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¿La Biblia nos indica que tengamos un tiempo devocional?
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¿La Biblia nos indica que tengamos un tiempo devocional?

En el Antiguo Testamento 

Puede que nos sorprenda, pero no hay ningún mandamiento explícito en la Escritura sobre tener un tiempo de adoración cada día, ya sea en forma individual o en familia. Y, sin embargo, es un hábito al que se le anima a cada creyente o familia cristiana a practicar. El nombre que le damos a este hábito puede variar dependiendo de la tradición o trasfondo cristiano de cada uno: «devocional», «tiempo de quietud» o «adoración personal o familiar»; sin embargo, por lo general, los elementos básicos, la lectura de la Biblia y la oración, están presentes. Yo he optado por el término general «adoración diaria», porque cubre un tiempo de devoción personal o familiar y, al mismo tiempo, mantiene la dimensión vertical de la adoración. No obstante, ¿de dónde sacamos esta idea de tener un tiempo de adoración diaria que consiste principalmente en lectura bíblica y oración? La respuesta es que esta práctica está implícita en varios lugares de la Escritura. 

En Génesis, Dios dice que escogió a Abraham para que mandara a sus hijos y a su familia a guardar el camino del Señor (Gn 18:19). Eso implicaba que Abraham dedicara un tiempo durante el día o durante la semana para enseñar a su familia y a sus siervos lo que Dios le había mandado a él. En Deuteronomio, Dios le ordena a Israel a amarlo con todo su corazón, su alma, su mente y su fuerza, un amor que debe ser expresado por los padres al aprovechar cada oportunidad del día para enseñarles a sus hijos las palabras de Dios (Dt 6:5-6). En Josué, después de la muerte de Moisés, Dios exhorta a Josué a ser «fuerte y muy valiente», teniendo cuidado de obedecer la ley de Moisés (Jos 1:7). El mandamiento implica que Josué necesitaba familiarizarse con los libros de Moisés a lo largo de su vida, una disciplina que requeriría de una lectura regular y sistemática del texto sagrado. 

Al final de su vida, Josué le declara a Israel que su compromiso con Dios no es solo personal, sino también familiar: «Pero yo y mi casa, serviremos al Señor» (Jos 24:15). Para que su familia sirviera al Señor, Josué mismo debía primero conocer la ley de Moisés antes de instruir a su familia en ella. La práctica está reflejada en Salmos, donde se alienta a Israel a narrar las obras del Señor a la generación venidera (Sal 78:4). Los libros proféticos contienen una idea similar de escuchar a Dios personalmente en su Palabra antes de pasar la revelación a otros. En Isaías, se dice que el siervo del Señor era despertado «mañana tras mañana» para escuchar las instrucciones de Dios (Is 50:4) antes de emprender el trabajo al que Él lo había llamado. En Amós, Dios dice que Él no hace ninguna obra importante en la historia sin antes revelar su secreto a sus siervos, los profetas (Am 3:7). En Ezequiel, se le indica al profeta que se coma las palabras de Dios del rollo como un gesto simbólico de primero digerir la Palabra de Dios él mismo antes de proclamarla a Israel (Ez 3:1-2). 

En cada uno de estos ejemplos —Abraham, Israel, Josué, Isaías, Amós y Ezequiel—, es razonable pensar que la lectura personal de la Escritura o la instrucción familiar desde la Escritura también habría involucrado momentos de oración. Esto está respaldado por el hecho de que el canon de la Escritura cristiana contiene su propio libro de oración. El libro de Salmos incluye oraciones individuales y corporativas (por ejemplo, el Salmo 3; 96) mezcladas con incentivos para meditar en la Palabra de Dios y sus promesas (por ejemplo Salmo 1; 119). 

