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Hace diez años, mi esposa y yo nos mudamos de Estados Unidos a Francia (para estudiar francés) y luego a Camerún, África Central, como miembros recién nombrados de Wycliffe Bible Translators. Nuestros corazones habían sido cautivados por la lógica de Pablo en Romanos 10:14-17: los enviados necesitan proclamar la Palabra de Cristo; sin embargo, muchos ni siquiera tienen acceso a una palabra de la Escritura que pueda ser entonces proclamada. Y fuimos profundamente impactados al descubrir que la concentración más alta de idiomas que necesitan traducción para comenzar está en Asia y África. Sentimos que Dios nos estaba llevando a irnos a África. 

En Camerún, pronto nos encontramos armando una casa con un recién nacido en una villa a fin de brindar apoyo exegético en un proyecto activo de traducción del Antiguo Testamento, entre el pueblo de Funom (seudónimo usado para proteger su obra). Un líder carismático y visionario y un ardiente seguidor de Jesús llamado Kimal estaba sirviendo como presidente de su comité de idiomas. A pesar de ser un día de tormenta durante la temporada de lluvias, él y otros hermanos Funom nos saludaron al llegar con grandes sonrisas y cálidos corazones, y nos unimos a ellos en el trabajo de traducción. No hay duda al respecto: estos hermanos que están dedicando su vida a la tarea de la traducción son los Wycliffe, los Tyndale y los Lutero del pueblo Funom. ¡Qué honor fue servir con ellos! Mi esposa y yo tuvimos una maravillosa luna de miel misionera. Por un mes.

La realidad no tardó en imponerse. Mi esposa, embarazada en ese momento de nuestro segundo hijo, contrajo malaria. Estábamos física y psicológicamente al límite mientras establecíamos nuestro hogar, aprendíamos el idioma, ayudábamos en la traducción y nos adaptábamos a la cultura y a las costumbres que nos rodeaban. Las personas en todas partes parecían tener necesidades insuperables (físicas, espirituales y más). Y los llamados a orar de la religión mayoritaria de la región sonaban cinco veces al día, desde antes del amanecer hasta el atardecer. Rápidamente, decidimos convertir esos llamados en recordatorios para orar fervientemente a fin de que Dios nos refrescara con el Evangelio, moviera a personas a someterse a su Reino y que su Palabra «se extienda rápidamente y sea glorificada» (2Ts 3:1). Incluso en medio de todos esos desafíos, fue un gozo estar con los Funom.

Un poco más de un año después, nuestra organización decidió evacuarnos por motivos de seguridad. Tuvimos que irnos, pero la Escritura traducida se quedaría. Y los Funom continúan llevando a cabo la gran comisión con el Nuevo Testamento previamente traducido en sus manos mientras trabajan en la traducción del Antiguo Testamento. Actualmente no vivimos en Camerún, pero ahora estamos invirtiendo en muchos grupos de idiomas a lo largo de África y Asia mientras servimos como consultores de traducción. Alabamos a Dios por el privilegio de ayudar a dieciocho grupos lingüísticos que hasta ahora tienen acceso a más Escritura.

La paradoja de la traducción hoy

La tarea y el valor de la traducción de la Biblia pueden perderse fácilmente para nosotros como angloparlantes. Con más de 500 traducciones de la Biblia sólo en inglés, es fácil darlas por sentado y olvidar la rica historia de la traducción de la Biblia. Hace más de mil años, eruditos como Bede y Aldhelm (siglos VII y VIII), Wycliffe (siglo XIV) y Tyndale (siglo XVI) tradujeron la Biblia (o porciones de ella) al inglés. La Biblia en inglés es parte de una fuerte tradición de traducción de la Biblia para una audiencia que, de otra manera, no habría entendido bien (o en lo absoluto) la Escritura: griego (Septuaginta, Antiguo Testamento); arameo (Targums, Antiguo Testamento); latín (Vulgata); siríaco (Peshitta); copto, y más.

Aun cuando los hablantes de idiomas con esas traducciones disfrutan de esta rica tradición, ese no es el caso para más de 2 000 de los 7 352 idiomas vivos conocidos, que no tienen una sola palabra de la Escritura. Tal es la paradoja en la que vivimos hoy: un banquete extravagante de traducciones de la Biblia disponibles en idiomas de comunicación más masiva (como el inglés), pero una pobreza de Biblia entre casi un tercio de los grupos lingüísticos del mundo.

¿Por qué traducir la Biblia?

La traducción de la Biblia no es sólo una estrategia de misión. Es vital para todos los esfuerzos misioneros, porque obedecer la gran comisión asume la tarea de la traducción de la Biblia: «vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones» (Mt 28:19-20). Aun cuando el texto más antiguo de estos está en griego, el hecho de que podamos leer, predicar, estudiar y memorizar estos versículos hoy en inglés es un testimonio de la traducción de la Biblia.

