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Uno de los regalos más dulces para nosotros entre el «ya» de nuestra conversión y el «todavía no» de nuestro regreso a casa es el del cuerpo de Cristo. Dios no nos ha dejado a la deriva, sino que nos ha bendecido con una abundante comunidad de ayuda. Nuestro Dios de gracia tiene el propósito de hacer visible su gracia invisible al enviar personas de gracia a dar gracia a personas que necesitan gracia. Su pueblo tiene el propósito de ser la demostración visible de su fidelidad.

La pregunta es: ¿aceptaremos este generoso regalo con humildad, honestidad y dependencia?

Nuestro andar con Dios está diseñado para ser un proyecto comunitario. Pero muchos de nosotros vivimos prácticamente vidas desconocidas y muchas personas a quienes pensamos conocer realmente no nos conocen. Muchos de nosotros vivimos en redes interminables de relaciones crónicamente casuales, donde las conversaciones rara vez van más profundo que el clima, la comida, la política o la película más cool o la última cosa tierna que hizo nuestro hijo. Gran parte de lo que llamamos comunidad nunca se levanta realmente al nivel de la humilde autorevelación y el ministerio mutuo que hacen que la comunidad valga redentoramente la pena.   

La versión aislada, confidencial de «Jesús y yo» del cristianismo que a menudo marca la cultura de la iglesia moderna no es el cristianismo descrito en el Nuevo Testamento. Encontramos un ejemplo excelente del cristianismo comunitario en 2 Corintios 1:8-11. El apóstol Pablo escribe:  

Porque no queremos que ignoren, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia. Porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida. De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte, a fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos, el cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que Él aún nos ha de librar. Ustedes también cooperaron con nosotros con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don que nos ha sido impartido por medio de las oraciones de muchos.

Me impresiona la chocante honestidad de Pablo cada vez que leo estos versículos. Era un hombre de fe poderosamente influyente, de quien no esperaríamos que estuviera pasando por la lucha del corazón que retratan estos versículos. Estas palabras derriban la fachada de cualquier imagen que podamos tener de Pablo como un hombre espiritualmente independiente que vivió muy por encima de las batallas espirituales que nos son familiares a todos. Este ícono de la claridad del Evangelio, este mensajero de la esperanza del Evangelio, este misionero para los desesperados, necesita desesperadamente para sí mismo todo lo que ofrece a los demás. Entonces, en el contexto de un evento problemático, él abre humildemente su corazón y revela el inquietante conflicto que vive allí.

¿Realmente las personas te conocen?

Pablo no nos dice la situación exacta de su aflicción en Asia; este no es un informe detallado de su dificultad externa. Pablo se centra en el impacto interno que esta situación tiene en su corazón y en los que están con él. Él está confesando con franqueza una lucha espiritual profunda, compartiendo adónde fueron sus pensamientos y qué batalló su alma. Esto es más una humilde apelación por ayuda espiritual que un resumen de lo que está experimentando físicamente.

Nosotros, por otro lado, podríamos ser más relajados en cuanto a contarle a la gente lo que estamos sufriendo, mientras que tendemos a ser celosamente reservados acerca de cómo lo estamos sufriendo. Celebrar el regalo del cuerpo de Cristo no es sólo informar los detalles de nuestra vida, sino confesar honestamente la lucha de nuestro corazón en medio de ella.

Considera con cuánta franqueza Pablo admite el estado de su corazón derrotado: «porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida». ¡Este es el apóstol Pablo! Ninguna figura es más prominente en el Nuevo Testamento, excepto Jesús, sin embargo, aquí está, pensando: «esto es todo. Simplemente no tengo lo necesario para salir de este lío».

Él no se esconde detrás de clichés espirituales. No actúa como si fuera algo que no es. No teme comunicar su fragilidad públicamente. Estas son las cosas que muchos cristianos temen hacer, y debido a que lo tememos, no recibimos el tipo de cuidado reconfortante que Dios ha puesto a nuestra disposición a través de su pueblo.