En el Nuevo Testamento 

El Nuevo Testamento refleja una convicción similar sobre la lectura de la Escritura y de la oración, ya sea como individuo, familia o iglesia. Jesús les preguntó a los fariseos con frecuencia: «¿No han leído?», mientras los reprendía por no conocer sus biblias (Mt 12:3, 5; 19:4; 22:31; Mr 12:10, 26), lo que significa que Él creía que deberían haber estado leyendo el Antiguo Testamento personalmente. Jesús también nos enseña sobre la oración individual y corporativa. Por una parte, el Padre Nuestro está concebido como una oración pública para ser dicha por la iglesia, debido a las formas plurales presentes en él: «Padre nuestro que estás en el cielo […]. Danos hoy el pan nuestro de cada día y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal» (Mt 6:9-13). 

Por otra parte, la oración individual es algo que Jesús concibe para ser hecha a solas, en privado. «Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto» (Mt‬ 6:6‬). Entonces, según Jesús, hay un tiempo para orar juntos como iglesia y otro para orar solos. Vemos un enfoque similar sobre la lectura de la Escritura y la oración en los escritos y vidas de los apóstoles. Pedro alienta a los cristianos a desear la leche espiritual de la Palabra de Dios como niños recién nacidos (1P 1:24-2:2), al mismo tiempo que los exhorta a ser prudentes y de espíritu sobrio para la oración (1P 4:7). En sus cartas, Pablo ordena la lectura pública y privada de la Escritura (1Ti 4:15; 2Ti 3:15) junto con la oración (1Ti 2:8). Él revela el contenido de sus propias oraciones personales por las iglesias (Ef 1:17-19; 3:16-19; Fil 1:9-11; Col 1:9-12), al mismo tiempo que alienta a los creyentes a tener un compromiso similar con la oración diaria: «[Sean] dedicados a la oración» (Ro 12:12) y «Oren sin cesar» (1Ts 5:17). 

Finalmente, la instrucción familiar de la Escritura, junto con la oración, está implícita en la exhortación que Pablo hace a los padres de criar a sus hijos en la disciplina e instrucción del Señor (Ef 6:4). Por lo tanto, queda claro a partir de esta breve visión general que, aunque no haya un mandamiento explícito de tener un tiempo de adoración diaria individual o familiar que consista en leer la Escritura y orar a Dios, el hábito está definitivamente dado o implícito en una serie de lugares. 

Cómo llevarlo a cabo en la práctica 

Si es así, entonces surgen algunas preguntas: ¿cómo deberíamos estructurar nuestra propia adoración diaria? ¿Qué debemos hacer y cómo debemos hacerlo? 

A un nivel básico, obviamente involucra escuchar a Dios en la Escritura y responderle en oración. Sin embargo, ¿podríamos hacer un esfuerzo más consciente y ser más creativos? Creo que sí. Por ejemplo, sabemos que Jesús se levantaba temprano en la mañana para tener un tiempo con su Padre. ¿Ese tiempo de adoración fue estructurado o casual? Pienso que hay buenas razones para creer que era estructurado. En primer lugar, Jesús conocía la Escritura del Antiguo Testamento en forma completa y precisa, y solo pudo haber obtenido ese conocimiento al leer la Palabra de Dios con regularidad y en forma consecutiva. Como mínimo, Él habría escuchado la lectura consecutiva de la Escritura en la sinagoga. 

En segundo lugar, cuando Jesús les enseñó a sus discípulos a orar, Él les dio en el Padre Nuestro una estructura básica de adoración, petición, confesión y petición adicional. Por lo tanto, es razonable suponer que cuando Jesús pasaba tiempo a diario con su Padre en adoración, Él tenía un sistema de lectura y meditación del Antiguo Testamento, así como una estructura de oración. Seguir el ejemplo de nuestro Señor nos ayuda a mejorar nuestra propia adoración diaria en cuanto a la lectura de la Biblia y a la oración. En lo que se refiere a la lectura de la Biblia, en las últimas décadas se ha visto un enfoque más sistemático para una lectura completa de la Biblia. Esto es un apreciado avance comparado a un plan de lectura diaria de un versículo al azar. Los planes de lectura sistemática nos ayudan a entender «todo el propósito de Dios» (Hch 20:27) y en el orden en el que Él lo ha revelado. La lectura consecutiva de la Escritura profundiza nuestro conocimiento de la Palabra de Dios y nos ayuda a memorizarla. 

