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Cada 4 de julio, los Estados Unidos de América celebra su independencia. Muchos países conmemoran una festividad similar, recordando su libertad de otra nación y el establecimiento de su propia soberanía. Tiene sentido que una nación busque la independencia y luego celebre un Día de la Independencia por el resto de su historia. Pero para un seguidor de Cristo, no existe tal cosa como la independencia, la libertad y la soberanía personal. Todo es una ilusión. Y eso es algo muy bueno.

Creados para ser dependientes

Lo ves en los niños pequeños que se resisten cuando sus padres les dicen que se coman sus verduras. Lo ves en los niños más grandes que rechazan la mano que intenta ayudarles a abrocharse los zapatos. Lo ves en la rebeldía de los adolescentes que luchan contra las reglas y los horarios que sus padres han establecido para protegerlos. Lo ves en la resistencia de un esposo o una esposa cuando su cónyuge les confronta amorosamente. Lo ves en una persona mayor que se niega a aceptar los límites de su envejecimiento y aleja a sus seres queridos que intentan ayudarle.

De una forma u otra, todos nos tragamos la ilusión de nuestra capacidad de vivir de forma independiente. Deseamos desesperadamente creer que tenemos en nosotros mismos lo que necesitamos para vivir y prosperar, libres de las reglas, la sabiduría y la ayuda de otros. Pero sólo necesitamos los primeros capítulos de Génesis para exponer que nuestra búsqueda de independencia es una gran ilusión. Así que, volvamos al principio.

Al observar más detenidamente la creación de Adán y Eva, una cosa queda clara: Adán y Eva están lejos de ser independientes. Nota lo que Dios hace inmediatamente después de crearlos: les habla. Allí están, personas perfectas, viviendo en un mundo perfecto y en una relación perfecta con Dios, pero no tienen idea de quiénes son ni de cómo deben vivir.

Con amoroso cuidado, Dios comienza a descargar su sabiduría en ellos. Incrustados en su sabio consejo están el significado y el propósito, la estructura para su relación mutua, la naturaleza de su relación con Él, una estructura moral para su vida y una descripción del trabajo diario al que deben dedicarse. Adán y Eva son completamente dependientes de una sabiduría profunda y práctica fuera de sí mismos para poder vivir.

Nuestra necesidad del contenido teológico, estructural y práctico de la verdad de Dios no es el resultado del pecado, ¡sino que es el producto de ser humanos! Adán y Eva fueron creados con una necesidad de Dios y de cosas que sólo Dios podría proveer. Su capacidad para seguir viviendo tal como fueron diseñados para hacerlo dependería de su disposición a permanecer en una relación de dependencia con su Creador.

Adán y Eva también fueron diseñados para vivir en comunidad de dependencia mutua. Cuando Dios dijo que no era bueno que Adán viviera solo, su declaración no fue una respuesta a la queja de Adán de que estaba solo. Más bien, la declaración de Dios reveló su comprensión de la persona que había creado. Él no había hecho un hombre diseñado para vivir independientemente, proveyendo en sí mismo todo lo que necesitaba. No, él sólo estaría plenamente completo y estaría plenamente funcional cuando viviera en comunidad con otro portador de imagen. Adán y Eva fueron creados para vivir en una comunidad interdependiente entre sí. Fuera de esa comunidad, Adán y Eva no podrían ser lo que fueron diseñados para ser y no harían bien lo que se les había encomendado hacer.

Génesis 1 y 2 contienen las semillas de los dos grandes mandamientos. Estos mandamientos que dan forma a la vida no fueron creados recientemente por Jesús en Palestina, sino que fueron entretejidos en la propia estructura de la humanidad en el jardín del Edén. Las personas fueron hechas para vivir en una comunidad de amor vertical y horizontal. Amar a Dios, amar al prójimo: así es como las criaturas más preciadas de Dios están diseñadas para vivir.

Creados con límites de dependencia

Todo lo que Dios creó fue creado con límites. A los peces no les va bien en un pastizal, y las ovejas no pueden vivir en un lago. Los elefantes son animales inmensos, pero nunca verás uno volar. Los vientos, el agua y la tierra están diseñados con diferentes propiedades físicas que establecen límites a su función. Incluso un día tiene una cantidad limitada de horas, y una semana tiene un número limitado de días. Nunca habrá treinta y siete horas en un día y quince días en una semana.

En el jardín del Edén, el único ser ilimitado era el Creador, el Señor Todopoderoso. Adán y Eva fueron diseñados con límites de género, fuerza, sabiduría y talento. Todo ser humano tiene límites físicos y espirituales. Una parte esencial de aplicar Génesis 1 y 2 a tu vida diaria es reconocer y vivir dentro de los límites que el Creador ha elegido para ti.

