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Andrea Hoglund es la coordinadora del discipulado de mujeres en Cities Church. Ella y su esposo, Jon, tienen cuatro hijos y viven en Minneapolis. Antes de regresar a los Estados Unidos, los Hoglund sirvieron como misioneros transculturales en Ucrania y Vietnam.
La hermosura de la reverencia
La hermosura de la reverencia
Las ancianas deben ser reverentes en su conducta (Tito 2:3).Aunque no estaba consciente de ello en ese tiempo, desde jovencita siempre observaba a las mujeres mayores de nuestra pequeña iglesia local. Las recuerdo: sus rostros, sus nombres, sus vidas. Sin ser extremadamente serias, ellas eran serias respecto a su caminar con Dios. No eran conferencistas, pero cuando hablaban, otras escuchaban. Aun cuando no llamaban la atención, mi atención era llevada a su gracia y belleza, una belleza que trascendía la moda del momento y los peinados en tendencia. En muchas maneras, eran sólo mujeres comunes y corrientes, pero había algo en ellas, una sensación de profundidad y solidez que recuerdo hasta hoy. En Tito 2:3, Pablo llama a esto reverencia. ¿Qué es la reverencia? ¿Sería capaz de definirla para un niño de tercer grado (o para tu vecina o colega)? Apuesto que tú (al igual que yo) podrías titubear, porque la reverencia parece haber quedado obsoleta. La reverencia exige una respuesta adecuada para la verdadera naturaleza de las cosas (ya sea personas, circunstancias o maravillas naturales). Alguien que es reverente respeta al respetable, ríe de lo cómico, lamenta lo triste y glorifica lo glorioso. En Tito 2, Pablo espera que las ancianas se comporten de una manera que encaje con una persona santa: una conducta que corresponda a la realidad, a su redención y santificación en Cristo. En una palabra: reverencia.