¿Qué haremos cuando la vida en un mundo caído nos enfrente al hecho de que la fuerza independiente y autosuficiente es una mentira? ¿Acumularemos nuestro desánimo? ¿Esconderemos nuestras debilidades? ¿Actuaremos como si estuviéramos bien cuando no lo estamos? ¿Nos impedirá la vergüenza confesar lo que sabemos que es verdad? ¿Permitiremos que el desánimo del corazón se transforme en abatimiento y tal vez incluso en una depresión paralizante?

¿O buscaremos la ayuda que Dios nos ha provisto amorosamente a través del cuerpo de Cristo?

La debilidad es una puerta de entrada

Es importante destacar que el abatimiento de Pablo no es una prisión sino una puerta de entrada. Confesar que no tenemos en nosotros mismos lo que se necesita para caminar a través de la dificultad que enfrentamos es una puerta de entrada para recibir el cuidado que sólo Dios puede darnos a través del corazón y las manos de su pueblo.

La desesperanza es la puerta de entrada a la esperanza. La confesión de la desesperanza nos libera de intentar hacer lo que no tenemos el poder de hacer por nuestra cuenta. El reconocimiento de la desesperanza nos libera de actuar como si fuéramos algo que no somos. La confesión de la desesperanza le quita a la vergüenza su poder paralizante. La confesión de la desesperanza nos libera del aislamiento. La admisión de la desesperanza posiciona nuestro corazón para recibir el consuelo bondadoso que el Dios de todo consuelo ha prometido a cada uno de sus hijos.

La debilidad es también una puerta de entrada para experimentar el propósito de Dios para nosotros en y a través del sufrimiento. Pablo reflexiona sobre el propósito de Dios al exponer la profundidad de nuestra debilidad: «a fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos» (v. 9). Le está recordando a la iglesia en Corinto que la dificultad, en las manos del Salvador, se convierte en un instrumento de gracia.

Cada hijo de Dios tiene un depósito de consuelo, rescate, fuerza, sabiduría, dirección y protección. Pero, debido al orgullo y la autosuficiencia que el pecado produce en nosotros, no abrimos la puerta de ese depósito; vivimos vidas autosuficientes, confiando en que podemos salir adelante por nuestra cuenta. Entonces, como un acto de amor redentor, Dios nos guía a situaciones que hacen que seamos confrontados con nuestra debilidad para que abramos la puerta a los generosos recursos de ayuda en su depósito de gracia.

La Biblia nos recuerda que no debemos avergonzarnos de nuestra fragilidad. Dios no está disgustado por nuestra falta de fuerza independiente. Él es compasivo en su comprensión, fiel en el cuidado, y provee la ayuda que necesitamos.

Uno de los principales instrumentos de ayuda que utiliza es la iglesia. «Ustedes también cooperaron con nosotros con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don que nos ha sido impartido por medio de las oraciones de muchos» (v. 11). Hay consuelo que se encuentra en el pueblo de Dios. No será perfecto —nada a este lado de la eternidad lo es—, pero los recursos complejos de ayuda del pueblo de Dios son un glorioso consuelo y provisión para todos los hijos de Dios.

Para comenzar a experimentar el depósito completo de bendición y provisión que está disponible dentro del cuerpo de Cristo, hay cuatro cosas que debes hacer.

1. Evita el aislamiento

No hay nada heroico en intentar ser un llanero solitario y luchar contra el pecado, el diablo y el sufrimiento solo. De hecho, ¡es una receta para el desastre! Dios ha diseñado a los seres humanos para la comunidad. La vida saludable y piadosa es profundamente relacional. La comunidad sumisa en adoración con Dios y la humilde dependencia del pueblo de Dios son vitales para vivir bien.

Los hermanos y hermanas a nuestro alrededor han sido puestos en nuestras vidas como instrumentos de gracia. Como dije anteriormente, no serán instrumentos perfectos, y no siempre dirán y harán las cosas correctas, pero en lo complejo de estas relaciones, Dios nos entrega lo que sólo Él puede dar. Necesitamos la presencia y las voces de otros que puedan decir y hacer cosas que nunca podríamos hacer por nosotros mismos. Nuestras relaciones con estas personas son regalos de Dios de consuelo, rescate, protección y sabiduría.

2. Confiesa la ceguera

Hebreos 3:12-13 aborda la esencialidad de la comunidad para la obra que Dios ha hecho y continúa haciendo en nosotros: «tengan cuidado, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo. Antes, exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: “hoy”; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado».