Consideremos el ejemplo del tiempo.

Los límites de tiempo establecidos por el Creador son claros en los primeros dos capítulos de la Escritura. Ves la creación de la estructura de un día: tarde y mañana. Ves la creación de la forma de una semana: seis días y un sabbat. Esta es la estructura de tiempo a la que Dios ha limitado a todo ser humano. Todos nuestros compromisos, todos nuestros valores, todas nuestras responsabilidades y todas nuestras oportunidades deben vivirse dentro de las restricciones de tiempo que nuestro sabio Creador ha establecido para nosotros. No hay tiempo disponible fuera de la estructura de tiempo que Dios ha creado.

Esto significa que no siempre es la mejor ni la más piadosa opción decir sí a la siguiente oportunidad, por muy espiritual que parezca. Tienes que ser fiel a la familia, el trabajo y la iglesia dentro de los límites de tiempo que Dios ha establecido para ti. Podrías permitir que un área crezca y crezca porque sigues diciendo sí a los compromisos, pero no puede crecer fuera de ese 24/7 que Dios diseñó porque no hay más tiempo disponible. El exceso de compromiso con un área restringirá tu compromiso con otra área de responsabilidad.

Debes estar comprometido con el ministerio del cuerpo de Cristo, pero no puedes hacerlo sin recordar tus límites de tiempo. Muchos líderes de ministerio continúan diciendo sí a las oportunidades, pero se convierten en padres o cónyuges ausentes. A veces, decir sí a las oportunidades en un área restringe tu compromiso con otros lugares donde estás llamado a la obediencia (tus disciplinas espirituales personales, tu familia y tu participación en el cuerpo de Cristo).

A menudo es espiritualmente sabio decir no a algo importante y valioso porque no puedes seguir añadiendo cosas al tiempo limitado que tienes sin dañar otras cosas valiosas en tu vida. Génesis 1 y 2 nos llaman a vivir los valores de nuestro Creador con un humilde reconocimiento de los límites de tiempo que el Creador sabía que eran mejores para nosotros.

Del mismo modo, la institución del sabbat en Génesis 2 nos recuerda tanto nuestros límites físicos como espirituales. Necesitamos descansar de nuestro trabajo diario normal para rejuvenecer nuestra salud física y espiritual porque ninguna de las dos es ilimitada.

Dios no tiene límites para su fuerza, pero nosotros sí. Dios no tiene límites de tiempo, pero nosotros sí. Dios no tiene límites de sabiduría, pero nosotros sí. Dios no tiene límites para su control, pero nosotros sí. Dios no envejece, pero nosotros sí. Dios no tiene límites para su conocimiento, pero nosotros sí. Dios no tiene límites para su santidad, pero nosotros sí. Dios no tiene límites físicos, pero nosotros sí. Dios no tiene límites, pero nosotros tenemos muchos.

Desde el principio, se nos llama a alejarnos de nuestras ilusiones de grandeza para aceptar, con gozo y disciplina, los límites que el Creador, en la previsión de su sabiduría y la protección de su amor, ha establecido para nosotros. Todos nuestros límites están diseñados por Él para atraernos a venir y apoyarnos en Él con humildad, dependencia, gratitud, obediencia y adoración. Nuestros límites encogen nuestra gloria mientras nos predican la gloria ilimitada de la majestad de Aquel que nos hizo.

El peor día de la independencia de todos los tiempos

En Génesis 3, Adán y Eva intentaron tener su propia revolución del Día de la Independencia, y la humanidad ha estado sufriendo las desastrosas consecuencias desde entonces. Ocurrió en ese día que cambió el mundo, cuando el hombre y la mujer tuvieron esa fatídica conversación con la serpiente.

Y la serpiente dijo a la mujer: «ciertamente no morirán. Pues Dios sabe que el día que de él coman, se les abrirán los ojos y ustedes serán como Dios, conociendo el bien y el mal».  Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría […] (Génesis 3:4-6).

¿Ves el cebo que la serpiente pone ante Adán y Eva? «Serán como Dios», y «el árbol era deseable para alcanzar la sabiduría». Incrustadas en la seducción de la serpiente hay dos mentiras que todos tendemos a creer en algún momento, en algún lugar y de alguna manera. Estas dos mentiras todavía nos seducen hoy: autonomía y autosuficiencia.

La autonomía dice que eres un ser independiente con derecho a hacer con tu vida lo que quieras. La mentira de la autosuficiencia dice que tienes todo en ti mismo para ser lo que se supone que debes ser y para hacer lo que has sido diseñado a hacer.

