Ellelein Kirk es esposa y madre de dos chicos geniales. Le encanta discipular y enseñar a mujeres a través de la palabra escrita y por medio de charlas. Junto a su esposo plantaron la Iglesia Anglicana Pablo Apóstol en Valparaíso, Chile, y fueron misioneros en ese país desde el 2005-2018. Actualmente trabaja medio tiempo como Gerente de Operaciones en la fundación cristiana The Latimer Trust y sirve junto a sus esposo en la Iglesia Anglicana St. Michael’s en Gidea Park, Inglaterra. Su deseo es que más personas vivan, se deleiten y le den gloria a nuestro maravilloso Dios.
RESEÑA: ASOMBRO
- «Solo cuando el asombro ante Dios esté en el lugar correcto en nuestros corazones, podremos poner las cosas físicas a nuestro alrededor en el lugar apropiado en nuestras vidas».
Quizás, como yo, piensas que la premisa es fácil y correcta. Pero en la práctica creo que también estarás de acuerdo conmigo en afirmar que nuestros ojos, mente y corazón se desvían constantemente y se olvidan casi por completo de que detrás de cada cosa maravillosa hay un Dios creador.
No nos es fácil mantenernos en un asombro constante ante esta aseveración. Y no lo es porque, como pecadores y aun siendo redimidos, tenemos la tendencia a buscar soluciones instantáneas que nos entreguen: identidad, satisfacción y trascendencia. Cambiamos, como explica el autor en su libro, el asombro por Dios por cosas pasajeras, creadas e incluso por nosotros mismos.
Se nos olvida —como una especie de amnesia)— que solo somos quienes somos, gracias a Él. Que nuestros logros son gracias a Él. Y, por supuesto, que toda la hermosura de la naturaleza, aun en este mundo caído, es tan solo un reflejo de su Creador. Más aún, que el afán de buscar constantemente «eso» que nos llene y nos satisfaga no se encuentra en nada, sino en Dios.
Paul Tripp, dice que escribió Asombro para él, porque se dio cuenta de que aún en esta fase de su vida su corazón seguía siendo voluble y divagante y que tristemente veía cómo constantemente traicionaba a Dios. ¿Te sorprende? A mí sí. Pero quizás no por las razones que piensas, sino porque me identifica y me impresiona su humildad. Lo que es más, me hace prestar atención a sus palabras, que amorosamente me invitan a dejar a un lado mi propia pecaminosidad.
¡Si tan solo nuestro ser desistiera de esa búsqueda fútil de la felicidad en lo creado y se dejara deslumbrar por la presencia de Dios! Sin embargo, mientras vivamos pensando que lo que hay en este mundo es todo a lo que podemos aspirar, seguiremos tratando de llenar vacíos y no disfrutando la vida que Dios nos regala desde hoy y hasta la eternidad.
Parafraseando a Tripp, si entendiéramos, si creyéramos ¡en verdad! que todo lo que tenemos proviene de Dios; que cada maravilloso regalo realmente viene de Él, nuestra disposición sería la de vivir sirviéndole alegres y humildemente por todos los días de nuestras vidas. Quizás, sea entonces importante preguntarnos, ¿de verdad nos asombra la presencia de Dios?
Hace muchos años ya, C.S. Lewis había mencionado algo similar, diciendo:
En este libro, Tripp nos recuerda nuevamente esto y desafía a encarar a nuestros quejumbrosos corazones y a voltear la vista hacia nuestro Salvador. Nos invita a meditar en las maravillosas obras del Señor y en el esplendor y gloria de su majestad (Sal 145:5). Los capítulos de este libro ilustran cómo perdemos o cambiamos nuestro asombro en varios momentos y circunstancias de nuestras vidas. Él comienza hablando sobre nuestra propia humanidad: «tu fuente de asombro controlará todas tus decisiones y el curso de tu historia». Y establece en el capítulo siguiente que Dios, en su gracia, enfrenta esta batalla con nuestro pecado para recapturar nuestros corazones con el fin de que estos puedan volver a ser asombrados ante Él. Los capítulos siguientes son igual de desafiantes al mostrar en viñetas cómo la falta de asombro marca nuestra perspectiva de la vida, del ministerio, del trabajo y de la crianza. Al mismo tiempo, cómo la ceguera que nos ataca nos lleva al materialismo y a la queja, y cómo a su vez, esto moldea inevitablemente la manera en que vemos al mundo y hacemos iglesia. Para cerrar, Tripp dice: «El asombro es anhelo». Y esto hace eco a las palabras de San Agustín de Hipona, quien dijo que nuestra alma no estará tranquila hasta que descanse en Dios. Si el asombro es anhelar, si es un deseo que busca capturar por completo y por siempre nuestro corazón, este solo podrá ser satisfecho en Dios y solo así nuestra alma verdaderamente descansará. Este libro es un regalo y un desafío. Una llamada de atención y una súplica para cada uno de nosotros a parar y a deleitarnos verdaderamente ante la maravillosa presencia del Señor; a buscar en Él lo que solos no podemos alcanzar; a verdaderamente asombrarnos en quién Dios es para que podamos saborear la gracia que nos ha sido dada y representar como verdaderos embajadores a Cristo en el tumultuoso caos de este mundo.«Cuando haya aprendido a amar a Dios mejor que a mis seres queridos, podré amar a mis seres queridos más de lo que hago ahora. En la medida en que ame a mis seres queridos a expensas de Dios y en lugar de Dios, estaré yendo hacia un estado en el que no amaré a mis seres queridos para nada. Cuando las cosas importantes se ponen en primer lugar, las cosas secundarias no se suprimen sino que aumentan».
Asombro: por qué es importante para todo lo que pensamos, decimos y hacemos. Paul David Tripp. Poiema Publicaciones, 208 páginas.
Confiando a ciegas
[1] A narrative of some of the Lord´s dealings with George Muller, written by himself (Muskegon, Mich. Dust and Ashes 2003) in www.desiringgod.org «George Muller strategy for showing God» [traducción propia].
