Este artículo es parte de la serie ¿Cuál es la diferencia?, publicada originalmente en Desiring God.
Mi primer año jugando fútbol americano en la liga Pop Warner (o liga infantil) fue un fracaso épico. ¡No ganamos ni un sólo partido! No obstante, la siguiente temporada fue sorprendentemente diferente. ¡Ganamos todos los partidos! ¿Qué marcó la diferencia?
Hall, el entrenador. Había entrenado a niños de entre 11 y 12 años por mucho tiempo y sin importar cómo lo hicieran el año anterior, él los transformaba en ganadores. Continué compitiendo en deportes mucho después de mi tiempo con el entrenador Hall, pero nunca olvidé su manera de hacer que sus jugadores brillaran.
Avancemos a otra parte de mi vida cuando Dios me enseñó el valor inestimable del buen liderazgo. Durante mis días de universitario en UCLA y en el seminario, serví en un ministerio universitario que tenía base en una iglesia. Bajo el liderazgo de nuestro pastor del campus, un joven con una sabiduría que sobrepasaba sus años, plantamos, regamos, evangelizamos y discipulamos, y Dios dio el crecimiento. Los estudiantes crecieron espiritualmente bajo su enfoque saturado de la Biblia en los grupos pequeños de discipulado. Tras la graduación, con sus dones desarrollados y las convicciones enraizadas en vivir para la gloria de Cristo, se esparcieron a lo largo de los Estados Unidos y el mundo para brillar como luces hacedoras de discípulos.
Esas dos temporadas de mi vida arraigaron en mí una profunda convicción de que el buen liderazgo hace que las personas brillen. Y ese principio se aplica especialmente a los esposos en el matrimonio.
Por lo tanto, compañero esposo, a continuación, te muestro cuatro maneras en que puedes hacer que ella brille.
1. Esfuérzate por un propósito más alto
¿Por qué te esfuerzas al liderar tu matrimonio? ¿Para tener una casa en un buen vecindario con buenas escuelas conservadoras, dos hijos (preferentemente un niño y una niña) y un perro de raza pura? Si dices que quieres que tu familia viva para la gloria de Cristo, pero tu vida, aún está claramente animada por algo más, tu esposa lo sabrá. Y si ella ama a Jesús, no se deleitará en desperdiciar la vida de tu familia, así como nadie disfruta una temporada sin una única marca en la columna de «victorias».
Sin embargo, esforzarse para que tu familia sea usada al máximo para Cristo es el camino al gozo. Dios convierte a los creyentes en sus obras maestras «para buenas obras» (Ef 2:10). Jesús nos comisiona para ser sus testigos y para hacer discípulos de todas las naciones (Mt 28:16-20). Pablo les ordena a los cristianos a que vivan con el foco y la determinación de los atletas griegos dando todo lo que tienen para ganar (1Co 9:23-27). Estos objetivos exigen ayuda, y Dios te dio una esposa para ayudarte. Por lo tanto, esposo, esfuérzate por el tipo de objetivos que honran a Dios y que requieren la ayuda de ella.
Los buenos entrenadores inspiran a sus jugadores para evitar la trampa de jugar por estadísticas personales. De igual manera, los buenos esposos inspiran a sus esposas con su compromiso radical de vivir para Cristo, reflejado en cómo usan sus ingresos, tiempos y talentos. Esfuérzate tanto en morir a ti mismo, vivir para Cristo y servir a su iglesia hasta el punto de necesitar la ayuda de tu esposa para florecer.
Y a medida que lo haces, dale a tu esposa el regalo de una buena iglesia. Cristo usa la iglesia comunitaria, con todos sus dones, para provocar que sus partes individuales crezcan a su semejanza (Ef 4:11-6). Necesitan encontrar, unirse y servir, como pareja, en una iglesia donde se enseñe y viva la Biblia. Con el tiempo, Dios se encargará de que tu esposa brille.
2. Gana su corazón (una y otra vez)
Dile que la amas. No seas como el hombre que, después de haber sido aconsejado que le diga a su esposa que él la ama, replica: «le dije eso cuando nos casamos. Si hubiera cambiado de parecer, le habría dicho».
Es sorprendente cuántas veces Dios, que no puede mentir y no cambia de parecer, tranquiliza a Abraham al repetirle sus promesas pactuales. ¿Qué dice Dios que no es definitivo? ¿Qué dice Dios que no haga? Entonces, ¿por qué Dios promete a Abraham en Génesis 12 que Él lo bendecirá a él y a todas las familias de la tierra por medio de él, y luego ratificaría esa promesa con una ceremonia pactual en Génesis 15, y luego se los juraría en Génesis 22?
Mis hermanos esposos, si a Dios le importa tanto asegurarnos a nosotros con palabras su compromiso inquebrantable, ¿cuánto más cada esposo debería afirmar regularmente a su esposa con palabras de su pacto de amor por ella? A veces, tu esposa se siente insegura. Ella temerá que tu amor por ella haya cambiado. Ella se preguntará si es que tu compromiso con tu trabajo, con tu equipo deportivo o con tus pasatiempos es mayor que tu compromiso con ella. Así que usa tus palabras sabiamente. Dile, y díselo a menudo, cuánto la amas.
No la adules. Dile la verdad en amor (Ef 4:15). Sé vulnerable. Expresa tu admiración por sus dones y tu compromiso hacia ella. Ábrele tu corazón y tu mente. Cuando el matrimonio se complica (y eso ocurrirá), dile, pública y privadamente, que nunca romperás tu compromiso pactual con ella. Irónicamente, le repito una frase (que escuché de un amigo predicador) a mi esposa: «nena, si alguna vez decides dejarme, yo voy contigo».
