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Luella y yo hemos estado casados por más de 50 años y disfrutamos de una relación maravillosamente dulce. Dios me ha dado una maravillosa esposa que tiene mucho más carácter que yo ¡y oro para que Él continúe cegando sus ojos al mal negocio que hizo! Pasamos tiempo diario en oración, siempre riéndonos y animándonos mutuamente y disfrutando más que nunca verdaderamente de la compañía del otro.

Pero aun así, rara vez hay un día en el que me sienta libre de una conversación problemática en mi relación con mi amada esposa. Eso no significa que le grite, le alce la voz o intente intencionalmente herir a Luella con mis palabras. No obstante, no tengo que mirar mucho hacia el pasado para ver pecado en mis palabras. Puede haber sido una palabra dicha apresurada o desconsideradamente, un momento de irritación, una acusación rápida, un comentario egoísta o una exigencia, un «te lo dije» cuando se necesitaba una palabra de consuelo o de ánimo. Podría haber sido una respuesta impaciente, un momento de quisquillosidad innecesaria, un comentario lleno de arrogancia o autocompasión o la resurrección de pecados pasados.

¿Acaso no crees que después de todos esos años finalmente habría aprendido a refrenar mi lengua? ¡Por esa razón, encuentro que las desanimantes palabras de Santiago 3 son tan alentadoras!

También la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, es encendida por el infierno e inflama el curso de nuestra vida. Porque toda clase de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos, se puede domar y ha sido domado por el ser humano, pero ningún hombre puede domar la lengua. Es un mal turbulento y lleno de veneno mortal. Con ella bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a la imagen de Dios. De la misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así (Santiago 3:6-10).

Ahora, esto plantea la pregunta: si «esto no debe ser así», pero ningún hombre puede domar la lengua, ¿hay alguna esperanza para nosotros? 

El Verbo se hizo carne

Mientras el Verbo nos llama a un estándar puro en nuestra comunicación, Dios no exige que cumplamos este estándar con nuestras propias fuerzas. Al contrario, el Verbo se hizo carne para abordar nuestra necesidad (ver Juan 1:1-18).

Por lo tanto, ¿cómo, en la práctica, el Verbo hecho carne nos ayuda con nuestras conversaciones? ¿Qué nos ha dado el Verbo para que podamos hablar según el estándar de Dios y según su diseño? En una oración breve, en Efesios 1:15-23, Pablo usa cuatro palabras dinámicas para capturar los recursos que son nuestros por la obra redentora de Cristo.

Por esta razón también yo, habiendo oído de la fe en el Señor Jesús que hay entre ustedes, y de su amor por todos los santos, no ceso de dar gracias por ustedes, mencionándolos en mis oraciones, pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él. Mi oración es que los ojos de su corazón les sean iluminados, para que sepan cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de su poder. Ese poder obró en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su diestra en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero. Y todo lo sometió bajo sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que lo llena todo en todo. [Énfasis del autor].

Esperanza

«Para que sepan cuál es la esperanza de su llamamiento» (v. 18).

¿Nuestra comunicación fluye de nuestra confianza en la obra que provee los recursos del Verbo que se hizo carne? Medita en esto. El Dios que creó el habla y por medio de sus palabras llamó al mundo a existencia, el Dios que usó palabras humanas para revelarse a sí mismo a su pueblo a lo largo de eras, vino a este mundo como el Verbo, a personas que lo habían abandonado. No sólo es un orador de la verdad, Él es Verdad, y sólo en Él hay alguna esperanza para nosotros.

Sólo en el Verbo encontramos esperanza para ganar la guerra de las palabras y hablar de nuevo de acuerdo al ejemplo y al diseño de nuestro Hacedor. El Verbo se hizo carne porque no había ninguna otra forma de arreglar lo que se rompió en nosotros. Como cónyuge, padre, pastor, vecino, colega, debes creer que puedes ganar la guerra de palabras, pero no está en nosotros ni en nuestro potencial. Está en el Verbo y en su presencia, poder y promesas.

Cuando nuestros mejores esfuerzos por ganar la guerra de palabras fallan, encontramos la mayor esperanza de todas. Porque Jesús ha venido a vivir, morir y resucitar por nosotros, hay esperanza de que podemos hablar como Dios lo ha diseñado. Su obra por nosotros altera totalmente la manera en que podemos responder a la lucha de palabras. Tenemos esperanza para nuestras palabras porque el Verbo se hizo carne por nosotros.

Las siguientes tres palabras develan de manera aún más específica por qué tenemos esperanza. 

Riquezas

«Las riquezas de la gloria de su herencia en los santos» (v. 18).

Como heredero de la gloriosa herencia que es nuestra en Cristo, esto significa que el Señor nunca te pondrá en una situación sin darte todo lo que necesitas para hacer lo que has sido llamado a hacer. Significa que Cristo ya ha puesto en mi depósito todo lo que necesito. Todo lo que necesitas para hablar de una manera piadosa ya se te ha dado. Te han sido dadas todas las riquezas que necesitas para ir más allá de tu propio dolor, enojo o deseo egoísta y hablar como un embajador de Cristo en cualquier momento en el que estés. El Verbo ha venido y en sus manos hay riquezas gloriosas. ¡Su provisión es lo único que dominará la lengua humana! 

Me encanta cómo lo captura Pedro: «pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad» (2P 1:3). No mucho, no más que la mayoría, sino que todo lo que necesitamos. Considera las palabras aquí. El verbo en el pasaje («ha concedido») está en tiempo perfecto, lo que indica una acción en el pasado que tiene resultados continuos en el futuro. Significa que Cristo ya ha puesto en mi depósito todo lo que necesito. ¡No sólo se me ha dado todo lo que necesito para la vida eterna, sino que todo lo que necesito para vivir una vida piadosa desde el momento en el que soy salvo hasta el momento en el que Dios me lleve a casa para estar con Él!