Un instrumento en manos del Señor
A la espera del porvenir
El hombre es como la hierba, sus días florecen como la flor del campo: sacudida por el viento, desaparece sin dejar rastro alguno. Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen; su justicia está con los hijos de sus hijos,En su amor Dios tuvo a bien aceptarle como hija, aun cuando para nosotros la evidencia de su existencia en esta tierra se reduzca a un papel. Ella está en una realidad permanente de gozo y amor ante el creador. Su espera en este mundo donde sufrió tantas cosas, no es ni siquiera un recuerdo para ella ante el gozo y el amor incomparable de Dios. La espera va normalmente acompañada de sufrimiento. En diversas medidas todos hemos sentido ese aguijón al anhelar algo que aún no se completa. En mi caso, tiendo a ser obsesiva y cuando lo hago, no sólo pierdo tiempo, sino que me lleno de frustración. No es sino hasta que en su misericordia Dios levanta mi rostro, que veo mi necesidad de sostenerme en él aún más. Mientras mi dependencia hacia él incrementa, la espera ya no es tan dolorosa. C.S. Lewis explica esto con sencillez. Él dice: «Apunta al cielo y tendrás la tierra por añadidura. Apunta a la tierra y no tendrás ninguna de las dos cosas»[1]. Lo que es más, cuando dependo de Dios, la realidad de su presencia es más vívida. Y sus promesas de estar conmigo hasta el final y más allá, dan a la espera un propósito. La preparación en este mundo es la contemplación de una certeza incomparable al futuro a su lado. La espera aquí es con la consigna de entender que no hay nada más importante que él. Al aprender a depender de Dios día a día, podré soñar con libertad porque mis pensamientos estarán alineados con los de mi Señor. Aprenderé a desearle sólo a él y a gozarme en él porque su vida entregó por mí, y su amor incomparable me ha sido dado. Sus bendiciones y regalos serán alegrías dadas por añadidura, y durante la espera y el sufrimiento descansaré en él y en la noción de que este mundo no es el destino final. Todo lo que ansío aquí no será nada comparado con lo que tendré allá. Paul Tripp dice: «El vivir en el mundo actual, está diseñado por Dios para producir tres cosas: Anhelo, preparación y esperanza, en vez de profundizar en mi interés por tenerlo todo ahora. Las desilusiones de este mundo tienen la intención de anhelar por lo que viene». [2] Quizás tu espera haya sido más larga que la mía. Es muy probable que tu pesar sea más doloroso que cualquiera que yo haya sentido. Pero tanto en tu historia como en la mía, Dios es una constante que no varía. Si piensas que no puedes descansar para siempre en Él, descansa solo hoy día. Refréscate en su oasis hoy. Después de todo, cuando Dios alimentó a su pueblo en el desierto, el maná era cosa diaria. Ora sin cesar para que él satisfaga tu verdadera necesidad de él. Y cree verdaderamente, que él puede hacer más de lo que tú puedes imaginar. En todas las buenas historias, el final es lo mejor y en nuestro caso, es verdaderamente glorioso. Por tanto: “…animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca.” Heb 10:24-25 ¡Aleluya! ¡El día está cerca!
Cuando el dolor se asoma a tu ventana
[1] Tim Keller, Generous Justice, p. 110
[2] https://vickiereddy.com Executive producer of the Justice conference and SPARC [3] Tim Keller, Generous Justice, p. 189 - parafraseado del original.
El Dios del descanso
RESEÑA: CONFÍA EN SU PALABRA
En ocho capítulos, Kevin DeYoung nos muestra de una manera simple y en algunos momentos un tanto confrontacional la importancia de la Escritura. Confía en su Palabra abre con una breve exposición del Salmo 119, porque su meta es demostrarnos que la Biblia verdaderamente revela a Dios en palabras. De este modo, dice: «Quiero convencerte de que la Biblia no se equivoca, no puede ser revocada, puede ser comprendida y es la palabra más importante en tu vida, la cosa más relevante que puedes leer cada día».
Los libros de teología cristiana no son muy buscados por la gente laica, que piensa que los pastores son quienes debieran tener todo con claridad. Sin embargo, la manera en que vemos al mundo y respondemos a él, va de la mano con la teología que creemos, y este libro nos anima a buscar esas respuestas y guía en la Escritura. DeYoung dice, si «necesito saber qué es cierto acerca de mí, la gente, el mundo, el pasado, la buena vida y sobre Dios», la Biblia es el libro al que debemos acudir.
El segundo capítulo nos lleva a revisar 2 Pedro 1:16-21 que nos recuerda que la Palabra de Dios no se basa en «sutiles cuentos artificiosos» sino en el testimonio de lo que los apóstoles vieron. Los versículos finales dan fundamento a los siguientes capítulos al decir que la profecía no tiene lugar en la voluntad humana, sino que lo que está en la Biblia fue impulsado por el Espíritu de Dios.
Aun cuando esto último puede ser debatido en círculos carismáticos, a mi juicio creo que el meollo del asunto radica más en que cualquier otra forma de comunicación no puede contradecir lo que la Escritura indica. Y Kevin DeYoung sí enfatiza esta premisa y más aún, nos confronta a no desear más revelación de la que ya tenemos en la Biblia. «Si quieres escuchar la voz de Dios, ve al libro que registra solo lo que Él ha dicho». Si la constante es buscar una revelación adicional, bien puede ser que nos alejemos de la verdad.
Los siguientes cuatro capítulos hablan de la Palabra como: suficiente, clara, autoritativa y necesaria. Así, primeramente expone que la Escritura contiene, «… todo lo que necesitamos para el conocimiento de la salvación y la vida piadosa», también dice: «Afirmar la suficiencia de la Escritura no es sugerir que la Biblia nos dice todo lo que queremos conocer sobre todo, pero sí nos dice todo lo que necesitamos saber sobre lo que más importa».
En segundo lugar, expone que la Palabra es clara, pues: «El mensaje salvífico de Jesucristo es enseñado claramente en la Escritura y puede ser comprendido por todo el que tenga oídos para oírlo». En tercer lugar, que tiene autoridad, por ello, «Nunca debemos permitir que las enseñanzas sobre ciencia, la experiencia humana o los concilios de las iglesias prevalezcan por sobre la Escritura» y por último, es necesaria, porque: «Necesitamos que la Palabra de Dios nos diga cómo vivir, quién es Cristo y cómo ser salvos».