3. Sírvela con un amor como el de Cristo
En la Biblia, el amor es un verbo. Las palabras descriptivas para el amor en 1 Corintios 12 no son adjetivos en el idioma original; todos son verbos. Sabemos que Dios ama al mundo porque dio a su único Hijo. Tu esposa sabrá que la amas más allá de las palabras cuando te sacrificas incansablemente por ella.
El Sr. Smith fue un esposo asombroso. Asistíamos a la misma iglesia y él con su esposa tenían tres hijos en el seminario que yo lideraba en UCLA. Lo invité a él y a su esposa a compartir su sabiduría sobre el matrimonio con nuestros seminaristas solteros. Uno de ellos le preguntó a la Sra. Smith: «¿qué hace del Sr. Smith un esposo tan piadoso?». Dios grabó con fuego su respuesta en mi consciencia: «ni una sola vez he sentido de su parte que era una carga servirme».
Cuando Dios les ordena a los hombres a amar a sus esposas, Él no nos llama a hacerlo según los estándares mundanos de las películas románticas guiadas por los sentimientos. Él levanta ante cada esposo cristiano el modelo del sacrificio vivificador de Cristo por su iglesia (Ef 5:25). Esposo cristiano, ama a tu esposa de esa manera, con el amor con el cual Jesús te ama, por medio del poder del Espíritu, que Él te dio.
Cuando tu carne y el tentador te susurren a tu mente: «pero ella peca. Ella ya no merece tu amor», susurra de vuelta: «yo peco y Cristo nunca dejará de darme el regalo gratuito e inmerecido de su amor». Amar a tu esposa como Cristo amó a la iglesia significa que abrazas tu rol como un medio clave que Cristo usa para santificar a tu esposa (Ef 5:25-28). Así como Jesús es amigo de los pecadores, también Él quiere que tú seas el amigo de tu esposa cuando ella peque. Sé el amigo a quien ella siempre pueda acudir por ayuda, aquel a quien ella no tenga que temer cuando su desempeño sea deficiente, la persona que se acerca a ella de la manera en que Cristo lo hace a medida que santifica a los pecadores. Que Dios la lave con el ministerio purificador de su Palabra por medio de ti.
4. Fortalécela en su debilidad
En el matrimonio, verás la debilidad de tu esposa de cerca, lo que significa que ocuparás la posición perfecta para empoderarla con humildad. Bendícela como Cristo te bendice con su fuerza. Él es el Señor de señores y el Rey de reyes, y aun así Él te sirve humildemente. Como el Sr. Smith, usa tu fuerza para apoyar los intereses de tu esposa por sobre los tuyos (Fil 2:4). A continuación, te comparto dos sugerencias prácticas.
En primer lugar, anima a tu esposa a usar sus dones para la misión de la familia. Si Dios le ha dado dones a tu esposa de consejería, bendícela con tu bendición para que asista a clases o al seminario. Si Dios le ha dado dones de enseñanza, anímala a afilar y practicar sus habilidades. Usa tu fuerza para fortalecer sus dones.
Durante los últimos diez años, una familia de nuestra iglesia ha estado sirviendo en Haití en el instituto de entrenamiento de pastores de habla creole. La esposa pensó que su contribución sería hacer escuela en casa a sus hijos y aprender creole. Sin embargo, su marido, un haitiano nativo, tuvo una visión más grande para su ministerio. Haití está desprovisto de ministerios de equipamiento para mujeres, por lo que él la animó a enseñar la Escritura en creole a las mujeres de su villa. Aunque estaba nerviosa por enseñar en un idioma que ella aún estaba aprendiendo, ella siguió su liderazgo. Al principio, él se sentaba al fondo, ayudando con las palabras que ella olvidaba. Con el tiempo, él comenzó a salir de la clase, animándola: «tú puedes hacer esto». Ahora, ella brilla para su Señor, bendiciendo con fluidez a mujeres que de otra manera no habrían aprendido la Palabra de Dios.
En segundo lugar, ve a tu esposa como una ayuda que necesita de la tuya. A las ayudas les puede costar decir: «no, no puedo encargarme de eso». Tan sólo ser esposa y madre es un trabajo 24/7 en sí mismo. Mientras nuestros hijos crecían, mi esposa servía como gerenta general de finanzas, chef, compradora, tutora para todas las materias y todos los grados, enfermera, doctora, Uber, empresa de limpieza, consejera bíblica y más. Esposos, piensen cuidadosamente sobre lo que se requiere para añadir más ministerio a esa lista de quehaceres, especialmente en momentos cuando las exigencias en casa son altas. Ayúdala a decir que no cuando tiene más compromisos de los necesarios y sírvela con generosidad cuando te necesite. Dejar que tu esposa se agote no la hace brillar, pero sí lo hará tu liderazgo proactivo.
Privilegiado para servir
Esposo, haz brillar a tu esposa y deja que tu matrimonio brille al darle a Cristo abiertamente toda la gloria por tu capacidad de bendecir a tu esposa. ¡Es tu coheredera! Por lo tanto, hónrala. Alaba a Dios por el regalo que es tu esposa hasta que la muerte los separe. Agradécele por cómo, a lo largo de la eternidad, su brillo eclipsará las estrellas.
Dios te ha confiado a su preciosa hija para guiarla a su servicio, para amarla de la manera en que Él te ama a ti, para servirla con su fuerza y para aceptar con asombro que te diera semejante regalo. ¡Qué glorioso privilegio! Por lo tanto, sé el esposo a quien Dios usa para hacer brillar a su esposa.
Publicado originalmente en Desiring God. Usado con permiso.