volver

Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.


La iglesia está fracturada. En los últimos dos años, hemos experimentado muchas divisiones entre cristianos a nivel de redes y denominaciones, pero también dentro de iglesias locales y entre amigos. Así que, ¿es buena toda esta división? ¿Es sólo algo malo? ¿La división trabajará para una mayor pureza y el bien final de la iglesia? ¿O trabajará para su perjuicio final y para disminuir su testimonio en el mundo actual?

Es una pregunta pertinente, y viene de un oyente llamado Connor. «Hola, pastor John, y ¡gracias por este alentador pódcast! Recientemente, he escuchado mucho de otros cristianos sobre la tristeza de que la iglesia esté tan dividida, con todos sus desacuerdos que fragmentan iglesias locales y denominaciones e incluso viejos amigos. La división está en todas partes. Aunque hay mucho por lo que estar triste en gran parte de esto, especialmente dada la insistencia de Jesús en su deseo de que sus discípulos estuvieran unidos en amor, me he estado preguntando si algunas de las divisiones en la iglesia de hoy son buenas, incluso necesarias como un medio para distinguir a las ovejas de los lobos, algo de lo que habla Pablo en 1 Corintios 11:19. Pero, ¿podemos distinguir las divisiones sanas de las insanas en la iglesia? Algunas divisiones por “asuntos importantes” parecen obvias y buenas. Pero otras divisiones parecen insignificantes y triviales. ¿Qué piensas de los desacuerdos en la iglesia hoy en día?».

Bueno, hay tantas maneras de abordar esto, permíteme hacerlo de la siguiente manera. El punto que me gustaría recalcar acerca de las divisiones en la iglesia es este: no las minimices ni pienses que son la muerte. Son trágicas, pero están ordenadas.

No minimices las divisiones 

Es posible hablar de la desunión y la división como si fueran algo pequeño, lo cual sería un error. Minimizarla es un error. Tan sólo escucha Juan 13:34-35:

Un mandamiento nuevo les doy: «que se amen los unos a los otros»; que como Yo los he amado , así también se amen los unos a los otros. En esto conocerán todos que son mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros.

Ese es un texto muy convincente. La falta de amor entre cristianos no es algo insignificante.

  • En Juan 17:21, Jesús ora: «para que todos sean uno. Como Tú, oh Padre, estás en mí y Yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste».
  • Efesios 4:1-3: «Yo, pues, prisionero del Señor, les ruego que ustedes vivan de una manera digna de la vocación con que han sido llamados. Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor, esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz».
  • 1 Corintios 1:10: «les ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos se pongan de acuerdo, y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer».

Sólo unos pocos textos, y hay muchos más. Simplemente no debemos minimizar nuestras divisiones, especialmente aquellas que son innecesarias por causa de la verdad o que se mantienen con actitudes y acciones sin amor. Tres cosas sobresalen de esos pasajes de la Escritura.

Unidad forjada por el Espíritu

La unidad más profunda entre los elegidos de Dios es un hecho. Es un hecho. Nosotros no creamos la unidad. El hombre no hace que suceda. Cuando venimos a Cristo, somos injertados por el Espíritu en un sólo cuerpo, Jesucristo, y somos miembros los unos de los otros, de modo que el mandato en Efesios 4 es «preservar la unidad». No la creen; muéstrenla al mundo.

Unidad relacional

Una segunda cosa que sobresale de esos pasajes que acabo de leer es que la efectividad pública de nuestra unidad no reside en la unidad o colaboración institucional, como si la ausencia de denominaciones fuera un testimonio convincente para el mundo. Más bien, la efectividad pública de nuestra unidad se da cuando los incrédulos ven en el terreno actitudes y actos de amor entre los creyentes.

Creo que ahí es donde se debería gastar la energía para la unidad principalmente. «Sea quitada de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritos, insultos, así como toda malicia. Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo» (Ef 4:31-32). Ese es el nivel en el que ocurre el milagro. Ese es el nivel en el que el incrédulo ve y dice: «me gustaría ser parte de ese tipo de comunidad».

Unidad fundamentada en la verdad

La tercera cosa que todos estos textos dicen o asumen es que el sólo tipo de unidad que glorifica a Dios es la unidad en la verdad. Él es un Dios de verdad. «Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Jn 8:32). «Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad» (Jn 17:17). Pablo dice en Efesios 4:15: «al hablar la verdad en amor». Para Cristo y sus apóstoles, era inconcebible que uno pudiera amar a otra persona desechando la verdad por el bien de la paz.

Escuchen a Jeremías: «curan a la ligera el quebranto de mi pueblo, diciendo: “paz, paz”, pero no hay paz» (Jr 6:14). La única paz que importa es la paz basada en la verdad. Entonces, cuando oro por la unidad en la iglesia, lo cual hago regularmente —iglesia pequeña, iglesia grande—, oro: «oh Dios, concédenos unidad en la verdad». Por eso Francis Schaeffer, al final de su vida, dijo que lo que el mundo necesita ver no es a la iglesia cristiana derribando todas las cercas que fueron construidas en aras de la verdad, protegiendo la verdad, declarando la verdad. Más bien, lo que deberíamos hacer es dejar de lanzar bombas de odio por encima de las cercas, y en su lugar amarnos unos a otros a pesar de los desacuerdos genuinos, las cercas genuinas.

No creo que el mundo tropiece principalmente por el desacuerdo doctrinal entre cristianos. Tropieza principalmente por la forma en que nos tratamos unos a otros a la luz de esos desacuerdos. Así que, todo esto para decir que no debemos minimizar las contiendas y divisiones en la iglesia. Pero ahora permítanme decir que tampoco debemos pensar que estas divisiones son la muerte.