Sin embargo, en cuanto a la oración, no estoy seguro de que hayamos visto mucho avance aparte de decir una oración corta antes de leer nuestras biblias, seguida de una lista de peticiones en la cual le pedimos a Dios que bendiga a tal o cual persona y a este o ese proyecto. Seamos honestos: la oración es la parte más difícil de nuestra devoción y, a menudo, nos deja sintiéndonos distraídos y sin dirección. No obstante, la buena noticia es que tenemos disponible la ayuda de aquellos que en el pasado ejemplificaron una estructura planeada en sus oraciones, así como un uso variado de diferentes oraciones, como la adoración, la confesión, la iluminación y la intercesión. Además de la lectura sistemática de la Biblia y de una oración estructurada pero variada, podemos enriquecer la adoración diaria a Dios reafirmando nuestra fe cristiana con un credo o recibiendo instrucción doctrinal de un catecismo. 

Ordenar todos estos elementos en una liturgia establecida nos proporciona un ritmo sano y agradable a nuestra adoración. Eso es precisamente lo que busca hacer una liturgia de adoración diaria. Por supuesto, el objetivo no es reemplazar la adoración corporativa en el Día del Señor; más bien, nos ayuda a prepararnos para la adoración corporativa en el Día del Señor al mejorar nuestra adoración personal o familiar cada día. 

Este artículo es una adaptación de Be Thou My Vision:A Liturgy for Daily Worship [Sé Tú mi visión: liturgia para la adoración diaria] por Jonathan Gibson

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway. Traducción: Marcela Basualto.
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Cinco mitos sobre la liturgia
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Cinco mitos sobre la liturgia


Este artículo forma parte de la serie Cinco mitos, publicada originalmente en Crossway.

Mito no. 1: la liturgia no es una palabra bíblica

La palabra liturgia tiende a usarse hoy con referencia al orden formal de la adoración en la iglesia. A menudo, se asume que este lenguaje llegó a nosotros de los Católicos Romanos o de los Anglicanos, a quienes «realmente les encanta su liturgia». Sin embargo, la palabra liturgia es una palabra bíblica. Viene de la palabra griega λειτουργία, que significa «servicio». En el Nuevo Testamento, se usa ampliamente para hablar de nuestro servicio a Dios (Ro 12:1-2) o nuestro servicio a otros (Fil 2:30). Asimismo, se usa en sentido estricto para hablar del servicio con relación a la adoración formal de Dios cuando su pueblo se reúne (p. ej.: Heb 9:21; 10:11). Por lo tanto, liturgia es una palabra bíblica antes de ser una palabra eclesial. 

Mito no. 2: la liturgia sólo la usan algunas iglesias

Algunos cristianos piensan que sólo las Iglesias Católicas y Anglicanas usan la liturgia, mientras que las suyas no lo hacen. No obstante, dado que la liturgia concierne al orden de los elementos de la adoración en un servicio de la iglesia, no se trata de si una iglesia tiene liturgia; se trata de qué liturgia tiene una iglesia. Cada iglesia tiene un orden de los elementos de la adoración en su servicio. En algunas iglesias, ese orden está escrito de una manera establecida, como el Libro de oración común anglicano (1662). En otras iglesias, el orden no está escrito y, por lo tanto, los elementos de la adoración son más flexibles, semana a semana. Sin embargo, el hecho permanece en que cada iglesia tiene ciertos elementos de adoración (p. ej: la lectura bíblica, la oración, las canciones, las ofrendas, etc.) que ocurren en un orden particular. La liturgia, en ese sentido, ya sea escrita o no, es ineludible. Cada iglesia es tan litúrgica como la otra. La pregunta real es qué liturgia ha decidido adoptar la iglesia.

