedo decir eso porque tengo todo un bufete de abogados interno trabajando para defender mi justicia propia la mayoría de los días!).

La historia bíblica es una historia de generosidad

Permíteme darte el punto principal de este artículo primero y luego desglosarlo con mayor detalle: la historia bíblica es una historia de generosidad.

Es realmente cierto que la narrativa en la Biblia es una historia de Dios dando, dando y dando. Si leemos la Biblia a través del lente de la generosidad, nos sorprenderá cuán pródigamente generoso es nuestro Señor. «En Él tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de su gracia que ha hecho abundar para con nosotros […]» (Ef 1:7-8).

Ninguna palabra captura mejor la esencia de esta abundante historia de generosidad que estas: «porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio…» (Jn 3:16). Nuestra esperanza en la vida y en la muerte se basa en el hecho de que nuestro Señor es un Rey generoso y abundante que envió a su Hijo para establecer un Reino marcado por una generosidad de amor, gracia, perdón, misericordia diaria y el suministro fiel de todo lo que necesitamos. Entonces, cuando nos invita y nos llama a buscar su Reino en lugar de trabajar para acumular tesoros terrenales físicos (Mt 6:19-33), nos está llamando no sólo a valorar las cosas espirituales más que las terrenales, sino que también a ser parte de su misión de generosidad en la tierra.

Sin esta teología del Evangelio de generosidad global y subyacente, las discusiones cristianas sobre el dinero generalmente se centran en cómo evitar las deudas, lograr la estabilidad financiera, planificar la jubilación y determinar la definición de un diezmo. Por supuesto, ninguno de estos temas está mal, y todos son útiles de alguna manera, pero todo el plan carece de las consideraciones más amplias del llamado a ser embajadores de Dios en la tierra. A menudo, el plan financiero predeterminado de un seguidor de Cristo está funcionalmente desprovisto de perspectiva y visión del Evangelio y, debido a esto, centra el dinero y las finanzas en la necesidad personal en lugar de en la gran agenda del Evangelio de Dios.

La lógica invertida del dinero

¿Será que, cuando se trata de finanzas, comprendamos todo al revés? ¿Será que el propósito principal del dinero en nuestra vida no es que vivamos, sino que, así como Dios lo ha hecho abundantemente en nuestra vida, demos? ¿Será que necesitamos algo fundamentalmente más profundo que un compromiso con un buen presupuesto y un gasto razonable? ¿Será que lo que realmente necesitamos es una comprensión completamente nueva del propósito del dinero, una impulsada por la historia del Evangelio? ¿Será que reducir la generosidad a un compromiso de diezmar pierde por completo el punto del dinero en la economía del Evangelio de Dios? ¿Será que la verdadera transformación de nuestros estilos de vida financieros sólo comenzará cuando el Evangelio de Jesucristo establezca la agenda para nuestros gastos en lugar de que nos centremos en algunos pasajes de dinero aislados tomados fuera de su contexto más amplio del Evangelio?

Cuando pensamos en el dinero, tendemos a pensarlo principalmente como el medio de Dios para proveernos y —ah, sí, y casi como una ocurrencia tardía— nos ha llamado a dar. ¿Será que la Escritura enseña que el propósito principal de Dios para el dinero es que seamos herramientas de su misión de generosidad en la tierra y —ah, sí— Él también lo usa para proveernos diariamente? Mateo 6:19-34 establece un claro contraste entre acumular tesoros terrenales mientras nos obsesionamos con las necesidades personales y buscar el Reino de Dios. Jesús enseña que la cordura financiera comienza con creer que realmente tenemos un Padre celestial que suplirá lo que necesitamos. El mensaje radical de Jesús es que la carga es suya y no nuestra.

La promesa de Dios de proveer todo lo que necesitamos está en toda la Escritura:

Y mi Dios proveerá a todas sus necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Fil 4:19).

Por tanto, no se preocupen , diciendo: «¿qué comeremos?» o «¿qué beberemos?» o «¿con qué nos vestiremos?». Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; el Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas (Mateo 6:31-32).

Pues si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? (Mateo 7:11).

Consideren los cuervos, que ni siembran ni siegan; no tienen bodega ni granero, y sin embargo, Dios los alimenta. ¡Cuánto más valen ustedes que las aves! (Lucas 12:24).

¿Quién prepara para el cuervo su alimento cuando sus crías claman a Dios y vagan sin comida? (Job 38:41).

Los leoncillos pasan necesidad y tienen hambre, pero los que buscan al Señor no carecerán de bien alguno (Salmo 34:10).

Debido a que Dios ha quitado la carga principal de la provisión de nuestros hombros y la ha puesto sobre los suyos, somos liberados para tener una visión más grande para nuestro dinero que sólo la de la provisión personal. Nuestro Padre celestial sabe lo que necesitamos y ha prometido proveerlo. Por lo tanto, por su generosidad, somos liberados del autoenfoque financiero y libres para ser parte de su misión de generosidad en la tierra. Dios ama a un dador alegre porque Él es el dador alegre por excelencia. Siempre que vivimos generosamente, no sólo honramos su generosidad hacia nosotros, sino que, a través de nuestra generosidad, señalamos a otros hacia Él.

El objetivo de Dios para nuestra vida financiera es que sea impulsada por el gran llamado de su Reino, no por la necesidad o provisión personal. Cuando invertimos ese orden, nunca terminamos celebrando la generosidad de Dios o comprometiéndonos con una vida generosa. Si empezamos con nosotros mismos, nunca escaparemos de las interminables necesidades, deseos y demandas que ponemos sobre nuestro dinero. Nuestro dinero estará dominado por el autoenfoque y trataremos de meter a Dios en el plan de alguna manera. Buscaremos nuestro bienestar y esperaremos tener algo que quede para su Reino, en lugar de buscar su Reino y creer que, al hacerlo, Él proveerá fielmente.