No pienses que las divisiones son la muerte

No las minimices, no pienses que son la muerte. Es decir, no debemos tener una visión no bíblica e ingenua de lo que Jesús y sus apóstoles dijeron que realmente sucedería a medida que pasa el tiempo en la iglesia. No es un panorama optimista. Ahora bien, es verdad que «este Evangelio del Reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin» (Mt 24:14). Habrá una culminación de la Gran Comisión, y Dios reunirá a sus elegidos de entre los pueblos del mundo. Ese es el triunfo de esta era antes de que venga Cristo.

Pero las condiciones de la iglesia, y del mundo en el que se encuentra la iglesia, mientras esa misión está sucediendo con éxito, no son un panorama hermoso. Uno de los textos que Connor mencionó cuando hizo su pregunta es 1 Corintios 11:18-19: «oigo que cuando se reúnen como iglesia hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. Porque es necesario que entre ustedes haya bandos, a fin de que se manifiesten entre ustedes los que son aprobados».

Ahora, esa es una declaración sorprendente. Asume que hay una desunión subyacente en la iglesia que necesita ser expuesta. Sólo parece asumirlo. ¿Por qué Pablo asumiría tal cosa? Creo que esa suposición se remonta a Jesús.

Cizaña entre el trigo

Jesús no pintó un panorama optimista del clímax de la historia. En la extraña providencia de Dios, Jesús declaró un principio como este: «¡ay del mundo por sus piedras de tropiezo! Porque es inevitable que vengan piedras de tropiezo ; pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo [las trampas, los engaños]!» (Mt 18:7). Eso es asombroso. Esta es una necesidad divina. Cuando dice: «Es inevitable», está hablando de la manera en que Dios ha ordenado que el mundo llegue a su clímax. Dios ha querido esta clase de problemas.

Jesús representó esta clase de problema inevitable en las parábolas de la red de pesca y la parábola del trigo y la cizaña:

El Reino de los cielos también es semejante a una red barredera que se echó en el mar, y recogió peces de toda clase. Cuando se llenó, la sacaron a la playa; y se sentaron y recogieron los peces buenos en canastas, pero echaron fuera los malos. Así será en el fin del mundo; los ángeles saldrán, y sacarán a los malos de entre los justos (Mateo 13:47-49).

Entonces, el Reino, la iglesia visible, atrae hacia sí a personas no conversas que los ángeles separarán en el día de la segunda venida de Cristo. Lo mismo ocurre en la parábola del trigo y la cizaña. Los trabajadores se preguntan si deben salir y arrancar la cizaña que está creciendo entre el trigo: falsos hermanos. Y Jesús dice: «dejen que ambos crezcan juntos hasta la cosecha» (Mt 13:30).

En otras palabras, Jesús predijo que la desunión y el conflicto estarían incorporados en la iglesia desde el principio. Es necesario que tales tentaciones vengan. Esta cizaña no se quedará callada. No se guardará sus opiniones y actitudes para sí misma a medida que pasa el tiempo.

El amor se enfría

Luego, en Mateo 24, cuando los discípulos le preguntan a Jesús acerca de las señales del fin, Jesús dice una y otra vez en ese capítulo cuán desgarrada estará la iglesia con traiciones y apostasía. Escuchen estas palabras (comenzaré a leer en el versículo 4 de Mateo 24):

Jesús les respondió: «tengan cuidado de que nadie los engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre [estas son personas en la iglesia, en el nombre de Jesús], diciendo: “yo soy el Cristo”, y engañarán a muchos […]. Entonces los entregarán a tribulación , y los matarán, y serán odiados de todas las naciones por causa de mi nombre . Muchos se apartarán de la fe entonces, y se traicionarán unos a otros, y unos a otros se odiarán. Se levantarán muchos falsos profetas, y a muchos engañarán. Y debido al aumento de la iniquidad, el amor de muchos se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, ese será salvo (Mateo 24:4-5, 9-13).

Así que, estamos hablando de que el amor de los cristianos se enfría y no perdura hasta el fin. Ahora bien, esa es una descripción horrible de la condición de la iglesia. Esto es lo que los cristianos se harán unos a otros. Increíble. Y el apóstol Pablo se unió a esta sombría descripción de la condición de la iglesia en los últimos días, y recuerden que los últimos días comenzaron en el primer siglo. «El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios» (1Ti 4:1).

Así que, es parte de la sabiduría profética en el primer siglo que las cosas no van a terminar bien en la tierra. Será sombrío. La misión se cumplirá. Habrá cristianos fervorosos hasta el final, arriesgando sus vidas y entregando sus vidas para llevar el Evangelio hasta los confines.

Trágico y predicho

Así que, concluyo, no minimices las divisiones, y no pienses que son la muerte —es decir, la muerte de la iglesia— de las divisiones. Son trágicas. Debemos entregar nuestras vidas por la unidad de la iglesia. Son trágicas, y están predichas. Es necesario que vengan los tropiezos, pero ¡ay de aquellos por quienes vienen!

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
Photo of John Piper
John Piper
Photo of John Piper

John Piper

John Piper es fundador y profesor de desiringGod.org y rector de Bethlehem College & Seminary. Por 33 años, sirvió como pastor de la Iglesia bautista Bethlehem en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros, dentro de ellos se encuentran: Sed de Dios: meditaciones de un hedonista cristiano, y más recientemente, Por qué amo al apóstol Pablo: 30 razones.
Otras entradas de John Piper
¿Cómo puede Satanás dañar a los cristianos?
 
¿Las mascotas van al cielo?
 
Mi fe está alejando a mi familia, ¿qué hago?
 
El rol de los padres en el desarrollo del género de un hijo