¿Cuál es tu reacción cuando escuchas: «es hora de ir a la iglesia»? ¿Te inspira un entusiasmo por unirte al pueblo de Dios, celebrar sus obras poderosas en la adoración, escuchar su voz a través de su Palabra? ¿O algo menos elevado? Quizás para ti la iglesia significa levantarse temprano, conducir lejos, una predicación que se alarga demasiado y relacionarse con ciertas personas que no quieres ver. ¡Y tú eres el pastor!
Ya seas pastor o no, aquí hay un par de preguntas a considerar mientras piensas en lo que sientes por tu iglesia local.
¿Construirás lo que verdaderamente perdura?
¿Has considerado últimamente el llamado a la iglesia? Jesús les dijo a Sus discípulos: «edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mt 16:18). Es curioso, ¿no? Cuando miras desde este pasaje a tu iglesia local, la primera impresión no es la de una entidad imparable que rompe las puertas del infierno. «¿Te refieres a mi iglesia? ¿Con todos sus problemas y gente peculiar?». Sí. Esa es.
Técnicamente, no se trata sólo de ti. Es la Iglesia de Cristo, tanto universal como local. Pero tu iglesia local está definitivamente en la mira. Verás, unirte a una iglesia no es como ser miembro de un club, como el Rotary, por el cual recibes mensualmente correos electrónicos y tienes una participación que se activa según lo que mejor sirva a tu estilo de vida. Una vez que nos convertimos, Dios tiene la intención de que la iglesia interrumpa realmente nuestro estilo de vida. Él la usa para sacar a flote lo que amamos más que a Él. La iglesia es un instrumento que nos forma y nos moldea para su Reino. Dios ordena a la iglesia para agitar nuestros apegos a este mundo, para prepararnos para algo eterno. Como C. S. Lewis bromeó: «naciones, culturas, artes, civilizaciones… ellas sí son mortales, y su vida es para la nuestra como la vida de un mosquito». ¡Pero la iglesia, ese cuerpo del cual Cristo es la cabeza, durará para siempre!
Necesitas transmitir esto a tu grupo pequeño o a tu ministerio; si eres pastor, a tu iglesia.
El compromiso declarado de Jesús de edificar su iglesia no era sólo una prosa florida. Cristo estaba anunciando su pasión extraordinaria: permanecer devoto a su iglesia y a nuestra perseverancia en ella. En la Gran Comisión, prometió a los discípulos que siempre estaría con ellos. Después de tomar su asiento a la diestra del Padre, no abandonó su devoción por edificar su iglesia. Dio dones a los hombres: «apóstoles, […] profetas, […] evangelistas, […] pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo» (Ef 4:11-12 [énfasis del autor]). Es decir, dio líderes que edifican su iglesia. Cada momento de cada día Él está intercediendo fervientemente en nuestro favor. Tú puedes ser un medio de gracia al contarle a la gente sobre esa gloriosa meta.
¿Liderarás lo que Jesús ama?
Si eres un líder de iglesia, ¿piensas en el ministerio de la iglesia teniendo en cuenta la actividad de Cristo? Cuando te despiertas por la mañana, después de que el café aclara la niebla, ¿esta realidad enfoca tu motivación? ¿Estás comprometido a edificar a aquellos que Jesús ama?
Soy parcial, pero creo que a los líderes de la iglesia se les ha dado el trabajo más significativo del mundo. Tu trabajo como líder en la iglesia (quizás como pastor principal) no se trata primeramente de hacer crecer la congregación más grande de la ciudad o de crear una reputación por ser innovador o talentoso. El ministerio no se trata, de hecho, primeramente de nosotros.
Es más grande que nosotros. Pero por la gracia de Dios, Él ha elegido usarnos.
Hay muchas cosas buenas que los cristianos pueden construir: buenas familias, negocios, reputaciones, casas, recuerdos, estilos de vida. Pero estas cosas pasarán. No permitas que minimicen tu pasión por construir una buena iglesia. En este trabajo, el crecimiento que logras no es la medida final del éxito. Eso es porque el trabajo no se trata meramente de tu esfuerzo. Tú trabajas con todas tus fuerzas, estableces grandes metas para ver glorificado el nombre de Cristo, gastas tu vida como una ofrenda fragante derramada para Dios. Pero mientras te gastas a ti mismo en el servicio a su pueblo, Jesús edifica su iglesia.
Si los líderes quieren entregar sus vidas por algo que perdure, entréguenlas para edificar iglesias locales. Es la única institución humana que brillará intensamente por la eternidad.
La pregunta tenaz de hoy
Piensa en la última vez que estuviste proyectando una visión para la iglesia donde lideras. ¿Figuró Mateo 16:18 en cómo describiste la iglesia? ¿Cómo podría el recuerdo de la promesa de Jesús de edificar Su iglesia impactar la forma en que pensamos sobre tu función y tu futuro?
Oración
Señor, la iglesia es tu cuerpo, es tu templo. Tú la edificas. Tú das el crecimiento. Dame tal gracia que todos mis esfuerzos, todas mis metas, todos mis trabajos sean fortalecidos y agudizados por amar lo que Tú amas. En tu nombre y por causa de tu gloria oro. Amén.
Este recurso fue originalmente publicado en el blog de Dave Harvey.