El penúltimo capítulo inicia con la pregunta, ¿Qué creía Jesús acerca de la Biblia? y nos desafía a buscar la respuesta, puesto que si somos cristianos, debiéramos imitar a Cristo y eso incluye seguir y creer en la Escritura de la manera que Él lo hizo. El capítulo detalla lo anterior, pero esta cita de J.I. Packer lo condensa de esta manera: «… el Cristo del Nuevo Testamento y de la historia. Ese Cristo no juzga la Escritura; Él las obedece y las cumple. Por palabra y obra, Jesús respalda la autoridad de toda la Escritura».
Finalmente, el último capítulo nos anima a perseverar en la Escritura. Utilizando 2 Timoteo 3:14-17, el autor nos recuerda de la necesidad de continuar haciendo memoria de lo aprendido, manteniendo el rumbo y avanzando gozosos hacia el conocimiento de la única verdad en Cristo. Así nos dice: «No debilitemos nuestro compromiso con nuestra Biblia (al hablar de Dios), tenemos toda la razón para confiar en su palabra».
Es un libro fascinante y desafiante a la vez. Y en una época donde el ser diplomático es la norma, DeYoung opta por la franqueza. Tal vez, algunos de los conceptos ya sean conocidos por ti pero vale la pena recordarlos.
Este no es un método para leer la Biblia, pero sí un libro que nos recuerda la importancia de leerla, atesorarla y seguirla. Es un escrito que nos desafía a no desviar la mirada de lo que es verdadero y poder estar preparados para dar testimonio de nuestra fe.
No es un libro de mucho dinamismo, como otros de sus ejemplares, y aun cuando es sencillo, hubo un par de veces donde fue necesario releer para comprender lo que estaba tratando de explicar. Esto sin embargo, puede que sea mi propia ignorancia en algunos de los temas o palabras expuestas y no falta de claridad por parte del autor.
Siendo un libro tan pequeño, no creo que te cueste mucho tiempo leerlo. Y te dará un gran estímulo para que te animes a leer y escudriñar la Palabra de verdad. Después de todo, ese es el objetivo, llevar nuestra mirada a la única fuente fidedigna y confiable que llenará de luz tu vida desde ahora y hasta la eternidad.
Confía en su Palabra: por qué la Biblia es necesaria y suficiente y lo que eso significa para ti y para mí. Kevin DeYoung. Editorial Portavoz, 128 páginas.
La autopsia de nuestros errores
¿Puedo gozarme en este tiempo de pandemia?
1. El País. Abril 17, 2020, https://www.elpais.com.uy/mundo/coronavirus-mundo-paises-casos-covid.html
2. Tolkien, J.R.R. El señor de los anillos: La comunidad del anillo, Ediciones Minotauro, Barcelona, 1991, p. 73.
3. Welch, Ed. Agosto 5, 2016 CCEF en www.ccef.org/emotions-are-a-language [Traducción propia]
4. Groves, Alasdair. Enero 16, 2016 CCEF en www.ccef.org/engaging-our-emotions-engaging-god [Traducción propia]
Reseña: Una chica definida por Dios
Hay muchos libros en la actualidad que nos hablan de cómo ser mujeres; de lo que podemos aspirar e incluso demandar por nuestra condición de género, pero hay pocos libros que resaltan la importancia de vivir de acuerdo al modelo que Dios diseñó; libros que destaquen el servicio al prójimo, la procreación y la crianza, y el cultivar relaciones como características típicas de la mujer. Quizás lo más destacable de este recurso sea el mismo testimonio de las escritoras, quienes muestran cómo, en las encrucijadas de su vida, la gracia de Dios les ayudó a mantenerse firmes en la fe.
Muchos de los conceptos que aquí se enumeran han sido escritos con anterioridad, pero es la sinceridad de estas mujeres, con los ejemplos de sus propias vidas, lo que hace que la lectura de este libro sea refrescante y desafiante a la vez. Es más, con tanta influencia mediática en este momento, en oposición a lo que complace a Dios, el recordatorio del diseño divino es sin duda una cuestión de mucha importancia.
Quienes hayan leído libros de Nancy DeMoss Wolgemuth y Mary Kassian, verán su marcada influencia en lo que ellas escriben. Primeramente, denotan las concepciones mundanas sobre la belleza ideal y el éxito, y las contrastan con la verdad bíblica que nos dice: «…no importa lo que la cultura describe como la mujer ideal. Solo importa lo que Cristo piensa» (p. 105). De esta manera, nos animan a que, aun cuando nuestra vida y nuestras decisiones no son siempre perfectas, si «…acepto la Palabra de Dios y valoro las cosas que Él valora, [encontraré en Él mi] verdadero propósito» (p. 105).
Y es precisamente esa convicción, la de tener un propósito, lo que llevó a las hermanas Clark (Bethany adquirió el apellido de su esposo) a escribir este libro. De una manera muy práctica ejemplifican cómo se ve el modelo divino en la vida diaria. El capítulo sobre las diferentes opciones que enfrenta una mujer con respecto a su vida y a las consideraciones que uno debe tener en cuenta a la hora de tomar decisiones es de bastante ayuda. Aunque quizás pueda estar más dirigido a mujeres jóvenes, de igual forma es un fehaciente recordatorio para toda mujer, independiente de la etapa en la que se encuentre. En síntesis, evidencian que uno debe sopesar los motivos para tomar decisiones, preguntarnos si lo que buscamos: complace a Dios, le glorifica y es de servicio a nuestras familias.
Lo anterior me recordó lo que una mujer piadosa me dijo hace unos años cuando anhelaba volver a escribir o ejercer en un trabajo fuera de casa: «disfruta este momento que Dios te da al lado de tus hijos. Esta es solo una etapa y Dios la usará para su gloria». Sin duda alguna, esto es lo que las autoras de este libro expresan: vive para Dios, vive por Él, disfruta de su Palabra y gózate en Él siempre.