¿Por qué necesito la intervención diaria del cuerpo de Cristo? La respuesta es tan simple como humillante. Necesito este ministerio diario porque soy un hombre ciego. Por mucho que crea que veo y me conozco bien, esto es falso. Debido a que el pecado me ciega ante mí, mientras todavía haya pecado dentro de mí, habrá bolsas de ceguera en mi visión de mí. Las cosas son en realidad más serias de lo que acabo de describir porque, mientras que cada persona físicamente ciega sabe que está ciega, las personas espiritualmente ciegas son ciegas a su ceguera; creen que ven cuando, de hecho, no es así.

3. Deja que las personas interrumpan

Hay alguien con quien hablo todo el tiempo sobre todo en mi vida. Las opiniones, interpretaciones, respuestas, creencias, prejuicios, perspectivas y puntos de vista de esta persona son increíblemente influyentes. No puedo escapar de estas conversaciones, y no puedo evitar su influencia. La mayor parte del tiempo, no soy consciente de que estoy hablando con esta persona, y la mayor parte del tiempo, no me doy cuenta de cómo estas conversaciones influyen en cómo pienso sobre mí mismo, Dios, los demás y la vida. Esa persona soy yo mismo.

Tengo una influencia increíble sobre mí mismo porque nadie me habla más que yo. El problema es que a veces es muy difícil decirnos lo que necesitamos escuchar. Por lo tanto, necesitamos voces en nuestras vidas además de la nuestra. Necesitamos invitar a personas sabias y amorosas a escuchar e interrumpir nuestras conversaciones privadas, proporcionando las palabras y la perspicacia que no podríamos decirnos a nosotros mismos. Y no debemos ofendernos cuando no están de acuerdo con nuestras evaluaciones; necesitamos estas voces alternativas. Están en nuestras vidas no para herir nuestros sentimientos sino para darnos lo que no podemos proporcionarnos. Eso es dulce gracia de la mano de Dios.

4. Busca consejo sabio

Es peligroso tomar decisiones importantes en la vida solo. A causa del pecado, es difícil ver con claridad, pensar con precisión y desear lo que es mejor. La vida en un mundo caído tiende a sacudir el corazón y a confundir la mente. Si estamos en medio de emociones vacilantes y nos resulta difícil tener claridad de pensamiento, es peligroso tomar las tantas decisiones que tendremos que tomar en aislamiento.

Necesitamos humildemente invitar a consejeros sabios y piadosos a nuestras vidas. No estoy hablando aquí de ayuda profesional, aunque eso es bueno cuando es necesario. Estoy hablando de identificar a las personas sabias y piadosas que ya están en nuestras vidas, que nos conocen bien a nosotros y a nuestras situaciones, y que pueden proporcionar la claridad de consejo, guía y dirección que es muy difícil de proporcionar por nosotros mismos. Esto no debe ser una amenaza; todos lo necesitamos, y los que sufren con sabiduría lo acogen y disfrutan la cosecha de buenos frutos que resulta.

¿Hemos abrazado nuestra necesidad diaria de la ayuda y el aliento del cuerpo de Cristo? ¿Quién nos conoce? No sólo lo que estamos sufriendo, sino cómo lo estamos sufriendo. El Dios de todo consuelo envía a Sus embajadores de consuelo a nuestras vidas. Ellos son provistos para hacer visible la presencia, protección, fuerza, sabiduría, amor y gracia invisibles de Dios. Por lo tanto, debemos dar la bienvenida a sus embajadores. Debemos estar abiertos a su perspicacia y consejo. Podemos confesar nuestras necesidades para que los ayudantes de Dios puedan ministrar a esas necesidades. Vivamos como si realmente creyéramos que nuestro caminar por la vida es un proyecto comunitario, y estemos listos para las cosas buenas que Dios hará.

Este recurso fue publicado originalmente en Paul Tripp Ministries.
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Paul David Tripp

El Dr. Paul David Tripp es pastor, conferencista internacional y autor de libros éxito de ventas y ganadores de premios. Es el director de Paul Tripp Ministries. Con más de 30 libros y series en video, la pasión que mueve a Paul es conectar el poder transformador de Jesucristo a la vida cotidiana.  
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