Adicionalmente, hacer discípulos involucra enseñar a todas las naciones «a guardar todo lo que les he [Jesús] mandado» (Mt 28:20). Semejante enseñanza supone pronunciar palabras en un idioma comprensible, a fin de comunicar los mandatos de Jesús. Cuánto más, entonces, es necesaria la traducción de la Biblia, puesto que Jesús nos ordenó enseñarla a «todas las naciones» (es decir, grupos de personas etnolingüísticas), muchas de las cuales aún no tienen una sola palabra traducida de la Biblia. Que Jesús requiera que sus discípulos guarden todo lo que Él ha mandado (no sólo conceptos fáciles de entender en un idioma extranjero) sugiere aún más la iniciativa y la necesidad de la traducción de la Biblia.

El gran párrafo de envío misionero de Romanos 10:14-21 contiene una suposición similar. Romanos 10:17 dice: «la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo». La palabra traducida es fundamental para que las personas comprendan verdaderamente el mensaje de Cristo a fin de confiar en Él. Este versículo también se aplica a más de 400 grupos de lenguajes de señas sin Escritura, que no escuchan con sus oídos físicos, pero que ven como otro hablante de lengua de señas se comunica con señas. Así como la audiencia original de la carta de Pablo a los romanos necesitaban que alguien la leyera (con sus ojos) y la comunicara, también hoy todo aquel que confíe en el Señor (incluyendo a sordos) necesitan que se les comunique la Escritura.

¿Qué está en juego?

Lo que está finalmente en juego en la traducción de la Biblia es la alabanza y gloria del Cordero sacrificado. Apocalipsis visualiza un Reino con personas de toda tribu, pueblo y lengua (Ap 5:9; 7:9). La traducción de la Biblia apunta a nuestro Dios y al Cordero recibiendo más y más alabanza a medida que la palabra traducida impacta a grupos de personas etnolingüísticas alrededor de todo el mundo.

De este modo, para tu vecino monolingüe angloparlante, el hablante monolingüe de un idioma de una villa rural y muchos hablantes multilingües que tienen la Palabra de Dios sólo en su segundo o tercer idioma, la traducción de la Biblia es vital para seguir la comisión de Jesús. Como testifican los hablantes multilingües y los hablantes de lengua de señas (sordos), simplemente no es suficiente enseñarles un idioma de comunicación más masiva con la Escritura traducida (ya sea inglés, francés, español, birmano o lenguaje de señas americano), puesto que ese no es el idioma que habla a sus corazones.

Traduce el Antiguo Testamento también

La traducción de la Biblia comienza con esfuerzos enfocados en traducir el Nuevo Testamento, y por una buena razón. Por ejemplo, el Nuevo Testamento registra el cumplimiento del nuevo pacto de las anticipaciones del antiguo pacto, la obra y las palabras de Jesús el Mesías como el clímax de la historia redentora (Heb 1:1-4) y las claras articulaciones del Evangelio (1Co 15:1-11). Alabamos a Dios porque 1 550 grupos de idiomas tienen el Nuevo Testamento disponible y 2 908 programas de traducción/lingüístico están actualmente activas (en comparación, 696 grupos lingüísticos tienen Biblias completas). No obstante, Dios nos dio un libro completo, no sólo los capítulos finales.

Hoy, los grupos de idiomas en cada continente están ansiosos de tener la Biblia completa, incluyendo las tres primeras cuartas partes (al que llamamos Antiguo Testamento). La Escritura del primer pacto no fue sólo para el pueblo del primer pacto de Dios. El Antiguo Testamento es para los cristianos, para recibir «enseñanza», «consuelo» y «esperanza» (Ro 15:4). Para tener la oportunidad de declarar «todo el propósito de Dios» (Hch 20:27). Para saber cómo Pablo puede afirmar «Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras» (1Co 15:3, [énfasis del autor]).

No puedo esperar la Biblia completa

Nunca olvidaré el día en que mi esposa y yo estábamos hablando en los campos de Camerún con Kimal. Los Funom habían celebrado la publicación de su Nuevo Testamento cinco años antes, pero él nos dijo apasionadamente que el pueblo está ansioso por tener toda la Biblia: «tomó más de treinta años traducir el Nuevo Testamento. No podemos esperar tanto tiempo para tener el Antiguo Testamento».

La traducción de la Biblia es para los Funom en África; para las iglesias en Asia, en América y en Europa. Y es para la mujer etiope que celebró cada festival de la iglesia durante toda su vida, pero que lloró al escuchar una grabación de la crucifixión de Jesús en su propio idioma, diciendo: «no sabía que Cristo murió de esta manera».

La traducción de la Biblia no es una estrategia de misión opcional; es esencial. Se asume, como hemos visto, en los párrafos centrales sobre las misiones del Nuevo Testamento, y muchos grupos lingüísticos anhelan no sólo parte de la Palabra revelada de Dios, sino que toda la Biblia, tanto Nuevo como Antiguo Testamentos. ¡Oh, cuán vital es la traducción de la Biblia para la iglesia global!

Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.
Photo of Chris Tachick
Chris Tachick
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Chris Tachick

Chris Tachick es miembro de los traductores de la Biblia Wycliffe, consultor de traducción para Seed Company y profesor adjunto de Hebreo en Bethlehem College and Seminary. Es esposo y padre de tres, bloguero en letthewordrun.blogspot.com, y autor de King of Israel and “Do Not Fear, Daughter of Zion”: The Use of Zephaniah 3 in John 12 [«Rey de Israel» y «No temas, hija de Sión»: el uso de Sofonías 3 en Juan 12].