Hay una sola cosa que no quedó tan clara para mí y esta se encuentra en la sección sobre la valentía. Ellas mencionan el término «mujer débil» como aquella que decide sucumbir al mundo y no ser valiente para vivir a la manera de Dios. En tal sección, hay un test donde uno puede evaluar y descubrir en qué categoría se encuentra. Puede, quizás, que la intención original del mensaje se haya perdido en la traducción; sin embargo, me gustaría decir que de alguna manera todas somos débiles y Dios sabe y conoce nuestra debilidad. Su Palabra nos habla de que cuando somos débiles la grandeza de su poder se hace más evidente (2Co 12:9). Entiendo que el llamado a ser valientes es un desafío que nace del deseo de complacer a Aquel que nos ha entregado todo y de un compromiso por ser sus embajadoras en este mundo. No obstante, creo que podría crear malentendidos y ser una tentación para una falsa identidad que podría generar arrogancia y división entre aquellas que no sucumban ante las tentaciones del mundo y aquellas que sí lo hagan. En cambio, yo creo que la Biblia nos habla de una vida piadosa basada también en el arrepentimiento genuino y continuo, corriendo a los brazos de Jesús, donde Él, en su misericordia, nos recibe sin reproches para limpiarnos y continuar su obra transformadora.
Para cerrar, hay un llamado a la hermandad cristiana, esa que nos coloca por la gracia de Dios en una familia que cruza fronteras. Una familia destinada a la eternidad donde, «cuando las fuerzas poderosas ataquen la feminidad tal como Dios la define, nuestra hermandad permanecerá como un cordón de varios dobleces» (p. 221).
Este es un buen libro, con un recordatorio más que necesario: vivir como mujeres piadosas definidas no por los estándares culturales del mundo, sino por nuestro majestuoso Dios.
Una chica definida por Dios: el diseño radical de Dios, para la belleza, la femineidad y la identidad. Kristen Clark y Bethany Beal. Editorial Portavoz, 240 páginas
Lumbreras en la oscuridad
Reseña: Mujeres fieles y su Dios extraordinario
Las cinco biografías que nos presenta Noël Piper, son cortas y diversas. Algunas evocan a mujeres de alta alcurnia y otras de estratos bajos. Unas con una educación privilegiada y otras sin siquiera terminar sus escuelas. La mayoría de ellas con complexión frágil y enfermiza, pero con un deseo ferviente de llevar la esperanza del Evangelio a donde Dios las llamara.
A través de la lectura, nos transportamos primeramente al Connecticut del siglo XVII, donde vemos a Sarah Edwards apoyando el ministerio de su esposo, el gran predicador Jonathan Edwards, mientras educa a sus hijos y mantiene una política de apertura y hospitalidad abierta y sincera con quien lo necesitara. Grandes de la fe cristiana, como George Whitefield, dijeron al conocer a Sarah: «[...] ella es una mujer adornada con un espíritu suave y apacible, que habla con mucha emoción y solidez de las cosas de Dios, y parecía ser una gran ayuda para su esposo [...]».
Con Lilias Trotter, la segunda biografía, llegamos a la Inglaterra del siglo XIX. Al ser la hija de un corredor de bolsa, esta mujer tuvo una infancia acomodada. Sin embargo, cuando pudo buscar una carrera exitosa en la pintura, decidió entregarse por completo a la misión a la que Dios la estaba llamando. Primero, en Londres, y más tarde en Argelia. Su tenacidad, su entrega y su amor por este último país fue palpable en todo momento. Aun en tiempos difíciles, ella decía: «Con todo, cada uno de nuestros sufrimientos, grandes y pequeños, deben ir acompañados de las palabras transformadoras “con Jesús”. Y el mismo aliento del cielo soplará sobre todo nuestro ser y estaremos contentos».
Gladys Aylward, sierva de Dios, fiel y humilde, es la tercera en el relato. La conocemos durante el siglo XX en el Reino Unido. Provenir de una familia de bajos recursos y una escasa educación, no le impidió llegar ¡hasta China! Y una vez que estuvo en este país, su vida reflejó la de su Salvador. Vivió con ellos, aprendió sus costumbres y lenguaje, enjugó lágrimas y se entregó por completo a la misión a la que Dios la llamó. Ella escribió: «Al mirar atrás me asombra ver como Dios me dio las oportunidades para servir. Yo deseaba ir a China, pero nunca, ni en mis sueños más descabellados habría imaginado que Dios controlaría todo de tal forma que tenía acceso a todas las casas de los pueblos [...], autoridad para eliminar una costumbre cruel y horrible (la práctica de vendar los pies) y un sueldo por predicar el evangelio de Jesucristo».
La cuarta historia nos lleva a Corea, a mediados del siglo XX, donde Esther Ahn Kim nos muestra una vida bajo la persecución. Al estilo de los amigos de Daniel en Babilonia, ella se negó a doblar sus rodillas ante dioses paganos, aunque esta vez del imperio japonés. Aquí nos enteramos de su encarcelamiento y de su llamado de llevar el Evangelio a los invasores de su pueblo. La vida de esta mujer, influenciada por la enorme fe de su madre, la llevó a soportar los más terribles tormentos. Más tarde, al reflexionar sobre su sufrimiento ella diría: «Siempre me sentía fortalecida cuando hablaba con mi mamá sobre Dios y su amor. Comencé a pensar que probablemente valía la pena vivir en este tiempo de persecución. Tal vez una imagen más real de un creyente es la de alguien que agoniza, sufre, es odiado y torturado y hasta asesinado por obedecer a Dios; y no la de alguien que tiene una vida común y sin problemas».