Por supuesto, esto no es un llamado a dejar de pagar nuestras cuentas o a dejar de comprar alimentos. En cambio, es un llamado a examinar nuestras vidas financieras y asegurarnos de que tenemos el orden correcto. En 2 Corintios 5:15 se nos dice que Jesús vino para que «los que viven, ya no vivan más para sí mismos». Dado que el ADN del pecado es el egoísmo, la gran tentación monetaria que todos enfrentamos es que nuestros pensamientos, deseos y decisiones sobre el dinero estén dominados por lo que queremos, lo que creemos que necesitamos y cómo nos sentimos en el momento. Se podría argumentar que la sola razón por la que el dinero es un problema para cualquiera de nosotros es el egoísmo del pecado. Y se podría argumentar además que, en este lado de la eternidad, cuando se trata del uso del dinero, el reino del yo siempre competirá por nuestras billeteras con el Reino de Dios.

Al igual que con todo lo demás en la vida, necesitamos más que un conjunto de principios o reglas sólidas. Lo que realmente necesitamos es rescate y rendición. Necesitamos ser rescatados de nosotros mismos por un Salvador poderoso y lleno de gracia, y necesitamos rendirnos a su plan sabio y amoroso para nosotros y nuestro dinero. No podemos contentarnos con un presupuesto mejor que tenga una partida para un diezmo si ese presupuesto sigue siendo impulsado por el interés propio.

Sabemos que tenemos el dinero en el lugar correcto en nuestros corazones cuando la cultura de la adquisición ha sido reemplazada por una cultura de la generosidad, cuando el gozo de dar abruma el gozo de recibir.

Que el ladrón no robe más

Pablo le ordena a los efesios: «el que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad» (4:28). Pablo no dice que hagan esto «para que tengan una forma más legal de proveer para sí mismos». El cambio es de robar (centrado en el yo) a trabajar para dar (centrado en Dios y en los demás). El ladrón egocéntrico no está destinado a convertirse en el trabajador egocéntrico. La gracia de Dios es radicalmente transformadora y tiene el poder de liberarnos de ver el dinero como nuestro medio para obtener y ayudarnos a ver el dinero como nuestro medio para dar. 

El dinero que Dios nos provee es un medio para hacer visible su generosidad invisible. Nos convertimos en marcadores de su gracia generosa y proveedora. Brindamos ayuda real a los necesitados. Nos convertimos en uno de los medios principales que Dios usa para financiar la obra de su Reino generoso de amor y gracia. Ese cheque que permite a un esposo y esposa pasar un fin de semana juntos que necesitaban, o ese regalo que envía a un joven a un viaje misionero, o ese regalo de la matrícula universitaria anual de alguien, o el dinero para comprar comestibles para una madre y sus hijos que de repente se quedaron sin esposo, padre o ingresos, es cada uno una forma de emular la bondad, la generosidad y la gracia de Dios.

Así como Dios nos da racionalidad para que lo conozcamos y emociones para que podamos amarlo, Él nos da dinero para que tengamos un medio físico real de transmitir la belleza de su gracia generosa. Cuando se trata de nuestras finanzas, Dios nos llama a dejar de empezar con nosotros mismos y esperar que quede dinero para Él, y en su lugar, a aceptar voluntariamente que el propósito principal de nuestro dinero es financiar vidas de generosidad en adoración y servicio a Él.

¿No deberían ser aquellos que reconocen constantemente la increíble generosidad del Señor la comunidad más alegremente generosa de la tierra? ¿No deberían las abundantes bendiciones que hemos recibido convertirse en las bendiciones que damos voluntaria y libremente? ¿No deberían nuestras celebraciones de opulencia transformarse en estilos de vida de generosidad?

Que Dios, en gracia fiel, continúe liberándonos de nuestra esclavitud a nosotros mismos y, al hacerlo, libere nuestras billeteras de su esclavitud al autoenfoque, liberándonos, con nuestro dinero, para representar bien a nuestro generoso Salvador.

«Mira, Israel, el Señor tu Dios ha puesto la tierra delante de ti; sube, toma posesión de ella, como el Señor, el Dios de tus padres, te ha dicho. No temas ni te acobardes». Entonces todos ustedes se acercaron a mí, y dijeron: «enviemos hombres delante de nosotros, que nos exploren la tierra, y nos traigan noticia del camino por el cual hemos de subir y de las ciudades a las cuales entraremos». Me agradó el plan, y tomé a doce hombres de entre ustedes, un hombre por cada tribu. Ellos salieron y subieron a la región montañosa, y llegaron hasta el valle de Escol, y reconocieron la tierra. Entonces tomaron en sus manos del fruto de la tierra y nos lo trajeron; y nos dieron un informe y dijeron: «es una tierra buena que el Señor nuestro Dios nos da» (Deuteronomio 1:21-25. [énfasis del autor]).

Publicado originalmente en Paul Tripp Ministries.
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Paul David Tripp
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Paul David Tripp

El Dr. Paul David Tripp es pastor, conferencista internacional y autor de libros éxito de ventas y ganadores de premios. Es el director de Paul Tripp Ministries. Con más de 30 libros y series en video, la pasión que mueve a Paul es conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana.  
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