Eva comió del fruto porque buscaba la sabiduría independiente; es decir, la sabiduría que no necesita depender de Dios. Esta mentira está en la raíz de nuestra lucha para pedir indicaciones, valorar la orientación, buscar consejo y someternos a la instrucción.

¿Cómo te va hoy luchando contra las mentiras de la serpiente? En tu universidad, en tu trabajo, en tu matrimonio, con tus hijos, con tus vecinos, en tu iglesia, con tus amigos, en tus finanzas, en tu vida sexual, en momentos de ocio y entretenimiento, o en momentos privados, ¿tomas tu vida en tus propias manos, actuando independientemente de tu necesidad de la sabiduría de Dios y de su gracia protectora y empoderadora? ¿Eres humildemente accesible cuando tu cónyuge, tus hijos, tus amigos o un hermano o hermana en el Señor busca señalar amorosamente una mala actitud o acción? ¿Actúas como si no necesitaras ayuda?

Acepta tu dependencia

Génesis 1 y 2 establecen a Dios como el único ser autónomo y autosuficiente en el universo. Pinta una hermosa imagen de cómo fuimos creados originalmente para vivir: en total dependencia y sumisión de adoración a Dios, y en devota confianza mutua. Y advierte sobre los desastres del pecado cuando tomamos la vida en nuestras propias manos y buscamos la independencia.

Luego, a lo largo del resto de la Escritura, el evangelio de Jesucristo continuamente nos llama de la independencia a la dependencia. A medida que creces en gracia y te vuelves más maduro espiritualmente, tus ojos se abren a más de tus debilidades. El reconocimiento de la debilidad producirá en ti una mayor dependencia de Dios; una mayor dependencia de Dios producirá una mayor conciencia de su ayuda; una mayor conciencia de su ayuda producirá un estilo de vida de humilde gratitud; y la humilde gratitud significa que dejarás de atribuirte el mérito por cosas que nunca podrías haber hecho o producido por tu cuenta y darás la gloria a Dios y sólo a Dios.

El Evangelio de la debilidad humana y el poder divino no produce cristianos orgullosos de sus logros. Produce personas que no sólo son humildes en sí mismas, sino también amables y pacientes con quienes las rodean y comparten sus debilidades. Un cristianismo ruidoso, orgulloso, autocomplaciente y excesivamente seguro de sí mismo es un evangelio falso que engaña a quienes lo predican y desanima a quienes lo escuchan. Un cristiano maduro está confiado en la debilidad: «por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí» (2Co 12:9).

Mientras más tiempo tenga la gracia para trabajar en tu corazón, más miedo sentirás al aislamiento independiente y más confianza crecerá en tu debilidad. Pero si le preguntaras a cualquier persona normal en la calle si quiere volverse más débil, ¡se aterraría! Vivimos en una cultura hecha por sí misma donde la fuerza se define por la supuesta independencia. Entonces, para el cristiano, ¿qué reemplaza el miedo a la dependencia por el miedo a la independencia?

El temor de Dios. Es sólo el temor lo que reemplaza al temor. Podemos abandonar nuestras ilusiones de independencia y depender totalmente de Dios porque sabemos que nuestro Padre nunca olvida ni pierde de vista a ninguno de sus hijos. Con un corazón amoroso, Él recuerda todo lo que nos ha prometido en Cristo, y debido a que lo hace, tenemos esperanza y ayuda ahora mismo y un futuro seguro esperándonos.

Es bueno recordar siempre a tu Señor, pero es glorioso saber que Él siempre te recuerda a ti. ¡Esta es la esperanza de todo creyente débil y dependiente!

¿Acaso no lo sabes? ¿Es que no lo has oído?
El Dios eterno, el Señor, el creador de los confines de la tierra
No se fatiga ni se cansa.
Su entendimiento es inescrutable.
Él da fuerzas al fatigado,
Y al que no tiene fuerzas, aumenta el vigor.
Aun los mancebos se fatigan y se cansan,
Y los jóvenes tropiezan y vacilan,
Pero los que esperan en el Señor
Renovarán sus fuerzas.
Se remontarán con alas como las águilas,
Correrán y no se cansarán,
Caminarán y no se fatigarán (Isaías 40:28-31).

Este recurso fue publicado originalmente en Paul Tripp Ministries.
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Paul David Tripp
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Paul David Tripp

El Dr. Paul David Tripp es pastor, conferencista internacional y autor de libros éxito de ventas y ganadores de premios. Es el director de Paul Tripp Ministries. Con más de 30 libros y series en video, la pasión que mueve a Paul es conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana.  
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