Helen Roseveare, es la última biografía. Aquí nuevamente volvemos a Inglaterra, pero esta vez después de la Segunda Guerra Mundial. Helen fue una doctora plagada por aquel deseo de realizar todo a la perfección; de dar, pero no de recibir. Este es un fascinante retrato de cómo Dios trabaja en los corazones de cada uno de nosotros, recordándonos amorosamente que somos amados, aceptados y que podemos descansar en Él. Este es también un ejemplo impactante de cómo la iglesia, nuestros hermanos en Cristo, son vitales para lograr pulir todas las asperezas de nuestra vida y de cómo, en amor, podemos corregirnos mediante la Palabra de Dios. Allá en el Congo, donde sirvió toda su vida, ella dijo que aprendió y recibió más de la gente que conoció y de aquellos a los que fue a servir. La guerra, las enfermedades y la escasez fueron todas sopesadas por la ferviente creencia de que la gracia de Dios siempre fue, «[...] suficiente en el momento de necesidad, pero nunca antes del tiempo necesario [...] cuando llegaba el momento de acción me llenaba de una paz y una seguridad en cuanto a lo que debía decir y hacer que me asombraba y con frecuencia derrotaban las tácticas inmediatas del enemigo».
Este es un libro que difícilmente querrás cerrar cuando comiences a leerlo. Te encontrarás con una lectura muy desafiante, que estoy segura que te animará a perseverar en tu caminar con el Señor como lo hizo conmigo. Sacará a la luz la necesidad que tienes de rendir todo tu ser al Señor; de agradecer día tras día sus bendiciones; y, asimismo, de acceder con gozo al llamado que Él tiene para tu vida y la mía. Estas cinco mujeres te animarán a experimentar un mayor amor por Dios y su Palabra; la enorme compasión por aquellos que aún no conocen al Señor; y el gozo abundante que está disponible cuando te sumas a la misión de una vida consagrada para la gloria de Dios.
Mujeres fieles y su Dios extraordinario. Noël Piper. Poiema Publicaciones, 220 páginas.
Reseña: Mujeres y Dios
En su obra, Kathleen explora sin esquivar aquellos pasajes turbios, difíciles e incomprensibles, como Deuteronomio 21:10-14. En los capítulos, ella no esconde ni ignora el dolor y la injusticia cometidas en contra de las mujeres a lo largo de la historia, pero no deja de mostrar con claridad la misericordia de Dios en medio de estas situaciones: «la ley de situación de Dios limita las externalizaciones del pecado en esta situación» (p. 57).
En el capítulo «Mujeres fuertes», la autora menciona a su madre como una mujer valiente y emprendedora. Tanto como profesora de educación básica como directora del coro de la iglesia, su madre sirvió con alegría y dinamismo. En el ámbito del hogar, ella formó un gran equipo con su padre, ofreciendo siempre una cálida hospitalidad. Su madre fue realmente un bello modelo de femineidad y uno que Kathleen utiliza en el libro para dejar de lado la creencia de que las mujeres no pueden trabajar fuera del hogar; así como también, para desmitificar el apodo «sexo débil». Ella menciona que es verdaderamente un regalo de Dios tener mujeres fuertes: «Si estás leyendo esto y te consideras una mujer fuerte, quizá con dones de liderazgo, es posible que estés luchando por encontrar tu lugar en la iglesia. Por favor, no concluyas que no hay lugar para ti» (p. 68).
La complementariedad es otro tema que ella aborda y en el cual profundiza en el capítulo «Las mujeres y el matrimonio». Hombres y mujeres, al ser creados a imagen y a semejanza de Dios, poseen igual valor, pero roles distintos. Esto no debiera resultar en subyugación u opresión, sino que al contrario, esto debiera producir, según Kathleen: «[un mayor] crecimiento y fortalecimiento tanto de hombres como mujeres del que la mayoría de nosotros solemos imaginar» (p. 69). Ella también pone como ejemplo a Débora, para animarnos a dejar de lado el antagonismo que existe entre uno y otro sexo, y para centrarnos más en los dones que se nos han dado a ambos con el fin de ser de bendición al mundo y para darle toda la gloria a Cristo.
Hay también un capítulo que habla sobre el cuerpo, donde ella nos exhorta a verlo ¡como parte de la historia de la redención de Dios! Una perspectiva que, francamente, no creo haber considerado nunca. Por ejemplo, ella dice que cuando participamos del alumbramiento, podemos recordar lo que la Biblia nos dice en 1 Pedro 1:3 acerca de «nacer de nuevo» a una nueva esperanza. Y cuando se menciona que la tierra incluso gime como con dolores de parto en Romanos 8:22, nuestros cuerpos al dar a luz, nos recuerdan esto mismo: lo que anhelamos y a quién pertenecemos. ¡Qué maravilloso es poder recordar lo que el Señor ha hecho y continúa haciendo, incluso con nuestros cuerpos! Kathleen nos dice que, pensando esto: «Tú también puedes decir, como María: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a [Su] palabra (Lc 1:38, LBLA)”» [énfasis de la autora] (p. 110).
Hay tanto más que decir de cada uno de los capítulos que nos regala este libro. Hay demasiada sabiduría en estas páginas, donde también se manifiesta la importancia del servicio a la iglesia y la diferencia resonante que se manifestó con la venida de nuestro Señor a la tierra. De ese modo, el libro cierra con broche de oro, iluminando nuestros ojos con la estupenda e infinita bondad de Dios.
Lee este libro y te encontrarás con un claro razonamiento bíblico para responder muchas de las preguntas que sin duda nos hemos hecho como mujeres. Pero ten en cuenta que este no es un libro que solo nos beneficiará a nosotras, sino que le dará a todo hombre que llegue a él un nuevo crisol para ver estos cuestionamientos. Y aún hay más, al leer sus páginas podremos ambos ser animados, exhortados y consolados en la voluntad perfecta, misericordiosa y llena de gracia de nuestro Señor. ¡Este es un nuevo clásico de la literatura cristiana!
Mujeres y Dios: Preguntas difíciles. Hermosa verdad. Kathleen Nielson. Poiema Publicaciones, 192 páginas.
Reseña: Esperanza en medio del dolor
El subtítulo de este libro: «reflexiones bíblicas para ayudarte a entender los propósitos de Dios en tu sufrimiento», fue lo que llamó mi atención. Sin embargo, lo que yo realmente quería, como ya te dije, eran simples pasos para lograr que aquello que estaba llenando mi vida de tristeza se esfumara y no volviera más.