Mito no. 3: la liturgia no es relevante para nuestros tiempos a solas o devocionales

El hecho de que la liturgia sea ineludible para las iglesias quiere decir que es ineludible para nuestros tiempos a solas y devocionales diarios. Así como cada iglesia tiene un orden de los elementos de adoración cuando se reúne el pueblo de Dios, entonces cada persona tiene un orden de los elementos de adoración cuando pasa tiempo con Dios. Para la mayoría de las personas, ese orden es una liturgia simple de una oración corta pidiéndole a Dios que les hable, seguido por una lectura bíblica, seguida por una oración intercesora. Por lo tanto, no se trata de si tenemos liturgia en nuestros tiempos a solas; más bien, de qué liturgia tenemos. Al menos, esto debiera hacer que nos preguntemos: «¿cuán buena es la liturgia que tengo en mis tiempos a solas?». O más prácticamente, «¿qué puedo hacer para enriquecer la liturgia de mis devocionales diarios?». La historia de cada iglesia (con sus liturgias, credos, catecismos y oraciones) nos ha dejado un tesoro que aprovechar.

Mito no. 4: la liturgia apaga al Espíritu Santo y conduce al nominalismo

Una liturgia establecida involucra decir oraciones establecidas, ya sea en la iglesia o en nuestros devocionales diarios. Si nuestra adoración en la iglesia o nuestros devocionales personales involucran decir oraciones escritas por otros, y decirlas repetidamente, entonces sin duda con el tiempo esto simplemente se convertirá en un caso de «ejecutar un mecanismo» y no involucrarnos realmente con Dios desde nuestros corazones. Semejante acercamiento, se dice, apaga al Espíritu de Dios y finalmente lleva a ser sólo un cristiano nominal. ¡La liturgia mata, pero el Espíritu da vida! Sin embargo, esto se dice para ignorar el hecho de que Dios nos ha dado un conjunto de oraciones tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El Salterio es un himnario lleno de oraciones que los santos a través de la historia han encontrado útiles para leer, orar y cantar: personal y comunitariamente. El Padre Nuestro es otro ejemplo de una oración establecida que Jesús esperaba que sus discípulos hicieran juntos. El apóstol Pablo reveló el contenido de sus oraciones personales para las iglesias. Estos ejemplos solos deben indicar que, puesto que el Espíritu Santo inspiró tales «oraciones establecidas», no debemos pensar que recitarlas lo apagará. Es más, no debemos pensar que las oraciones improvisadas, aunque sean buenas y necesarias, son de alguna manera superiores o suficientes.

Mito no. 5: la liturgia es restrictiva, repetitiva y aburrida

Como cristianos viviendo en una cultura adicta a la novedad y al cambio, podemos ser tentados a pensar que cualquier tipo de estructura o rutina en nuestra vida diaria es sofocante. Esto es especialmente cierto cuando se trata de la liturgia, ya sea en el servicio de la iglesia o en nuestros tiempos a solas. Podemos rehuir de la idea de la liturgia porque pensamos que la estructura será muy restrictiva, las oraciones de memoria demasiado repetitivas, el contenido demasiado aburrido. Queremos flexibilidad, cambio y novedad. No obstante, si los expertos médicos ahora creen que una rutina estructurada diaria beneficia nuestra salud mental, ¡cuánto más una liturgia establecida para la salud de nuestras almas! Tener un orden para nuestras oraciones diarias, que se mueve desde oraciones de adoración y confesión a oraciones de iluminación e intercesión, puede ayudarnos a evitar que ofrezcamos meramente una lista de peticiones después de que hayamos leído nuestras Biblias. No obstante, más que eso, cuando luchamos por saber qué orar, las oraciones de los santos que han luchado antes que nosotros pueden reenfocar nuestras mentes en Dios y en sus grandes propósitos para nosotros en el Evangelio. En este aspecto, una liturgia establecida puede proveer una ruta guiada para ayudar a santos débiles en su camino espiritual; puede servir como una cuerda para atar sus corazones errantes a Dios.

Jonathan Gibson es el autor de Be Thou My Vision: A Liturgy for Daily Worship [Sé Tú mi visión: una liturgia para la adoración diaria].

Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido con el permiso de Crossway.