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Ryan Chase es pastor en la Iglesia Emmaus Road en Sioux Falls, Dakota del Sur. Él y su esposa, Barbara, tienen tres hijos, dos vivos y uno sepultado esperando la resurrección.
Ningún padre puede prevenir el sufrimiento
Ningún padre puede prevenir el sufrimiento
Alguien observó una vez que ser padre es como ver a tu corazón caminar fuera de tu cuerpo. Cuando nuestros hijos se raspan las rodillas, se golpean la cabeza o se rompen los huesos, nuestros corazones se quiebran. Cuando otros se burlan de ellos, los decepcionan o les rompen el corazón, los nuestros también. Por mucho que nos gustaría escudar a nuestros hijos —y, por lo tanto, a nuestros propios corazones— del dolor y el sufrimiento, no podemos.
Eso significa que cuando tus hijos sufren, tú peleas la batalla de la fe en dos frentes. Ser padre implica luchar contra tus propias actitudes de incredulidad que surgen cuando tus hijos sufren, actitudes como el miedo, la preocupación, la ansiedad, la desesperación o el descontento. Y ser padre también significa entrenar a tus hijos para que luchen contra sus actitudes de incredulidad, que afloran cuando ellos sufren.
En todo esto hay esperanza porque, como declara el apóstol Pedro, «porque la promesa es para ustedes y para sus hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame» (Hch 2:39).
Nuestros gemelos
Cuando nacieron nuestros hijos gemelos con un trastorno neuromuscular grave, yo era consciente principalmente de mi propio sufrimiento. Yo no era el que estaba conectado a un ventilador o confinado a una silla de ruedas, pero tuve que lidiar con mi propio dolor, miedo y envidia aferrándome a Cristo. A medida que nuestro hijo que aún está con nosotros ha ido madurando (su gemelo falleció a los 3 años), todavía tengo que predicarme el Evangelio a mí mismo diariamente, pero también tengo que discipularlo a través de su experiencia de sufrimiento. Él es el que tiene los músculos que no funcionan, el que lucha por respirar, el que tiene huesos frágiles y ha sufrido numerosas fracturas de fémur. Él conoce el malestar físico y el dolor de una manera que yo nunca he conocido. Pero yo sí sé que, encarnada en ese cuerpo frágil, hay un alma humana creada para disfrutar de Dios, pero caída en Adán. Por la gracia de Dios, sé que sólo Cristo puede salvar y satisfacer su alma, así que sé a dónde guiarlo. Ya sea que tus hijos teman a alguien que les hace bullying en la escuela o a un procedimiento en el hospital, ya sea que sufran rechazo o cáncer, la Palabra de Dios tiene todo lo que sus almas necesitan en última instancia (2Ti 3:16). Y Dios suple todo lo que finalmente necesitamos para toda la vida al darse a conocer y al darnos sus preciosas y grandísimas promesas (2P 1:3-4).La promesa es para ti
Discipular a nuestros hijos comienza contigo mismo confiando en Dios. Dios nos llama, a los padres, a enseñar su Palabra diligentemente a nuestros hijos, a hablar de Sus mandamientos y promesas en las cosas cotidianas de la vida (Dt 6:4-6), lo que significa que tienes que saber lo que Dios dice y confiar en su Palabra. Si tú no estás confiando y atesorando a Jesús cuando sufres, ¿cómo ayudarás a tus hijos a aprender a confiar en Él? Mientras nos aferramos a Cristo, el estribillo de ’Tis So Sweet to Trust in Jesus [Cuán dulce Es confiar en Jesús] se convierte en nuestro testimonio para nuestros hijos:Jesús, Jesús, ¡cuánto en ti confío!; tantas veces fiel te he visto obrar[efn_note]N. del T.: traducción propia.[/efn_note].Al confiar tú mismo en Jesús, demostramos su carácter y fidelidad, y les muestras su gloria y bondad a tus hijos. Y cuanto más familiarizado estés con guiar tu corazón a través del proceso de arrepentimiento y fe —capturando los pensamientos incrédulos y sometiendo tu mente a Cristo, rechazando los ídolos de tu corazón a favor de la satisfacción sólo en Cristo— más competente serás para consolar y discipular a tus hijos cuando sufren.