Comencé a leer este libro con cierta reticencia, pero para cuando terminé la introducción, supe que no me detendría hasta llegar al final. Las palabras de estas mujeres jóvenes, con corazones abiertos desde el principio, me tomaron por sorpresa. Ellas no nos muestran el dolor de una manera conceptual, sino todo lo contrario. A sus cortas edades, sus vidas experimentaron la tragedia de contraer la enfermedad de Lyme, y en el caso de Sarah, de transmitirla a sus hijos. Sin embargo, el tono de sus historias tiene muchos halos de alegría; una sensación de esperanza; una especie de pequeño arcoíris en medio de vidas asediadas por el dolor y el profundo sufrimiento.
Aun cuando ambas confirman la certeza de que en este mundo quebrantado todos experimentaremos sufrimiento, ellas dicen: «Todas vamos a enfrentar situaciones así en nuestras vidas, cuando lo que creemos acerca de Dios no parece alinearse con nuestras circunstancias [...]». Como ellas claramente lo recalcan, es en estos momentos donde más necesitamos recordar quién es nuestro Señor, pues en Él es donde está nuestra esperanza: «Necesitamos el evangelio de Dios para sufrir bien. Lo necesitamos cada día, y [más que nunca] cuando la vida duele».
El libro consta de 30 capítulos cortos, todos con preguntas para reflexionar o para trabajar en grupo, junto con una pequeña oración al final. Puedes leer un capítulo por día, quizás como parte de tu tiempo devocional. O tal vez, como yo, puedes leer varios capítulos de una vez junto a una taza de té. De una u otra manera, estoy segura que este libro te animará a escuchar y a buscar a nuestro Señor, sobretodo en los momentos más duros de la vida, cuando lo único que queremos hacer es escondernos o huir de Él.
Para aquellas que como yo sientan o hayan sentido que el dolor es demasiado y que la oscuridad de la noche no termina, este libro te recordará que podemos levantarnos y caminar confiadas porque: «Tener fe no es vivir sin sentir desconcierto, sino vivir confiadas en medio del desconcierto».
No esperes hasta que el dolor llegue a tu vida, este libro es un buen material para prepararte. Y si ya estás en la tormenta, abre estas páginas y deja que las palabras de estas siervas de Dios acaricien tu alma, te lleven a los pies de nuestro Señor y te recuerden que la verdadera esperanza que necesitas está en Cristo, quién no fallará.
Esperanza en medio del dolor: Reflexiones bíblicas para ayudarte a entender los propósitos de Dios en tu sufrimiento. Kristen Wetherell y Sarah Walton. Poiema Publicaciones, 256 páginas.
Reseña: Un pequeño libro sobre un gran problema
«Estar enojado es destruir» (p. 1). Así comienza este nuevo libro de Ed Welch. Al leer esta frase, pensé que quizás era una aseveración un poco exagerada. Sin embargo, pude recordar instancias donde había visto claramente cómo el enojo —fuera de control—, la ira que propaga insultos como un volcán en erupción, ciertamente, destruye. Pero, por otro lado, debo reconocer que nunca había considerado que incluso el enojo contenido, el de labios apretados, el de respiraciones profundas y puños cerrados, también podía destruir. Tendría 49 días más para darme cuenta de lo acertada que era esta verdad y de lo sutil y destructivo que puede ser el enojo —en cualquiera de sus manifestaciones— cuando simplemente lo ignoramos, en lugar de reconocerlo y de llevarlo en arrepentimiento al Señor.
Las 50 meditaciones que componen este libro son cortas, y la recomendación que hace el autor es leer una al día (¡lo que te tomará solo unos minutos!). Esta es una de las grandes ventajas de este libro y una de las razones por las que este mismo puede resultar ser bastante eficaz para el lector. Ahora, aun cuando la meditación de cada capítulo es sucinta, las palabras penetran el corazón. Solo es necesario un par de minutos de lectura por la mañana para pasar el resto del día reflexionando. Y es que las páginas de este escrito de Welch no emanan únicamente de su vasto conocimiento como psiquiatra o consejero, sino de la misma Palabra de Dios. Te darás cuenta de que muchas de nuestras intenciones humanas, nuestras excusas o nuestros deseos de ignorar lo obvio a la luz de la Escritura quedarán al descubierto a lo largo de la lectura.
Este libro, además, nos muestra de forma práctica las diferentes caras del enojo: «Si el enojo está en nuestro corazón, posee nuestro corazón. Saldrá de nuestra boca y lastimará a otros» (p. 21). Es difícil creer que el enojo puede tomar las riendas de nuestros pensamientos y de nuestras acciones, pero suele suceder así. Es cierto que entran en juego otros factores como el orgullo, el ego, etc.; no obstante, la realidad es que el enojo es el combustible que mantiene esa vorágine de pensamientos ardiendo, ya sea a fuego lento o como un calor abrasador. La advertencia es clara, cuando el enojo se acerca «debes estar sumamente alerta porque puede consumirte» (p. 169).
Tal vez puedas pensar que leer acerca de este tema puede ser bastante abrumador, pero la verdad es que es todo lo contrario. Usando la Escritura, Welch no solo diagnostica la enfermedad, sino que nos recuerda que tenemos a la mano la mejor medicina. En este mundo quebrantado, con enfermos en proceso de recuperación, podemos descansar confiados de que si llevamos nuestras luchas a Dios, Él nos guiará y transformará nuestros pensamientos y nuestro corazón: «Cuando pedimos perdón, reconocemos que nuestro enojo es real. En respuesta, el Señor dice: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Is 43:25 [RVR 1960])» (p. 44).
Sin dudas, este libro te impulsará a correr hacia nuestro Señor, a confiar en Él, a no sacar tus ojos del Único que puede ayudarte a cambiar y a parecerte más a Aquel que nos salvó. Además, te animará a tomar la decisión «de que la cultura del enojo se deten[ga] en tu generación» (p. 112).
Un pequeño libro sobre un gran problema es práctico y profundo a la vez. Desafiante y alentador. Estoy segura de que no te arrepentirás de leerlo. Prepárate, nuestro Señor puede usarlo para la transformación de tu alma y para su gloria.