Poder 

«La extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos» (v. 19).

No luchamos con la comunicación simplemente porque carezcamos de habilidades, estrategias o vocabulario. Nuestro problema es la impotencia y la incapacidad. No obstante, Cristo ha venido, demostrando su poder en su ministerio, ejerciendo su poder por sobre el mal en la cruz y bendiciendo a su pueblo con poder en la persona del Espíritu Santo que habita en nosotros. Pablo dice que el Dios que «es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos», está obrando «según el poder que obra en nosotros» (Ef 3:20).

Dios no nos ha extendido una serie de grandes y elevadas directrices y luego se sentó a ver si las obedeceríamos. No, Él entiende que nuestro pecado nos ha dejado impotentes y que no sabremos lo que necesitaremos saber ni podremos hacer lo que necesitamos hacer lejos de Él. Por lo tanto, Él nos ha abierto y ha entrado dentro de nosotros por su Espíritu. 

El Evangelio nos impide tener un modelo de comunicación basado en la fuerza independiente que asume que nuestros problemas pueden ser resueltos con las perspectivas y las habilidades correctas. El Evangelio nos fuerza a enfrentar nuestra incapacidad. Asimismo, el Evangelio evita que tengamos un modelo de comunicación de debilidad e incapacidad que provoque que miremos los objetivos de Dios y digamos: «si tan sólo fuéramos capaces…». En Cristo, abrazamos tanto la incapacidad como la capacidad. El Verbo viene a llenarnos con su poder precisamente porque somos muy débiles. Pero en Cristo, nosotros, quienes no podíamos resistir, ahora somos capaces.

Principado

«Lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su diestra en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero. Y todo lo sometió bajo sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia» (vv. 20-22).

Primero, no hay situación, ubicación o relación en la que entremos que no sea gobernada por Cristo. Y porque Cristo gobierna, Él tiene el poder de desatar las riquezas del Evangelio para nosotros, las cuales son nuestra esperanza. Las promesas del Evangelio son confiables porque Cristo tiene gobierno completo y puede administrar esas promesas.

Pero quiero enfocarme específicamente en esto: nos metemos en problemas con nuestra comunicación porque intentamos gobernar y ser el líder. Nuestras palabras revelan un corazón que anhela gobernar sobre personas y situaciones. Somos motivados por un sentido personal de que lo que queremos y lo que pensamos sería bueno y así hablamos de una manera que garantice que lo obtendremos. Defendemos, acusamos, infligimos culpa, manipulamos, racionalizamos, argumentamos, engatusamos, rogamos, suplicamos o amenazamos todo para controlar a una persona o a una situación.

A veces hacemos esto desde el temor, y la conversación guiada por el temor revela que hemos olvidado una de las promesas más preciosas del Evangelio: que Cristo, ahora mismo, en este momento, está gobernando sobre todas las cosas por nuestro beneficio particular como sus hijos. 

No obstante, los intentos verbales de control no siempre fluyen desde el temor. A menudo, exponen egoísmo. Cuando me levanto en la mañana, muy a menudo, ¡la primera persona en la que pienso es en mí! Ya estoy lleno con mis propios deseos, repitiendo en mi mente cómo me gustaría que fuera el día. Nuestras palabras a menudo revelan cuán completamente centrados en nosotros mismos estamos y cuán decididos estamos a obtener lo que queremos de los demás.

El Evangelio le habla a esta lucha también. Cristo nos llama a una agenda mayor que nuestro propio placer. Cristo gobierna todo para nosotros, pero Él no ha establecido ese gobierno para que seamos felices. Somos llamados a someternos a Cristo para que seamos santos y para que esa santidad le dé gloria.

Esperanza para nuestras palabras

Sí, estamos viviendo con pecadores, nuestras agendas están ocupadas, las tensiones de la vida son bastantes y muchos de nosotros fuimos criados en ambientes negativos donde las palabras se usaban como armas. Pero no tenemos que conformarnos con la comunicación amarga, enojada, destructiva y divisiva. Podemos tener estándares altos y establecer objetivos elevados, no por quienes somos, sino por lo que Él ha hecho. El Verbo ha venido y trajo con Él todo lo que necesitamos para vivir una vida de conversación piadosa.

Los recursos de Cristo son nuestra única esperanza de que nuestras palabras se pronuncien conforme a su estándar y de acuerdo con su propósito. En el Verbo, encontramos esperanza cuando todo parece imposible, riquezas cuando nos sentimos pobres, poder cuando vemos nuestra debilidad y principado cuando todo a nuestro alrededor parece estar fuera de control.

Cristo ha venido a domar lo que el hombre nunca domará. Él ha venido a utilizar para su propósito aquello que parece inutilizable. Él ha venido a dotarnos con riquezas gloriosas y poder incomparable para que nuestras lenguas puedan usarse como sus instrumentos de justicia.

Rehúsate a conformarte con el statu quo. No permitas que el cinismo progresivo de la desesperanza haga que te rindas de cara a la lucha. No, vive y habla con esperanza, fe y valentía, creyendo que se puede lograr algo mejor porque el Verbo se hizo carne.

Este recurso fue publicado originalmente en Paul Tripp Ministries.
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Paul David Tripp

El Dr. Paul David Tripp es pastor, conferencista internacional y autor de libros éxito de ventas y ganadores de premios. Es el director de Paul Tripp Ministries. Con más de 30 libros y series en video, la pasión que mueve a Paul es conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana.  
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