Nota del editor: esta es la respuesta a una de las diferentes preguntas que los oyentes del pódcast Ask Pastor John le hacen al pastor John Piper.
El mes pasado, leímos y estudiamos Efesios 6:12: «nuestra lucha no es contra sangre y carne», «sino contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales» (NVI). Entonces, ¿nuestras luchas interpersonales son sólo conflictos con otras personas o siempre son actos de guerra espiritual disfrazados? Ese fue un episodio fascinante en el capítulo 2158 de APJ, no hace mucho. Y volvemos para hablar de un tema muy similar en esta pregunta perspicaz de un oyente anónimo.
«¡Hola, pastor John! He estado luchando con una pregunta que me ha resultado difícil aclarar y es profundamente personal para mí ahora mismo. En 1 Tesalonicenses 2:18 [un texto que leímos juntos en nuestra lectura bíblica]: Pablo habla sobre su deseo de visitar a los tesalonicenses, pero Satanás entorpeció su deseo. Ese pasaje me hizo pensar en otro momento en Hechos 16:6-8, donde el Espíritu de Jesús les impidió a Pablo y a sus compañeros entrar a la provincia de Asia.
Mi pregunta es: ¿cómo distinguir entre ser obstaculizado por Jesús o por Satanás? ¿O siquiera importa? No puedo evitar hacer una distinción entre los dos, especialmente considerando que Pablo lidió con ambos tipos de obstáculos y parecía comprender si era el Espíritu o Satanás quien provocaba el obstáculo. Pero ¿cómo discernía eso Pablo? ¿Cuáles eran las señales o las marcas que lo ayudaron a hacer esa distinción?
Es especialmente desafiante para mí, porque actualmente estoy enfrentando una situación donde me estoy sintiendo obstaculizado o bloqueado y no sé si es de Dios o del enemigo. Mi instinto es buscar claridad si es que Dios me está redirigiendo soberanamente por un buen propósito o si la oposición espiritual está intentando descarrilarme. Apreciaría tu sabiduría sobre cómo navegar esos momentos y cómo discernir la voluntad de Dios de cara a la oposición espiritual. ¡Gracias!».
El lugar de Satanás en el plan de Dios
Esa pregunta nos lleva a uno de los misterios más profundos de la providencia. Y ese es un buen punto de partida, pues necesitamos claridad sobre cómo interpretar las circunstancias de nuestras vidas y la aplicación de la Escritura en las decisiones que tenemos que tomar frente a nosotros. La realidad con la que estamos lidiando aquí en relación al misterio de la providencia es que todos los eventos (todos ellos, en el mundo, de todo tipo) se deben, en última instancia, a la voluntad de Dios. Esa es la principal realidad: la voluntad soberana de Dios. Efesios 1:11: «[Dios] obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad».
Por tanto, la primera respuesta a la pregunta de si es Dios o Satanás quien está obstaculizándote es esta: no existe circunstancia en tu vida donde el gobierno de Dios no sea decisivo. Siempre es decisivo. Dios tiene muchas maneras de asegurarse de que cosas ocurran o no, pero si es que algo pasa o no pasa, en última instancia, está en manos de Dios. Eso es lo primero que debemos establecer.
Ahora bien, ¿qué pasa con Satanás? Pablo dice en 1 Tesalonicenses 2:18 (él señaló esto) que fue estorbado por Satanás para ir a ellos. Por tanto, cuando juntamos este hecho con el otro que acabo de defender de Efesios 1:11, que Dios «obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad», la implicancia es que, al permitir que Satanás obstaculice a Pablo, Dios cumple su voluntad. Aun cuando Satanás es el actor más inmediato en obstaculizar a Pablo, Dios es el final. Satanás es secundario.
Ahora, acabo de usar la palabra permitir: «permitir que Satanás obstaculice a Pablo». Cuando usamos la palabra permitir en relación a Dios, necesitamos recordar que Dios sabe con anticipación qué va a traer este permiso. Y puesto que Dios no hace nada sin objetivos, sin un sentido, su permiso siempre es un plan, un diseño. Él sabe lo que viene. Si él lo permite, está diseñado, está planeado, tiene un propósito. Está cumpliendo su voluntad final al permitir que Satanás haga su pecaminosa voluntad (la de Satanás).
Ahora, claramente, Satanás hace cosas que quebrantan la ley de Dios. «No darás falso testimonio contra tu prójimo» es la ley de Dios (ver Éxodo 10:16), y Satanás, por naturaleza, es un mentiroso. Eso es lo que hace en su vida: es un engañador. Quebranta el noveno mandamiento cada día, a cada hora. Por lo tanto, siempre está contradiciendo la voluntad revelada de Dios, eso es lo que él hace. Por esa razón distinguimos entre la voluntad revelada de Dios (la voluntad moral de Dios, como los Diez Mandamientos) y la voluntad soberana de Dios. Satanás quebranta la primera todos los días; nunca quebranta la otra. La voluntad soberana de Dios siempre se cumple.