Un pequeño libro sobre un gran problema: meditaciones sobre el enojo, la paciencia y la paz. Edward T. Welch. Editorial Bautista Independiente, 176 páginas.
Reseña: Enséñame a sentir
En su libro Enséñame a sentir, Courtney Reissig nos recuerda que, en los 150 salmos disponibles en la Escritura, podemos encontrar discernimiento cuando sentimos gozo, quebranto, enojo, temor y hasta repugnancia, algo que muchos de nosotros hemos experimentado. Al mismo tiempo, nos da ejemplos de cómo Dios apacigua la turbulencia de nuestras emociones al acercarnos a Él, al recordar sus promesas, su amor y sobre todo su soberanía.
Enséñame a sentir nos invita a sumergirnos en las páginas de este maravilloso libro del Antiguo Testamento. Nos invita a descubrir que, así como otras personas en el pasado pudieron acercarse incontables veces a Dios, nosotros podemos hacer lo mismo. Courtney dice: «A diferencia de los padres que se aburren de las repetidas preguntas, Dios puede lidiar con todas nuestras interrogantes, aunque sean las mismas una y otra vez» (p. 90).
Este libro también nos anima a ver nuestras emociones como voceros de lo que está pasando en nuestras almas. Nos insta a entregar y a compartir esos sentimientos al Señor para maravillarnos de cómo Él puede, en su misericordia, ofrecernos el aliento necesario a fin de que esos sentimientos sean un medio de alabanza por lo que Él es y por lo que tiene planeado para sus hijos.
Los veinticuatro capítulos son una pequeña degustación de los manjares que podemos encontrar al estudiar el libro de los Salmos. Estos incluyen relatos sinceros y personales de la vida de la escritora que ayudarán al lector a relacionarse rápidamente con lo que está leyendo. Sus anécdotas nos enseñan a ser constantemente honestos frente a lo que sentimos y a usarlos como un medio de adoración en confianza a Dios.
Si bien este libro no es un estudio exhaustivo de los Salmos, sí es un recordatorio para no descuidar nuestra relación con Dios. A pesar de nuestras faltas, podemos acudir al Señor con el corazón en la mano, pues a «[...] lo largo de las Escrituras, la debilidad ha sido la forma en que Dios ha obrado en el mundo» (p. 76).
Esto último es quizás uno de los aportes más importantes de este libro, unido al ánimo que nos proveen los Salmos. Aun cuando la oscuridad de la noche nos envuelva, podemos aferrarnos a Dios, pues «Él no [nos] abandonará. [Y] pronto amanecerá» (p. 110).
Sin embargo, me parece conveniente mencionar que la traducción del libro se beneficiaría grandemente de una edición más minuciosa. Hay varias palabras traducidas de manera literal que podrían confundir al lector. Esto incluye el uso del plural en todas las ocasiones que se cita el libro de los Salmos. No obstante, lo anterior no le resta crédito al libro de Courtney Reissig y, sin duda, será de gran bendición y crecimiento espiritual para aquellos que aún no han descubierto las reconfortantes y transformadoras palabras de los Salmos.
Enséñame a sentir: la adoración en los Salmos en cada estación de la vida. Courtney Reissig. Editorial Vida, 256 páginas.
Reseña: Emociones verdaderas
Esta construcción literaria plasma la pasión que muchas de nosotras hemos sentido en esta vida. En una novela, esto hace volar nuestra imaginación y crea la empatía necesaria para los personajes que en ella se representan. Sin embargo, el consejo es peligroso porque —aunque quizás esto te sorprenda— nuestro corazón miente (Jer 17:9).
El libro de Carolyn Mahaney y Nicole Whitacre, Emociones verdaderas, nos ayuda a comprender esto de una manera simple y práctica. Ellas indican que nuestras emociones «nos dicen quiénes realmente somos» (p. 44), «lo que nos importa» (p. 45). Algo que afirma Lucas 6:45: «[...] de lo que abunda en el corazón habla la boca».
Las autoras afirman que «Dios creó nuestras emociones para que trabajen en armonía, con [...] la mente y la voluntad» (p. 32). Y aun cuando quizás pueda sonar como una tarea imposible de lograr, es un proceso que sucede en nuestras vidas con la ayuda del Espíritu Santo.
Carolyn y Nicole no afirman, en ningún momento, que debamos simplemente descartar nuestras emociones, sino que podemos ponerles rienda y entender por qué reaccionamos en maneras que no agradan a Dios. De manera muy personal, debo decir que en algunos momentos me pareció notar una línea muy delgada que podría llevarnos al legalismo. Ellas mencionan que debemos acudir a otros cuando nuestras emociones están fuera de control y aun cuando es verdad que creceremos en piedad cada vez que escuchamos lo que dicen nuestros sentimientos y los evaluamos a la luz de la Palabra de Dios, también es cierto que en muchas otras ocasiones hablar con el corazón en la boca nos ayudará a lidiar con el dolor o con los miedos que hay en nuestro interior. Las autoras dicen: «en lugar de recurrir al mal hábito de desahogarnos, pidamos a una amiga: “¿puedes ayudarme a llevar mis emociones al Señor?”» (p. 100). Sin negar la sabiduría que hay en esto, en la mitad de una tormenta nuestras amistades sí pueden escuchar ese desahogo primeramente y después ayudarnos a poner nuestros ojos en el Señor. El camino de la queja al lamento y del lamento a la alabanza no sucede de manera instantánea, sino que es un proceso que nuestro Señor lleva a cabo en su misericordia. Y si erramos al no poder traducir el lenguaje de nuestras emociones y pecamos al sacar ese torrente del corazón, Dios en su misericordia otorgará más de una oportunidad a aquellos que se arrepienten con sinceridad.
Quizás lo más destacable de este libro es el impulso que nos dan las autoras para centrarnos en la Palabra de Dios como una brújula que nos guía durante las tormentas de nuestras emociones y los arcoíris de nuestras alegrías. Ellas dicen que si «pasamos veinte minutos al día leyendo nuestra Biblia, pero pasamos las veintitrés horas y cuarenta minutos restantes abstrayéndonos en pensamientos no bíblicos, no es de extrañar que nuestras creencias y valores sean tan obstinados; y nuestras emociones pecaminosas, tan fuertes» (p. 97). Ciertamente, esto es un punto muy importante, pues es la Palabra de Dios la que obra en el día a día y la que puede definitivamente cambiar nuestro corazón.
