Algunos libros sobre pastoreo te hacen sentir como un fracaso (¡ejem!, El ministerio cristiano escrito por Charles Bridges o la biografía de Spurgeon escrita por Dallimore).
¿Por qué pasa eso? A veces es porque sí somos un fracaso o tenemos una visión tan elevada del ministerio que la adecuación es inalcanzable.
La consejería también sufre tales peligros. Los pastores pueden ser malos consejeros. Pero los pastores también pueden percibir la consejería como algo que está fuera de sus capacidades —una disciplina tan elevada— que deberían impartirla profesionales.

David Powlison nos aconseja a salir de nuestros sentimientos de insuficiencia en su libro El pastor como consejero. El gran teólogo consejero fallecido escribió este misericordiosamente corto y poderosamente animante libro para decir: «pastor, tú eres un consejero».
Resumen
En una breve introducción, Powlison hace preguntas inquisitivas sobre por qué podríamos ser pobres consejeros y luego da un boceto de lo que es un buen consejero, uno que «está[…] creciendo a la imagen de Jesucristo». El pastor no sólo aconseja sino que también «enseña, equipa, supervisa y aconseja a otros consejeros». ¡Un glorioso ánimo para un pastor consejero congregacionalista!
El capítulo 1 define lo que es la consejería al mirar a las «profesiones que se enfocan en sanar mediante el habla» y al compararlas con la consejería pastoral. Para Powlison, la consejería pastoral es una «empresa relacional y pastoral que se dedica a cuidar y curar el alma». La consejería bíblica, a diferencia de la consejería secular, impone valores en el receptor. No los valores del pastor, sino los valores de Dios.
En capítulo 2, Powlison expone «cinco aspectos únicos del pastor como consejero: tu responsabilidad, oportunidad, método, mensaje y contexto» de este tipo de consejería. Cada sección está llena de sabiduría y ánimo de la Escritura, la experiencia de Powlison, y la historia de la iglesia.
Reseña
Este libro tiene muchas fortalezas, pero resaltaré tres.
En primer lugar, es corto
Los pastores están ocupados con la consejería, la preparación del sermón, la oración, escuchar problemas, y así sucesivamente. Si dejamos de lado el prólogo, el libro sólo tiene 59 páginas de extensión sin palabras desperdiciadas.
En segundo lugar, el libro resalta la accesibilidad a la consejería
Nuestra era de experticia nos engaña a nosotros y a nuestra congregación con que necesitamos profesionales para todo, pero Powlison anima al pastor a que él puede aconsejar. Cita a Dietrich Bonhoffer, que dice: «el más experimentado psicólogo u observador de la naturaleza humana sabe infinitamente menos del corazón humano que el más simple cristiano que vive bajo la cruz de Jesús. La mayor perspicacia psicológica, la mayor capacidad y la mayor experiencia no pueden captar esta única cosa: lo que es el pecado».
Pastor, sabes lo que es el pecado y conoces la cruz de Cristo. Por lo tanto, puedes hacerle más bien espiritual a tu congregación de lo que piensas.
En tercer lugar, el libro pone a la iglesia local en su lugar adecuado
Aunque Powlison pasó su vida trabajando para un ministerio paraeclesiástico, estuvo comprometido con el principio de que la iglesia local es el contexto principal para la consejería bíblica. Dado que este contexto está ordenado por Dios, conlleva una gran promesa: Cristo edificará su iglesia y el cuerpo alcanzará la completa madurez (pp. 58-59; cf. Mateo 16:18; Efesios 4:16).
Conclusión
El pastor como consejero me dejó animado e inspirado a remangarme y a hacer la obra del ministerio, trabajando y esforzándome con toda su energía para que cada miembro de mi iglesia pueda ser presentado maduro en Cristo (Col 1:28-29). A veces, los pastores necesitan corrección. Otras veces, necesitamos el ánimo de que podemos hacer el trabajo frente a nosotros. Powlison brinda ese ánimo.