¿Quién causó la traición de Judas?
Tomemos a Judas como ejemplo. ¿Qué fuerza impulsó la traición de Judas a Jesús? Juan 13:2 dice: «el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote […] el que lo entregara». Lucas 22:3-4 dice: «Satanás entró en Judas. […]. Y él fue y discutió con los principales sacerdotes». Por otro lado, Juan 17:12 dice que Jesús no le impidió a Judas traicionarlo. Jesús no evitó que lo traicionara, «[a fin de] que la Escritura se cumpliera» Y en Hechos 1:16, Pedro dice: «tenía que cumplirse la Escritura […] acerca de Judas».
¿Quién cumple la Escritura? Dios lo hace. Jeremías 1:12 dice (este es Dios hablando): «porque Yo velo sobre mi palabra para cumplirla». Dios cumple su Palabra. Dios se encarga de que la Escritura ocurra, en el caso de Judas. Él se encarga de que la Escritura sea cumplida, incluyendo la traición de Judas. Por lo tanto, por un lado, Satanás está moviendo a Judas hacia la traición y, por otro, Dios está supervisando estas cosas.
La Escritura se cumple y Jesús es traicionado, tal como lo dice en Hechos 4:28: todos los actores alrededor del arresto, el juicio y el asesinato de Jesús (Herodes, Pilato, los gentiles, Israel, todos ellos) hicieron lo que «[la] mano [de Dios] y [s]u propósito habían predestinado que sucediera». Por lo tanto, podemos parafrasear las palabras de Génesis 50:20: «lo que Satanás hizo con intención de maldad, Dios lo hizo para bien; ciertamente, para nuestra salvación». Y podemos agregar a eso que Judas mismo tomó la decisión y fue responsable por ello, porque dice en Mateo 27:4: «He pecado entregando sangre inocente».
Por lo tanto, ¿qué fuerza llevó a Judas a la traición? Respuesta: Satanás, Judas, Dios —y el propósito de Dios (su propósito salvador, de hecho, por nosotros) fue decisivo—. La soberanía de Dios siempre es decisiva, aun cuando haya otros actores involucrados en el proceso para que se cumpla.
Cómo leer la providencia
De hecho, creo que podemos generalizar y decir, con base en la totalidad de la Escritura, que cada tentación que enfrentamos y cada prueba que soportamos, tanto Satanás como Dios están activos, y tienen diseños opuestos, propósitos opuestos. Dios siempre está probando tu fe y obediencia en cada tentación y prueba. Y Satanás siempre está buscando destruir tu fe y socavar tu obediencia en cada tentación y prueba.
Ahora, ¿qué luz arroja todo eso en la pregunta de nuestro amigo sobre los obstáculos que se han levantado en su vida? Su vida, asumo, está yendo en cierta dirección y algo ha ocurrido ahora en su vida y parece que esto realmente podría evitar lograr lo que él pensó que haría. Él no está seguro: ¿es de Dios, o no? Él dice: «mi instinto es buscar claridad respecto a si Dios está redirigiendo mi vida soberanamente para un buen propósito o si es la oposición espiritual la que está intentando descarrilarme». Esa es una muy buena pregunta. Necesitamos leer la providencia en ese punto de nuestras vidas para saber si resistir o no.
Esto es lo que puedes saber con certeza. En este momento de obstáculos en la dirección de tu vida, Satanás apunta a tu incredulidad y a tu pecado; Dios está apuntando a tu fe y a tu santidad. Eso es lo que puedes saber con seguridad. Puedes saberlo con absoluta certeza, porque eso es lo que se revela en la Biblia. Satanás es un tentador y un mentiroso (Ap 12:9) y Dios se reveló a nosotros: «esta es la voluntad de Dios: su santificación» (ver 1 Tesalonicenses 4:3).
Por lo tanto, esto es lo que yo haría: renunciaría a Satanás en cada realidad pecaminosa que podría haber contribuido a este obstáculo. Sólo tienes que observar y ver: ¿qué pecado contribuyó a este obstáculo? Donde sea que veas pecado en ti mismo o en otros, renuncia a él; aléjate de él. No permites que tenga una influencia decisiva en tu decisión.
Luego, enfrentaría la decisión que tengo ante mí. ¿Debería aceptar estos obstáculos como parte de Satanás o de Dios? ¿Debo intentar superarlos o debo rendirme? Para responder eso, tomaría en consideración mis dones, mis habilidades. Tomaría en consideración las oportunidades que están ante mí en ambas encrucijadas de la vida. Tomaría en consideración mis deseos santos persistentes: ¿en qué dirección me ha impulsado Dios por su Espíritu a desear profunda y persistentemente? Y tomaría en consideración el potencial fruto que podría dar en cualquiera de esos caminos. Y saturaría todos esos factores con principios bíblicos y con oración pidiendo la ayuda de Dios mientras escucho el consejo piadoso de otras personas. Y creo, si haces todas esas cosas, que Dios te mostrará claramente si debes aceptar el obstáculo o superarlo.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.