Además, nos instan también a combinar nuestra lectura diaria de la Palabra de Dios con la oración constante, pues, sin importar cuál sea nuestro estado de ánimo: «no hay ningún sentimiento ni cúmulo de sentimientos que no podamos llevar a Él» (p. 55). Junto con esto, nos animan a una dependencia constante en Dios, al buscar en Él consuelo y consejo.
Este libro es sin duda un buen recurso para caminar con Dios y para tener la meta de lograr una madurez emocional. Y aunque el verdadero resultado no se dará por nuestros propios esfuerzos, sino por la gracia de Dios, el deseo de agradar al Señor y de darle a Él la gloria es un privilegio que sin duda debemos aprovechar.
Que en nuestro peregrinar podamos gozarnos más en Él al complacerle y que al fin de los tiempos podamos escuchar del Padre: «bien, siervo bueno y fiel» (Mt 25:21).
Emociones verdaderas. Carolyn Mahaney & Nicole Whitacre. Poiema Publicaciones, 160 páginas.
[1] Susanna Tamaro, Donde el corazón te lleve (Barcelona, España: Editorial Seix Barral, 1994), 147.
Reseña: Mujer Atípica
Si bien ser una mujer cristiana tiene un eco radical, esto no está dictado por la última tendencia de moda o por un pensamiento beligerante en contra de nuestro propio género o del opuesto. La «atipicidad» a la que se refiere este libro está enraizada en la identidad que Dios nos otorgó al crearnos «a su imagen y semejanza» (Gn 1:27) y en la nueva vida que nos fue otorgada en Cristo.
Dodds dice que «la mujer típica ante los ojos de Dios es totalmente atípica en el mundo»; pues, «Es una mujer con un carácter sólido, fundado en la Escritura, confiada en Cristo y fiel en todas [las] circunstancias, brillando con la luz de Cristo en las tinieblas para que Dios reciba la gloria y no ella» (p. 12).
El libro está dividido en tres secciones, con capítulos cortos y preguntas que pueden ser parte de tu devocional, o bien para liderar a un grupo de mujeres.
La primera parte establece la estructura de la feminidad cristiana. En esta sección hay un llamado a la verdadera valentía, la cual se mantiene firme en Cristo y no en «la congruencia del mundo» (22), que es lo nos sumerge en el pensamiento actual mundano. Asimismo, la sección hace un bosquejo de la confusión surgida de la ideología de género y hace un llamado a entender la feminidad a partir de la Palabra de Dios. En respuesta, Dodds cita a C.S. Lewis: «Búscate a ti mismo y a la larga solo encontrarás odio, soledad, desesperación, rabia, ruina y decadencia. Pero busca a Cristo y lo encontrarás a Él, y con Él todo lo demás transformado» (p. 31). Y es en esa transformación que la autora nos insta a formularnos preguntas correctas en el actuar diario. En lugar de decir: ¿cómo puedo hacer esto o aquello?, debemos preguntarnos: ¿cómo puedo vivir la vida como cristiana en cada circunstancia? Ella responde: al buscar las respuestas en su Palabra. Dodds enfatiza que Dios es nuestro Creador y nuestro Padre, y Él no hizo un solo molde, por esta razón no es necesario asignar una lista de cosas para fabricar tu género, más bien debemos hacer todo aquello que agrada a Dios de acuerdo a su Palabra.
La segunda parte del libro establece la parte práctica de cómo mostrar al mundo a Cristo por medio de nuestro testimonio y en las diferentes etapas de nuestra vida. Ella dice: «Una mujer es un prisma que toma la luz y la convierte en un despliegue de mayor y más plena gloria para que otros vean ahora el arcoíris que estaba contenido en el rayo de luz» (p. 66). Esta es una maravillosa alegoría de cómo podemos servir al Señor con gozo, para transformar un mundo pecaminoso y monocromo en uno vibrante lleno de su presencia.
Sin importar la etapa que estemos viviendo —solteras, casadas, madres, trabajadoras, etc.—, debemos tener en cada temporada el deseo de servir y vivir para Él; apoyándonos como familia y alcanzando a otros con su Palabra. Hay también un llamado implícito a la libertad que tenemos en Cristo para disfrutar y realizar una diversidad de roles en diferentes momentos de la vida, sin que esto constituya una afrenta o un sometimiento injusto impuesto por el mundo y ante el cual debiéramos rebelarnos. En su lugar, cada momento puede ser visto como una oportunidad para encender la luz en las tinieblas, recordando que podemos hacer esto no en nuestras propias fuerzas, sino en el Señor, debido a que eres su hija y Él te ama.
Finalmente, la última parte explora lo que significa ser una mujer sin miedo y libre en Cristo. Dodds nos recuerda que debemos evitar la trampa de la comparación. Pues, al final, ser fuertes o débiles no es un impedimento para servir a nuestro Padre, llenarnos de su gozo y compartir su amor con otros. La autora nos anima a correr hacia Jesús cuando el sufrimiento llame a nuestra puerta y a limpiar nuestras lágrimas en su regazo. El sufrimiento tiene un propósito en nuestra vida y Él nunca nos soltará de su mano. Debido a esto, ella también nos desafía a no solo mirar con aprecio las bendiciones, sino aceptar también aquello que nos trae dolor, pero que al final nos guía a través del sufrimiento a una necesaria dependencia de nuestro Señor.
Hay tanto que decir de este estupendo libro, pero dejaré que tú misma descubras las perlas que ofrece. Basta decir que, al hacerlo, verdaderamente podrás deleitarte en el increíble regalo de la salvación que nos ha sido dada en Cristo; en su presencia diaria en nuestras vidas y en lo maravilloso que es vivir en Él y por Él como mujeres cristianas. Verdaderas mujeres atípicas, prismas de luz que apuntan a la majestuosidad de Cristo.